Leo en su periódico la carta de D. Jaime Ramírez sobre la cruz de la Plaza del Pan donde califica de estupidez la retirada de este monumento por parte del Excmo. Ayuntamiento e Talavera. Quizás la acción sería mejor calificarla de tardía e indicadora de las timoratas decisiones de nuestros responsables políticos que, en vez de decidirse por la retirada de toda las simbología franquista y golpista, alegan cuestiones de estética en la remodelación de este bello lugar. Sin lugar a dudas este pegote ensombrecía la plaza y tapaba, entre otros sitios de interés, la iglesia de Sta. María la Mayor, llamada popularmente “la Colegial”. Es cierto que en su día se intentó una reforma de esta plaza que gracias a la movilización de algunos sectores de la sociedad civil de la ciudad pudo pararse, pero aquella remodelación era más bien destrozar todo el recinto ya que se pretendía dejar el lugar a ras de suelo.
Pero el tema más importante es que después de decenios todavía se manifiestan en nuestras calles y plazas homenajes a los que en su día promovieron un golpe de estado contra el pueblo español y acabaron con las instituciones que este se había dotado libre y democráticamente, contra la República Constitucional. Que me venga este Señor, el cual se autodenomina cristiano y católico y que con las argumentaciones fundamentalistas que expone dudo que sea lo primero, que esta cruz sea un signo de reconciliación es paradójico. Un símbolo, junto a la espada, que blandieron aquellos que se sublevaron, asesinaron, deportaron, torturaron y aplastaron a centenares de miles de españoles, un emblema de una iglesia católica que fue colaboradora necesaria e imprescindible de la dictadura y la represión, poco puede ser seña de mediación, un distintivo de aquellos sacerdotes encargados de “la vida espiritual de los presos” que se asociaban con el aparato represor o las hermanitas que colaboraron en la desaparición de miles de niños para entregarlos a las familias bien del régimen. No me venda amor, paz y redención desde el más puro integrismo.
No tengo ni idea de cuál va a ser la intención del gobierno municipal en cuanto a la dignificación de la Memoria reciente de nuestra localidad, hasta la fecha poco ha hecho. Por sus palabras esta meridianamente clara su postura sobre “la marramachada que es la alianza de civilizaciones” (cita textual) pero no veo instalando, como Usted dice, ningún Buda, cuestión en la que tampoco estaría de acuerdo y por que la religión es un tema que se debe dar en el ámbito de lo privado, pero estoy convencido que si Usted pudiera tener poder de decisión llegaría a volarlo como hicieron los talibanes en Afganistán.
Como decía hace poco mi admirado D. Aurelio de León “Cualquier símbolo se merece el respeto que hay que tener a las personas que los usan, pero no se pueden imponer a nadie, ni vale la pena luchar por mantener algunos determinados, con las finalidades que se hicieron, en los lugares en que colocaron por unas autoridades dictatoriales con la anuencia de los colectivos interesados, como trofeos de victoria sobre otros muchos españoles a los que se condenó al ostracismo más absoluto”.
Así sea. Un saludo cordial.
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