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Alta realidad con queso y perejil
Recomendaciones para acercarnos a un libro de páginas muy pero muy masticables.
Félix Sánchez | Para Kaos en la Red | 1-2-2009 a las 16:46 | 1189 lecturas | 9 comentarios
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Luego de leer en la nota de cubierta de Para tu deleite, recetario de cocina publicado recientemente por la cubana Editorial de la Mujer, [1] que “No se trata de un libro de platos sofisticados en su elaboración sino de recrear los cercanos a nuestras realidades…”, y encontrar ya en su primer capítulo, dedicado a los arroces, platos tan “sencillos” como los que llevan  mantequilla (8 platos), tocino (5), jamón (3), queso (3), alternando con otras propuestas que exigen entre sus ingredientes pollo, bonito, chorizo, conejo, carne de res, no me ha quedado más remedio medianamente cuerdo que buscar una explicación para esa confusión que se produce probablemente siempre que una “alta realidad” se da por toda la realidad, cuando la parte de mejor presencia de la realidad global es presentada por los medios: TV, radio, prensa, libros, como si fuera ella la “realidad” misma.

                      No ha incurrido esta editorial, ni la autora de la selección, Gladys E. Egües Cantero, en un problema nuevo. La falta está en no haberse propuesto superar ese problema viejo, con una solución como demanda una sociedad que pretenda sobrepasar, con su concepción de la igualdad, de la equidad, a sociedades donde las fronteras entre las realidades: alta realidad para la clase alta, realidad media para su clase media, baja realidad para sus clases bajas, están claramente demarcadas.

                      En esas sociedades las clases en el poder hacen uso de ese poder, entre otras cosas, para presentar su “realidad” como la realidad del país. Su realidad se convierte en la realidad representativa. Esa realidad es la que muestran sus revistas, sus anuncios, sus telenovelas, y poco les importa a ellos la humillación o la ira, o la risa, que pueda provocar en alguien que malamente sobrevive el que se le invite a comprar perfumes, telas, modelos de automóviles, o confeccionar platos que están más allá de su realidad concreta. Todo bien lógico desde el ángulo de la economía política. Tener y conservar el poder es algo duro, y se defiende solo por su utilidad.  Ver, sentir que tu realidad es diseminada como la realidad de todos es ejercer un dominio de dioses. ¿Dónde aparecería la falta de lógica? Allí, es decir, aquí, donde el pueblo en el poder, dueño formal de los medios, ve entonces como otros intereses (en primer lugar del estado, que como todo estado tiende consciente e inconscientemente a elegir para representar al país su mejor realidad) ignora su realidad “baja” y generaliza como “realidad” nacional aquella que solo existe para un determinado sector, capa social.

                      La baja realidad es fea. Es la cara sucia de la sociedad. Y con ella siempre hay que hacer algo: transformarla, esconderla o ignorarla.

                      En Erradicación de la pobreza en Cuba, [2] de 1990, un texto profundo y minucioso, los autores, que acaban de señalar en el cuerpo del libro que en 1980 queda un 26% de viviendas sin suministro de agua corriente, y un 17% sin electrificar, que un 31% del fondo habitacional está en mal estado y el 47% en estado regular, no pueden resistirse sin embargo a la tentación de cerrar el libro con este párrafo triunfalista: “Los resultados obtenidos por Cuba en los últimos 27 años permite mostrar hoy una sociedad en la cual la pobreza ha sido erradicada radicalmente y la dignidad humana ocupa un lugar cimero”.   “Pobreza erradicada radicalmente”. Por ahí, por esos discursos, anda la raíz de este árbol que nada tiene que ver con los modos de mirar la realidad en el socialismo y que en este recetario de cocina solo nos muestra una ramita.

                      ¿Qué significa eso de “recrear platos cercanos a nuestras realidades”? ¿Acaso la cercanía está en que no hay en esos menú platos que demandan filetes de elefante, algas del Pacífico o rodajas de manzana? ¿Si se toma ese criterio de cercanía podemos decir entonces que todo aquello que existe en un país está cercano a todos los ciudadanos del país, ignorando así barreras económicas, sociales, posibilidades adquisitivas?

