Aunque sea desde una perspectiva muy diferente a la de otras épocas, en realidad  un acontecimiento como la revolución de Octubre no son necesarios los pretextos conmemorativos para dedicarle una especial atención, forma parte de una realidad viva, que todavía tiene un peso y una vigencia, aunque solo sea –nos dice Moshe Lewin- porque todavía vivimos millones de personas que hemos vivido o sido contemporáneas de su tiempo. Sigue estando al “orden del día”, aunque sea como la última tentativa de alternativa al sistema capitalista, y, a pesar de su derrota, se puede decir que le niega todo, todo menos importancia.
              Esta negación se ha establecido como un paradigma, y se ha erigido en un prerrequisito para "salir en la foto". De hecho, el  “nuevo orden” neoliberal le concede una especial trascendencia –negativa- por la misma razón de haber sido la gran alternativa derrotada, compendio de todos los males, superando –según los guerreros más fríos del tipo Revel o Kagan-- el estigma largo tiempo infranqueable del nazi-fascismo con el que, como todo el mundo debía de saber, el neoliberalismo tiene no poca conexiones. Comenzando por su deuda con Pinochet por haber utilizado el Chile sometido al “ordeno y mando” militar-fascista para “probar” las fórmulas neoliberales.
                Como todo "nuevo orden", el neoliberalismo se ha creado una historia oficial a la medida. En esta historia, el sistema social derivado de la revolución de Octubre, el acontecimiento que enmarca el siglo XX como la revolución francesa lo hizo con el anterior,  incluso no ha faltado quienes establece un doble ajuste de cuentas, y el final de Octubre lo sería también el del ciclo iniciado por 1789. En los momentos de mayor virulencia, se proclamaba el fin del comunismo, de la revolución de Octubre, del socialismo real, del movimiento comunista. China, Vietnam o Cuba eran ya otra cosa, Estados fuertes que buscaban su acomodo en el nuevo orden. Sobre el campo desolado de la derrota,  Fukuyama se atrevió a escribir que, el marxismo-leninismo, la doctrina que se consideraba inherente a la alternativa derrotada, había quedado reducida a una especie cultivada en lugares tan exóticos y testimoniales como la República Centroafricana, o en algunas universidades norteamericanas de la Costa Este.
          Como era de esperar, ahora son los vencedores los que dictan la historia. En  un panorama desolador en el que la izquierda que bien ha dejado de serlo, o ha perdido toda ilusión y se ha retirado hacia la privaticidad, cuando no carece capacidad de reacción más allá de los circuitos insumisos,  el emblema de la revolución rusa ha cambiado de base. Ahora se blande como un antimodelo, en una historia que pretende cubrir definitivamente la suma de  “libros negros” firmados por émulos de Juan Simon, y que pasan “orgánicamente” a las manos de una nueva “militancia” que se ha hecho omnipresente en los medios, y que abarca hasta el más modesto cargo de los partidos e instituciones del sistema. Esto significa un cambio radical con el lugar que 1917 ocupó durante los años veinte y treinta, y ulteriormente en los años agónicos de la dictadura franquista. En estos tiempos, 1917  fue un referente  “positivo” a seguir para tratar de superar otras izquierdas que se habían quedado atascadas en la historia, o al menos como una advertencia para confirmar las necesidades de reformas, progresistas.
          En un período y otro, los libros sobre la revolución formaron parte de las bibliotecas ilustradas, y solamente los “reaccionarios” se atrevían a cuestionarla en su totalidad. Durante los setenta se agota prácticamente todas las opciones comprensivas de la revolución, y en la mitad de los ochenta Alianza Universidad ultima la enciclopédica obra de E.H. Carr que todavía es recibida con un respeto que unos pocos años después resultaría absolutamente impensables. Esta obra viene a ser algo así como la culminación de un combate en dos frentes, contra las amputaciones de todo tipo efectuadas desde la derecha, pero también contra las groseras deformaciones de la “historia oficial” estalinista. 
