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América Latina: Integración a golpe de megaproyectos
Especial de Diagonal sobre la la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional de Sudamérica (IIRSA) con artículos sobre Bolvia y Colombia y una entrevista a Miguel Palacín (CAOI)
Diagonal | Diagonal | 14-1-2010 a las 16:57 | 5713 lecturas
www.kaosenlared.net/noticia/america-latina-integracion-golpe-megaproyectos
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La Integración de la Infraestructura Regional de Sudamérica (IIRSA), un conjunto de megaproyectos orientados hacia un modelo desarrollista y extractivista, es duramente criticado por organizaciones indígenas y sociales. Según defienden, la IIRSA, pese a ser compartida tanto por Colombia o Perú como por los gobiernos de izquierda, perpetúa la lógica capitalista.


Integración a golpe de megaproyectos

Sergio de Castro Sánchez

Surgida en el año 2000 como propuesta del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) a la reunión de presidentes de América del Sur celebrada en Brasilia a finales de agosto de ese año, la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional de Sudamérica (IIRSA) no sólo ha sobrevivido a la supuesta defunción del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) en la Cumbre del Mar de Plata en 2005 –a la que inicialmente iba vinculada–, sino también a los cambios políticos que se han sucedido en los gobiernos de algunos de los países de la región. Desde entonces, la IIRSA ha pasado a convertirse en el eje esencial del proceso de integración regional de los países pertenecientes no sólo al Mercosur o a la Unasur, sino también de la ALBA.

¿Qué es la IIRSA?

La IIRSA es un conjunto de más de 500 proyectos organizados en diez Ejes de Integración y Desarrollo (EID) que, con un costo cercano a los 75.000 millones de dólares, busca eliminar las “barreras” naturales que impiden la libre circulación de las mercancías entre las diferentes “islas” que compondrían la región.

Los EID, además, se estructuran en siete “procesos sectoriales” que buscan organizar el espacio geográfico en base al desarrollo de una infraestructura física de transporte terrestre, aéreo y fluvial –proyectos que representan el 87% de la IIRSA–; de oleoductos, gasoductos, puertos marítimos y fluviales y tendidos eléctricos y de fibra óptica, entre otros. Según datos proporcionados en la XI reunión del CDT, de diciembre de 2009, el 74% de los proyectos presentan avances concretos, con un 10% concluido, un 36% en ejecución y un 28% en preparación. Respecto a los avances en la Agenda de Implementación Consensuada (AIC) 2005- 2010 –que incluye 31 proyectos prioritarios– dos estarían concluidos, 19 en ejecución y 10 en preparación.

Tras la creación de la Unasur, el CDE planteó la necesidad de que la IIRSA se vinculara a la misma, para lo que, en agosto de 2008, se creó el Consejo Sudamericano de Infraestructura y Planeamiento (CIP) de la Unasur, del que se prevé que IIRSA sea “el foro técnico de la planificación y desarrollo de la infraestructura de integración de América del Sur”. Uno de los objetivos de la IIRSA es la de vincularse al Proyecto Mesoamérica –antiguo Plan Puebla Panamá– para lo cual Colombia entró a formar parte del mismo en julio de 2006. Además, las últimas reuniones del CDE han contado con la presencia de representantes del proyecto lo que ha permitido avanzar en la conexión de ambas iniciativas en temas eléctricos y de telecomunicaciones, a través de empresas creadas a tal efecto.

“Una dinámica capitalista”

A pesar de que la IIRSA se presenta como un proyecto de “infraestructura sostenible”, las denuncias contra sus impactos medioambientales, políticos, económicos, sociales y culturales se han sucedido desde sus inicios. Así, mientras para la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas (CAOI), la iniciativa constituye un “ecocidio y un genocidio”, para el analista Raúl Zibechi, la IIRSA supone “una integración doblemente subordinada: a Brasil, por parte de los países sudamericanos, y del conjunto de la región al mercado y al empresariado mundiales”, en tanto refleja un modelo de “integración exógena” dirigida a los mercados externos.

Según Jairo Estrada, profesor de ciencias políticas de la UNAL y director del Instituto Latinoamericano de Servicios Legales Alternativos, la IIRSA implica, además, “una dinámica capitalista muy similar a las lógicas de acumulación originaria de capital, es decir, a las lógicas de acumulación por desposesión”. Un expolio que se estaría desarrollando sin consultar a los afectados y sin la realización de estudios de impacto ambiental fiables y que, según la analista Ana Ester Ceceña, iría parejo a la firma de tratados de libre comercio y la militarización creciente de la región.