                      Si afirmamos como respuesta a esta última pregunta, ¿qué crítica podríamos hacerle a esa consigna ejemplar, emblemáticamente capitalista, de “Usted sí puede tener un buick”? ¿No emplea acaso el mismo procedimiento de indiferencia ante la realidad un recetario de cocina que en su acápite “Algo para brindar” llega a importar hasta ese tono trasnochado y cursi con su “Unos canapés fáciles de preparar, un refrescante ponche de frutas y una agradable conversación hacen la velada más grata”.    ¿Dónde hemos oído antes eso de “velada grata”? ¿En las calles de Palma Soriano o La Habana? No, en el folletín, en las telenovelas, en los ambientes de señorones ociosos.

                      Saltemos de los arroces para el final, apartemos los “especiales de pollo”, los “mojos y aliños”. Veamos ahora, sujetados de una columna para no caer de espanto o de risa, estos canapés “fáciles de preparar”, pegaditos a nuestras realidades, a solo unos pocos años luz de mi barrio, de la gente que recibe un salario de malabarista de la subsistencia, de la legión de personas que hacen tres horas de cola para adquirir media libra de pollo despechugado (que suerte que en esas recetas no se pida masa de pechuga, qué suerte).

                      Precioso lenguaje este, para amitas de casa: “He aquí algunas recetas riquísimas”. Veo a las cocineritas camino del mercado, con el listado que la señora le hizo, y a la señora en bata fina, que mientras se acicala remolonamente las uñas, telefonea al esposo, casi siempre un ejecutivo, no un minero o un segador de arroz: “Te daré esta noche una sorpresa, vas a probar unos canapés riquísimos”.

                      Bueno, no vale la pena demorar estas recetas de canapés, según el recetario Para tu deleite al alcance de todos. Son siete, traigo aquí solo algunas tentadoras: “Queso crema con pepino encurtido, cebolla, perejil y maníes, todo muy bien picadito y mezclado”. ¡Queso crema! Un queso crema cercano a nuestra realidad.

                      Vaya obstinación de estos canapés humildes con los lácteos, con esos productos que nacen del mismo líquido al que las personas le dicen en nuestra realidad real, nuestra realidad de país pobre, bloqueado y de ganadería paupérrima, chau chau a los siete años. “Rebanadas finas de queso amarillo con una pasta compuesta de mayonesa, lechugas picaditas, cebollinas y pimientos”.

                      Basta, dejemos los quesos tranquilos, que si lo han hecho los ratones no es justo que no lo hagamos nosotros. El séptimo canapé, de valor cultural, porque fija en nuestra memoria el hígado, evita que algunos lo borren de su vocabulario, es en verdad tentador: “Paté de hígado suavizado con mayonesa, perejil y cebollitas finamente picadas”.

                      Cuando en los sesenta abrí mis ojos de lector siempre me llamaron la atención esas páginas de las revistas llenas de ofertas, de soluciones fáciles, de consejos de consumo, que nada tenía que ver con el Ceballos pobre, de calles polvorientas, de casas de guano, donde los hijos de vecino nos movilizábamos cada noche para espiar por las ventanas en los pocos televisores de sus moradores. En las revistas siempre un hombre sonriente cargaba para llevar a casa un pequeño televisor nuevo, lo hacía con tanta naturalidad, con tanta seducción, que parecía que todos podíamos seguir su ejemplo. ¿Qué sucedía entonces que evitaba que en el 99,9 % de las casas de mi pueblo nadie respondiera a esa invitación? He pensado después que fue a esa edad cuando empecé a estudiar economía política (formularse preguntas es un buen comienzo) y cuando descubrí que la realidad era algo complicado, muy complicado.

                      Iba a realizar en estas líneas un desmontaje minucioso de Para tu deleite pero me ha parecido un acto cruel, un ensañamiento con un libro, y yo, por oficio, debo amar los libros y los autores. Lo iba a mirar con un poco más de rigor, auxiliándome de los números, tan útiles en estos asuntos de la economía y de los entresijos de las realidades, pero solo me alcanzó ese entusiasmo para el apartado de los arroces.