          Fueron muchos los testimonios –como los imprescindibles de Reed y Sujanov-  y los autores que realizaron en todo este tiempo aportaciones de valor, y buena parte de ellas quedan reseñadas en el epílogo bibliográfico. Sin embargo, pocas comparten la primera línea que nos lleva desde  Trotsky en su destierro en Prinkipo hasta las “vidas paralelas” y los análisis del Deutscher al que –creo que Vázquez Montalbán-- utilizaba en aquella época la expresión “sabe más de política que el Deutscher”, para concluir con E.H. Carr, el punto más álgido de una corriente de investigación marista situada en las antípodas tanto del anticomunismo como del estalinismo. Forman parte de una auténtica pirámide de obras en las que la perspectiva histórica situaba la “cuestión comunista”  más allá del dilema básico de la guerra fría, y se entendía como un riguroso balance crítico necesario para abordar las nuevas tentativas de búsqueda de alternativas socialistas liberadoras como las que parecieron posibles en los años sesenta-setenta, el último tiempo de expectativas abiertas.
        Con este cambio de base, ahora resulta que del árbol caído del “comunismo”      se ha ido extrayendo munición contra todo lo que se mueve a la izquierda se mueve, últimamente apuntando hacia la asamblea internacional de Porto Alegre o a la marcha de los indígenas zapatistas, con todo lo que vendría después en una laga marcha de recuperación que todavía se encuentra en sus prolegómenos. En estos casos, la referencia al “comunismo” o al “leninismo” actúa como advertencia, en particular hacia  los intelectuales incautos que todavía quedan. En algunos otros (Antonio Muñoz Molina, Antonio Elorza y tutti quanti) como una indicación para que la “causa sagrada” de los pobres no caiga en malas manos.  De lo que se desprende que, para la restauración conservadora, no solamente se trata de descalificar un “ismo” que según sus cuentas arruinó la marcha “democrática” del siglo pasado, sino y ante todo, de ajustar las cuentas con “la revolución “de una vez por todas.
        Obviamente, el hecho de que estas conclusiones sumarísimas se hayan apoderado incluso del escenario “militante”  no se debe a una mera moda denigratoria de la que existen antecedentes desde el día de la toma del Palacio de Invierno. Son el producto de las consecuencias de la hecatombe final del estalinismo, un sistema que había acabado con Octubre hacía décadas, y cuyas aberraciones totalitarias, la extrema corrupción de sus instituciones burocráticas, llegaron a exasperar incluso a los que, teóricamente, fueron sus principales beneficiarios, los trabajadores. Esta descomposición provocaría una cascada de caídas en las que las que las aberraciones más grandes como la de Ceaucescu o “Sendero Luminoso” se amalgaman groseramente con movimientos cuya influencia y dignidad le sitúan en otro planeta al que concita la palabra “socialismo”. Pero la consecuencia general ha sido la caída en picado de toda clase de expectativas, desde la que podía haber iluminado la caída del régimen del “apartheid” en Sudáfrica hasta toda la modesta movida feminista o insumisa realizada en cualquier rincón del “mundo libre”.               
          Esta ha sido la consecuencia cotidiana más evidente de una hecatombe son inconmensurable,  de al que si existe un antecedente en el siglo XX es justamente la crisis de legitimidad del sistema liberal capitalista que fue desde la Gran Guerra hasta el “crack” de 1929.  Un período de convulsiones sociales extremas  en el  que se inserta la revolución de Octubre, y que finalmente, obliga al capitalismo a una operación de supervivencia que pasa por desprenderse de su “espontaneidad” liberal y a establecer las condiciones de lo que se ha llamado el “Estado del Bienestar”. En aquel contexto, todo indicaba que el socialismo era la única alternativa, y esta fue una ilusión para millones de desheredados y a toda clase de inconformistas que, no expresaban una “idea” como pretende el desacreditado manipulador Furet, sino una necesidad apremiante. Ahora proclama que no hay alternativa al capitalismo “liberal”. Sin embargo, si bien las necesidades apremiantes han sido atenuadas en Occidente gracias a la revolución parcial del “Estado del Bienestar”, no es menos cierto que, aunque sea momentáneamente sin expectativas de alternativas políticas, estas necesidades  se han acentuado y amenazan con mayores desastres que los que ya hemos vivido, sobre todo los pueblos del mundo mayoritario.
