El Conflicto en el Cáucaso
En reiteradas ocasiones, nuestro Partido se ha referido al empeño del imperialismo yanqui de estrechar el cerco contra Rusia: el acuerdo, recién concluido, con Polonia y la República Checa para establecer un escudo antimisiles en la zona, así como las presiones, fallidas aún, para integrar a Ucrania y a Georgia en la OTAN, eran ejemplos claros de ello.
En esta ocasión, y con, como mínimo, el consentimiento de los EEUU, su aliado georgiano, el mafioso Mijeíl Saakashvili, se ha lanzado a masacrar a la población de Osetia del Sur (partidaria de incorporarse a Rusia), ataque que también era una advertencia contra la igualmente rebelde región de Abjasia. La respuesta rusa, en defensa tanto de las tropas de paz que tenía estacionadas como de sus ciudadanos de Osetia, no se ha hecho esperar y ha sido más contundente de lo esperado, llegando a destruir instalaciones militares clave en diferentes ciudades de Georgia, en una dura contraofensiva.
Naturalmente, se suceden las informaciones contradictorias por parte de ambos bandos, referidas tanto a ataques contra población civil e infraestructuras no militares, como al uso de armas prohibidas. Sin embargo, cabe destacar el bochornoso papel de la prensa occidental, que se ha lanzado impúdicamente a apoyar la versión de Washington, a medida que los EEUU la iban construyendo, ocultando sistemáticamente la responsabilidad de Georgia en el inicio del conflicto y sobrepasando incluso la postura de los líderes de la UE, que rápida pero “amistosamente” se han afanado en conseguir un acuerdo entre las partes enfrentadas, conscientes de lo que se jugaban.
La agresión ha concluido, por el momento, en una situación de “tablas”, en la cual EEUU (con el apoyo de Francia y del Reino Unido) pretende retroceder respecto a los acuerdos alcanzados para el alto el fuego, mientras los rusos suspenden la colaboración con la OTAN, aumentan el área controlada por sus tropas en Georgia y abren la “caja de Pandora” del futuro estatus de Osetia del Sur y Abjasia. Con el bloqueo de cualquier posible solución en la ONU, el resultado inmediato de la aventura de Saakashvili va a ser, por tanto, un precario equilibrio, preñado de incertidumbres sobre el futuro de su país y, evidentemente, de su población.
Sin embargo, la clave del enfrentamiento no es sólo política. Como manifestó Medvédev, «jamás permitiremos matar impunemente a nuestros ciudadanos, soldados y oficiales pacificadores. Rusia tiene para eso posibilidades económicas, políticas y militares.» En efecto, con su respuesta Rusia ha manifestado algo más que su furia por la política occidental en Kosovo, o por las ampliaciones de la OTAN. Rusia ha demostrado que está en situación de empezar a recuperar influencia y a intervenir de forma efectiva en la configuración de la política internacional, a través de los tres frentes mencionados.
Es evidente la victoria política y diplomática de Moscú sobre Washington: han dejado “tocado” al mafioso aliado georgiano de los EEUU; ha abierto la puerta a la independencia tutelada de Abjasia y Osetia del Sur, adelantándose al ingreso de Georgia en la OTAN; y ha devuelto con creces a los norteamericanos la bofetada recibida en Kosovo, dejando a Bush sin argumentos contra la futura independencia de esas dos regiones. En cuanto a la UE, se ha consolidado la división de opiniones que ya se dio en la Cumbre de Bucarest respecto a Rusia. Aunque el Reino Unido, Francia y las repúblicas bálticas y Polonia se alinean con los EEUU, Condoleezza Rice no pudo imponerse en la reunión extraordinaria del Consejo de la OTAN convocada el 19 de agosto, a exigencia de EEUU, para “poner en su lugar" a Rusia. La Alianza no aceptó la propuesta de Bush de reducir los vínculos con Rusia ni está dispuesta a acelerar la incorporación de Georgia, que es la meta que buscan los EEUU a raíz del conflicto.
