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Año O Los benditos se reúnen
Reescritura de la realidad nacional, influencia de otros autores y libros, deseo de vías alternativas de los nuevos textos: son estas algunas de las marcas de Año O según refleja esta entrevista.
Rafael Grillo y Leopoldo Luis | El Caiman Barbudo | 5-11-2008 a las 17:22 | 1044 lecturas
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Pardo, Flores, Encinosa, Lage, Echevarría, Muñoz, Menéndez, Martínez

Feria Internacional del Libro de La Habana 2007, fortaleza de San Carlos de la Cabaña, viernes 9 de febrero, 1:22 p.m.

PINCHAR EL GLOBO

Rafa: En un artículo aparecido en La Jiribilla, Pardo nombraba a un grupo de narradores que comenzaron a publicar a partir del año 2000, identificándoles bajo el rótulo generalizador de “Generación Año 0”. La intención de reunirlos aquí, precisamente a ustedes, sería definir esos rasgos que los caracterizan como nuevo grupo generacional.

Pardo: Lancé lo de “Generación” un poco provocativamente. Porque no formamos un grupo, sino compartimos un espacio: determinadas lecturas, nombres, maneras de asumir la tradición, talleres de formación. Y hemos ido excluyendo otras maneras de entender la literatura, de leerla, autores que se quedan fuera. “Generación” es una forma de irrumpir en el campo literario cubano de comienzos de siglo y milenio, como una estrategia común de fingir un frente o punta de lanza, con que pinchar ese globo que es el campo literario, un campo ficticio definitivamente. Igual puedes trabajar completamente aislado... pero cuando dos personas se juntan y leen el mismo texto —sus mismos textos—, de repente adquieren otro sentido y empiezan a circular una serie de intenciones que pueden sedimentar y darle una especie de rostro a ese campo de fuerzas, que sentimos nos quiere botar para fuera, en una reacción natural, o sea, ¿para qué vas a incorporar lo nuevo? Lo nuevo que se incorpore con un ademán violento. Entonces, “Año 0” un poco es esto. Marcar una especie de tiempo cero, o casi fuera del tiempo, como que se acabó la historia. No fácticamente, es evidente que no, pero sí, simbólicamente, hay algo que está agotado. En el entorno algo pasó, algo se diasporizó, se atomizó, y en ese momento empezamos nosotros a entrar. Pero no es que tengamos algo así como un manifiesto.

Raúl: Habría que evitar la palabra grupo. No somos como los “novísimos”, tratamos de rehuir etiquetas. Aunque seamos un mismo grupo generacional, tengamos más o menos las mismas inquietudes y nuestras escrituras se parezcan un poco. En mi caso, yo trato de buscar un acercamiento al mundo pop, a través de la música, del cine. Por eso escribo cuentos cortos, fragmentados, que mantienen cierto dinamismo. Dentro de ese campo se movía esa especie de grupo que tuvimos en el Pabellón Cuba y que se llamó Polaroid. También las revistas digitales que hacemos, como 33 y 1/3, en la que  intentamos proponer ciertos autores desconocidos entre nosotros; y ciertas escrituras, ya sean las nuestras, que queremos promover.

Ahmel: Más que nada nos interesa traer al escenario nacional otro tipo de lecturas y autores, para ir construyendo una suerte de nuevo basamento, de tradición, para leer lo que está ocurriendo en el plano nacional. Nos caracterizan algunas zonas… en el caso de Orlando hay una marcada intención de explorar a fondo el lenguaje. En el caso de Lage, el interés de ir captando espacios de una realidad a otra y ponerlas en un supuesto nacional, que mira hacia una futuridad, una Habana post. En mi caso, me interesa explotar zonas de la memoria del individuo, esas pequeñas esquirlas que conforman el corpus de este hombre, su pequeña historia, su historia con minúsculas y ponerla frente a una supuesta Historia nacional, la historia con mayúsculas. Entonces hemos ido tratando de estructurar cierto discurso, para de alguna manera narrar o arar ese espacio propio.