He aquí algunos números sobre las recetas de los arroces. Las recetas que propone este recetario para evitar que nos aburramos de comer arroaz blanco, sencilla y llanamente con sal, y adornado por una croqueta, un huevo frito, o una tajada de aguacate, emplean 82 productos distintos. De ellos, hay un “gran total” de cinco que se adquieren a precios decentes en nuestras tiendas: arroz, aceite, huevo, pollo, sal (obvio aquí, por razones prácticas, gramos y frecuencia). El resto, 77, apenas un 93%, requieren de compras en tiendas por divisa, en tarimas de mercados de precios galácticos, de bolsillos que no estén agobiados por salarios mínimos y pensiones. Qué decir yo luego de este veredicto pitagórico. ¿Se les puede llamar con mediana seriedad a esos platos  “cercanos a nuestras realidades”?

Martí habló de la nobleza de la crítica, y yo creo que muy bien funciona aquí. Para tu deleite no es el único culpable, no ha fundado nada, solo se ha incorporado a una corriente. ¿Se ha desviado Para tu deleite del modo en que nuestros medios tratan la alimentación en esta Cuba heroica? No. Es que se ha ido construyendo poco a poco un “humorismo de sartén” que parece contar con toda la organización de un complot. En programas de la TV como “Con sabor” y “Sabroso”, en la sección de cocina de mi Radio Surco cercano, los especialistas hablan de pollos enteros, y de harina, y leche, y mucho aceite, como si dialogaran con la “alta realidad” del primer mundo. Toman de aquí y allá productos como si movieran varitas mágicas, sin el menor rubor, como si instruyeran a un reo para practicar la maratón en los seis metros cuadrados de su celda. En esa cocina, para redondear su comicidad, no hay chícharos, ni picadillo de soya, ni picadillo enriquecido. ¿Por qué iba a ocurrir algo distinto en Para tu deleite?

Baste un ejemplo. En la tarde del pasado 18 de septiembre, en el programa “De tarde en casa”, uno de los invitados habló muchísimo de los buenos hábitos alimentarios y recomendó “los lácteos, la mantequilla, el queso”. Y como si el estudio de TV estuviera no en la Cuba de 2008 sino en una de las lunas de Júpiter, la conductora razonó que a veces los niños no se tomaban la leche o el jugo porque no se organizaba bien el desayuno y la madre no desayunaba con él. Claro, la madre con su vaso de leche y el niño con el suyo, una escena preciosa, tierna, que a las madres que solo reciben la leche para su hijo y no pueden invertir en comprar leche en CUC porque hay que priorizar el detergente, el desodorante, el jabón, les debe haber parecido muy atinada y pedagógica.

                      Algo debo agradecer a este libro, de título y contenidos seleccionados con el mismo principio, los mismos códigos de cincuenta años atrás: me ha hecho recordar mi infancia. Mi infancia, en la que no me da pena decirlo, porque transcurría entre los paralelos y meridianos de una “baja realidad”, hay olores a naranjas, a cañada, a huevos fritos, pero no ese a pollo asado”cuyos olores acompañaron” la infancia de la autora (olores culpables de esa dedicatoria de “alta realidad” y también, seguramente, de ese creerse que ha entregado un libro para el pueblo cubano, para las mujeres cubanas).

                      ¿Alguien no recuerda aquel vuelco en la mirada a la realidad, aquella dignificación de la “baja realidad”, emanada de unas palabras de 1953, olientes todavía a la pólvora del asalto glorioso, a la sangre derramada por los jóvenes ante los muros de la dictadura? Ese concepto de pueblo no ha perdido vigencia. Lo que sucede es que algunos, dentro de la alta realidad ellos, o abochornados de la “baja realidad” (como mismo dijo Martí de los que se abochornan de que su padre sea un carpintero), parecen olvidarlo en libros, en programas de radio y TV, como si no mereciera un irrestricto respeto la “baja realidad”  de los que, paradójicamente dueños, no tienen y resisten, y esperan, y confían, y luchan.

Félix Sánchez



[1] Aquí debiera yo dar el año del libro, pero curiosamente no la tiene en ninguna página, por lo que parece un producto intemporal. Utilizo recientemente porque la olla reina de su cubierta me permite esa precisión.

