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Andalucía ante un sistema en crisis
Ahora tenemos más que nunca la posibilidad de materializar progresivamente el proyecto político de la izquierda independentista andaluza, (...) construir una República Andaluza de Trabajadores.
Yuder | 26-10-2009 a las 13:15 | 1080 lecturas | 3 comentarios
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Durante una década las cabezas visibles del imperialismo español, junto a sus virreyes andaluces, afirmaban la inevitable convergencia de la economía andaluza con la media de la Unión Europea. En esta década se nos ha querido vender la ilusión de que Andalucía alcanzaría los estándares de renta y bienestar del resto del estado español y la UE. Ahora bien, tan solo un año de crisis ha bastado para poner de nuevo en su sitio a los vendedores de humo que mercadean con las ilusiones del Pueblo Trabajador Andaluz.

El carácter de la crisis. Confluencia de contradicciones

Aquellos que aún hoy pretenden endilgar esta situación a la crisis de las hipotecas subprime estadounidenses cada vez se encuentran con menos argumentos. Nos encontramos en una crisis de mayor profundidad que supera el momento coyuntural. Estamos ante una crisis mundial de tipo estructural. Una crisis sistémica en la que coinciden en el tiempo y en su carácter mundial diversos aspectos propios del desarrollo de las contradicciones del sistema capitalista.

Coincide por una parte la contradicción capitalista clásica entre trabajo y capital, entre una clase obrera occidental que desde principios de los años 80 no hace más que retroceder en los derechos adquiridos tras la II Guerra Mundial del pasado siglo, y una burguesía deseosa de maximizar beneficios, fruto del descenso de la tasa de ganancia y la rentabilidad propio del modo de producción capitalista. Producto de este descenso es la gran crisis de rentabilidad que vive el sistema a finales de los años 60 y principios de los 70. Esta crisis es contrarrestada a partir de la aplicación de todo un paquete de medidas neoliberales (conocido después como el Consenso de Washington) implementadas inicialmente por Ronald Reagan y Margaret Tatcher, y asumidas posteriormente por los diferentes gobiernos socialdemócratas occidentales, incluido el gobierno de Felipe González en el Estado Español.

Las deslocalizaciones industriales se convierten en frecuentes a partir de entonces, posibilitadas por el desarrollo acelerado de la tecnología y los transportes de mercancías, tanto materiales como inmateriales (como los flujos de información). La burguesía aprieta el acelerador en su ofensiva neoliberal. No solo en lo que a derechos laborales se refiere, sino también en lo político e ideológico, especialmente tras la caída del bloque soviético en los años 90 del pasado siglo. Esta ofensiva se materializa en la implantación el paradigma neoliberal y lo que este supone; desregulaciones y privatizaciones. Convertir el mercado en una jungla en pos de un supuesto crecimiento económico sostenido donde las crisis cíclicas habrían pasado a formar parte del pasado.

La dialéctica entre el centro y la periferia del sistema económico mundial es otra contradicción del capitalismo que se agudiza también de forma crítica en esta etapa. Así los intentos crecientes de establecer un modelo de desarrollo socioeconómico autocentrado e independiente# en diversos estados, como es el caso de Venezuela y los países que se aglutinan en torno al ALBA en América del Sur, de China, Rusia o la República Democrática del Congo, hacen temer al imperialismo estadounidense la pérdida de la hegemonía mundial.

En esta dialéctica, Europa se ha mostrado a su vez incapaz de liderar un proceso emancipatorio del dominio de los EEUU, condenada a ser el eterno partenaire debido a la falta de combustibles fósiles. Así, las clases dominantes continentales solo han podido realizar con cierto éxito la construcción de unos estados burgueses. Unas clases determinadas históricamente por su debilidad de tipo estructural. Los variados intentos fallidos de crear un imperialismo europeo no determinado por los intereses del Tío Sam son buena muestra de ello. La perspectiva paneuropea del nazismo del III Reich no es ajena a esta circunstancia. Al contrario, constituye el último intento de alzar una Europa imperial.

Otro aspecto que se agudiza en estos momentos es la contradicción creciente entre un sistema económico basado en el crecimiento ilimitado y un mundo de recursos finitos. Ya es una certeza lo limitado de los combustibles fósiles#, cuya producción no puede incrementarse en un mayor número de barriles diarios, que además se sitúan en espacios no controlados por el imperialismo americano o su socio europeo. Esta ubicación, sea en América Latina, África o el continente asiático genera también toda una geopolítica de los combustibles a la que Andalucía no es ajena. Las rutas del petróleo que el imperialismo yanqui intenta abrir desde las bolsas de oro negro del Mar Caspio hacia Turquía y el Mar Negro, sitúan al Estrecho de Gibraltar como una zona de especial interés en la que los intereses de las clases dominantes lucharán por imponerse a la voluntad de los pueblos. Por tanto, la soberanía política y la autodeterminación económica del Pueblo Andaluz se sitúan en contradicción no solo con las clases dominantes del estado español, sino también con los intereses geoestratégicos de los clases dominantes del globo.

