En las recientes elecciones se estuvo por debajo del umbral de las apariencias formales de la democracia. Hubo fraude en algún lado (el eufemismo es “crisis de la representación”), contra la democracia misma y su ideal de participación popular extensa: 3,5 millones de chilenos votaron Piñera y 8,4 millones en condiciones de ejercer su derecho no votaron por él. Los electores del sistema político binominal respondieron de la peor forma al dilema planteado por el sociólogo alemán Max Weber, a saber, quién manda en última instancia en el mundode la economía: o los representantes elegidos por los ciudadanos o la reducida casta de los que dirigen los negocios en grande.En el fondo, los chilenos le dieron la razón a Carlos Marx. En determinados momentos históricos la clase capitalista opta por dirigir ella misma, sin intermediarios, el aparato del Estado e imponer su hegemonía sobre la sociedad. Para lograrlo, la burguesía se organiza políticamente de manera consecuente con sus intereses y le da el mandato a uno de sus miembros de representarla.
La captura total del Estado es para prevalerse de todos los mecanismos y dispositivos de poder disponibles (mediáticos, culturales e ideológicos) para enfrentar las crisis capitalistas pasadas, presentes y venideras, así como las turbulencias globales y nacionales por ellos generadas (2). Es para evitar, en última instancia, que las condiciones sociales y los conflictos interfieran en la acumulación de sus ganancias. Las elites políticas binominales le dieron el aséptico nombre de “alternancia” en el poder a la posibilidad de copamiento directo del Estado por la clase dominante que les brinda el sistema de elección binominal. Urge entonces exigir el cambio del sistema electoral por uno que sea proporcional.
Ahora bien, mientras que en otros países el mundillo financiero, bursátil y bancario-empresarial es considerado no sólo responsable directo de la crisis capitalista actual y causante de niveles desestabilizadores de desempleo (España, 25%), sino que además es denunciado por aprovecharse de ella para enriquecerse al utilizar en beneficio propio los fondos públicos inyectados por los Estados para salvarlos de la quiebra (en EE.UU, las escandalosas ganancias del imperio financiero Goldman&Sachs), en Chile, se elige a la cabeza del Estado a un empresario-financiero. Sebastián Piñera, que ya ha demostrado utilizar métodos especulativos para lucrar en la bolsa, fue uno de los responsables de la quiebra de un banco ... para, enseguida ... enriquecerse aún más (3).
En Chile, es comprensible que aquello ocurriera. Las formas elitistas de hacer políticas borraron las diferencias entre proyectos políticos y fomentaron la apatía y la despolitización. Esto se debió en gran parte a la desmovilizadora, excluyente y cupular ideología del consenso producida por la práctica de los pactos entre las elites binominales; a ladenominada “democracia de los acuerdos”. Además, —hecho soslayado— la Concertación provocó un efecto sedante en la opinión haciendo que se impusiera un peligroso sentimiento de resignación y fatalismo ante la demisión del Estado por aplicarle, en su momento, una pena severa, al empresario devenido presidente.
Piñera en el poder implica objetivamente un aliciente para el sector empresarial en su afán de enriquecerse a corto plazo. Dato aparentemente obvio, pero de un alcance político insoslayable. Un proyecto de desarrollo social, solidario y justo del país choca frontalmente con los intereses inmediatos del enriquecimiento capitalista expresado en el reclamo de “flexibilidad” o mano de obra barata de los empresarios.
Por lo mismo, las consecuencias sobre la situación cotidiana de los trabajadores será durísima.
Cabe señalarlo. Hay responsables directos de la situación de desarme organizativo en la cual se encuentra el movimiento sindical para luchar por sus derechos colectivos en un gobierno de los empresarios. Además, ideológicamente, la Concertación y sobre todo los socialistas, al optar por el“progresismo”(4), abandonaron las ideas fuerza de que la clase trabajadora juega un rol motor en todo cambio de estructura social y que toda estrategia transformadora de poder debe considerarla como un eje clave en torno al cual se tejen y forjan alianzas con otros movimientos sociales.
La dirigencia CUT tiene una gran responsabilidad en el estado de indefensión en el cual se encuentran los trabajadores. Ya que le entregó la suerte del movimiento sindical y sus reivindicaciones a las inconsecuencias de Bachelet, Escalona y a los ministros y parlamentarios del concertacionismo.
Sólo queda romper con las viejas prácticas burocráticas sindicales para poder enfrentar el nuevo ciclo de luchas y conflictos entre el Capital y el Trabajo. Es la única forma de parar la embestida que se prepara en las organizaciones patronales y que tendrá el aval del ministerio del Trabajo (del Capital), Hacienda y Economía. Los trabajadores deben dotarse de una organización autónoma con una estrategia discutida por ellos mismos en un Congreso de la CUT. Pero antes de dar un paso al lado y abocarse a la preparación de este evento democrático vital para los ciudadanos asalariados, la dirigencia CUT debe hacer un balance autocrítico de su gestión. Debería ser el primer punto del temario. El segundo: debatir y concluir acerca de la estrategia sindical necesaria y de un plan inmediato, concreto y puntual para enfrentar al gobierno empresarial de Piñera.
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#1.- Paco de rojo, defensor encubierto del kapitalismo
29-01-2010 20:13
La dirigencia CUT,  no solo tiene una gran responsabilidad en el estado de indefensión en el cual se encuentran los trabajadores, es la que ha ejecutado, junto con la pequeña burguesia revisionista, la estrategia de desmovilizacion de los trabajadores en favor del monopolio del kapital transnacional.
LaCUT ha estado controlada por mas de 20 años por la "alianza instrumental" del PS, la DC y el PC.
  Para el imperialismo, la Concertacion y la CUT, son necesarias para mantener el control social y la dominacion, tanto, asi como su alianza con la pequeña burguesia revisionista y pitutera.
  Hay que ser realista, hay que pedir lo imposible: ¡Que se vayan TODOS!
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