La oposición conservadora definió arremeter en el Congreso y alinearlo sin aguardar a que el 10 de diciembre cambie a su favor la composición. Esta estrategia de los políticos de la derecha y el centro fue apuntalada por la presión de la Mesa de Enlace Rural.
Reforzada por los guarismos del 28 de junio, donde se atribuyeron 12 millones de sufragios según el discurso de Hugo Biolcati en la Exposición Rural, la patronal agropecuaria se reunió con los legisladores opositores y les demandó celeridad para "la agenda del campo".
El jefe de la Sociedad Rural y sus colegas que mandan en CRA, Federación Agraria y Coninagro, apremiaron a la oposición para que ocupe los lugares que deje vacíos el kirchnerismo. Un eufemismo para decir que eche a esta corriente de todos los sitios que pueda.
En esa línea de pensamiento, para agrupar a la derecha y embestir con las cornadas más afiladas al gobierno, se anotaron los politólogos de Unión para la Nueva Mayoría, Poliarquía, La Nación, el grupo Aurora de intelectuales pro-campo, etc.
Tanto empuje fue demasiado para un gobierno golpeado y confundido sobre la estrategia a seguir, que sólo piensa en ganar un poco de tiempo y prolongar su gestión hasta que una coyuntura internacional le permita retomar el crecimiento.
El problema es que en lo que resta de 2009 y gran parte del año próximo no habrá tal viento de cola; además habría que balancear hasta que punto el gobierno empleó bien ese ventarrón de cinco años. A tenor por el 30 por ciento de pobres que hay en la Argentina, no bien se estancó la actividad económica, no se puede ser benigno con Néstor Kirchner y la jefa de Estado.
Aquella dirigencia agropecuaria y sus socios políticos no tienen autoridad moral para hablar de la exclusión social. Si la Sociedad Rural fuera sincera tendría que haber tomado la sugerencia de Felipe Pigna. Que abran comedores en todo el país, lo pueden hacer hoy mismo, disparó el historiador.
Los políticos y empresarios que llevaron al crac de diciembre de 2001 no podrían hablar del tema pobreza sin que se les caiga la cara de vergüenza. Sin embargo, hablan, y cómo.
Ese discurso de ocasión busca generar cierta simpatía para plantear su agenda, que sólo aumentará la pobreza si fuera aceptada en el Congreso. La baja de retenciones al trigo y maíz hasta el nivel cero, y la disminución de la de la soja al 25 por ciento, camino al cero que admitió Eduardo Buzzi, implicará la evaporación de 3.000 millones de dólares de la caja del fisco. Eso se lo llevaría el sector que acaudilla la Mesa de Enlace; por las fotos de Palermo no tiene precisamente un problema de pobreza.
El tobogán
Pasada la confrontación electoral, ahora es tiempo de discusión en el Congreso. El oficialismo es como esos boxeadores que han recibido una piña y buscan trabar hasta la campana. Por eso los diputados liderados por Agustín Rossi y los senadores por Miguel Pichetto han impedido votaciones en la semana que pasó, salvo las que tenían el okey de bloques opositores.
Así se votó con amplio margen en el Senado la reestatización de la Lockheed, de aquí en más será Fábrica de Aviones Córdoba aunque de fabricar aeronaves no hay nada. Con suerte serán aeropartes encargadas por la Embraer de Brasil.
En Diputados salió por unanimidad de 219 legisladores una Comisión de Emergencia Agropecuaria que dispondrá de 500 millones de pesos para hacer frente a crisis, sequías, etc. Ulises Forte, vice de la FAA, presente en el recinto aunque no en la banca que recién estrenará en diciembre, pedía el doble.
Pero esas unanimidades no existen en los temas ríspidos, derivados para esta semana. La clave es el intento de la oposición para eliminar los llamados superpoderes y la facultad del Ejecutivo para fijar retenciones según el Código Aduanero.
El oficialismo pide por favor que prorroguen por un año tales facultades, limitando al jefe de Gabinete a reorientar partidas por sólo el 5 por ciento del presupuesto nacional, una posibilidad que disponen varios gobernadores y el jefe de gobierno porteño. En materia de retenciones, el gobierno ya hizo saber a los patrones rurales, cuando fueron recibidos por Aníbal Fernández, que no piensa disminuir la de la soja, habiéndolo hecho ya con los otros granos y favoreciendo la exportación de los mismos y de la carne.
