Roma, 23 de octubre, plaza San Giovanni: llamado a la huelga general convocado por el sindicalismo de base
En el último período se han producido algunas importantes novedades en el ámbito sindical, desde el inicio de un proceso de unificación de una parte del sindicalismo de base al nacimiento de un debate en la "Red 28 de abril" en vistas al congreso de la Cgil. En ambos ámbitos se han producido, por parte de activistas de diferentes orientaciones, a cuyas dos contribuciones importantes también han contribuido militantes de Alternativo Comunista. Es útil, como premisa indispensable a los objetivos del desarrollo de las luchas que se vislumbran, empujadas por la crisis del capitalismo, profundizar el sentido de la intervención de los comunistas en los sindicatos.
 
Existe un solo medio para poner punto final a la explotación del trabajo por parte del capital: derribar el capitalismo y, por lo tanto, abolir la propiedad privada de los medios de producción y reemplazarla con la propiedad colectiva. En tiempos de crisis, las contradicciones del capitalismo se hacen sentir de modo más agudo: desempleo masivo, miseria y guerras. No es posible poner parches a un sistema económico que presenta brechas en todas partes y que exhibe claramente su estado de descomposición avanzado. Derribar al capitalismo es, por lo tanto, el objetivo final al que tiene que estar dirigida la intervención de los comunistas en los sindicatos, con la conciencia de que "los sindicatos no son un objetivo en si, sino sólo simples instrumentos en el largo camino que conduce a la revolución proletaria" (León Trotsky, Programa de Transición).
Sindicatos y capitalismo
Para comprender cuál tiene que ser el correcto acercamiento de los revolucionarios a la cuestión sindical (es decir, para entender cómo los revolucionarios tienen que intervenir en los sindicatos) es necesario comprender el papel de los sindicatos en nuestra época. Es evidente, y Trotsky lo ilustra bien en uno de sus últimos escritos, poco antes de morir (Los sindicatos en la época de la decadencia imperialista) que los sindicatos, bajo el imperialismo, no son comparables a los sindicatos de la época de la libre competencia. El imperialismo se caracteriza por el monopolio y por la concentración de los capitales: ésto implica uno estrecha unión con el poder estatal, que se refleja también sobre la organización sindical. Los sindicatos tienen la necesidad de acostumbrarse a la propiedad privada de los medios de producción y de colocarse sobre posiciones "reformistas": el objetivo de las burocracias es garantizar la autopreservación, a cambio de algunas migajas para los trabajadores mejor contratados.
En los períodos como el nuestro, cuando la crisis se agudiza, se encogen los espacios de democracia sindical y los grandes grupos capitalistas están cada vez menos dispuestos a aceptar cualquier forma de "autonomía" por parte de los sindicatos: se les solicita "arremangarse" y volverse, a cambio de algunas migajas, los agentes políticos de la burguesía. Es lo que está ocurriendo también en nuestro país: no sólo los "sindicatos amarillos" (Cisl y Uil), sino ahora también la burocracia que dirige el Cgil, en la voz de Epifani, después de haber golpeado los puños en la mesa, por haber sido excluida de las "mesas de concertación", vuelve a vestir las ropas de "guardaespaldas" de las ganancias capitalistas.
La propia presidente de patronal, Emma Marcegaglia (en septiembre de 2009), lo ha declarado con claridad: la burocracia de la Cgil se está comportando muy bien y es gracias a Epifani que millones de despidos no se han convertido todavía en un estallido social de gran alcance, como en otros países. En particular, la estrecha unión entre Estado, gran capital y organizaciones sindicales encuentra expresión, sobre todo, en el empleo en gran escale de los llamados "amortiguadores sociales". En primer lugar, el fondo de desempleo, que ya, también a los ojos de los trabajadores, es, cada vez más a menudo, el pasillo al desempleo y que desarrolla, de hecho, el papel de "amortiguador" de conflictos.
