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Ángel Herrerín López y el “Terrorismo Académico”
La aplicación de leyes antiterroristas abaladas desde la Academia.
Gustavo Rodríguez | Para Kaos en la Red | 25-7-2010 a las 1:13 | 1307 lecturas | 2 comentarios
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                                                                                                                                              Es peor que inmoral. Está mal escrito.

                                                                                                                                                                                                                                          Oscar Wilde

El 21 de Octubre de 2009, tuvo lugar en el marco del Seminario Permanente México-España, que lleva a cabo el Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México (Colmex), la presentación del trabajo «El terrorismo anarquista a finales del Siglo XIX. El caso español», a cargo de su autor el Dr. Ángel Herrerín López, de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) de Madrid; con los comentarios ―puntuales y precisos― de la Dra. Clara E. Lida, del Colmex.

Durante la exposición Herrerín López, no escatimó a la hora de evacuar anacronismos, manoseos y tergiversaciones, que no hubiesen merecido atención alguna de no estar implícita la defensa de la represión del Estado (como salvaguarda y garante del orden y la justicia) y el discurso de claro signo anti anarquista, tan arraigado en amplios sectores de la intelectualidad burguesa.

Quién conozca los trabajos previos de Herrerín López[1], no se asombrará ante el derroche de manipulaciones y calumnias ni la manifiesta carencia de objetividad, paradójicamente enarbolada en nombre de la “objetividad científica”. Desde luego, no pecaremos de ingenuos, es un secreto a voces que la Historia esta confeccionada a la medida de los vencedores y, por ende, la “objetividad” siempre es la gran ausente. Sin embargo, es aún más deplorable cuando se le pretende dar cierto carácter de “investigación alternativa” a esta labor de zapa al servicio del Status Quo; como es el caso del mentado Doctor Herrerín López.  

No obstante, es innegable el esfuerzo de infinidad de compañeros y compañeras, avocados a la recuperación de la memoria, al rescate de la crónica puntual de la lucha social, a la reivindicación de NUESTROS muertos, al reconocimiento de NUESTROS teóricos y NUESTROS luchadores. Algunos lo han hecho incluso desde la Academia pese a que ―como comentaba un compañero― la  institucionalidad académica está constituida para evitar que algo tan subversivo como el comunismo libertario encuentre en su seno posibilidades de germinar como acción y pensamiento. Porque los campus universitarios son centros de “conocimiento” y el conocimiento es Poder. Por eso la universidad es el gran semillero, la incubadora donde se preparan las poleas de transmisión de la continuidad[2], donde se forman los futuros tecnócratas, los próximos especialistas en control y domesticación social. En tanto, es el lugar propicio para que este tipo de alimañas pretendan diseccionar al anarquismo como si se tratara de un cadáver putrefacto al que intentan extender el acta de defunción desde el 31 de marzo de 1939.

A pesar de que, «El terrorismo anarquista a finales del Siglo XIX. El caso español», exige una contundente refutación —lo que implicaría una prolija y extensa réplica—, únicamente nos centraremos en algunas aseveraciones “conceptuales” de Herrerín López, comenzando por la elección del título del trabajo, a todas luces tendencioso y prosaico, con el que se evidencia la decidida intención de desacreditar al anarquismo.

Es de señalar el uso del vocablo “terrorismo” homologado a la “propaganda por los hechos”, es decir, como sinónimo de las acciones directas realizadas desde el anarquismo en la lucha asimétrica contra la opresión y la explotación; reforzando la carga léxico-semántica (e incluso pragmática) y los valores e ideas intrínsecamente  ligados al término, en contraposición con los valores y las ideas asociadas a la “intervención” del Estado como administrador de justicia y proveedor de Paz y Orden.

Con la intención de aclarar “dudas”, hemos consultado varias obras lexicográficas, en particular, el Diccionario de la Real Academia Española, DRAE (vigésima segunda edición), además del Julio Casares (Diccionario ideológico de la lengua española)[3] y el María Moliner (Diccionario de uso del español)[4]. Veremos que, según el DRAE, la definición de “terrorismo”, es:

1.m. Dominación por el terror.

