Ocho nuevas obras se suman este año a la prestigiosa tradición de los Premios Casa de las Américas: Crónicas de muertes dudosas, del argentino Bruno Di Benedetto (poesía); Al otro lado del mar, de Jorgelina Cerritos, de El Salvador (teatro); Approaching Sabbaths, de Jennifer Rahim, de Trinidad y Tobago (literatura caribeña en inglés o creol), Jugar con fuego. Guerra social y utopía en la independencia de América Latina, del cubano Sergio Guerra Vilaboy (Premio Extraordinario Bicentenario de la Emancipación Hispanoamericana); y Aprendiz de Homero, de Nélida Piñón, en la categoría dedicada a la literatura brasileña.
Según explica el acta leída por Graciela Aráoz, el Premio de Poesía recae en esta edición en un poemario de excelente factura, en el que “habitan el lirismo, la investigación y un llamativo sentido del humor”. Según refiere el jurado, integrado además por el colombiano Jotamario Arbeláez, el chileno José María Memet y el cubano Marino Wilson Jay, Crónicas de muertes dudosas resulta “una obra de actualidad digna de la mejor poesía latinoamericana”. El certamen de poesía resultó esta vez el de mayor convocatoria, reuniendo un total de 244 obras en concurso.
Por su parte, la pieza Al otro lado del mar resultó premiada según el criterio unánime de los teatristas Sara Joffré, de Perú; Raúl Martín, de Cuba; y Peky Andino, de Ecuador. Según el acta, la obra de la salvadoreña es una propuesta sencilla, “cargada de poesía”, “creando una atmósfera que, con economía de medios, dan grandes posibilidades a actores, directores y a una diáfana comunicación con el público”.
En la categoría de Literatura caribeña en inglés o creol, la obra ganadora fue definida por el jurado como una “poesía sobre la poesía”. En el acta, firmada por el guyanés Mark McWatt, la británica Margaret Schrimpton y el cubano Samuel Furé Davis, se explica que entre las virtudes del volumen radica su construcción “sobre un discurso identitario que no depende de marcadores ni tropos comunes”.
La literatura brasileña fue convocada también como categoría independiente, como viene sucediendo hace exactamente tres décadas. Este año, el jurado decidió premiar el volumen Aprendiz de Homero, entre otras razones, por resultar una “defensa radical del arte de crear en una lengua —la portuguesa— valores y procesos universales”. Neide Esterci, Antonio Carlos Mazzeo y Carlos Walter Porto-Gonçalvez —quien obtuvo el mismo premio en la edición del 2008— destacan igualmente la posición de la autora, “quien pone su larga experiencia como escritora al servicio de los nuevos aprendices del oficio”.
Y el Premio Extraordinario, dedicado a los 200 años de la Emancipación Hispanoamericana, recayó en una obra que, según el jurado, es “la que mejor se ajusta al tema”. Según la venezolana Carmen Bohórquez y los cubanos Pedro Pablo Gutiérrez y Juan Valdés Paz, el texto presentado por Sergio Guerra tiene entre sus virtudes la inclusión de casos poco conocidos, el estudio de las transformaciones sociales derivadas de esos procesos y el empleo de abundante y actualizada bibliografía.
En un encuentro con la prensa, el autor de la obra explicó que se trata de un estudio comparativo cuyo punto inicial es “la Revolución Haitiana, aunque sea 1810 la fecha simbólica. Me pareció que Cuba debía participar en este concurso, pues aunque no alcanzó la independencia en ese período, no estuvo ajena a los proyectos. Este libro pretende, por tanto, enlazar todos esos procesos a propósito del bicentenario. Trato de apoyar el enfoque social, un tanto soslayado por la historiografía latinoamericana”.
Junto a estas categorías, el certamen convocó por décima ocasión a tres premios honoríficos: el Premio de Poesía José Lezama Lima, el de Ensayo Ezequiel Martínez Estrada y el de Narrativa José María Arguedas. Con el primero, resultó laureado el poemario El cristal entre la luz, del panameño Manuel Orestes Nieto. El Premio de Ensayo recayó en Relatos de época: una cartografía de América Latina (1880-1920), de la argentina Adriana Rodríguez Pérsico; mientras que la novela Tratado del amor clandestino, del ecuatoriano Francisco Proaño, obtuvo el Premio de Narrativa. Según recordó el poeta, ensayista y presidente de Casa de las Américas, Roberto Fernández Retamar, las obras nominadas podían tener fecha de publicación en los años 2007 y 2008.
Los jurados de cuatro categorías otorgaron también varias menciones. En Poesía, decidieron reconocer los volúmenes Las nuevas epopeyas, del chileno Guillermo Rivera; Casa natal al país de los locos (Poeta en Escocia), del panameño Javier Alvarado; y Antífona de las islas (sinfonía poemática), de Manuel García Verdecia. Los teatristas otorgaron menciones a las piezas Barbarie, del uruguayo Sergio Blanco, y a Las dos caras de la moneda, de Cheddy Mendizábal Álvarez, de Cuba. Fueron reconocidos también los brasileños Luis Claudio Cunha, Leandro Gonder y María Isabel Brunacci, por sus obras Operaçao Condor. O Sequestro dos Uruguayos, Memórias de un intelectual comunista y Graciliano ramos: um escritor personagem, respectivamente. Por último, la obra I name me name, de Opal Palme Adisa, de Jamaica, obtuvo Mención en la categoría de Literatura caribeña en inglés o creol.
Cierran así las puertas del certamen, hasta el próximo año. La edición 51 del Premio Literario Latinoamericano, como suele llamársele, recibió un total de 436 obras. Desde el 18 de enero hasta este 28, la cincuentenaria Casa de las Américas acogió los vaivenes de jurados, autores premiados en la edición de 2009 e invitados especiales: todos ellos, unidos, junto a los creadores cubanos en un espacio único de confluencia y enriquecimiento intelectual. Con la incorporación a su sello de las obras premiadas, Casa es un certamen que se rejuvenece. Toca ahora a los lectores del continente, y quienes siguen la producción literaria de estas tierras desde más allá de sus mares, esperar la publicación de estos nuevos textos. Seguramente, dignos embajadores del premio literario de mayor prestigio y convocatoria de los que hoy tienen cita en Latinoamérica.
 
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