La intervención de los comunistas
Obviamente, ningún sindicato puede reemplazar el partido. Además, hoy en Italia no existe sindicato que se proponga explícitamente la tarea de derribar el capitalismo. El modo mismo en que ocurre la adhesión a un sindicato, sin distinciones entre activistas y no activistas, sin adhesión a un programa, implica la imposibilidad de que un sindicato se dote con un programa revolucionario acabado. Además, los sindicatos necesariamente agrupan una pequeña parte de la clase trabajadora: las capas más oprimidas, y mayoritarias de la clase trabajadora son arrastrados a la lucha sólo en los momentos de excepcional despertar. En estos casos, surgen organizaciones que van más allá de los sindicatos: comités de lucha, comités de huelga, comités de fábrica, etc En estos rompeolas, los revolucionarios tienen que siempre batirse también por la construcción de organizaciones militantes independientes de los mismos sindicatos.
Eso no quita que es deber de cada comunista intervenir en los sindicatos. Más aún, como bien Trotsky explica en su escrito, hoy "la intervención en los sindicatos se vuelve en cierto sentido más importante que nunca para un partido revolucionario, lo que está en juego es la lucha por la influencia sobre la clase obrera." Del ahí, que la necesidad de que los revolucionarios intervengan en los sindicatos, incluso en los "reaccionarios", ya fue puesta y elaborada por Lenin y remarcada por la Internacional Comunista de los primeros años, con el objetivo de sustraer a amplios sectores de las influencias de las burocracias dirigentes.
Es a partir de este patrimonio teórico, táctico y programático que el Partido de Alternativa Comunista (PdAC), consciente de sus pequeñas fuerzas, ha elaborado y aplicado una táctica de intervención sindical en el que los activistas del partido intervienen tanto en la Cgil, la principal confederación, cuyas direcciones están ligadas al PD, como en el llamado sindicalismo de base: Cub-RdB, Conf. Cobas, SdL, Slai Cobas, etcx. En particular, en la Cgil, los activistas del PdAC se ubican dentro de la Red 28 de Abril, corriente de izquierda de esa central que, en el próximo congreso, según su líder Cremaschi, debería hacer bloque con las direcciones de la Fiom (metalúrgicos) y empleados públicos.
En esta ubicación, nuestra batalla, desde el principio, se ha articulado en la perspectiva de la construcción de un sindicato de clase, contra la línea de concertación y colaboración de clase de la mayoría. También por cambios en la propia Red 28 de Abril, en términos programáticos y organizativos. Los puntos esenciales en que se ha inspirado siempre la batalla de los activistas del PdAC en la Cgil son resumidos en un documento elaborado como contribución al debate del congreso de la Red, escrito por nuestros compañeros junto a otros activistas de la Red y difundido en agosto pasado, con ocasión de un encuentro nacional de la Red. El texto está en: www.areaclassistacgil.org.
Por lo que concierne el sindicalismo de base, los militantes de nuestro partido son particularmente activos, aunque no exclusivamente, en la Confederación Cub, la principal organización a la izquierda del Cgil, cuya parte mayoritaria pertenece a los empleados públicos, como RdB-Cub. La Confederación Cub ha conocido recientemente un proceso de descomposición que la ha llevado a una fractura: la parte mayoritaria de la Confederación ha decidido emprender un proceso de unificación con otros sectores del sindicalismo de base (SdL ante todo y, en perspectiva, también el Slai Cobas), mientras una parte, minoritaria ha quedado fuera de este proyecto.
En la Cub la intervención de los activistas del PdAC se caracteriza por una batalla por la unificación del sindicalismo de base, por la construcción de un sindicato de clase sobre la base de una plataforma reivindicatoria anticapitalista y por la democracia interior. En particular, en la decisión de participar en el congreso constituyente del nuevo sindicato que nacerá de la fusión entre los sectores mayoritarios de la Cub y SdL, nuestros activistas han suscrito y compartido una contribución difundida por activistas de muchas categorías, en ocasión de la asamblea nacional constituyente de mayo pasado. El texto puede leerse: www.sindacatodiclasse.org/documenti.htm
Nuestro empeño por la construcción de un sindicalismo masivo de clase en nuestro país continuará, con la convicción de que es necesario realizar la coordinación y la unidad de acción del sindicalismo de base y de los sectores clasistas de la Cgil. Hoy, más que nunca, frente a los ataques cada vez más pesados de la patronal, frente al despido de millones de trabajadores, frente a la exacerbación de las medidas represivas con la clase trabajadora, hace falta luchar para sustraer los trabajadores del peso de las burocracias sindicales y por la construcción de sindicatos que sean expresión de la contraposición de las masas trabajadoras contra el capital. Es decir, basado en la independencia de clase con la burguesía, su Estado y sus gobiernos; que, frente haga de la lucha a fondo el instrumento privilegiado de su acción; que busque el cambio de la actual relación de fuerzas, a partir de la defensa de los intereses de la clase trabajadora. Con este objetivo, hace falta coordinar desde ya las luchas del otoño para desarrollarlas en un sentido anticapitalista.