2. m. Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror.

Vale anotar que el término es una de tantas voces adoptadas del francés, por liberales y románticos a partir de las connotaciones de la Revolución Francesa y, según las investigaciones de algunos lexicógrafos,  incorporado a la lengua primeramente en la América insurgente antes que en la propia España, siendo aceptado y recogido por la Academia muchísimo tiempo después. En1825 Nuñez de Taboada, lo agrega a su diccionario, sin embargo, no es hasta 1869 que la Real Academia lo introduce indicando que “es voz de uso reciente”, pese a que veintitrés años antes el termino había sido admitido en el vecino país galo en el Vicente Salvá, y que, en 1853, quedara asentado en la compilación lexicógrafa de Ramón Joaquín Domínguez[5].

Para la undécima edición del DRAE resulta definido el “terrorismo” como “dominación por el terror”. El significado permanecerá inmutable hasta 1925, año en que se agrega en la décima quinta edición su segunda acepción: “sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror”. En ambas acepciones salta a la vista las insuficiencias en las  definiciones, dejando enormes oquedades en manos del arte interpretativo. Quedando sin definirse quién ejerce la dominación a través del terror ni sobre quién; asimismo, deja a la imaginación quién ejecuta los actos de violencia y sobre quienes pretende infundir el terror, tampoco se especifican los medios utilizados para tal fin ni qué se pretende lograr con tales actos. No es hasta el manual de1984 que aparece una tercera acepción entre corchetes―en el marco de la era Reagan-Tatcher y  con Felipe Gonzáles como Presidente de Gobierno del Estado Español[6]―, con claros visos políticos: “Forma violenta de lucha política,

mediante la cual se persigue la destrucción del orden establecido o la

creación de un clima de temor e inseguridad susceptible de intimidar a los adversarios o a la población en general”. Esta tercera acepción reaparecerá en el manual de 1989[7]. En la misma tesitura y durante el mismo período (84-89), se asentará en varios diccionarios de Lengua Española como tercera acepción del término “terrorismo”: “Actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos.” Asimismo, en el Diccionario Esencial de la Lengua Española de Larousse Editorial, quedará registrada, como primera acepción, la definición: “Conjunto de actos de violencia que pretenden crear inseguridad o derribar el gobierno establecido.” [8] Es de subrayar, en medio de esta imposición política desde la Academia, la definición de “terrorismo” que honrosamente suministrará en 1988, el Diccionario Práctico de la Lengua Española de la catalana Ediciones Grijalbo, a cargo del equipo de redacción, integrado por Manuel Bartolomé, Daniel Fernández, Ángela García Ruz, María Paz Ortuño, Helios Rubio y Ferran Vallespinós, bajo la dirección de Alfonso Carlos Bolado:

TERRORISMO m. Dominación por el terror, esp. La ejercida por el estado. Se basa en el amplio uso de prácticas arbitrarias o inhumanas (encarcelamientos sin razón, torturas, matanzas, represalias), de carácter al tiempo discriminado (afecta a grupos determinados) e indiscriminado (cualquiera puede incurrir en ese supuesto, siquiera por proximidad).//Táctica polit. que preconiza el uso de la violencia; el objetivo no es tanto derrocar el poder como crear las condiciones para que lo hagan otros agentes sociales(esp. Las clases populares). //Conjunto de las prácticas terroristas.

