Consejo de Guerra contra Joan Comorera y juicio militar en agosto de 1957
El hombre que había participado impávido a la campaña de linchamiento contra el POUM, y que no había tenido piedad con otros disidentes, acabó sus días “refugiado” en la España de Franco editando clandestinamente la revista Treball…            Durante esta época, Comorera ha tratado de salvaguardar algunos elementos de autonomía del PSUC a través de su equipo desde dentro, o sea actuando como un baluarte de la ortodoxia dentro del PCE al tiempo que trataba de que le dejaran hacer en el grupo catalán. Su nombre va por lo tanto unido a todos los casos de destrucción y descalificación  de los “disidentes” que en muchos casos ni siquiera sabían que lo eran. Cuando comenzó la ola antititoista, Comorera hizo lo propio.
          Pero los tiempos se hicieron más difíciles con la “guerra tría”; el PCE quedó diezmado por diversos fracasos y fue prohibido en Francia. Entonces el partido se fortalecería depurándose y la consigna era aprender a distinguir los enemigos que se disfrazaban de amigos., .como Comorera, último baluarte de la degeneración nacionalista que representaba querer mantener dos partidos en una única nacionalidad. Este crimen coincidía en tiempo y en forma con el titoismo, y Comorera tuvo que conocer sobre sí mismo la misma maquinaria que él mismo había aplicado a sus adversarios. Se había equivocado, ¿pero no es natural equivocarse?, podía estar equivocado, pero ¿no fue siempre un dirigente en otro tiempo respetado?. Como un Nin cualquiera Comorera era el error y su pasado era el antecedente de la traición...
          Se refugió en la clandestinidad desahuciado, todas las puerta, la de la URSS, la de Togliatti, Thorez, se le habían cerrado. Desde la prensa del PSUC fue denunciado como espía y enemigo, y su regreso fue interpretado como una maniobra de camuflaje, eso contribuyó a que la dictadura encontrare a su amigo y pesó los últimos años de su vida en la cárcel, repudiado por su propia hija y por sus camaradas. El PCE no tenía el aparato coercitivo de los Estados de los países del Este, pero en ausencia de un movimiento socia vivo y activo, su aparato funcionaba con las reglas del fanatismo, la corrupción y la impunidad.
        Ahora se le quiere rehacer de nuevo, pero la dirección es opuesta a la de 1936 y a la de la postguerra.
        Comorera emergió como el líder indiscutido de esta formación, a pesar de que había sido el componente más opuesto a su adhesión al Komintern y luego el que más énfasis puso en su obediencia catalana, lo que culminó en el reconocimiento del PSUC como “sección catalana” de La Internacional y no del PCE. Esta fue la única ocasión en la historia del Komintern en el que bajo un mismo Estado coexistían dos secciones nacionales, algo contradictorio con sus propios estatutos. De formación y convicción socialdemócrata, Comorera hizo un “matrimonio de conveniencia” que le permitía contar con un partido en ascenso capaz de asegurarle una base política institucional muy superior a la USC y desde el VII Congreso de la Internacional Comunista entendió que había una convergencia en las estrategias de la II y la III Internacional. Su diferencia con el PSUE que nunca quiso reconocer el hecho diferencial catalán quedaba reafirmada en un partido que buscaría su espacio corno aliado en ascenso de la Esquerra frente al movimiento revolucionario surgido en julio de 1936.
          En los dos primeros años de la guerra civil la coincidencia de criterios fue prácticamente absoluta. Comorera anteponía legalidad del Front de Esquerras en Cataluña al movimiento revolucionario animado por la CNT-FAI y en menor medida por el POUM, y con esta orientación actuó en la Generalitat, siendo el más consecuente, hasta el extremo de situarse a la derecha de Companys-Tarradellas, más propensos a un consenso con la revolución y a una modificación gradual de la correlación de fuerzas a través de las instituciones en las que los anarcosindicalistas mostraban su bisoñez. Comorera contribuyó poderosamente a crear el “climax” de “progrom” contra el POUM consiguiendo que el PSUC apareciera como un modelo a seguir en este sentido para Togliatti. También fue el más convencido partidario de imponer una política que posibilitare la ayuda de Las potencias occidentales a Cataluña, y con ambos pies —anticolectivizaciones y primero que todo la coincidencia con Francia e Inglaterra— su partido creación en la periferia del movimiento obrero y reconstruyó una UGT catalana a su imagen y semejanza. Esta actuación ha sido considerada como modélica por algunos historiadores como Antonio Elorza, Ferran Gallego, Miquel Caminal, y otros.  