Esta contradicción se refleja también en la degradación medioambiental. Parece cada vez más demostrado por la comunidad científica que estamos en un proceso de cambio climático mundial. El sistema capitalista de principios de siglo XX tenía aún territorios vírgenes y materias primas desconocidas en la que basar su necesidad de crecimiento ilimitado. Sin embargo, a día de hoy los tentáculos del capital se extienden por todo el planeta y su única opción es la de avanzar, ya no sobre nuevos territorios, sino sobre el medio natural que dejó en la retaguardia. Un medio natural que es imprescindible no solo como área de esparcimiento del ser humano, sino para el propio mantenimiento y reproducción de todas las especies animales y vegetales.

Como efecto colateral de esta situación hemos de considerar los biocombustibles y el impacto que su irrupción ha tenido en los mercados alimentarios. No es casual que en los estados de la UE estemos asistiendo a una campaña propagandística acerca de las ventajas de desempolvar los programas nucleares. Las formas de consumo actuales del primer mundo, basadas en el alto consumo de recursos no renovables, son insostenibles a corto plazo. Y sin embargo son la base material sobre la que sostiene el sistema capitalista en Occidente y la dominación de unos pocos sobre la mayoría. Como no podía ser de otra forma, los representantes de los intereses de las clases dominantes españolistas no ocultan su interés. El Partido Popular se ha pronunciado en público favorablemente, y Zapatero mantiene un discreto silencio y "abre la posibilidad" a discutir sobre la cuestión.

Un estado en serias dificultades

En esta situación, el estado español se constituye como un eslabón débil dentro de la Europa de los quince. Son manifiestas las dificultades económicas por las que atraviesa el gobierno de ZP, y desde hace algunos meses hay informes que indican la debilidad de un estado español susceptible de salir de la zona euro y pasar a la vía lenta en la Europa de las dos velocidades#. A su vez, son conocidos desde hace años los problemas provocados por una menor productividad de la economía estatal, víctima de unas clases dominantes "piratas" que ante todo y sobre todo aspiran al beneficio a corto plazo.

Sectores económicos que suponen buena parte de la economía del estado, como es el caso del sector automovilístico, están en la piqueta fruto de su dependencia del crédito, ya no para mantener la actividad productiva, sino para alimentar la demanda de sus productos. De esta forma, el estado español está más cerca de los estados recién ingresados en la Unión de Europa del este que del núcleo duro continental al que intenta emular a toda costa.

Las clases dominantes intentan una escapada hacia delante aumentando el flujo de capitales que extraen del continente americano, mostrando la realidad del concepto de Hispanidad, que tanto gusta manejar al españolismo. Es por ello que los procesos que se están viviendo en el Cono Sur americano, en Venezuela, Bolivia o Ecuador son los peores enemigos del estado capitalista español en estos momentos.

Andalucía, o el desarrollo del subdesarrollo

Como no podía ser de otra manera, esta crisis mundial está teniendo unas consecuencias específicas en Andalucía, fruto de las contradicciones que atraviesan la formación social andaluza. La principal de estas es la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas andaluzas y la economía capitalista, de carácter marcadamente extractivo, que impiden su desarrollo. Conforme a las leyes de desarrollo desigual del capitalismo#, en esta década de crecimiento de la economía hemos experimentado un crecimiento de la dependencia del tejido productivo andaluz, acorde con el papel que juega Andalucía como economía neocolonial en el ámbito estatal, europeo y mundial. Es decir, hemos asistido al desarrollo, a la profundización de nuestro subdesarrollo. El presente ciclo no ha servido sino para intensificar los procesos en los que el sistema capitalista de mano del estado español nos tiene inmersos: "profundizando esta división espacial del trabajo y reforzando el papel de los territorios periféricos... ....el crecimiento no sólo no aproximará a los territorios, sino que los distancia progresivamente. Es un instrumento que propicia la divergencia"#.

