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Anónimos, cáncer de la sociedad cubana.
Quién oculta la verdad o no se atreve a decirla no es un hombre honrado- José Martí.
Victor Herrera | 23-12-2009 a las 14:24 | 845 lecturas
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El ideario martiano está lleno de ejemplos sobre la integridad que debe tener el ser humano en relación a sus valores éticos y morales, en convivencia con la sociedad en que se desarrolla y a la que estamos obligados a aportar nuestra cuota de esfuerzos para la felicidad y el bienestar de todos.

Pero indudablemente nuestra sociedad no se ha desarrollado precisamente estimulando esos valores que Martí enunciaba con extraordinario coraje y que demostró hasta el fín de sus días con su propio ejemplo. Por el contrario ha primado la coerción y represalias, al que pretendía establecer una crítica  o denuncia a lo mal hecho, sobre todo si los que estaban cometiendo las faltas o equivocaciones en el mejor de los casos, tenían la cuota de poder suficiente para hacer pagar caro tal atrevimiento a la base proletaria de la sociedad que se atrevía a tal desafío.

Tengo rasgada mi propia piel varias veces, pero nunca eso me ha desestimulado, ni a dar un paso atrás, ni hacerme temblar la mano para enfrentar sin miedos cualquier desafío en que me haya visto envuelto, no han sido pocos y sigo con mi frente muy alta porque he aportado mis criterios y los he defendido cara a cara ante cualquier individuo o institución y al final se me han respetado mis derechos, esto no implica que también me haya podido equivocar, pero siempre ejecutando mis acciones de buena fé y confiando en la justicia.

Los que vivimos la época de los experimentos incipientes realizados a modo de ensayo en nuestra sociedad sobre el  “GLASNOT” o transparencia, entre los años 1988 – 1989, como copia de lo que se estaba gestando en la antigua URSS, sabemos que en algunos lugares se permitió discrepar de las políticas o acciones realizadas por la burocracia  media y para esto se orientó al partido y fueron comisiones visitando las áreas de trabajo y explicando que en la asamblea que se iba a realizar todos podíamos expresar nuestros criterios abiertamente y que se prometía no tomar represalias ni reprimir en ninguna forma esas expresiones, así pasó en mi centro de trabajo y las personas se expresaron de forma crítica y constructiva sobre lo que pensaron que eran conductas o acciones impropias de la administración, hasta ese nivel. En otros lugares, por ejemplo donde trabajaba mi esposa, el director de la empresa preparó una agenda sobre los puntos en que se podía opinar, enmarcando de esa forma los límites en que se podía hablar y allí no prometieron el no tomar represalias contra quien hiciera los descargos y todo quedó en un ensayo banal que nunca llegó a ponerse en escena.

Mi criterio personal sobre los ANÓNIMOS y lo expreso claramente son un CANCER MALIGNO en la sociedad, que desvirtúan los valores éticos y morales y donde el estado ha hecho ingentes esfuerzos por desarrollar por medio de la educación, pero por otro lado le dan pie a que ocurran engendros de este tipo y de hecho muchas organizaciones los utilizan como si fueran verdaderas denuncias y no puros chismes solariegos, el que hace un anónimo probablemente tiene más cosas que ocultar sobre el mismo o es un delincuente  de muy baja moral y como decimos en buen cubano tienen el tejado de vidrio y sólo ocultos en las sombras son capaces de expresarse, casi siempre cuestionando falsedades amparados por sentimientos de envidia o de venganza, todos despreciables, no es más que un ser mediocre y digo sin ambages que quien hace caso a un anónimo es cómplice de esa mediocridad, ya sea un individuo u organización.   

Hace un poco más de dos años el 26 de Julio del 2007, el compañero Raúl Castro, jefe de estado y de gobierno instó en términos muy claros a que los ciudadanos se expresaran y debatieran todos los aspectos que entendieran necesarios para el mejoramiento de  nuestra sociedad socialista, lamentablemente todavía no se han tomado las acciones debidas para dar respuesta a todas las inquietudes ciudadanas que se expresaron para el bien de la sociedad y de forma constructiva en la mayoría de los casos. Este lapso de tiempo largamente transcurrido ha hecho retroceder en confianza a la sociedad, que ha visto que lo que expresaron y fueron recogidos en múltiples escenarios de debate no han dado sus frutos ni se han tomado las urgentes medidas necesarias para mejorar nuestro estatus social que demandaron tales debates.

Como resultado de la pérdida de confianza ha resucitado el ANÓNIMO, despreciable engendro que debiera estar abolido de nuestro léxico social, ya que el partido como abanderado debiera haber hecho hincapié en lo expresado por el Co. Raúl y transmitirle esa confianza a la sociedad para que se exprese de forma constructiva y se atiendan sus demandas sin reprimendas o coerciones por parte de la burocracia supuestamente agredida, de ahí que la primera acción que se debiera tomar con respecto a esto, es una directiva vertical de Gobierno para desechar los anónimos, salvo que estos entrañen cuestiones de seguridad nacional. Y no utilizar capacidades instaladas de organismos, recursos y personal que darían más frutos trabajando en bien de la producción de la sociedad que formando parte de patéticas comisiones de investigación de los anónimos.

La sociedad se salva con el ideario martiano de cultivar la honradez de sus ciudadanos y su ética con el ejemplo y rechazar a los agazapados que ponen traspiés y nos retrasan en el avance insoslayable que deberían tener nuestros procesos productivos de cualquier índole para dar los frutos esperados, hay que seguir alentando a nuestros ciudadanos a no perder la fé en las capacidades de respuestas de las organizaciones, pero esto solo se logra con la veracidad y confianza que sean capaces de transmitirnos esas organizaciones.

Uno de los grandes filósofos latinoamericanos socialistas de principios del pasado siglo el ilustre José Ingenieros, estudió a profundidad esta temática en su gran libro “El Hombre Mediocre” basándose en que todo aspecto de las sociedades deberían estar precedidas por el enriquecimiento moral y su perfeccionamiento, en este libro se critica la rutina, la vulgaridad, la vanidad, la envidia, el vicio, la deshonestidad, en fín la mediocridad.   

Por eso la mediocridad moral es más nociva en los hombres conspicuos y en las clases privilegiadas. El sabio que traiciona a su verdad, el filosofo que vive fuera de su moral y el noble que deshonra su cuna, descienden a la más ignominiosa de las villanías; son menos disculpables que el truhán encenegado en el delito. Los privilegios de la cultura y del nacimiento imponen al que los disfruta una lealtad ejemplar para consigo mismo.

 

“En las horas solemnes, los pueblos todo lo esperan de los grandes hombres; en las épocas decadentes sólo bastan los vulgares”. 

  En ciertos períodos, la nación se duerme dentro del país. El organismo vegeta; el espíritu se amodorra, los apetitos acosan a los ideales.-      José Ingenieros.

 
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