En lo militar, el choque en Georgia puede estar relacionado con el pulso que mantienen estadounidenses y rusos, con claro predominio de los primeros, pero en el que Rusia se dispone a avanzar posiciones: además de la colaboración militar con Bielorrusia, Moscú pretende reanudar su presencia militar en Cuba, tal como anunció justamente unos días antes del ataque georgiano contra Osetia del Sur; con ello, los rusos “movían ficha” ante la presión del despliegue del escudo norteamericano en Polonia; su ministro de Exteriores también afirmó que «tendremos que reaccionar, y no sólo mediante protestas diplomáticas». La demostración de fuerza en Georgia ante la agresión de Saakashvili puede ser, por tanto, un aviso de lo que Rusia no va a tolerar en lo sucesivo.
Pero la piedra de toque, el elemento unificador de todas estas contradicciones es, sin duda, el económico. La resolución con que Rusia ha encarado la crisis, llegando mucho más allá de asegurar a sus ciudadanos osetios, tiene las mismas causas profundas que la actitud de los socios europeos de Washington: los intereses económicos. Rusia, que está extendiendo su influencia económica por el mundo merced a acuerdos e inversiones, cubre un tercio de su PIB con los beneficios del petróleo y del gas, mayoritariamente adquiridos por la Unión Europea. De hecho, los intercambios comerciales entre Rusia y la UE son unas siete veces mayores que los mantenidos entre Rusia y EEUU. Estos datos explican la relativa templanza con que los europeos y los rusos han llevado sus relaciones en las últimas semanas, sobre todo dentro de la OTAN en relación con EEUU. Además, los europeos deben de ver con buenos ojos la caída de un elemento como Saakashvili, poco seguro para sus negocios; y, con él, la pérdida de influencia de los EEUU en el Cáucaso, que dificulta las relaciones Rusia-UE.
Sin embargo, la importancia estratégica de Rusia para el transporte de los hidrocarburos, tanto propios como de la región del mar Caspio, ha menguado desde la inauguración, en 2005, del oleoducto BTC, que comunica Azerbaiyán con Turquía, pasando por Georgia. En la actualidad, además, países como Turkmenistán, Kazajstán y probablemente Uzbekistán buscan escapar de la dependencia respecto a los gasoductos rusos, para inclinarse por Turquía (vía Armenia), país que pretende acabar con la condición de comprador exclusivo del gas centroasiático de que goza ahora Gazprom, con el beneplácito de Israel. Sin duda, el profundizar la inestabilidad en Georgia contribuye a hacer menos atractivo el transporte de los hidrocarburos por el BTC, y sirve para demostrar a la UE (y a sus empresas petroleras, accionistas del BTC) que la mejor opción es Rusia. Como manifestó Constantín Símonov, director general del Fondo de Seguridad Energética Nacional ruso, «esta situación aumenta la atracción de las vías rusas de suministro de recursos energéticos a Europa». Luego la guerra en Georgia tendría como resultado, voluntario o no, disuadir definitivamente a Europa del uso del corredor del Caspio y de Asia Central vía Azerbaiyán, Turquía y Georgia. Pero, además, la demostración rusa puede constituir un “aviso para navegantes”, dirigido al resto de repúblicas ex soviéticas de la zona para mantener sus lazos políticos y económicos con Moscú, tras años de penetración yanqui.
En definitiva, sin olvidar que el origen del conflicto está en la agresión por parte del Estado chovinista georgiano, patrocinado por los EEUU, no podemos obviar que lo que se halla en la base del problema son las contradicciones intercapitalistas, la lucha por el acceso y control de unas zonas estratégicas para la extracción y el transporte de los hidrocarburos. Y que esta es la razón fundamental no sólo de la presión y la agresividad de los EEUU y sus principales aliados contra Rusia, sino también de los esfuerzos de ésta para responder a los ataques y construir nuevas alianzas.
POR LA AUTODETERMINACIÓN DE LOS PUEBLOS Y CONTRA EL SAQUEO CAPITALISTA
¡FUERA LOS IMPERIALISTAS DEL CÁUCASO!
Madrid, agosto de 2008
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