Michel: Yo nunca he formado parte de una estrategia grupal, de repente ahora me desayuno con esta “Generación Año 0”, en la que no sé si estaré por accidente. Sí puedo decir que, generalmente, cuando varias personas están escribiendo de un modo distinto, divergente del resto, esa gente, aunque dispares entre sí, tiende a aglutinarse. Pienso que quienes estamos escribiendo ahora, buscamos caminos nuevos, distintos de cuanto se desarrolló en la mayor parte de los 90, esa narrativa del “aquí y ahora”, el Cuba Período Especial, el Cuba Jinetera-Policía-Pinguero-Qué sé yo. Estamos haciendo una cosa más centrada en el individuo, y en un espíritu de cambio que no se sabe hacia donde va, muy escéptico; y hay muchos autores que están buscando otras influencias que cambien su propia narrativa. Ya sea en la massmedia, en la cultura-chatarra, en fuentes lo más alejadas posible de Cuba, o en fuentes muy arraigadas en Cuba, en la parte folclórica o tradicional.
Polina: Hay un terreno inexplorado que es la escritura de los nuevos cubano-rusos aquí, que somos más de 25 autores. Formamos una cultura híbrida; representamos otras tradiciones que se arraigan y crecen como un rizoma en la sociedad cubana. Nuestras escrituras empiezan a limar lo que es el concepto de la violencia, de la sexualidad, a curar esas heridas que dejaron los 90; nos manifestamos como una ruptura, que trata de curar con una cosa más suave, como bálsamo, no sé… Literatura hacia adentro, hacia fuera, hacia el más allá, que aporta una especie de curatividad.
Arnaldo: La sociedad cubana se mueve lentamente, pero no es estática. La del 2000 no es la misma Cuba de los 90. A partir de la observación de los cambios en el pensamiento del cubano común, nosotros hacemos literatura. El escritor tiene ese compromiso de captar todo eso y llevarlo a su obra. A mí me gusta mucho el término de “Generación Año 0”… que nos une, nos fortalece en un frente, porque somos ante todo un grupo de amigos, donde los premios de todos los siento como míos.

Demis: Al enfrentarme a la literatura, yo en vez de revisar para atrás, miro a los que están al lado mío. Me une a ellos el hecho de que ido creciendo detrás, cerca, delante o junto con ellos. Y que somos gente nacida en una Cuba que ha cambiado mucho y que además le falta mucho por cambiar. Hay una revolución interna en cada individuo, y yo creo que nosotros ahora tenemos la palabra, y estamos escribiendo.

NO DEJAR TODO AL AZAR

Lage: No me gusta hablar de mí mismo y, en todo caso, si hay que agrupar, clasificar y definir cosas, pues que sean otros quienes lo hagan a partir de la manera que lo entiendan. Más allá de la amistad y la afinidad estética o temática con Orlando, Michel o Raúl, yo me siento bastante solo, en el buen sentido, claro, aunque supongo que así es como debe ser. Es una especie de “desvalimiento generacional”, de incapacidad para mover espacios con más protagonismo, con más autonomía. Lo cual estamos haciendo a través de las revistas digitales, blogs, escritura electrónica, peñas. Pero el impacto en lo que sería el supuesto campo literario es a nivel de arañazo solamente, porque este es muy centralizado, muy monolítico. Y lo alternativo como que tiene sus huecos por ahí, pero, en el orden personal, sigo sintiendo que es en términos de… un poco perdonar la vida, más que una verdadera asunción de pluralidad. Hablo de algo que puede ser idílico... donde uno tuviera mayor libertad de opción, de poder uno interactuar con ese campo, crear uno su espacio, entrar y salir.

Polina: Me parece que es muy bueno que surjan revistas literarias, que intercambiemos, e incluso que la gente, pertenecientes a esta misma “Generación Año 0”, que puedan existir por otras provincias del país, de alguna manera podamos integrarnos a mediano plazo. Deberíamos apoyarnos todos, ¿no?

Leo: Algunos de ustedes han recibido varios premios y, paradójicamente, no han concitado el favor de la crítica. Sin embargo, en otras ocasiones ha ocurrido lo contrario, como le sucedió a Ahmel, que con su primer libro publicado, Esquirlas, mereció bastante atención, se reseñó en varios medios. ¿Qué condicionó esto en el caso tuyo, Ahmel?