            Luego, la historia sufre un giro que comienza cuando la noche del 31 de diciembre de 1950, Joan Comorera, cruzó la frontera pirenaica por Puigcerdá a pie con la intención de establecerse como animador del movimiento comunista clandestino en Barcelona; algo inédito entre las primeras espadas del comunismo español de entonces, aunque mucho más insólito era el hecho que lo motivaba: Comorera, que se consideraba como un estalinista fuera de toda sospecha, había sido excomulgado por “traidor”, agente a la vez del “bandido” Tito y de Franco.
          Curiosamente, Comorera había insistido desde los primeros tiempos del exilio en la necesidad de fortalecer el trabajo en el interior como un medio de reconstruir el partido y de evitar la esclerotización que había podido observar entre los grupos de exiliados alemanes e italianos. No podía imaginar que esta propuesta habría de servirle como una casi suicida fuga hacia adelante cuando, en el verano de 1949, después de haber perdido su batalla ante el Buró político del PCE y ante el Secretariado del PSUC, se encontró en un callejón sin salida. El retorno era una maniobra que pronto se desveló como trágica ya que las condiciones en que vivía la militancia clandestina era mucho peor de la que él mismo había imaginado en sus artículos comenzaba así lo que iba a ser el “último acto” de una apretada biografía en la que la controversia —sobre todo en lo que se refiere a su actuación durante .a guerra civil— tuvo un papel muy destacado.
        La trágica paradoja de este “último acto” hay que contextualizarlo en el teatro de la esclavitud y el horror de un período histórico prologado por la guerra civil española y protagonizado por una II Guerra Mundial en la que la barbarie reaccionaria alcanzaría un cenit que se evoca no solamente con los nombres de los campos de exterminios sino también con otros como Dresde, las fosas de Castan, y por supuesto Hiroshima y Nagasaki. La prolongación de esta barbarie vino con la ruptura de los vencedores que se declararon una “guerra fría” que pronto iba a estar presidida con un “equilibrio del terror” que planteaba por primera vez, la hipótesis de un suicidio del planeta.
        En este cuadro surge una campaña anticomunista —Plan Marshall, Pacto Atlántico, etc. — que obliga al conciliador y terrible Stalin a encerrar el movimiento comunista en una psicosis de “ciudad sitiada” dentro de la cual hay que situar el cisma yugoslavo y el consiguiente montaje de los “procesos” contra los titoistas” —o mejor dicho, pretendidos titoistas— en el que fueron inculpados viejos comunistas como Rajk, Gomuika o Arthur London. Slansky, Kostov,y otros, algunos judíos, muchos combatientes en España...El “asunto Comorera” es pues un acto más dentro de esta obra con la clara especificad de que el PCE era perseguido a muerte en su país y no contaba con un aparato de Estado contra los “chivos expiatorios” convertidos en peligrosos disidentes...
        El montaje contra Comorera transcurrió, en un terreno más inmediato, en torno a una situación caracterizada por el fracaso de las dos grandes maniobras estratégicas del PCE—PSUC —la Unión Nacional de 1942 y el movimiento guerrillero que siguió a la victoria de los Aliados— y en base a un plan de uniformación de la dirección del partido dentro de la cual Comorera encarnaba la “especificad catalana” del PSUC.
        Unas semanas después de abandonar Cataluña, Comorera se hace eco de este clima en una reunión clandestina que tiene el CC del PSUC en París. En su exposición Comorera reconoce que en los medios republicanos se dice que “Cataluña y el PSUC han sido los mayores culpables de la derrota, por no haber querido luchar los catalanes, y porque el PSUC no ha sabido movilizar las masas y cosas por el estilo”. Las “cosas por el estilo” eran la versión catalana de lo que había ocurrido en el resto de la zona republicana después de la caída de cargo Caballero que marca el fin del consenso entre la izquierda y la derecha antifranquista.
          Pero aparte de este estupor, estaba el asunto de que dentro del comunismo español, Comorera nunca acabó de convencer a los que estaban poseídos de lo que se definía como de “temple estaliniano”. No había sido un líder creado desde las altas estancias del partido, tenía toda una historia de profesional que se remontaba a 1917, incluso a 1909 cuando hizo sus primeras armas durante la Semana Trágica. Era el único dirigente con estudios universitarios y había sido ministro en numerosos gobiernos autónomos antes y durante la guerra. Comorera había necesitado la unificación con los comunistas para alcanzar la formación de un partido capaz de ir más allá que la vieja USC que se limitaba a ser el “toque socialista” de los gobiernos de Companys, pero también necesitaba tener su autonomía para adecuar su política ámbito catalán y en los medios institucionales que eran, de lejos, en los que mejor se desenvolvía. Luego, también demostró su temple como luchador en la clandestinidad. Mientras era denunciado por sus antiguos camaradas, Comorera se dedicó a editar Treball en unas condiciones de soledad casi absoluta, con la ayuda de su compañera, una mujer que se había declarado ajena a la política, pero que se “la jugó” por su marido. 