Esta definición de terrorismo no deja lugar a duda y nos aclara quién ejerce la dominación mediante el terror y contra quienes va dirigido, asimismo, es preciso al señalar quién ejecuta los actos de violencia y enumera, casi en su totalidad, los medios utilizados para tales fines y qué se pretende lograr con dichos actos. No obstante, obviamos la definición del Diccionario Práctico de la Lengua Española de Ediciones Grijalbo, para evitar que se nos acuse de lo mismo que estamos denunciando y nos atenemos a la undécima edición del DRAE, donde se explica esta voz como “dominación por el terror” y “sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror”.
Basándonos en este significado y pese a las ambigüedades, resulta más que suficiente la definición para negar toda asociación del término con el anarquismo. Cualquier conocedor de las ideas ácratas sabe que el propio concepto de anarquismo[9] niega la dominación, por ende, la dominación no es un objetivo anarquista, sea a través del terror o por cualquier otra vía. En contraposición, su lucha es por la Libertad, es decir, contra toda forma de dominación. Tampoco pueden equipararse las acciones directas o la propaganda por el hecho con una “sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir el terror”, cuando la violencia revolucionaria es, precisamente, la respuesta a la violencia del Estado, violencia que sí tiene por objetivo imponer su dominación sobre los excluidos mediante el terror. Sin embargo, Herrerín López afirma que:

                      No es nada nuevo señalar que el terrorismo tiene entre sus                                                                     objetivos el incitar una reacción desproporcionada del Estado                                                               que justifique sus acciones o provocar una reacción popular que                                                     facilite su supervivencia.

 

Y nos recalca que “la «propaganda por el hecho» se ha vinculado en el imaginario de los pueblos con el atentado terrorista”. Aquí, es imperativo señalar la manera en que ratifica esta desviación semántica en el acerbo popular sin profundizar en el mal uso del término terrorista ―aplicado a las luchas reales de los excluidos― por parte de los poderes políticos y del Cuarto Poder (los poderes mediáticos) y las connotaciones lógicas del empleo indiscriminado del término en la cultura popular.

A lo largo de la historia sobran ejemplos del uso desproporcionado y tendencioso del término “terrorista” por parte del Estado y de los medios de comunicación masiva pero, uno esperaría un mínimo de reflexión por parte de Herrerín López, como historiador, en torno a los actos de violencia anarquista y si éstos podrían ser considerados “hechos terroristas”, tanto por sus objetivos como por su alcance y dimensión. Lamentablemente, sus prejuicios políticos, aunados a las limitaciones intelectuales, le obligan a huir ante las evidencias y emprender una variedad de maromas y malabares semánticos con el claro propósito de no reconocer la práctica del terrorismo de Estado (ayer, hoy y siempre que éste exista). Y no puede reconocerlo porque su trabajo está subvencionado por el Estado español, y de ahí que hasta en el título quede evidenciada la intención de desacreditar al anarquismo.
Así, el “terrorismo” se equipara a las acciones violentas de los excluidos, a la acción directa de los explotados y oprimidos en su lucha contra el Estado-capital y a sus ejecutores se les califica de “fanáticos violentos”. Mientras que el terrorismo de Estado se presupone sujeto a derecho, con leyes y normas que le amparan y se justifica en la salvaguarda del Estado-capital mediante  la dominación por el terror; de esta forma la sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror, alcanzan su finalidad defensiva, democrática e incluso humanitaria, practicada por todos los Estados en el marco de la legalidad internacional.

Toda esta nebulosa, en torno al uso y abuso del término “terrorismo”, no es más que el resultado de una guerra librada por el poder en todos los frentes contra los excluidos de la Tierra, donde se impone una definición política de la tergiversación del término   “terrorismo” que quedará asentada en un documento que no podemos pasar desapercibido: el “CATECISMO DE LA TRANSICIÓN”.

Con ese nombre se conoce en el argot del Poder las “Conclusiones y recomendaciones para Jefes de Estado y Gobierno”, resultantes de la Conferencia sobre Transición y Consolidación Democráticas, que se celebró en Madrid, España, el 26 y 27 de octubre de 2001, patrocinada por la Fundación Gorbachov, el Weatherhead Center for International Affairs de la Universidad de Harvard y la Fundación para las Relaciones Internacionales y Diálogo Exterior (FRIDE). El evento contó con la presencia de 35 jefes y ex jefes de Estado y de gobierno, entre los que destacaron el ex presidente ruso, Mijaíl Gorvachov, el estadounidense Bill Clinton, el ex presidente español Felipe González, el ex presidente de México, Ernesto Zedillo, César Gaviria de Colombia; José Figueres de Costa Rica; Eduardo Frei de Chile; Julio María Sanguinetti de Uruguay; entre otros.