DECISIONES

La IIRSA está coordinada por los gobiernos de los 12 países que la integran a través del Comité de Dirección Ejecutiva (CDE), formado por los ministros de planificación e infraestructura de los estados miembros. A ella se le suman los Grupos Técnicos Ejecutivos (GTE) y el Comité de Coordinación Técnica (CCT), integrado por el BID, la Corporación Andina de Fomento (CAF) y el Fondo Financiero para el Desarrollo de la Cuenca del Plata (FONPLATA), principales financiadores de la iniciativa junto al Banco Brasileño de Desarrollo Económico (BNDES).



Nuestro sueño es que este proceso sea más social y político

ENTREVISTA | MIGUEL PALACÍN, DE LA COORDINADORA ANDINA DE ORGANIZACIONES INDÍGENAS (CAOI)

La CAOI, que integra organizaciones de Bolivia, Ecuador, Perú, Colombia, Chile y Argentina, denunció en noviembre a la IIRSA ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).


Johnattan Rupire y Mar Soler, Lima (Perú)

DIAGONAL: ¿Cuál es la posición de la CAOI respecto a la IIRSA?

MIGUEL PALACÍN: Tenemos un problema de fondo. ¿Para qué sirve la IIRSA? ¿Queremos hacer la modernización como Europa, como Estados Unidos y después llorar por lo que hemos destruido? Los procesos de integración no son sólo cuestión de carreteras, es un tema político, organizativo, de solidaridad y del desarrollo de los pueblos, que está basado en el buen vivir, en el sumak kawsay. La IIRSA es totalmente contraria a la concepción indígena. No hay necesidad de tener esas líneas imaginarias que nos pongan de enemigos de un lado a otro. Hay que hacer desaparecer las fronteras. Los pueblos transfronterizos viven todos los días de esa forma. Hay que educar para el amor, para la integración real y no para odiarnos. Vivimos en zonas de alta biodiversidad y juntando a toda América del Sur no necesitamos depender de nadie. La diversidad de pueblos y de culturas que somos es una gran fortaleza que hay que promover. Ése es nuestro sueño, que los procesos de integración sean mucho más políticos, mucho más sociales. Tenemos una crisis general: financiera, ambiental, energética, alimentaria, de valores. Está en crisis el pensamiento que llegó hace 518 años, ya no da para más y es el mismo que quiere poner las soluciones ahora.

D.: ¿Qué medidas plantean desde vuestra organización?

M. P.: Fui a una reunión de la IIRSA en Colombia donde Bolivia acogió nuestra propuesta de reestructuración de la IIRSA: por un lado, que tiene que pasar por los procesos de consulta y que los Estados tendrían que tener control; y por otro, que la instancia más cercana de gestión sea la UNASUR. Pero en otros países, incluso de presidentes del “socialismo del siglo XXI”, se basan en la práctica del neoliberalismo. Esa es nuestra crítica muy directa hacia ellos.

D.: Con una gestión de UNASUR, ¿qué cambios importantes se darían en la IIRSA?

M. P.: Primero, tendríamos espacios de incidencia hacia los gobiernos porque ahora hay que hacerlo hacia el directorio de la IIRSA y como todo está hecho allí para el negocio, no entienden las cuestiones legales. Necesitamos hablar de cuidar la pachamama, pero precisamente la IIRSA está para destruirla. Por eso los gobiernos alternativos, que son amigos nuestros, tienen que fijar una postura. En el momento actual se lavan un poco las manos, diciendo que “no es nuestra responsabilidad”, que, “en realidad, hay otros gobiernos que han contraído acuerdos” y que “para eso está el directorio”, pero no es así...

D.: ¿Cuál es la visión de la IIRSA desde Europa?

M.P.: Cuando se habla en el movimiento social de que hay un proyecto de inversión en la IIRSA, en el que tiene interés un banco alemán –que son quienes financian vía bancos brasileños– la gente no sabe qué es la IIRSA. Y encima hacen loas a Chávez, Evo y a Lula, cuando son ellos los que están propiciando este tipo de proyectos, que son neoliberales. Si miran el plan de Gobierno de Evo, es todo IIRSA.



El rol central de la IIRSA para el gobierno boliviano

Pablo Villegas (CEDIB)

