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Barack Obama en la tierra caliente
El pretendido “acuerdo de las partes” de Copenhague no pasará a ser más que una maniobra para continuar actuando de forma irracional contra la naturaleza y contra el hombre mismo.
Alfonso del Rosario | Holguín | 24-12-2009 a las 16:51 | 1257 lecturas
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El cambio climático demanda de cambios estructurales

Mientras los europeos se ven obligados a palear toneladas de nieve que tormentas locales severas arrastraron a sus ciudades, el presidente norteamericano Barack Obama decidió, con la misma frialdad, salir de la Conferencia de la o­nU sobre el Cambio Climático.

Las condiciones de su “partida” no podrían ser otras, sobre todo por gobernar el país responsable del mayor por ciento de emisión de gases de efecto invernadero sobre el planeta.

Por su puesto que Obama no se retiró de Copenhague sin antes no haber tergiversado los lineamientos sobre los cuales debía descansar la reunión que tuvo como sede a la capital danesa.

Pero su posición no fue aislada, sino que fue secundada por el resto de los emperadores del primer mundo, quienes, por coincidencia, son también los mayores responsables del calentamiento que hoy vive nuestro planeta.

La posición de justeza fue tomada por las naciones agrupadas en el bloque del ALBA, así como por otros países tercermundistas. Desde el discurso encendido del mandatario venezolano Hugo Chávez se puso en tela de juicio la actitud arrogante de las naciones primermundistas, y su desenfrenado egoísmo.

Para llegar al documento final se hizo necesario “secuestrar” la reunión y aislar a los incómodos países progresistas que de antemano se negarían a aprobarlo.

Muy al contrario de lo que aseguraran a la prensa el primer ministro de Gran Bretaña, Gordon Brown, y su titular de Medio Ambiente, de que un puñado de países tomaron como rehén a la Cumbre, la hostilidad provino de ellos mismos, al camuflar la realidad y las cifras claves.

Resulta que los Estados Unidos consideran irrelevante gastar anualmente 700 000 millones de dólares en su industria bélica, mientras entiende que aportando 10 000 millones para subvencionar a las naciones subdesarrolladas, está adoptando una posición de justicia. La guerra amerita más fondos del país norteño que la consabida deuda con los desposeídos.

Tampoco la cifra que pretenden aplicar los norteamericanos para la reducción de emisión de gases de efecto invernadero es apropiada para un país que, primeramente ignora el protocolo de Kyoto y ahora pretende convertir a la XV Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en otro tubo de ensayo de sus experimentos imperialistas.

Con un juego de palabras que escondió la verdad hasta a los pocos periodistas que pudieron acudir a la conferencia de prensa de Obama, se hizo saber que los Estados Unidos reducirían un 50 por ciento las emisiones respecto a 1990.

Pero el asunto estriba en que la cantidad se tiene que ponderar con fechas más actuales, debido al incremento desenfrenado que han tenido esos vertimientos hacia la atmósfera en los últimos años.     

El pretendido “acuerdo de las partes” de Copenhague no pasará a ser más que una maniobra para continuar actuando de forma irracional contra la naturaleza y contra el hombre mismo.

Al no fijar límites en el vertimiento de gases contaminantes para los principales países emisores, el documento adoptado por esas mismas naciones, culpables todas ellas en gran medida del calentamiento global, viene a ser una especie de coto de caza para continuar campeando a su respeto, en materia de contaminación ambiental.

Con cifras amañadas, con escrutinios parcializados, con conferencias de prensas aisladas y manipuladas, no se va a resolver el problema de la humanidad.

Cuando naciones como las agrupadas en el ALBA protestan ante la tergiversación de cumbres que pretenden arrastrar al planeta hacia un abismo, entonces la justicia vuelve a reinar en esos eventos.

El protocolo de Kyoto se pretende desarmar tras el encuentro de Copenhague. La posición de los Estados Unidos, principal adversario del documento firmado en Japón, pretende hacer un frente común de las naciones ricas para continuar desarrollando sus economías a costa de los países pobres, a costa del medio ambiente, a costa de la humanidad.

Hugo Chávez lo ha declarado con exactitud: “Copenhague fue apenas el comienzo de la batalla decisiva por la salvación del planeta”. La idea es que fracasada Cumbre sucedida en el norte de Europa tiene que ganarse en cada rincón del planeta, si se quiere sobrevivir como especie el hombre.

También Evo Morales declaró en Chuquisaca que convocará a una conferencia mundial de movimientos sociales, con motivo del fracaso del encuentro de Copenhague.    

El 22 de abril, coincidiendo con el Día Internacional de la Madre Tierra, se reunirán en Bolivia todos aquellos que quieran luchar por nuestra casa común.

Muchas naciones toman el rumbo de la inteligencia, de la rectificación de las actitudes con respecto al medio ambiente. Son muy malas noticias para aquellos que pretenden continuar contaminando y destruyendo el planeta. Son noticias nada halagüeñas para Barack Obama, quien contribuye a que su morada sea un planeta cada vez más caliente y peligroso.

http://www.radioangulo.cu/index.php?option=com_content&task=view&id=8852&itemid=125
 
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