          EL revisionismo jruscheviano fue inmediatamente adaptado por el a través de Santiago Carrillo que luego sería, como es sabido, uno de los adelantados de lo que se vino a llamar —impropiamente- eurocomunismo. Esta reorientación conllevaba una serie rectificaciones históricas puesto que buscaba aparecer como crítica del estalinismo, de ahí que a escala de dirigentes notorios se empezaran a asumir y a criticar “errores” cometidos bajo la influencia del “padre de los pueblos”. La audacia autocrítica tuvo su mayor alcance en el orden verbal —por ejemplo, Teresa Pámies, compañera de López Raimundo y conocida escritora, llegó a reconocer que los métodos “marxistas—leninistas” habían llevado a resolver las crisis internas con métodos con los que ”se prohibía rotundamente y se reprimía con expulsiones, excomuniones, detenciones, fusilamientos y gulags”—, sin embargo tenía unos límites muy precisos: no se entraba nunca en concreciones ya que estas afectaban muy directamente a dirigentes que seguían siendo instituciones dentro del partido, así un juicio objetivo sobre el “asunto Comorera” hubiera dejado en muy, mal lugar a gente como Carrillo, López Raimundo, Serradell —el “hombre fuerte” del PCC—, y por más motivo tampoco se podía poner en cuestión la naturaleza primigenia de la política del partido.
        Unos nuevos tiempos exigían que estos feos asuntos se trataran, aunque fuera, claro esté, para “integrarlos”. No obstante, los márgenes sufrían un desequilibrio ya que si bien no se podía volver a las verdades “oficiales”, tampoco se podía afrontar desnudamente los hechos. La contradicción se hace notar cuando López Raimundo –muy implicado según insiste en afirmar Gregorio Morán- trataba de ofrecer con su congénita buena fe una versión new look sobre el “asunto”: (...) Comorera insistía en una concepción del partido que cambiaba el carácter original que había tenido el PSUC —como partido marxista-leninista de la clase obrera—( ...) abogaba por un partido que no hubiera respondido estrictamente a un carácter de clase, sino de carácter pluriclasista o interclasista (...) era un hombre de virtudes revolucionarias indudables, pero tenía una concepción de su papel personal que le llevaba a estimar que él estaba llamado a ser el Maciá o el Companys de nuestra época ( ...) En lo que se refiere a su actuación durante la guerra civil Comorera es presentado como un “revolucionario” que tiene que torear circunstancias muy difíciles, y se trata de disculpar determinadas actuaciones por el peso del influjo estaliniano en la época. Influjo que –al decir de Antonio Elorza- no afectó para que el comunismo español (y catalán), llevaran una política “casi perfecta”. Palabras muy similares a las dichas por Joan Saura este verano en sus declaraciones sobre el estalinismo.
            Esta nueva versión no era del todo satisfactoria, sobre todo para la inteligentzia del partido lo demuestra el hecho de que las primeras revelaciones independientes que acusaban a la dirección del PCE— PSUC, de la época no encontraron ninguna respuesta, ni siquiera colateral. La espina estaba clavada profundamente y un ”renovador” como Rafael Ribó sugirió al profesor de Derecho Político, Miquel Caminal, La posibilidad de escribir una biografía de Comorera, lo que posiblemente en su intención podía significar dos cosas: Comorera era recuperado para el Olimpo de grandes políticos catalanes y el partido no tendría que pasar por el trance de afrontar el “asunto” directamente...El objetivo se puede decir que ha quedado cumplido. Caminal ha escrito un voluminoso estudio, académicamente impecable en el que Comorera es revalorarizado con entusiasmo (“Considero —declaró— que los políticos más destacados del siglo XX en Cataluña son Cambó, Taradellas y Comorera. A este último no se le ha reconocido. Hay la tendencia de que los historiadores se interesen por figuras míticas de la historia, como Lluís Companys, Francesc Layret o Andreu Nin, todos ellos asesinadas. Pero hay otras figuras de un interés igual o superior.
