LLEGAMOS FINALMENTE AL colmo de los colmos el pasado ‘primero’ de mayo (odio decir ‘uno de mayo’, porque si bien lingüísticamente corresponde hacerlo, desde el punto de vista histórico es una atrocidad y una bofetada a la tradición).
Reitero lo enunciado en la primera línea de este artículo: el pasado primero de mayo se llegó al pináculo de la frescura demagógica, al non plus ultra de los colmos en política, cuando algunos dirigentes ‘históricos’ de la Concertación de Partidos por la Democracia, muy sueltos de cuerpo, fueron a meterse en las primeras filas del acto conmemorativo del día del trabajo, organizado por la CUT (Central Unitaria de Trabajadores) y, además, sin que nadie los hubiese invitado, se instalaron en los bordes del escenario para que las cámaras de televisión y las lentes de los reporteros gráficos los inmortalizaran en su inefable calidad de “defensores de los trabajadores”.
La respuesta del ‘respetable’ no se hizo esperar. Insultos,escupitajos,‘monedazos’ y promesas de golpizas cayeron sobre esos politicastros como lluvia de otoño. Los epítetos voceados por grupos de trabajadores transitaron desde “corruptos” y “traidores de mierda” hasta un conocido chilenismo que recuerda a la madre.
El senador socialista Juan Pablo Letelier –también abucheado en esa ocasión- se dio fresca maña para explicar lo acontecido con un cinismo que no resiste análisis, asegurando que ello se debió a que la gente “aún no logra entender las causas profundas y muy reales que provocaron la derrota de la concertación en las últimas elecciones”. Vale decir, el barbudo socialista renovado  le achaca a la “sociología” la derrota concertacionista y ni siquiera hace la más mínima autocrítica a su zigzagueante actuar al interior del PS y, en especial,en la Región del Libertador, donde durante 20 años se ha permitido ‘imponer’ como candidatos a alcaldías a sus ignorantes yanaconas obsecuentes, en detrimento del desarrollo de las comunas y, lo que es aún más grave, sin haberle dedicado un solo minuto en el Congreso Nacional a los trabajadores y sus demandas. .
Mientras, Carolina Tohá logró desmentir con enorme facilidad el estereotipo de mujer inteligente y experta en política que la prensa administrada por el establishment le había regalado. La ex subsecretaria, luego de ser sacada casi con protección de guardaespaldas de la concentración CUT, dijo que los abucheos, insultos y agresiones recibidas, no procedían de trabajadores. ¿Entonces ella estaba en una barra brava del fútbol, en un circo, dónde? La epidermis de saurio es algo común en muchos dirigentes concertacionistas, una piel lo suficientemente dura como para –en estas instancias de los acontecimientos- seguir escabulléndole el bulto a la jeringa. Piel más dura aún en la persona de la Tohá, cuyas ansias desmedidas de poder le llevaron incluso a poner en severo jaque su matrimonio. Como siempre, la ambición romperá el saco.
Es sano recordar que ya en la década de 1980 los viejos políticos ‘profesionales’ –según los tildaba el dictador Pinochet- buscaron refugio entre las huestes de los trabajadores organizados, principalmente en la Coordinadora Nacional Sindical que dirigía Manuel Bustos, en la CEPCH que encabezaba Federico Mujica, y en la Confederación de Trabajadores del Cobre, comandada por Rodolfo Seguel, organizaciones que dieron origen (entre muchas otras) al Comando Nacional de Trabajadores, ente que se puso al frente de Chile y su pueblo en la batalla abierta y decidida por la recuperación del sistema democrático.
Finalmente, y contra todo lo que hoy pueda argüirse, fueron principalmente los trabajadores organizados quienes recuperaron la democracia a través de sus luchas y de las “protestas sociales” que paralizaron el país, y mantuvieron, en más de una ocasión, a Pinochet y su familia a bordo de helicópteros dispuestos a abandonar nuestro territorio si las cosas se ponían definitivamente violentas.
Fue así que el genocida Pinochet hubo de aceptar el calendario de la transición (incluyendo la fecha del plebiscito) y abrir las puertas del país para el retorno de los exiliados, además de levantar la censura a  libros y revistas como primer paso para aproximarse a una verdadera libertad de prensa, mientras que también el dictador -a regañadientes y zamarreado por las protestas mencionadas- decretó la legalidad de algunos partidos políticos. 