Hasta los estadistas neoliberales del Servicio de Estudios Económicos del BBVA (nada sospechosos de independentistas o revolucionarios andaluces), en su informe de enero de 2009#, indican las debilidades del modelo económico que ha colocado a Andalucía en la situación actual. A grandes rasgos, este informe señala que "la economía andaluza experimenta una mayor volatilidad cíclica" en comparación con el conjunto estatal. Un efecto propio de economías de tipo colonial o con alto grado de dependencia exterior, asociado a una escasa vertebración interior. Ahora bien, la economía andaluza como economía de tipo neocolonial tenía un comportamiento económico previsible mucho antes de que llegara la crisis actual.

La dependencia se plasma en el descenso constante de nuestra participación en la producción industrial estatal, que pasó del 10% a principios de los 80 al 8% a finales de los 90#. O en el retroceso de las actividades transformadoras que pasaron del 21,9% en 1961 al 15,4% en 1995#. Se plasma, en definitiva, en la ausencia de empresas andaluzas en todos los rankings industriales y financieros. No existen en Andalucía ni bancos, ni empresas de transporte, ni agroalimentarias, ni textiles, ni energéticas, ni constructoras punteras en su dominio que nos hagan vislumbrar un modelo económico distinto al modelo económico dominante en Andalucía. El modelo de una economía de tipo extractivo, históricamente llamado "economía colonial".

El tejido industrial andaluz se encuentra en retroceso y dependiente de las decisiones de transnacionales atraídas al calor de las subvenciones públicas. Esta lógica de las transnacionales tiene su corolario en los innumerables cierres patronales que hemos experimentado en Andalucía en los últimos años. Casos como Delphi y toda la desindustrialización en la Bahía de Cádiz, Boliden-Apirsa en Aznalcóllar o el más reciente caso de Holcim en Torredonjimeno, son buena muestra de ello.

También la profundización de nuestro papel colonial se ha materializado en el aumento de la dependencia del modelo agrícola que con tanto empeño ha fomentado el imperialismo europeo en nuestra tierra; el monocultivo de productos como el olivar o el algodón en las formas agrarias más cercanas al cultivo tradicional, junto a la agricultura intensiva bajo plástico. Una dependencia que se plasma en dos fenómenos. Por una parte, en la caída de las tasas de rendimiento y en un aumento del endeudamiento del agricultor andaluz#, cuya única salida es aumentar la intensidad de la explotación de los recursos, tanto naturales como humanos, en su rol cada vez más asentado de "asalariado" de las grandes multinacionales del sector. Por otra, las conocidas y temidas OCMs, que suponen auténticas reestructuraciones de un sector productivo fundamental en la economía andaluza como la agricultura. Ante ambas, la administración autonómica ha actuado como cómplice evidenciando a qué intereses sirve.

Pero si ha habido en los últimos diez años una actividad económica que ha supuesto el paradigma de las consecuencias que para Andalucía tiene en lo social, lo económico y lo político el imperialismo español, esa ha sido la construcción. El ya citado informe del BBVA apunta "la mayor exposición de Andalucía a la "corrección" del sector inmobiliario". No es de extrañar, si consideramos que el crecimiento de la construcción no ha estado relacionado con las necesidades de la población andaluza. Como indica Manuel Delgado "se han construido viviendas a un ritmo que viene a ser el triple al que crece la población andaluza"#. El desarrollo del sector inmobiliario ha tenido un carácter puramente especulativo, disociado de las necesidades del Pueblo Trabajador Andaluz.

Y si la construcción no ha servido para aliviar las necesidades de vivienda de miles de andaluces, ¿para qué ha servido entonces?

Por una parte, para hacer grandes lavados de dinero negro de mafias locales y foráneas#, y para que en este proceso las clases dominantes del estado español acumulen beneficios a costa de la apropiación privada de los recursos naturales andaluces. El valor ecológico de los espacios construídos guarda una relación proporcional con el precio del metro cuadrado de vivienda. De hecho, Greenpeace# calificaba a la costa andaluza como " la peor valorada de todo el litoral español con 41.800 viviendas ilegales y con el número más elevado de casos de corrupción urbanística". Por otra, para aliviar las tensiones sociales en el medio rural andaluz desplazando trabajadores desde el interior hacia la costa andaluza y las zonas urbanas. De esta manera se ha facilitado la aplicación de la agenda neoliberal por parte del estado capitalista español bajo mando de la Unión Europea, a través de las diversas reformas laborales#, de la aplicación de la Política Agraria Comunitaria (con sus reformas de OCeMes incluídas), la Política Pesquera Comunitaria#, o la reforma del P.E.R. y el Subsidio Agrario de 2002.