Ahmel: Todo escritor tiene que saber que su propuesta va a funcionar de manera independiente a los mecanismos de promoción. Porque esos mecanismos toman en cuenta a aquellos que han hecho ya una supuesta carrera literaria, y, por eso, los escritores que se asoman al campo literario con una primera publicación, tienen que establecer por sí mismos una suerte de estrategia promocional, de movimiento de su obra. Hablo de comprar ellos mismos sus libros, ubicarlos en diferentes zonas, dárselos a personas claves, en la prensa, en la radio, en la televisión. Así tu propuesta se articula de manera rizomática y logra inundar cada espacio. Porque, si a veces las estrategias de promoción y distribución de las editoriales nacionales funcionan a nivel provincial, entonces no hay que extrañarse de que las editoriales provinciales actúen más bien de manera municipal. Hay un desbalance en cuanto a las estrategias de promoción y distribución por parte de las instituciones.

Arnaldo: Estoy de acuerdo con Ahmel en que el escritor, después que llega a publicar su libro —algo bien difícil en cualquier momento y en cualquier período de la Historia— no debe dejarlo todo al azar… Las editoriales tienen su política de difusión, te pongo un ejemplo que me incumbe: yo encuentro libros míos en cualquier municipio de Ciego de Ávila, por cantidades; sin embargo quisiera que estuviera en La Habana, porque siendo una tirada corta me interesa más que esté aquí antes que en otro lugar. Pero bien, son las políticas de difusión que tienen las editoriales y uno no puede hacer nada contra eso…

Demis: Yo creo que lo mejor sería que le dieran a “Año 0” una Riso, para que cada uno pudiera escribir, publicar, distribuir y hacer lo que uno quisiera con el libro.

Michel: La Riso ha estado llenando determinados espacios, pero no es suficiente. En el plan de una editora provincial como Extramuros, en estos momentos estamos limitados a publicar solamente treinta y pico de títulos al año. El presupuesto de las editoriales provinciales debería incrementarse. Con respecto a las publicaciones periódicas y revistas que están saliendo, La Gaceta, El Caimán, Unión... no alcanzan. Sería bueno que se autorizara el surgimiento de revisas alternativas, que fueran independientes.


Pardo: Yo diría que un momento narrativo como este probablemente tenga más salud mientras menos revistas literarias, menos espacios narrativos haya… Empieza a hacerse una cultura del papelito que se pasa, del loco que escaneó su novela y la transmitió por email… Porque del hecho de publicar en una revista cuesta trabajo sacar un gesto estético rentable; tu texto rápidamente se difumina con otros textos, por la naturaleza de la revista, que es ecuménica, que no es la propuesta de un grupo determinado. Ahí tú puedes publicar, te ganas un dinero, te conocen, es un mecanismo de difusión masivo… y es válido. Pero son las propuestas grupales las que empiezan a perfilar los vectores estéticos de cada momento.

NARRAR EL METRO DE LA HABANA

Rafa: La literatura cubana siempre ha estado oscilando como un péndulo entre el ayer y el mañana de la nación. Jorge Fornet, en el ensayo Los nuevos paradigmas, premiado en el concurso Alejo Carpentier, manifestó que en los jóvenes narradores el tema “Cuba” había desaparecido del interés central. ¿De qué manera la estrategia narrativa de ustedes se sale de esas coordenadas temporales del pasado y futuro del país?

Raúl: Interesar, siempre interesa, lo que sucede es que tratamos de enfocarlo distinto de cómo se ha seguido hasta el momento. Tratamos de ver el pasado y el futuro de la nación de otra forma, fuera de la Historia (con mayúsculas) para, más bien, buscar historias (con minúsculas). De la Historia se han ocupado ya los historiadores, críticos, narradores, poetas. Lo que nos interesa es narrar otras historias y esbozar otros futuros alternativos. La nación siempre está ahí. Pero no la Nación con mayúsculas, sino la nación con minúsculas, que puede, a su vez, ser cualquier otra nación...