[2] José Luis Rodríguez y George Carriazo Moreno: Erradicación de la pobreza en Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1990.

 
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Comentarios (9)

#2.- La ignorancia mata a los pueblos

Manuel Castro Rodríguez|01-02-2009 21:03

El comentario 94 hecho por un tal Miguel

 

http://www.kaosenlared.net/noticia/exiliados-cubanos-organizan-para-domingo-concentracion-frente-consulad

 

es una ofensa a la mujer cubana, ya que dice: “prostibulo de los paises capitalistas, como era hace años”. ¿Qué conoce de mi patria para decir eso? Documéntese antes de hablar del pueblo cubano. Las mujeres cubanas eran las mujeres de Iberoamerica que disfrutaban de la mejor Constitución desde 1940 y de uno de los mejores niveles de vida de la región. En 1953, Eugene Staley hizo una investigación (The Future of Underveloped Countries, Harper, Nueva York, 1954), para el Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano. Clasificó a Cuba entre los 31 países más desarrollados del mundo. En 1958, el ingreso nacional per cápita cubano (356 dólares) casi duplicaba el de España (180 dólares).

 

Cuando fui a responderle, me encontré con que: “La inserción de comentarios en esta noticia está desactivada”.

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#3.- Aclaro el comentario 2 que hice

Manuel Castro Rodríguez|01-02-2009 21:20

Además de felicitar al autor le pido que me disculpe por utilizar el espacio de su artículo para hacer el comentario La ignorancia mata a los pueblos, pero como no pude responder tal infamia en el lugar indicado, lo hice aquí porque no puedo permitir que se mienta y se denigre a la mujer cubana.

castroeducacion@yahoo.es

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#4.- Y que les parece esta frase de Miguel Barnet hace muy poco en Panama

I. Quintero|01-02-2009 21:37

"Los cubanos si viajamos, yo por ejemplo he viajado a 47 paises, los unicos cubanos que no viajan son los que estan presos".
Lo que escribio en su articulo le pega a este como ejemplo perfecto.
Gracias por el articulo.

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#7.- SOFISTIFAGIAS

webson|02-02-2009 13:28

  SOFISTIFAGIAS

http://pisabarro.blogspot.com/2008/12/5.html

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#10.- Gracias Féliz.

Antonio González Martín|02-02-2009 17:00

Estoy leyéndote en Kaos,que lo visito asiduamente.No esperaba encontrar algo tan especial,acostumbrado a leer artículos sobre el diferendo imperio versus isla sitiada me deslumbró tu gastronómica disertación aparentemente ingenua,que se agradece en este lado del mundo,donde tal vez sobra la comida,incluso se tiran diariamente a la basura toneladas sin que la conciencia se le altere a nadie,pero falta el alma.Esta sociedad rica,que ahora entró en crisis,carece de los más elemtales valores,aquellos esencialmente humanos,que nos debían recordar cada mañana,que no somos bestias,sino hijos del pensamiento y de la ética,de la responsabilidad y de los sueños.Gracias de nuevo Féliz.Pronto nos tomaremos un café en La Fontana y no te precupes,comeremos lo que come el pueblo.Porque en nuestra isla mágica,viven y sueñan cada día más de once millones de personas y están gordos y grandes y con envidiables indicadores de salud,así que eso no es sólo con agua.

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#12.- Cele. lider

I. Quintero|03-02-2009 00:57

Entiendo tu comentario  y no es mi costumbre criticar de esa manera pero aunque no conozco a M . Barnet en persona creo que fue un error decir eso, todo lo que se refiera a salir  y entrar de Cuba  en estos momentos tiene una sensibilidad especial, el pueblo entero, los de adentro y afuera reclama la solucion de ese problema por lo que cualquier representante  de ese pueblo, como estoy seguro que el no fue a titulo personal, tiene  que tener mucho cuidado como se refiere al problema pues frases tiradas al aire  se pueden interpretar  de muchas maneras, pero esta linea es demasiado clara  como para dejar pasar asi como asi.
En el articulo se pone de ejemplo a este libro para  ejemplificar como lo que es la realidad para algunos no lo es para la mayoria, enseguida recorde este ejemplo, es verdad que para algunos cubanos viajar no es dificil, el mismo dice que a visitado 47 paises, pero  el tiene que saber que el 95% de los  cubanos en la isla  nunca ha viajado y el 99.9% no llega a dos paises ni por casualidad.
Gracias por la manera de hacer esa critica, espero que muchos aprendan de usted.