En el primer párrafo de las “Conclusiones y recomendaciones”, los mandatarios y ex presidentes allí reunidos dejaron en claro que están “en lucha contra el fanatismo terrorista". Asimismo, asentaron en la declaración que: "desde esta conferencia, en la que compartimos experiencias de nuestras transiciones a sistemas políticos democráticos, hacemos un llamamiento especial para el fortalecimiento de nuestras democracias y para la tolerancia de las diferentes culturas frente al fanatismo y la violencia".

Bajo el lema "Garantía de futuro", como expresión que identifica “la tarea del moderno Estado democrático”, se dio por terminada la reunión no sin antes anunciar la creación del “Club de Madrid”. Dejando para la posteridad una nueva acepción del término “terrorismo” como: “sucesión de actos de violencia ejecutados por fanáticos”. Definición que incluye ―en nombre de la razón de Estado― a todo aquel que dificulte su dominación y aplica para todos los que nos oponemos a la lógica sistémica. Así, desde esta óptica, se podrá acusar de fanático o terrorista, indistintamente, a todo colectivo o individuo que opte por la lucha concreta contra el Estado-capital. La aplicación de leyes antiterroristas estarán abaladas por la Academia.

Es muy probable que el Doctor Ángel Herrerín López, le apueste a esto en busca de reconocimiento por la invaluable aportación   que ha hecho como pionero en la materia.

Gustavo Rodríguez

San Luis Potosí, México



[1] Véase, Avilés, Juan y Herrerín, Ángel (eds), El nacimiento del terrorismo en Occidente: Anarquía, nihilismo y violencia revolucionaria, Madrid, Siglo XXI, 2008; Herrerín, Ángel, El nacimiento del terrorismo en Occidente. Anarquía, nihilismo y violencia revolucionaria, Madrid, Siglo XXI, 2008; Herrerín, Ángel, El dinero del exilio: Indalecio Prieto y las pugnas de posguerra (1939-1947), Madrid, Siglo XXI, 2007; Mateos, Abdón y Herrerín, Ángel (eds.), La España del presente: de la dictadura a la democracia  : II Congreso Internacional de la Asociación de Historiadores del Presente  , Asociación de Historiadores del Presente, Madrid, 2005; Herrerín, Ángel, La CNT durante el franquismo  : clandestinidad y exilio (1939-1975), Madrid, Siglo XXI, 2004; Herrerín, Ángel, La sociabilidad de los anarcosindicalistas en España y el exilio tras la pérdida de la guerra civil. En: Revista Historia del Presente – Núm. 2, págs. 175-193., Asociación de Historiadores del Presente, Editorial Eneida/CIHDE, Madrid, 2003.

[2] Evidente razón por la que, en regla general, están controladas por el Estado o corporaciones financieras o religiosas.

[3] Casares, Julio. Diccionario ideológico de la lengua española (2ª ed. corr. y aum), Barcelona: Gustavo Gili, 1997.

[4] Moliner, María. Diccionario de uso del español, 2 vols (3ª. ed), Madrid, Gredos, 2007.

[5] Fernando Lázaro Carreter en El neologismo en el diccionario, hace una profusa investigación lexicográfica tras la huella de los términos ingleses y franceses incorporados a la lengua castellana, incluyendo el vocablo “terrorismo” entre los numerosos extranjerismos que se hispanizaron con la llegada a la Academia de varios escritores desterrados durante la represión absolutista; disponible en http://www.unidadenladiversidad.com/historico/opinion/opinion_ant/2002/marzo_2002/opinion_130302.htm. Los datos que ubican en la América insurgente la utilización primaria del término “terrorismo” como voz “hispanizada” usada por Simón Bolívar en 1813, provienen de la lingüista peruana Marta Hildebrandt. Vid. Hildebrandt, Marta, Léxico de Bolívar. El español de América en el siglo XIX, Lima, 2001.