Pardo: Todas esas grandes palabras: tradición, identidad, teleología, lo cubano en no sé donde... En lo personal a mí como escritor no me interesa ese metarrelato. Telos Cuba: definitivamente no. En todo caso telón de fondo. Secretamente, irreparablemente. Si el ser cubano es inevitable, como decía Borges, entonces es una fatalidad y no tenemos que preocuparnos por eso... Pero, definitivamente, como obsesión, al menos en algunos de nosotros, que tratan incluso la realidad y los espacios civiles de esta ciudad, donde parece que el realismo tiene intenciones muy marcadas de reflexionar sobre ese destino, pues puede haber una intención de marcar y trabajar en ese destino nacional. Pero la reflexión va por un nivel subterráneo, más sutil. El secreto como estrategia narrativa. El metro de La Habana, queremos narrar el metro de La Habana.

Ahmel: Más que interesarme en una Cuba futura, a mí me interesa moverme hacia atrás, ir develando algunas zonas del pasado; pero me preocupa de manera alegre, o sea, sacar un saldo positivo y armar con eso un relato que tal vez se asome a una Cuba futura.

Arnaldo: Cada escritor tiene su opción, sabe lo que se propone, porque no es ingenuo… sabe qué participación puede tener a la hora de acometer una obra testimonio sobre lo que pasó en un momento. Eso no es fácil. Hacer la literatura más inmediata o más de anticipación a lo que va a venir es una vía posible para los escritores. A “Generación Año 0” le queda mucho camino por recorrer. Somos muy jóvenes y tenemos en el futuro la posibilidad de escribir obras que sean de extremo valor para la cultura nacional.

Ahmel Echevarría Peré (La Habana, 1974): Miembro de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) Obtuvo el Premio David 2004 con Inventario y el Pinos Nuevos 2005 con Esquirlas.

Arnaldo Muñoz Viquillón (La Habana, 1972): Miembro de la AHS y de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) Tiene varias novelas publicadas, entre ellas: La muerte segura de Guillermo Guillén (Premio Pinos Nuevos 2002) y Horizonte de las tres lunas (Premio Luis Rogelio Nogueras 2006).

Demis Menéndez  Sánchez (La Habana, 1980): Miembro de la AHS. Premio Pinos Nuevos 2004 con el cuaderno de cuentos ¿Cómo le crecen los senos las niñas?

Jorge Enrique Lage (La Habana, 1979): Miembro de la AHS y de la UNEAC. Editor de la revista El cuentero. Premio Calendario de Ciencia Ficción 2003 con Los ojos de fuego verde. Publicó Yo fui un adolescente ladrón de tumbas en Extramuros, 2004.

Michel Encinosa Fú (La Habana, 1974): Miembro de la UNEAC y la AHS. Licenciado en Lengua Inglesa. Editor en Extramuros. Autor, entre otros, de Niños de neón (Letras cubanas, 2001), Sol negro (Extramuros, 2001) y Dioses de neón (Letras Cubanas, 2006). Ganador del Premio Calendario 2007 en narrativa y ciencia ficción.

Orlando Luis Pardo Lazo (La Habana, 1971): Miembro de la UNEAC. Fotógrafo y autor de varios libros publicados, como Empezar de cero (Extramuros, 2001), Ipatrías (Editorial Unicornio, 2005) y Mi nombre es William Saroyan (Editora Abril, 2005). Premio de cuento La Gaceta de Cuba 2005 con Cuban american beauty.

Polina Martínez Shvietsova (Camaguey, 1976): Jefa de cátedra de la Casa de Cultura de Santa Cruz del Norte y de la sección de literatura de la AHS en provincia Habana. Publicó el libro de poesía Gotas de fuego (Editorial Unicornio, 2004). Obtuvo el Premio de cuento La Gaceta de Cuba 2006 con Diecisiete abstractos de una agenda.

Raúl Flores Iriarte (La Habana, 1977): Miembro de la UNEAC y la AHS. Premio Pinos Nuevos 2001 con El hombre que vendió el mundo, Premio Calendario 2003 con Rayo de Luz, y Premio Cirilo Villaverde de novela 2007 con Balada para Jeannette.

http://www.caimanbarbudo.cu/html_total/simpresas/articulos/339/index_articulo_11.htm
 
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