William 'Billy' Tilley permaneció en el corredor de la muerte del estado de Pensilvania hasta el final de su vida.  
Durante una buena parte de su estancia, trabajaba como bibliotecario, asegurándose que cientos de hombres recibieran sus materiales de lectura semanales.  Parece que disfrutó de su trabajo y lo hizo con ganas y eficiencia.
Muy temprano el martes 27 de mayo de 2008, alrededor de las 6:30 a.m., su largo turno en el corredor de la muerte llegó a su fin.
En ese momento Tilley fue encontrado colgado en su celda.
Alrededor del año 1985 Tilley empezó su larga caminata hacia el corredor de la muerte, aunque probablemente no lo sabía en aquel entonces. Era un drogadicto que también se dedicaba al hurto para conseguir lo que (el creía que) necesitaba para alimentar su persistente hábito.
Durante una ilícita revisión de la casa de un vecino, se encontraba en el sótano cuando escuchó el sonido de la puerta principal abriendo y los pasos de alguien llegando a la puerta del sótano. Vio la pierna de un hombre bajando la escalera, acercándose aun más.   Aparentemente, el hombre sintió que alguien estaba en su hogar porque empezó a decir lo que haría al atrapar a ese alguien y lo que dijo no era muy agradable.
Asustado, inquieto, arrinconado, y volando como una cometa, Tilley abrió fuego, disparando a la silueta que se le acercaba.
Disparó otra vez, agarró un portafolio y huyó de la escena.
Si sentía algo, eso fue filtrado por la neblina de la droga.
El portafolio estaba atascado de cocaína, pastillas y otras drogas. Consumió lo que se le antojó, vendió lo que pudo, y buscó otras maneras para llenar las fauces de la nada.
Muy pronto enfrentó cargos por homicidio en primer grado y la posibilidad de una sentencia de muerte ante el infame juez Sabo de Filadelfia, conocido como el juez de la horca. Poco tiempo después fue enviado al corredor de la muerte.
Los años de sobriedad posterior le permitieron aprovechar su notable capacidad mental y volverse un abogado bastante competente. Preparaba escritos y mociones para él mismo y para otros internos en su bloque de celdas.
Inteligente y gracioso, Bill Tilley había   recorrido un buen trecho desde sus días como aquel joven drogadicto que llegó al corredor de la muerte hace 23 años.  
Tal vez no era un hombre nuevo, pero era un hombre mejor.
Una mañana muy temprano, antes del amanecer, llegó al final de su viaje y escogió su puerta de salida.
Tal vez nunca sabremos por qué.  Pegó un mensaje de una página en la pared, poco tiempo antes de colocarse la soga.
Tilley tenía 46 años.
 
Desde el corredor de la muerte soy Mumia Abu-Jamal
Escrito 28 mayo 2008
Derechos reservados 2008 Mumia Abu-Jamal
Audio grabado por Noelle Hanrahan: www.prisonradio.org
Texto circulado por Fatirah Litestar01@aol.com
Traducción: Amig@s de Mumia, México
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