[6] El acontecer político en el Estado Español, en el transcurso del año 1984, merece especial atención para poder comprender la aparición, por esas fechas, de la tercera acepción del término “terrorismo” en el DRAE.  Siendo así, consideramos oportuno articular una breve cronología de los hechos que nos permita tener una panorámica más detallada de los acontecimientos. En tal sentido, comenzamos recordando que en octubre de 1983, los funcionarios del gobierno de Felipe González, crearían ―protegidos y financiados por el Ministerio del Interior―,  los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), con el propósito de atentar contra militantes y simpatizantes de ETA; iniciando sus actividades con el secuestro y asesinato de Joxé Antonio Lasa y Joxé Ignacio Zabala. En 1984, continuarían con el secuestro de Segundo Marey, realizando 23 asesinatos en el período 84-86, lo que llevó a señalar al propio presidente González, de ser el misterioso comandante “X” que les dirigía. A pesar de ello, jamás ha sido juzgado por estos hechos ni el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), ha reconocido responsabilidad alguna en la creación y accionar de los GAL. Vale también señalar que en ese mismo año, se instaurarían las “medidas de reinserción”  que legalizaban  a los miembros de ETA  que se acogieran a la Ley, extendiéndole estas garantías a seis miembros de esa organización el 25 de enero, ante la Audiencia Nacional. En el mes de febrero, el Defensor del Pueblo, Joaquín Ruíz-Giménez, solicitaría, en ese mismo tenor, al Ministerio de Justicia, el indulto de 26 miembros de ETA. El 23 de febrero, los Comandos Autónomos Anticapitalistas (CAL), ejecutan al senador socialista Enrique Casas, en una acción propagandística que señalaba al gobierno del PSOE como continuador de la opresión y la explotación. El 27 de marzo, el Ministro de Justicia, Fernando Ledesma y el Ministro del Interior, José Barrionuevo, acuerdan iniciar una serie de reformas legales y policiales con el fin de “garantizar la seguridad ciudadana”. El 21 de mayo, el Ministerio Fiscal, a instancias del Ministerio del Interior, inicia los trámites para ilegalizar a la coalición Herri Batasuna. El 3 de junio, tiene lugar una masiva manifestación exigiendo la salida de España de la OTAN. El 23 de septiembre, Francia concede, por primera vez, la extradición a España de tres presuntos miembros de ETA. El día 27, el Congreso aprueba el Proyecto de Ley Orgánica “contra la actuación de bandas armadas y elementos terroristas” y remite el texto al Senado. El 15 de diciembre, el XXX Congreso del PSOE, aprueba la permanencia en la OTAN. Ese mismo mes, se publica la “Ley Reguladora de la Objeción de Conciencia”.

[7] En las sucesivas ediciones del DRAE volverán a registrarse sólo las primeras acepciones, la original de 1869, en primer lugar y; la incluida en 1925, en segundo término.

[8] Diccionario Esencial de la Lengua Española (“concebido, realizado y dirigido por el equipo de Larousse Planeta”), pág. 642; Larousse Editorial, MCMXCIV.

[9] Es obvio que el concepto de anarquismo arropa “legítimamente” una inmensa variedad de corrientes, variantes y tendencias, donde cada una dispone de referencias específicas e intransferibles, tanto desde la perspectiva de sus trayectorias como desde sus justificaciones ideológicas. 

 
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Comentarios (2)

#1.- Un poco de por favor

Javier Valencia|26-07-2010 02:13

Más sensatez y menos viseras... El Doctor Herrerín, es un prestigioso y dedicado historiados de izquierda, por lo que os aconsejo ir a vomitar su veneno anárquico en otra dirección

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#2.- Para idiotas solo aquellos que su ignorancia es toda su vida ...

Boris Sanchez|27-07-2010 06:38

Pobre e ignorante  Javier Valencia al defender lo indefendible con un seudo historiador gustoso de entrar a a lo mas "in" del multiculturalismo pretendiendo hacer menos una ideología que desde sus origienes ha despreciado la violencia contra el pueblo y ha denunciado la violencia del estado. Ve a escupir tus idiotces burguesas a tus periodicuchos derechistas.

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