Cuando el régimen dictatorial bajó la cerviz y se vio obligado a transar y acordar lo que se ha indicado, surgieron nuevamente los viejos “políticos profesionales” para firmar protocolos con el gobierno militar a través de la gestión de otro ‘viejo político’ facho-derechista, Sergio Onofre Jarpa, ministro del interior de la dictadura. El asunto era, y no hay duda de ello, evitar que los trabajadores y sus organizaciones sindicales siguieran siendo los dueños de las calles, de las banderas y del sistema que se avecinaba.
La traición de esos cuadros políticos de centroderecha e izquierda “renovada”, estaba a la vuelta de la esquina. Y así ocurrió. Días después del histórico plebiscito del NO, en octubre de 1988, la naciente Concertación traicionó sin escrúpulos ni arrepentimientos al pueblo concertacionista…y lo seguiría traicionando una y cien veces en la misma medida que desoía las demandas laborales de los millones de trabajadores agrupados en sindicatos, federaciones y confederaciones.
Ahora que esa misma Concertación ha perdido las dulces riendas del gobierno, algunos de sus dirigentes corren a sentarse en la primera fila de los sindicatos, de las confederaciones laborales y de los cuadros directivos que los trabajadores han elegido como sus representantes.
En palabras simples, aquellos car’e palos y caraduras dirigentes políticos concertacionistas acuden, como antaño, a procurar, y tal vez ‘exigir’, el apoyo de esos mismos trabajadores que el bloque político centroderechista traicionó, ninguneó y desconoció durante dos décadas. ¿Y esperaban aplausos?
Por eso, lo ocurrido el primero de mayo recién pasado en el acto multitudinario convocado por la CUT es, definitivamente, el colmo de los colmos. Los trabajadores ya se equivocaron en la década del 80 al escoger a sus aliados políticos y regalarles las banderas del pueblo en la lucha contra la dictadura y por la democracia, razón suficiente para que no vuelvan a tropezar con la misma piedra.
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#1
Fernando Foitzick A.|05-05-2010 01:05
No solamente fue la “traición a los trabajadores” como dice el autor del artículo, sino que al país, ya que ellos se levantaron como alternativa a la Dictadura que fue antinacional y antipopular. Nunca entendieron ni van a entender que una semicolonia como Chile sólo será libre de la expoliación transnacional bajo un proyecto nacional popular, entendiendo lo nacional, como la integración latinoamericana. Y aprovecho de pasar el mensaje para lo que debería ser, con un párrafo del Libro El Marxismo de Indias, escrito en 1958, por un compatriota argentino: Si en una nación semicolonial dividida, como América Latina, el socialismo revolucionario NO ES CAPAZ de arrastrar tras su bandera no sólo al proletariado, sino también a las clases medias urbanas y rurales, con todas sus profesiones, sectores y grupos, para asumir plenamente su soberanía, ese movimiento está condenado. A quién le interese encontrar este texto completo y otros, el sitio es http://www.patriaparatodos.com, Libros Esenciales.
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#2
05-05-2010 03:21
Hace unos tres años que asisto a los primero de mayo en Chile y, que yo recuerde, oportunistas como esos llegan siempre. Ellos son los que lo organizan y pasan la plata, asi que no les importa mucho lo que les griten. Además quien tiene mayor resentimiento en contra de esos burocratas son las bases partidarias que los acusan  de autoritarismo y caudillismo. Si esa crítica fuera revolucionaria, también pondría sobre la mesa que el mayor vendepatria y traidor a los trabajadores ha sido la persona que habló durante el acto, como "dirigente" nacional de los trabajadores, ese sí que es peligroso....
  Saludos!
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#3
Álvaro|07-05-2010 19:10
Concuerdo con lo dicho con #2, en el sentido que la propia dirigencia de la CUT ha sido parte de la comparsa de la Concertación. En muchas oportunidades ha vendido su propia conciencia.
Valoro tu claridad para decir las cosas, querido Arturo. Si quiera sirve de desahogo para quienes nos sentimos pasados a llevar por la Concertaciòn, en la que confiamos, sin esperar nada a cambio, ni siquiera por aspirar a un cargo pùblico o sitio que desmalezar ante una licitaci+on trucha.
  Álvaro
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