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Ayer y hoy de Lenin: 2. La influencia de Herzen y Chernyshevsky
La creatividad no surge de la nada, se apoya en la mayoría de los casos en una tradición. Éste ese el caso del marxismo ruso, que además de contar con un gigante como Plejanov.
Pepe Gutiérrez-Álvarez | Para Kaos en la Red | 12-7-2008 a las 14:20 | 1561 lecturas
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El de estas dos grandes personalidades de la cultura y la política internacional.  Quizás el más notable de todos fuese Alexander I. Herzen, (Moscú, 1812-París, 1867), filósofo socialista, economista y novelista ruso, muy influyente en la tradición populista, amigo y adversario de Bakunin. 

              En un famoso discurso ante su tumba, Lenin dijo sobre el origen de Herzen que «pertenecía a la generación de revolucionarios de la nobleza terrateniente de la primera mitad del siglo pasado. La nobleza ha dado a Rusia los Biron y Arakchéiev, un sinnúmero de oficiales borrachos, de camorristas, de jugadores de naipes, de héroes de feria, de perreros, de espadachines, de verdugos, de dueños de serrallo y de almibarados Manílov» «y entre ellos -escribía Herzen-, se formaron los hombres del 14 de diciembre --los decembristas--, una falange de héroes, criados, como Rómulo y Remo, con leche de fiera... Fueron como héroes de leyenda, forjados de limpio acero de los pies a la cabeza, guerreros de una causa noble, de una muerte segura, para despertar a una nueva vida a la generación joven, y purificar a los niños nacidos en un ambiente en donde imperaban los verdugos y el servilismo.» Puente entre los decembristas y las generaciones que protagonizaron la revolución rusa, Herzen, hijo de un noble volteriano cuya herencia le sería arrebatada como represalia por el poder zarista para serle devuelta gracias a la intervención de Jacobo Rothschild que la puso a su nombre y el de una alemana reaccionaria.

            A los trece años asiste a la ejecución de los decembristas y jura, junto con su eterno amigo Ogarev, «dedicar su vida a vengar a los ejecutados, y luchar contra la corona, los patíbulos y los cañones». Juramento que cumplió al pie de la letra. Estudiante de ciencias naturales, físicas y matemáticas en la Universidad de Moscú, entra inmediatamente en contacto con los círculos rebeldes que bebían en las fuentes de la filosofía alemana y del radical-socialismo francés. Fue Hegel entre todos los autores que estudió --Saint-Simon, Schiller, Goethe, Feuerbach, etc.-, el que le causó una mayor impresión.  Del  pensamiento de Hegel dijo que era «el álgebra de la revolución».

                  El clima inquisitorial del zarismo le llevó a emigrar en 1847 a Europa, París, ciudad que comparó con la Meca y con Jerusalén, y que para él encarnaba todas las virtudes de la civilización democrática. Pero pronto tuvo tiempo de comprobar más directamente la realidad que escondían sus sueños liberales. El año 1848 marcó una línea divisoria en la vida de Herzen. El miedo a la libertad -así lo interpretó- de la burguesía, que después de aliarse con la clase obrera retrocedía y utilizaba contra ella la mano de hierro de Cavaignac, le llevó a abandonar toda su fe en las instituciones democráticas occidentales. Por ello escribió: «La última palabra de la civilización es revolución». De esta rectificación de Herzen, dice Lenin: «La bancarrota moral de Herzen, su profundo escepticismo y pesimismo después de 1848, era la degradación de las ilusiones burguesas en el socialismo.

            El drama moral de Herzen fue fruto y reflejo de una época histórico-universal, en que el revolucionarismo de la democracia burguesa moría ya (en Europa), mientras que el revolucionarismo del proletariado socialista aún no estaba maduro». Dedicó su esfuerzo central cara a Rusia y a tal efecto creó Kolokol (La Campana), que duró diez años (1857-67), y que se convirtió en el órgano de expresión de la democracia rusa, sirviendo como plataforma a los mejores escritores de su época y como instrumento de organización y denuncia. Su eco llegó hasta el trono de Alejandro II y limitó en no pocas ocasiones muchas injusticias. En esta revista explicó Herzen sus críticas a las democracias burguesas y sus ideas sobre la política interior rusa -consideradas justamente como posibilistas, ya que esperaba una posición reformadora desde la corona- y el socialismo que pensaba, precediendo con ello a la corriente populista, debía de evitar los grandes trastornos de la revolución industrial y apoyarse en las comunas campesinas a las que idealizó totalmente.

          En estas últimas concepciones unía posiciones occidentalistas -Herzen siempre un amante apasionado de la cultura europea-, con un cierto mesianismo que situaba en Rusia el paso decisivo para una nueva humanidad.

            Lleno de contradicciones, Herzen mantuvo siempre -a pesar de su moderación y sus ilusiones- una posición clara y honesta ante los acontecimientos. Cuando Chernyshevsky fue detenido clamó contra «La pandilla de bandidos y canallas que nos gobiernan», denunció la entrega simbólica que hizo Turguenev de dos monedas de oro para los soldados heridos por sofocar la rebelión polaca. Demócrata e internacionalista, apoyó incondicionalmente la causa de una Polonia libre. Sus diferencias con su amigo Bakunin fueron tácticas, mientras éste, según la propia imagen de Herzen, confundía el noveno mes del embarazo de la revolución con el sexto, Herzen no veía el parto más que en un horizonte muy lejano...

