Luis Ammann
Otra vez los empresarios rurales de la Argentina están en “paro”, produciendo un boicot a la comercialización de los alimentos que producen y amenazan con “profundizar las medidas” si  no les dan lo que piden. El gobierno ha manifestado voluntad de diálogo y se queja de que en los encuentros programados las sillas vacías son de los empresarios rurales. En medio, los ciudadanos somos rehenes y por la suerte de los trabajadores del campo (los que carecen de tierras y trabajan sin protección social), nadie parece interesarse.
El contexto internacional muestra el comienzo de una crisis financiera en los Estados Unidos de Norteamérica que va a durar varios años, con recesión y desempleo que repercutirá en todo el mundo. Es un momento histórico que requiere prudencia y políticas de consenso. Hay coincidencias en los analistas sobre que la producción no debe detenerse y que se requiere un papel activo del Estado para fortalecer la economía real. En ese contexto una medida de fuerza como este boicot  de un sector de la sociedad no parece ir en la dirección de lo que conviene al conjunto. Es, por lo menos, inoportuna.
El voto esquizofrénico de Julio Cobos -el vicepresidente votó en contra del gobierno que integra en un lugar relevante-  fue negativo  para las demandas de los productores rurales medianos y pequeños. La ley que se rechazó con su voto decisorio establecía segmentaciones en las retenciones, compensaciones en los fletes y otras medidas favorables a los sectores pequeños: hubo 45 modificaciones en el proyecto de la ley que aprobó diputados y fue a senadores donde, al rechazarse, quedaron sin vigencia. “Con el actual precio internacional de los granos y oleaginosas -opina el economista Miguel Bein- los productores pagarían (habrían pagado) menos retenciones”.
 
El voto de Cobos fue positivo sólo para los poderosos, como ocurre por lo general cuando se dan alianzas “contra natura” como la que estableció la Federación Agraria Argentina con la Sociedad Rural. No se entendía qué celebraba Eduardo Buzzi -dirigente nacional de la FAA.- cuando festejaba que se volviera a la situación anterior a una ley que los beneficiaba.
La equidad tributaria tiene un principio rector muy simple: el que más gana más aporta al fondo común desde donde se distribuye la riqueza. Ahora Buzzi pide “retenciones cero”, un delirio que sólo sirve para darle prensa a un proyecto decididamente desestabilizador.
Los dirigentes agrarios parecen dispuestos a mantenerse  en las marquesinas mediáticas con la crítica permanente y con paros esporádicos. El boicot  es la respuesta extrema y no    parece haber  una situación que lo amerite. En este momento de crisis es, por lo menos,   extemporáneo.
Por si fuera poco, los ruralistas están deteniendo camiones en las rutas para verificar si transportan granos y, si es así no los dejan pasar.  Otro exceso. Así lo vemos y lo ve la gente. “Organizaciones mafiosas”, “grupos de tareas de la triple “A”, son los calificativos de la ciudadanía -los escuchamos por radio- para los productores que realizan interrogatorios, inspecciones a la carga  y controles de documentación. Es un hecho ilegal, por supuesto. La pregunta que cabe es a la justicia: ¿va a permanecer impávida? ¿No va un fiscal de la Nación a comprobar el hecho y a tomar las medidas correspondientes? Arrogarse el poder de policía y decidir quién transita y quién no por las rutas del país, reteniendo a quienes no les obedecen, son conductas delictivas.
No sólo por eso es preocupante el papel de la dirigencia agraria. Alfredo De Angeli, uno de sus más  pintorescos representantes, tuvo actitudes que evidencian una avidez de poder que no es menor que su torpeza verbal. En una perorata, al costado de una ruta donde se manifestaba, el empresario arengaba a “no enviar alimentos a las ciudades”. “Hagamos faltar alimentos”, dijo. ¿Para qué? “Para que sepan (los de la ciudad, claro) lo poderosos que somos”. Irracional, sin duda. Pero patético a la hora de cotejar esas declaraciones con otras en las que afirmó estar “capacitado para gobernar una provincia”.
En síntesis, la dirigencia de la Federación Agraria -“del campo”, como les gusta decir-parece estar fuera de la realidad atendiendo sólo a oponerse al gobierno. En todo caso, están lejos de atender a lo que conviene al país.
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