Sacerdote pederasta
El Citröen Berlingo blanco del cura Julio César Grassi estacionó con desprolijidad en la puerta de la casa del ex obispo de Morón, Justo Laguna, en el barrio de Congreso. Fabián Amarilla, secretario privado del sacerdote juzgado por abuso sexual a menores, descendió del auto y tocó el portero eléctrico. Luego, volvió al vehículo y cubrió con su cuerpo a un hombre que bajó, agazapado, casi en cuclillas, para ingresar rápidamente al edificio de la calle Riobamba. Era Grassi. El 7 de noviembre, venía a ver a su ex superior que, cinco días después, iba a declarar en el juicio y cuyo testimonio, al parecer, no le sería favorable. Lo que nunca imaginó Grassi es que alguien observaba desde la vereda de enfrente. El fiscal del juicio, Alejandro Varela, llegaba al domincilio de Laguna para notificarlo sobre su declaración testimonial y, de casualidad, se topó con la irrupción del cura. Varela labró un acta relatando la escena y contando que, media hora más tarde, Grassi se retiró velozmente del lugar.
Esta furtiva visita no llamaría la atención si no fuera porque en la última semana, tres colaboradores de Grassi-uno de ellos Amarilla- reconocieron, ante los Tribunales de Morón, métodos poco transparentes por parte del cura para torcer el rumbo de la investigación. Dijeron que el sacerdote había inventado testigos y fraguado pruebas para deslegitimar la denuncia de sus supuestas víctimas (Ezequiel y Gabriel). Esto motivó que, tanto la fiscalía como el abogado querellante, Juan Pablo Gallego, solicitaran la urgente detención de Grassi por "entorpecer" el proceso judicial.
"Desde el inicio del juicio, ¿usted vio a algún sacerdote?", preguntó el fiscal a Amarilla cuando el joven se sentó en los tribunales, dos semanas después de haber estacionado el auto en la casa de Laguna.
Amarilla: la verdad que no, a ninguno.
Varela: ¿llevó al padre Grassi a ver a algún sacerdote?
Amarilla: No
Varela: ¿El padre tiene coche?
Amarilla: Si, un Citröen Berlingo blanco.
Varela: Un viernes por la tarde, ¿recuerda haber estado en la zona de Congreso?
Amarilla: No recuerdo si fue un viernes, pero puede ser. Estábamos comprando un almanaque para el 2009.
Varela: ¿Recuerda haber tocado el timbre en la casa de Laguna?
Amarilla: No sé.
Varela: Le digo porque yo estaba ahí y lo vi...
En este punto del interrogatorio, Amarilla (33), que vive con el cura desde hace 20 años y sigue siendo su fiel ladero, se quebró. Y, si bien no pudo dar detalles de la reunión con Laguna (quién finalmente pidió declarar por escrito), contó como Grassi había inventado prueba para exculparse. El entorno del sacerdote había empezado a soltarle la mano.
Amarilla aseguró que en el 2005, junto a un ex colaborador de Grassi, Claudio Amaya, convencieron a un chico de la calle (Leonardo C.) para que se hiciera pasar por uno de los denunciantes que aparecieron con la cara tapada en el programa Telenoche Investiga y echara la culpa a la producción del programa de haberle pagado para mentir sobre la sexualidad del cura. El joven fue filmado por sus compañeros con una cámara disimulada en una agenda, video que estaría bajo custodia del tribunal. Al día siguiente lo llevaron a jun juzgado de lomas de Zamora para que repitiera el libreto.
El otro asesor del cura, Claudio Amaya-que trabajó en la Fundación Felices los niños desde 1997 hasta el 2006- confirmó la maniobra el martes 9 de diciembre, en un testimonio considerado clave ya que proviene de un hombre de la intimidad de Grassi. "Me presionó para que hiciera eso. El padre decía que a Leonardo había que hacerlo pasar por el que estaba en el informe de Telenoche, por el más mocochito, el orejoncito. Al principio, Leo no quería, pero yo lo convencí: "Vamos a darle una mano al cura, mirá todo lo que hizo por vos", le dije; "inventate un chamuyo", y el se reía".