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#13.- Mi familia no tuvo fincas ni comercios.

Antonio González Martín|03-02-2009 15:59

Hijo de obrero agrícola,ratón de cuarterías como me bautizó un examigo,logré gracias a la dictadura revolucionaria,primero hacerme maestro,después abogado y en el contexto de la vorágine espiritual del pais disfrutar de una vida intelectual creadora,imposible de vivir en la democrática y lujosa sociedad desarrollada capitalista.                                                                                                                         Claro que en Cuba no hay varios partidos,ni la algarabía de la supuesta libertad de expresión,ni las concesiones que quisieran los enemigos.Claro que hay trabas que dificultan la vida cotidiana y estúpidas prohibiciones y sinfín de errores.Pero,sin duda,el proyecto dictatorial de mi pais es el lugar donde el ser humano es tenido en cuenta,donde los proyectos del gobierno se piensan para la mayoría,donde quizás no habrá muchos pinceles,pero sobran las escuelas de arte y los profesionales.No puedo entender que los resentidos sólo alberguen odio y el Dios del que hablan no les haya dado ojos para ver.

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#14

orlando castro|03-02-2009 22:46

Saludos, celebérrimo líder. Hay cosas que se dicen y no tienen otra interpretación  más allá de su  propio sentido recto o literal. Yo admiro a Miguel Barnet quizás tanto como usted, sin embargo no apruebo sus palabras (las de Miguel),  ni le encuentro otra interpretación al margen, y es bueno que así sea, pues si trato de encontrarle la quinta pata al gato pudiera asumir que Barnet quiso decir que aproximadamente hay o­nce millones de cubanos presos en la Isla. Pero no, le otorgo el beneficio de la inocencia. Yo no sé, ni quiero especular acerca de las intenciones del señor Barnet cuando hizo esta declaración, me basta decir que no comulgo con su planteo pues hay sobrados ejemplos en la vida real de cada cubano común para rebatirlos. Sin embargo la declaración de marras no menoscaba mi opinión sobre el valor como figura pública de este grande de las letras cubanas. Sobre él individuo en particular no tengo el más mínimo elemento de juicio para juzgarlo, por lo que me atengo de hacerlo. La hagiografía dejémosla para los santos.

 

A Félix lo felicito por este excelente artículo y a Quintero por la altura con que debatió con el respetado amigo celebérrimo líder al que también le extiendo mi mano.

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#15.- Al celeberrimo lider

Manuel García Marín|05-02-2009 22:51

No acostumbro a usar términos ofensivos, pero la forma en que se presentan las palabras de Miguel Barnet referidas al viajar, me provocaron al extremo de violar una norma personal de respetar la opinión de todo el mundo.  Pero es innegable que este señor ofende con esa mentira de 7 leguas.  Yo sé, sin dudas, que es intrascendente que una persona se pase su vida dandole la vuelta al mundo, o jamás viaje a ningún país.  De paso hay cubanos que quizás jamás hayan estado en La Habana, o Santiago, e incluso, dentro de una misma provincia que nunca hayan visitado más de dos pueblos vecinos.  Pero eso no quiere decir que ajustado a la  intrascendencia del caso, los hombres que gobiernan al país, se autofaculten para decidir el tipo y calidad del ciudadano que puede viajar cuanto quiere (el caso de Miguel Barnet) y cuales no tienen ese derecho aunque tengan la más grande necesidad personal y medios económicos suficientes para hacerlo, e incluso, cuando a esta categoría de sub-ciudadanos se les permite viajar, en todos los casos se ven obligados a pagar una suma elevada de dinero en divisa, para poder regresar al terruño donde nació. De esta forma el estado defendido por Barnet, nos divide en ciudadanos de primera y en ciudadanos de segunda o sub-ciudadanos.

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