Mientras, el sometimiento de los espacios naturales andaluces a las necesidades del capital ha producido un aumento de los desequilibrios internos, con un crecimiento insostenible de la densidad de población en las costas andaluzas, frente a un interior que se vacía, a excepción de la zona central del Valle del Guadalquivir, que mantiene a duras penas su población#.

La conclusión que en esta nueva etapa de depresión económica mundial podemos extraer para Andalucía es clara. Contra lo que predicaban los voceros de España y Europa en Andalucía, ni los ciclos de crecimiento económico ni los ciclos de recesión han hecho ni harán salir a Andalucía de la situación de subdesarrollo en que se encuentra. Situación que no es fruto de la coyuntura económica sino del papel que nuestro país juega como territorio dependiente en el conjunto estatal y europeo. Fruto de la necesidad que las clases capitalistas tienen de nuestro subdesarrollo para el mantenimiento de altos niveles de desarrollo en otros territorios. En definitiva, que esta Andalucía autonómica y española estará siempre en los últimos lugares de todas las listas porque ese es el papel que nos otorga el imperialismo español.

Entre el reformismo español y la Revolución Andaluza

El futuro del Pueblo Trabajador Andaluz se torna aun más difícil si sigue la senda impuesta en lo político y económico por el estado español. Si en tiempos de bonanza la economía andaluza no ha podido alterar su situación, de tipo estructural, es de esperar en esta nueva etapa un agravamiento de los papeles otorgados por el capitalismo internacional.

Hasta ahora, a pesar de la imagen que la administración autonómica se ha empeñado en propagar de Andalucía como una "economía de servicios", acorde con su letanía de la "modernización" de Andalucía, la realidad andaluza es tozuda y se muestra mucho más inmóvil. La crisis está produciendo una vuelta de trabajadores a las zonas del interior andaluz, y por consiguiente al sector primario, debido a la caída en picado del sector de la construcción. Y es que el único sector andaluz que supera el 18% del Valor Añadido en la economía estatal, porcentaje que le corresponde al territorio andaluz por población, es la agricultura, con un 30% de participación en el estado#. Sin embargo, en el futuro las alternativas no serán muchas tras el desmantelamiento reciente de la flota pesquera andaluza y la desaparición paulatina de las ayudas a la producción agrícola y de otro tipo de inyecciones económicas al tejido productivo a partir de 2013.

Tampoco la actividad industrial menor, en franco retroceso y con problemas incluso en sus sectores más tradicionalmente asentados y con altas cifras de trabajo no declarado, como la marroquinería de la Sierra de Cádiz, se muestra con capacidad para absorver la masa de trabajadores en desempleo. Por su parte, el turismo parece haber aguantado con mayor entereza los primeros meses, si bien también resulta ya afectado por los problemas de competitividad de la economía estatal#.

Los efectos de una economía dependiente y colonial se han de ver evidentemente reflejados en lo laboral. El propio informe Situaciones del BBVA pronostica un deterioro del mercado laboral en Andalucía "más intenso" que en el resto del estado. No somos muy alarmistas si situamos las tasas de paro en un futuro cercano en una cifra superior al 30% y alrededor de 1200000 andaluces y andaluzas parad@s. Unas altas cifras de paro que en Andalucía se pueden convertir en estructurales, lo que según este informe "lleva a la reflexión sobre la estructura económica" andaluza.

Por otra parte, es de esperar que en el futuro la crisis capitalista agudice la creciente contradicción mundial entre un occidente rico y una África empobrecida, situándonos en primera línea de la Europa-fortaleza que quiere convertir el Mediterráneo en un muro infranqueable. Si es conocido el papel que el estado español le atribuye a la juventud andaluza como carne de cañón para sus Fuerzas de Orden Público, con este horizonte de crisis sistémica profunda la militarización de Andalucía a través de sus jóvenes se acentuará, intensificando las tasas de enrolamiento en los cuerpos civiles y militares de la juventud andaluza. Una juventud que ante la ausencia de salidas y la alienación ideológica opta masivamente por los cuerpos represivos como única opción para conseguir un salario fijo#. Procesos como la militarización de la juventud andaluza serán facilitados por la ofensiva ideológica del españolismo, doctrina necesaria para someter al Pueblo Trabajador Andaluz y mantener nuestra colonización. Un proceso que no es de tipo oportunista, sino que ha sido fraguado durante años en los que el sistema de valores transmitido a la juventud andaluza ha sido el "ganar dinero es lo importante", fomentando actitudes cortoplacistas agudizadas por las necesidades materiales que esconden un complejo de inferioridad de la juventud andaluza#, en una generación de jóvenes que ha abandonado masivamente una educación secundaria desvalorizada y cuyo futuro está ligado desde su nacimiento en las necesidades represivas y militares del estado español. El mismo informe del BBVA indicaba esta realidad estructural destacando el "menor peso de andaluces con estudios superiores que en el contexto nacional".