“El deseo que tenemos en Bolivia es que no solamente nos quedemos con un corredor bioceánico, sino tener dos o tres corredores”. Consecuentemente con estas palabras pronunciadas por Evo Morales en 2007, Bolivia habrá invertido al concluir la Agenda de Implementación Consensuada 2005-2010 de la IIRSA un total de 694 millones de dólares. Más allá de 2010, según el Gobierno, la conclusión de cinco corredores superará los 2.000 millones. Sin embargo, sumando las fichas de los proyectos de la IIRSA, resultan casi de 5.000 millones de dólares. Esto sin contar, entre otros proyectos, varias hidrovías aún no evaluadas. Si a esto añadimos 10.000 millones que se invertirán en la Ferrovía Interoceánica entre el Atlántico y el Pacífico y la inversión en proyectos energéticos de la IIRSA, podríamos superar fácilmente el PIB boliviano de 17.000 millones de dólares. La IIRSA coincide con un patrón de inversión pública vigente desde la liquidación neoliberal de las empresas estatales en 1996. Así, en 2009, el 47% del presupuesto estatal se invirtió en infraestructura. En 2000, se trató del 35%. La IIRSA también incide en el patrón de endeudamiento. El Banco Mundial (BM), CAF y BID han sido esenciales para el financiamiento de la IIRSA en Bolivia. En 1996, el 59% de la deuda externa era con estas entidades, y en 2008, llegó al 78%. Esta dependencia, peligrosa para Bolivia, se incrementará aún más con un préstamo de 10.000 millones que el BM aprobó recientemente. El Gobierno ha priorizado los ejes Interoceánico Central y Perú-Brasil- Bolivia. El primero, que unirá el Atlántico con el Pacífico desde Brasil a Chile atravesando Bolivia, ha sido impulsado por el Gobierno de Morales con un acuerdo firmado el 16 de diciembre de 2006 con Bachelet y Lula. Brasil y Chile invertirán 254 millones de dólares y Bolivia, la mayor parte: 415 millones. Esto nos da una idea de los gastos que afrontará Bolivia para favorecer el tránsito comercial de los países vecinos y el saqueo de sus propias materias primas, pues seis de los diez ejes de la IIRSA se vinculan con su territorio. En 2007 la reacción social boliviano- brasileña ante las represas del río Madera amenazó varios proyectos IIRSA, pero el Gobierno remedió el caso declarando que no se oponía al proyecto. En febrero de ese año Bolivia acordó con Brasil la construcción de un puente fronterizo sobre el Mamoré (parte del complejo Madera) y, pasado el tiempo, sus críticas a la IIRSA cambiaron por una agresiva campaña para la construcción de corredores, hidrovías, hidroeléctricas y grandes proyectos de exportación de energía, aunque el país (segundo en reservas de gas del continente) se autoabastece cada vez menos.



Colombia: la incorporación de los negocios

Fernando Castrillón, del Colectivo de Trabajo Jenzerá Bogotá, Colombia. 

Según el autor, la IIRSA en Colombia avanza hacia la integración de los intereses empresariales y la desintegración de tejido social y ecosistemas

La pérdida de confianza y los acuerdos con sus vecinos más cercanos no ha sido obstáculo para que el Gobierno colombiano impulse la IIRSA. Así lo hacía ver cuando declaraba ante la Asamblea Mundial del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que esta iniciativa busca “desarrollar una infraestructura puntera, acorde con las necesidades de desarrollo del país y los retos comerciales que se avecinan, que cuente con mayor participación del sector privado y que funcione bajo esquemas empresariales modernos, dinámicos y eficientes”.

De los diez ejes y 162 grupos de proyectos de la IIRSA, Colombia participa en dos ejes y diez grupos que se han incorporado en los planes de desarrollo y en los planes a largo plazo. Se han priorizado los proyectos Hidrovía Río Meta, Carretera Pasto-Mocoa y paso de frontera Cúcuta-San Antonio, considerados cuellos de botella para el desarrollo y la integración. Estos proyectos coinciden estratégicamente con los corredores de recursos minero-energéticos, de biodiversidad y producción de agrocombustibles, entre otras materias primas que Colombia privilegia en las relaciones con EE UU y Europa.

Esta integración no se basa sólo en la construcción de carreteras, puertos, puentes y dragado de ríos, sino sobre todo en la extracción sistemática e intencionada de los recursos de los territorios colectivos de las comunidades negras y de los pueblos indígenas y en los cambios en el uso del suelo que permitan el tráfico de mercancías, energía y comunicaciones. Asimismo, potencia los fines especulativos sobre la tierra, que benefician a los políticos asociados a los grupos armados legales e ilegales.

La IIRSA tampoco es una vía para la integración de los pueblos, y menos una manera de aliviar las difíciles condiciones de las regiones de Putumayo y Nariño, donde se adelanta la carretera Pasto-Mocoa. Por contra, constituye un elemento adicional a la delicada crisis del país y es un riesgo que afecta la vida y la integridad de las comunidades indígenas, negras y campesinas, las cuales están sometidas a presiones no sólo de actores armados legales e ilegales, sino a poderosos intereses económicos. La implantación de más de 20.000 hectáreas de coca, dos masacres en el último año sobre el pueblo awá con un saldo de 18 indígenas asesinados, más de 60.000 desplazados en los dos últimos años, la permanencia de varios frentes de las FARC y del ELN y de nuevos grupos de paramilitares, el minado de varias zonas, la militarización de la vida de las comunidades y la irrupción de prácticas que desestructuran los tejidos social, económico, político y cultural de pueblos y procesos organizativos, constituyen situaciones que impiden una real participación de las comunidades y la toma de decisiones de manera libre y consentida.

 
 
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