Amaya insistió: "Esa filmación era para usarla en el juicio. Grassi me pidió que lo tenga un tiempo a Leo en mi casa, que no se me escape, que lo contenga, que era muy importante para que él zafara". Al chico también le habrían hecho escribir una carta pidiéndole perdón al cura. De hecho, en su página web, Grassi confirma esta estrategia defensiva, al asegurar que Ezequiel, una de las víctimas, acepta que su denuncia es falsa y que la efectuó inducido por Canal 13.
Fuera de planes. Amaya fue un testigo imprevisto. Estuvo más de nueve años cerca del sacerdote y, en la fundación era discriminado por los otros chicos por se el "buchón" del cura, admitió él mismo. Se encargaba de las tareas operativas vinculadas al juicio: reclutar testigos falsos, organizar escraches contra los fiscales y arriar manifestantes a favor de Grassi para presionar en la causa. "Una vez, el cura nos mandó a buscar un pibe que vivía en José León Suárez y le decían Luismi, porque cantaba temas de Luis Miguel. Lo buscaban para que saliera a hablar a favor de Grassi pero él se escapó", recordó Amaya, quién dijo haberse arrepentido de las cosas que hizo.
Según este testigo, Grassi resolvía todo con la billetera, al mejor estilo de los punteros políticos. También dice que pagaba los pasacalles firmados por supuestas "Familias solidarias" que reclamaban: "No nos saquen a nuestro padre", inundaba de devotos feligreses los alrededores de la fiscalía de Morón, hacía pintadas en las paredes y planificaba escraches en la casa del fiscal general, Federico Nieva Woodgate. "Nunca tuve tanta plata como en esa época de los escraches. Y eso era para pagar los micros en los que traíamos a la gente de la villa Carlos Gardel y de San Damián y la mercadería que les dábamos. También salíamos con aerosoles para pintar "Clarín miente". Una vuelta me dieron 3.000 pesos. Cuando necesitaba plata, iba al telemarketing donde se recibían las donaciones para la fundación y recibía lo que quería. Hacer todo esto era un pasaporte para conseguir dinero".
Mientras los recursos de la fundación se utilizaban para la defensa del cura, las instalaciones de Hurlingham se empezaron a venir a pique: no se pagaban los sueldos de los empleados y los chicos decaían en sus condiciones de higiene y alimentación.
En la actualidad, los "seguidores" del cura tienen asistencia perfecta frente a los tribunales de Morón. Con una sofisticada cámara de video, cuyo micrófono dice DOCTV, graban la prolongación del juicio en la calle cuando los abogados salen a dar su versión de la jornada. Muchos de los manifestantes son chicos de Felices los Niños que insultan a los testigos-como a Amaya- a quienes consideran "traidores" a la causa.
Un ex director de hogares de la fundación, Ernesto Bruselario, aseguró ante la Justicia que "los chicos hoy están sostenidos económicamente por el cura y le piden plata para no hablar".
Desde que estalló este escándalo, Grassi utiliza el teléfono y un par de binoculares para controlar los movimientos de la fundación desde la quinta La Blanquita, ubicada frente al hogar. Cuando no podía pisar el lugar, varios testigos contaron que lo vieron cruzarse disfrazado de Papá Noel con el fin de eludir los controles. Y también recibió visitas que luego resultaron un búmeran. Amaya aseguró que de allí vio salir, de noche, a Luis Gutiérrez, otra de las víctimas cuyo testimonio es uno de los más comprometedores para Grassi. "Julio, yo vi salir a Luis Gutiérrez de La Blanquita", dijo que increpó un día al cura. Y que él le contestó: "Sí, se había perdido un chico del Sagrado Corazón y Luis me vino a dar una mano. Por qué, ¿desconfiás de mi?".
Más información:
Si quieres contribuir a que Kaos en la Red pueda seguir publicando artículos como este, puedes hacer tu donación en:
| Paypal (seguro y permite diferentes formas de pago) |
Microdonación de 2 euros
| Donación de importe libre
|