Departamento sindical del Partido de Alternativa Comunista
Después de la huelga general, redoblar las luchas
El 23 de octubre: todos a Roma
ES SOLO EL PRINCIPIO
También en Italia ya son millones los trabajadores que han perdido o están perdiendo el empleo. Gobierno, bancos y patrones nos explican que la crisis está a punto de acabar y nos aseguran que "lo peor ya pasó." ¡Nada más falso! La crisis del capitalismo está solo en su principio y la clase patronal seguirá descargando su costo sobre los hombros de los trabajadores. La barbarie del capitalismo sólo podrá ser saneada reemplazando la propiedad privada de los medios de producción con una propiedad colectiva: sólo una economía planificada bajo control de los trabajadores y destinada a la satisfacción de las necesidades de las masas, en vez de al provecho de unos pocos capitalistas, podrá evitarle a la humanidad el continuo reproducir de crisis, guerras, fascismos, miseria y destrucción de la naturaleza. Por eso, ante todo, es necesario revertir por la fuerza las actuales relaciones, que siempre ven a la clase de los capitalistas en el poder, gracias a la alternancia entre las dos formaciones patronales: el PD-de Pietro y el PDL. Mientras la izquierda llamada "radical", Refundación Comunista e Izquierda y Libertad, se preparan para un nuevo período de alianzas de gobierno con la centroizquierda, a partir de las elecciones regionales del 2010.
La única alternativa real está en las luchas. En nuestro país, las luchas obreras no tienen todavía el carácter de masas de otros países de Europa: hay momentos de lucha importante, sobre las cuales los medios de comunicación de todas los sectores patronales tienden un velo de silencio, de las ocupaciones de los techos de muchas fábricas a las primeras ocupaciones de establecimientos. Pero, por ahora, las luchas son fragmentadas y aisladas. Ante todo, es gracias a las burocracias de la CGIL, la CISL y la UIL (como admite la propia jefa de la patronal, Emma Marcegaglia) que en Italia las cosas todavía van demasiado bien para los dueños. Los burócratas de los sindicados federados (incluso los de la federación metalúrgica de la CGIL, que han sido obligados por su base a no firmar la renovación contractual) están desarrollando el papel de bomberos del conflicto obrero. Contratando con los patrones las condiciones del fondo de del desempleo y otros "amortiguadores" de la crisis, contribuyen a apagar las luchas en su nacimiento, aislando, de hecho, y alejando de los lugares de trabajo a los obreros que reciben esta pobre compensación, destinada, a menudo, a terminar en despido.
Positivamente, se ha encaminado un recorrido de unificación del sindicalismo de base (a partir del nacimiento del Pacto de Base), que va en el sentido de la superación de la fragmentación y el sectarismo. Hace falta reforzar este proceso, para construir un sindicalismo masivo de clase, a partir de la coordinación y la unidad de acción del sindicalismo de base y los sectores clasistas de la CGIL. Hoy, más que nunca (frente a los ataques cada vez más fuertes de la patronal, frente al despido de millones de trabajadores, frente a la exacerbación de las medidas represivas contra la clase trabajadora), es necesario luchar para sustraer a los trabajadores del peso de las burocracias sindicales de CGIL, CISL y UIL y por la construcción de un sindicalismo que sea expresión de la contraposición de las masas trabajadoras contra el capital. Es decir, basado en la independencia de clase de la burguesía, de su Estado, de sus gobiernos; que haga de la lucha a fondo el instrumento privilegiado de su accionar; que busque la reversión de las actuales relaciones de fuerza, a partir de la defensa de los intereses de la clase trabajadora. Con este objetivo, hace falta desde ya coordinar y desarrollar en sentido anticapitalista las luchas del otoño. También por eso, es necesario construir un partido comunista con influencia de masas, independiente de la burguesía y de sus gobiernos, que actualmente no existe. En esta dirección, van los esfuerzos del PdAC.
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