          Sobre su polémica con Bakunin --efectuada en sus Cartas a un viejo camarada--, Lenin dice en el mismo discurso: «Bien es verdad que Herzen repitió allí las viejas frases democrático-burguesas respecto a que el socialismo debe desplegar una propaganda igualmente dirigida al trabajador y al patrono, al labrador y al pequeño burgués. Sin embargo, al romper con Bakunin, Herzen no volvió los ojos hacia el liberalismo, sino hacia la Internacional». Murió en 1867, y en la actualidad su vida y su obra vuelve a atraer la atención tanto en Rusia como en Occidente.

              Aparte de una biografía de Herzen como la reaccionaria y olvidable de Indro Montanelli (subtitulada en España Vida equivocada de un expatriado), es imprescindible la lectura de Románticos en el exilio: Herzen, Bakunin v Ogarev (de E. H. Carr (Anagrama, Barcelona). Existen dos obras suyas publicadas: Cartas sobre el estudio de la naturaleza, introducción de Alberto Miguez (Ciencia- Nueva, Madrid, 1968) y El desarrollo de las ideas revolucionarias en Rusia, que comprende algunos de sus mejores escritos. Es una edición de Franco Venturi, uno de los especialistas más notables sobre la Rusia del siglo XIX (Siglo XXI Madrid, 1980). Emilio Castelar le dedicó una sus Semblanzas contemporáneas.

          Aunque menos conocido entre nosotros, Nikolay Gabrilovich                  Chernishevsky (Sarátov, 1828-id.1889). Destacado filósofo y militante revolucionario ruso. Era hijo de un pope, sacerdote ortodoxo pobre. Estudió durante cierto tiempo en un seminario de teología, pero se convirtió al ateísmo ya las ideas socialistas. Muy influenciado por Fourier primero y por Feuerbach después, escribió una novela ¿Qué hacer? (existe una traducción en Progreso, Moscú), en la que condensa sus ideales sobre el hombre nuevo», la liberación de la mujer y la nueva sociedad por la que luchó. La novela fue el éxito literario más extraordinario de su tiempo e influyó poderosamente en las nuevas generaciones, fueron multitud los revolucionarios jóvenes que se sintieron «tocados» por esta obra que por lo demás no resuma calidad literaria. Para estas nuevas generaciones fue además la imagen viva del revolucionario incorruptible, heroico y consecuente. Escritor, crítico literario y social, economista y principal animador de El contemporáneo, el periódico más radical publicado legalmente en Rusia, pasó gran parte de su vida en la cárcel y el destierro siberiano sin que la tentativa del Zar de conseguir su arrepentimiento tuviera éxito.

        Casado con una mujer bella, rica y no enteramente persuadida por sus convicciones, Chernishevsky supo aplicar sus ideas sobre la necesidad de conceder una total libertad a la mujer, de facilitarle incluso una superioridad como paso previo a la igualdad. Vera, la protagonista de ¿Qué hacer? resume muy claramente estas concepciones tomadas de Fourier. Su período de mayor actividad transcurre en los últimos años del reinado de Nicolás II y durante los primeros del «reformador» Alejandro II. Después de abandonar el seminario y de pasar brevemente por la Universidad de San Petersburgo, se dedicó a la lucha política sin hacer concesiones a las ilusiones de los liberales y semisocialistas --como Herzen con el que rompió por su moderación y defendió las libertades democráticas y una reforma agraria apoyada sobre las comunas agrarias como primer paso hacia el socialismo.

          Su materialismo y cientifismo de origen feuerbachiano lo aplicó sobre todo al arte, así como a esquema sobre el «hombre nuevo». Este hombre era «profesional» de la revolución, que vivía para ésta y capaz de los mayores sacrificios. Era partidario del «amor libre» y adversario del idealismo y el liberalismo. Mantenía un «sabio egoísmo» y preparaba la insurrección. Tenía al de mesiánico: «No veíamos a estos hombres, escribe, hace seis anos... pero esto apenas Importa y tampoco Importa lo que de ellos pensemos ahora. Dentro de poco dentro de muy pocos años, les llamaremos. Les diremos "salvadnos" y, digan lo que digan entonces, lo que se deba hacer se hará".  Aunque estuvo muy lejos de ser un marxista, es indiscutible que Chernishevsky tuvo una influencia decisiva sobre Lenin que tituló también ¿Qué hacer? una de sus obras más famosas. En su juventud «leía cada palabra del Chernishevsky, de sus magníficos comentarios sobre estética, arte y literatura... Me entusiasmaban sus conocimientos enciclopédicos, la claridad de sus puntos de vista revolucionarios y su admirable talento de polemista».

            A los 18 años, Lenin le escribió una larga carta que el ya viejo revolucionario no recibió en su exilio de Sarátov. Otras obras suyas son: Relaciones estéticas entre el arte y la realidad (1855), Ensayo sobre el período hegeliano de la literatura rusa (1855-56).

 
 
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