            Esta es la cuestión de las cuestiones: ecológica, moral  y socialmente, el triunfo del neoliberalismo ha resultado un desastre absoluto para la humanidad. El modo de vida norteamericano es insostenible, y la derecha se niega a tomar hasta las medidas más moderadas, e instituciones como el Banco Mundial tienen que informar que el número de pobres se ha multiplicado por 20 en la Europa del Este y la antigua URSS. Otras como la propia ONU se atreven a denunciar que el número de pobres se ha duplicado desde 1974. Continentes enteros como África son considerados como “desechables” por las grandes multinacionales que cada día concentran mayor parte del “pastel”, y condenan al hambre y a las fugas inmigratorias a países enteros que, como Argentina, antaño eran “tierra de promisión” y no sabían lo que era el hambre. Como declara Pere Casaldáliga, el “capitalismo no sólo no tiene corazón, tampoco tiene cerebro”...
        En mi opinión, se trata de recuperar las mejores aportaciones y tradiciones de las izquierdas militantes en plural para componer una nueva alternativa que, obligatoriamente, tendrá que asumir este pluralismo como expresión de un posible   y necesario acuerdo general sobre una base común que nos salvaguarde de los efectos más negativos del sectarismo y de la división, y claro, nos ayude a salir de agujero. Porque no hay nada más que cierto que si volvemos a luchar por separado volveremos a ser derrotados juntos.
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#2.- El neoliberalismo desprestigiado?
Joan Gil Oliveras|15-08-2008 22:12
En el titular expones que el capitalismo neoliberal está desprestigiado. Lo dudo.
Primero porque no todo el mundo sabe que significa neoliberalismo.
Segundo porque los medios de comunicación de masas no usan ese término, o muy poco a menudo.
Tercero porque si el neoliberalismo está desprestigiado por los de siempre. La izquierda real, no veo la evolución ni el augmento de este desprestigio ya que en nuestras filas (izquierda transformadora y izquierda radical) no se han unido demasiados nuevos "camaradas". Alguna que otra batalla como la de TMB ha echo ver la realidad a algunos sectores, y se perciben canvios, pero delante tal desmobilización, poco interès por la política; no veo que una parte importante de la sociedad civil le importe demasiado el tema, ni que vea mal las reformas que se hacen des de etiquetas izquierdistas como las del PSOE.
En este momento estamos en la segunda ola de neoliberalismo (la primera fue el tatcherismo, reaganismo y aznarismo). Donde se ha impuesto a la social democracia la idea de que la lògica privada es muy positiva para el sector público y que todo aquello que pueda hacer el mundo privado "bien" (o como lo deban entender ellos/as), el estado no ha de participar. O sea, el canvio al social liberalismo.
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#3.- El neoliberalismo desprestigiado? 2na parte
Joan Gil Oliveras|15-08-2008 22:13
Crisis de l'estalinismo (o como yo le llamo: estatalismo y capitalismo burocrático), crisis del comunismo y ahora crisis de la social democracia. No hay alternativa al neoliberalismo. No es que haya despestrigio al neoliberalismo por parte de la gran sociedad media, sino que hay desprestigio de la política, o sea, de quien manda, de los neoliberales; sin que esto conlleve vincular las dos cosas de forma clara. Los partidos ex-comunistas o comunistas en Europa estan muy mal: Refundación italiana, IU, etc. Se ven algunos canvios como las CUP, el LCR francés, que se estan organizando, y estan liderando movimentos de base sin anarquia y desorganización y con bastante sentido común. No obstante, son quatre guatos (aún y de momento). En canvio en América Latina, izquierda moderada social (Kizhner, Lugo, Lula), con izquierda socialista antiimperialista (Evo, Correa, Chávez, Castro) parece que si es un canvio, y un desprestigio al neoliberalismo, en este caso llamado "El Imperio" (EUA) y sus acciones en la zona (CIA, FMI, multinacionales). No obstante, Castro (el hermano) está liberalizando sectores (algunos, a mi punto de vista no hace falta que se basen en el socialismo, no caere en la trampa de la dictadura del Estado, el estatalismo), y lo que es peor,(...)