Asociado a este hecho, es previsible un aumento del número y la intensidad de las distintas campañas de propaganda españolista, como mecanismo de integración interclasista y alienación del oprimido. Alienación que el martiniqués Frantz Fanon denominó "síndrome del colonizado". Este proceso hay que contextualizarlo en las dificultades económicas por las que atraviesa el estado español que comentábamos antes. Ya existen ayuntamientos sumidos en la bancarrota y las comunidades autónomas tienen auténticos problemas para hacer sus pagos. Lo primero que se está contrayendo son las políticas sociales de estos, con lo que las clases populares andaluzas se encuentran, y encontrarán en un futuro, cada vez más desprotegidas, con el paraguas del estado imperialista como último recurso. En esta situación el Pueblo Trabajador Andaluz se va a situar en un dilema cada vez más claro conforme maduren los efectos de la crisis; reformismo español o Revolución Andaluza.

La historia ha demostrado ya que, en situaciones de crisis profunda, las posiciones centristas desaparecen, aglutinándose las fuerzas en torno a dos polos antagónicos. El estado español ya comienza aglutinar sus fuerzas en torno al consenso democrático-burgués de PSOE y PP, basado en la indivisibilidad del estado y el respeto a la propiedad privada, es decir, al sistema económico capitalista. Mientras la monarquía borbónica es un peón que las clases dominantes están dispuestas a sacrificar si garantizan así su pervivencia como ya lo hicieran en el pasado. El resurgir del republicanismo español incluso entre sectores políticos visiblemente moderados es un síntoma de su papel de "pieza prescindible".

Aún tenemos mucho por hacer, pero nada se puede esperar de la izquierda extraparlamentaria españolista eclipsado ante unos cálculos electorales imposibles, una hipotética refundación de un proyecto de izquierda española y españolista que nacerá muerto en todo caso, su ceguera ante la cuestión nacional andaluza o las prácticas destructivas de toda iniciativa de autoorganización popular andaluza.

A las organizaciones y militantes de la izquierda independentista andaluza nos toca hacer un esfuerzo de madurez intelectual y organizativo, si queremos cambiar el destino preparado por el poder para el Pueblo Trabajador Andaluz. Un pueblo acorralado entre la ideología españolista dominante y el precipicio de su propia situación material. Las condiciones objetivas comienzan a madurar, y las subjetivas son susceptibles de progresar en meses lo que no han evolucionado en décadas. Ahora tenemos más que nunca la posibilidad de materializar progresivamente el proyecto político de la izquierda independentista andaluza, la posibilidad de construir una Republica Andaluza de Trabajadores.

Yuder

Publicado en la revista Independencia, nº 49, mayo 2009.
http://revistaindependencia.wordpress.com/
 
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Comentarios (3)

#2

26-10-2009 21:25

¿Sólo la izquierda independentista? ¿Quiénes? ¿Nación Andaluza y jaleo!!!? ¿Se les permitirá a otras fuerzas soberanistas entrar o son parte del españolismo aunque tengan una lucha por la soberanía popular mayor que esas dos organizaciones?

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#3

26-10-2009 22:14

Todo soberanista es independentista. No hay Soberanía popular sin independencia. Para un andaluz no hay lucha mayor por la soberanía popular que luchar por su soberanía popular. Luchando por su soberanía lucha por la de todos. Sin luchar por la suya no lucha por la de nadie.Los revolucionarios miden según cualidades, no según cantidades. 

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#4.- Luchar, ¿porqué?

Zitius|27-10-2009 16:20

Luchar por la soberanía popular andaluza implica evidentemente luchar por el derecho a disponer por si mismo del pueblo andaluz, en su más amplio sentido.

En este sentido, quien lo tiene más claro es la izquierda independentista. Los demas se dedican a la ambigüedad en el mejor de los casos, cuando no el reformismo descarado, como Sánchez Gordillo y compañía que se dan de tortas por los cargos en la Diputación de Sevilla.

Algun actor político debe asumir la responsabilidad plena de esta tarea, y la única fuerza política que se reivindica abiertamente en este sentido (paso imprescindible para que algún día pueda llegar a asumirlo de forma efectiva) es la izquierda independentista andaluza y sus organizaciones.

Los demás, cuando dejen de cambiar el discurso en función de la plaza en la que les toque, igual empiezan a recuperar algo de credibilidad.

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