La oposición conservadora, por su lado, se ha unificado en que cesen esas facultades del Ejecutivo, que haya retenciones cero para el trigo y maíz y, a lo sumo por un tiempo, del 25 por ciento a la soja. Con ese programa va a embestir en Diputados, mientras en el Senado continúa con la jugada demagógica que complementa y semioculta la anterior: anular el decreto del PEN que autorizó a un despiadado aumento de tarifas de gas.
El secretario de Energía, Daniel Camerón, dijo que los perjudicados no son 2 millones de hogares sino 800.000. La cifra parece importante y vá mucho más allá de los ricachones de Cariló que el oficialismo quiso poner como referencia del sector que pagará mayores tarifas. La clase media y alta ya venía con los botines de punta contra el kirchnerismo; ahora lo quiere fracturar y mandar al hospital.
Frente a ese panorama hostil, el gobierno retrocede, hace más concesiones y sigue cayendo por el tobogán.
Hay reservas democráticas
Cuando alguno de los funcionarios se atreve a contradecir a la Mesa de Enlace, recibe silbatinas y provocaciones. Así le pasó a Carlos Cheppi, secretario de Agricultura, cuando afirmó no tener datos sobre la catástrofe que esa entente pinta sobre la lechería. Sostuvo que este año la producción láctea será 3 por ciento superior a la del año anterior.
Va de suyo que entre la palabra de ese funcionario y los discursos de los tamberos concentrados --Biolcati es uno de ellos-, los medios de comunicación privados ya se sabe a quién le adjudican la razón.
Esos medios se han ocupado muchísimo de lo que el Papa Ratzinger llamó el escándalo de la pobreza en Argentina, lo que fue amplificado por el cardenal Bergoglio en la misa de San Cayetano.
Ni Aníbal Fernández ni Néstor Kirchner quisieron recoger el guante. El primero se limitó a comentar que el Papa dice lo mismo a muchos países, como si el mal de muchos no fuera de tontos.
El ex presidente, reaparecido en Quilmes, dijo compartir con el Vaticano la preocupación por la pobreza y se manifestó dispuesto a trabajar con obispos como Casaretto, de la Pastoral Social, quien había estimado el nivel de la pobreza en el 40 por ciento.
El gobierno K no hizo las cosas bien en la materia. Esto es indiscutible, a juzgar por los resultados, si bien se puede argumentar, como lo hizo el orador en Quilmes, de que recibieron el gobierno con índices del 60 por ciento y los bajaron al 20 por ciento, que ahora se volvió a empinar.
En ese aspecto vendría bien una rectificación y cambio. El Ejecutivo paga 600 pesos por operario a empresas grandes y aún multinacionales como las automotrices, y sigue demorando la asignación familiar por hijo que reclama la CTA. Otro ejemplo ilustrativo: según la ministra Débora Giorgi, se entregaron al campo subsidios por 21.739 millones de pesos en 15 meses, a los que hay que sumar los 500 millones para la emergencia. Pero no dispuso de sumas similares para contrarrestar la pobreza.
Por otra parte, la Iglesia no debería tirar la primera piedra. El Vaticano que luce ahora una repentina sensibilidad social es el mismo que tiene oro por todas partes, según el testimonio de Diego Maradona tras su audiencia con Juan Pablo II. La bendición de ese Papa polaco al nuevo orden mundial que diseñaban Ronald Reagan y Bush padre ayudó al imperio del dólar, el mismo que se desplomó a fines del año pasado en sus templos financieros. ¿No convendría algún pedido de perdón de Roma antes de pontificar que la pobreza es escandalosa?
Otro tanto con los obispos que apoyaron a la dictadura militar a despecho de la muerte de Enrique Angelelli y Carlos Ponce de León, las monjas francesas y los curas palotinos, entre otros mártires de la propia iglesia. Luego una parte de la Conferencia Episcopal comulgó con el menemismo y los críticos como Justo Laguna fueron a caer en las redes de la Alianza.
De este panorama no se debe deducir una conclusión pesimista. Que el debate sobre la pobreza suba a la superficie, aún con intenciones malignas en algunos casos, es un hecho positivo. La CTA realizó su jornada de protesta tomando como eje esa arista que tanto hiere a las familias de trabajadores y desocupados. Mauricio Macri y su designado jefe de Policía concitan el repudio de miles de personas. Al visitante Alvaro Uribe y su proyecto de siete bases militares en Colombia no le dieron apoyo en nuestro país. Diez mil metalúrgicos le dijeron de todo a Techint y le arrancaron un aumento salarial. El proyecto de nueva ley de comunicaciones audiovisuales, según se prometió, llegará pronto al Congreso.
Todo eso trasunta que no todo está perdido; que hay reservas democráticas y que la vuelta de la derecha al gobierno nacional no será un bucólico paseo.
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