          El interés de Comorera raya en el hecho de que es un personaje misterioso, que fue expulsado del partido. Este misterio espero haberlo aclarado demostrando que es un personaje injustamente tratado y que es desde lejos el político más relevante del movimiento obrero en la Cataluña del siglo XX. Y relevante no implica que sea el intelectual de más categoría (porque en este aspecto lo superaban otros como Serra Moret o Maurín, pero si el analista político de más talla”.
        Las analogías son muy del gusto de  PSUC de la época eurocomunista, de un tiempo en el que la “defensa del marxismo” no empañaba una declarada admiración por Tarradellas, de todo lo que como político profesional significó durante la guerra civil y más recientemente en la “transición”.  Caminal encuentra en este Comorera no solamente a un político profesional de talla capaz de sacar mayor provecho de una situación en la que la correlación de fuerzas le es —en relación a los anarcosindicalista desfavorable, también ve una coherencia leninista heterodoxa, no estalinista. El PSUC aparece para el historiador como una formación original, capaz de crearse una amplia base social y de reconducir el proceso abierto en julio del 36 hacia un terreno más pragmática habida cuentas que la revolución era descabellada amén de estar en mano de gente tan utópica como irresponsable. La represión del POUM y de la corriente revolucionaria aparece como un “exceso” en la que el componente “externo” soviético e internacional tiene la mayor responsabilidad. En este sentido se puede decir que su obra es mucho más que una biografía. Es toda una interpretación hecha, matices aparte, a la mayor gloria de Comorera y por lo tanto del PSUC. En este terreno de la interpretación donde a nuestro juicio la solidez del historiador náufraga.
          Pero, ante un tema tan extenso y contradictoria, estaría mejor volver a hablar, volver a debatir, y hacerlo con las lecciones de los errores y horrores, situadas, explicadas, y objetivizadas al máximo para que puedan ser de ayuda y no un obstáculo para todo lo que nos toca hacer a gente de procedencia diversa, cuando no duramente enfrentada. 
 
        Pd. Para escribir esta serie de artículos he recuperado un viejo artículo previsto según creo recordar para Historia 16 para principios de 1981, y que quedó frustrado por la edición de otro sobre el personaje firmado por el historiador Joan Estruch. Estruch escribió luego un resumen para las páginas 2 y 3 de El Diario de Barcelona que, sorprendentemente, no suscitaron ninguna reacción, algo inusual dado que en aquella época el antiguo “Brusi” ofrecía una página o dos a la carta de los lectores, donde convergían toda clase de réplicas, críticas, denuncias, rectificaciones.  Las principales fuentes en que me base fueron los tres volúmenes de Miquel Caminal que publicó Empuries, el segundo volumen sobre la historia del PCE de Joan Estruch, aparecida en Siglo XXI, y el libro de Gregorio Morán Grandezas y miserias del PCE, que incide sobre todo en la segunda fase y cuyas páginas no deja títere con cabeza.
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#1.- Grande
Leo|08-09-2008 23:22
La cuarta y mejor entrega del serial sobre Comorera.
PATETICA la versión de Saura y sus epígonos, trufada de institucionalismo interesado - 100.000 €  anuales de sueldo es un poderoso argumento- en paralelo a una apologetica acritica y olvidadiza  del papel  antiobrero y antirevolucionario de los dirigentes del PCE-PSUC de la fase estalinista de la guerra y la postguerra. Todo sea x camuflarse y seguir chupando del bote.
Gracias x el análisis pertinente de Pepe, por su claridad  expositiva y honestidad intelectual.
Valoración: 7
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#5.- Reducen
Leo|09-09-2008 10:27
Reducen la discusión historica y el balance de trayectorias a exclamaciones rituales e insultos. Ello solo retrata por sí mismo a los restos del estalinismo y su decadencia politica irreversible.
Ninguno de ellos argumenta los desarrollos y posiciones de PGA que se merece una lectura ponderada del primer análisis  en profundidad -no reformista- sobre Comorera y aquella cupula del PSUC  en su fase más teoricamente republicanista y practicamente antirevolucionaria.
Felicidades para PGA.
Valoración: 2
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#7.- Comorera estalinista
Andaluz|09-09-2008 20:56
En el libro de Jose Luis Martin Ramos Rojos contra Franco - Historia del PSUC 1939-1947, Edhasa, Barcelona, 2002, pag. 334 se implica directamente a Comorera del asesinato  en 1946 de Pere Canals,  exresponsable del PSUC en el interior.
La eliminación de Canals fue un recurso de Comorera para intentar recuperar el control del PSUC del interior y aplazar -sin exito- la presión absorcionista del españolista PCE.
Luego, Comorera recibió del PCE una dosis de su propia medicina.
Valoración: 1
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