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#4.- El neoliberalismo desprestigiado? Final
Joan Gil Oliveras|15-08-2008 22:14
Evo quiere pactos con la derecha golpista oligarca que crea pobreza, Chávez no acaba de ver donde estan sus aliados y se ve aislado (que no quisiera problemas con el Rey, la verdad mucho mejor, estoy harto de tonterías; a mi me importan los datos de pobreza y que hacemos con las multinacionales, lo que lo envuelva me da lo mismo).
En resumen, no veo progreso de los ideales de izquierda, ni veo progresos en la crítica hacia el neoliberalismo. Ni veo consciencia del tema, ni veo resultados electorales claros, ni creo que la ciudadania haya canviado de paradigma político. Una pena Pepe, pero es así.Solo queria poner de manifiesto mi desacuerdo con el titular. Será por pesimista que soy.
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#5
Casimiro|16-08-2008 00:05
No estoy de acuerdo del todo con el autor, y sí con algunos de los comentaristas. El neoliberalismo no está desprestigiado, porque la gente no tiene plena conciencia de que vive en el neoliberalismo, a tal extremo llega la alienación. Los problemas cotidianos ("el agua caliente para el te", que llamaba Lenin) no llegan a trascender a una forma de concienciación social, entre otras cosas porque ésta solo se pude realizar dentro de una clase social, y hoy por hoy las barreras están más que difuminadas en clases y extractos de esas clases, los problemas vienen aliviados en parte por lo que se llama Estado del Bienestar (espejismo donde los haya)  y por los espejismos del capitalismo en la forma de aginaldos, "sociedades" en la que se involucran a los trabajadores en la empresa y en especial la cultura capitalista.
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#6.- Matizando
Solimar|16-08-2008 18:52
Tu artículo Pepe,expone hechos y datos conocidos por cierto sector de la la ciudadania,de la militancia obrera y sectores ilustrados.Coincido con algunos comentarios en que, la mayoria no lo vé como tú lo expones-por desgracia- porque el paradigma que fué  se desplomó,y no hay otro nuevo por ahora; al menos para el primer mundo.Aquí lo tenemos más crudo; el embrutecimiento ha calado hondo,y solo el deterioro en las condiciones de vida de las mayorias, junto con el surgimiento de organizaciones con la fuerza  y seriedad que la situación demanda, será posible  arrancar a la mayoria, de la influencia a la que está sometida en estos momentos.
De acuerdo cuando dices, que hay que recuperar lo mejor de las tradiciones de las distintas izquierdas para crear una alternativa.El problema es cómo, con qué estrategia, qué programa,qué sistema organizativo. Algo se intentó  con IU,y ha sido peor el remedio que la enfermedad,por lo tanto,a mi juicio, la nueva fuerza tendria que parecerse más a un partido que a una coalición.Seria un partido donde cabrian y se respetarian todas las corrientes que estén por el socilismo,que cree un espíritu de respeto y acatamiento de las decisiones de la mayoria por parte de la minoria,no poniendo trabas para que ésta  , un dia pueda llegar a ser mayoria si convence  en un debate abierto y sincero.
  Algunos se habrán dado cuenta que esta fórmula no la he inventado yo; es la    del partido bolchevique hasta  1924.
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#7.- No estoy mucho en acuerdo
Simple comunista|16-08-2008 21:25
Sobre todo le niego que el marxismo leninismo esté en crisis alguna, es una teoría cientifica, mal que les pese algunos, para ello puede verlo en el enlace siguiente: http://www.marxismo-leninismo.es/
De todos modos, reciba un saludo.
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#8
Manuel Grossi|17-08-2008 08:54
La verdad es que pese a no estar de acuerdo con varias de las cosas que expones en general me parece un buen artículo, me alegra leer opiniones heterodoxas como las tuyas Pepe, se esté de acuerdo o no.
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#9.- hay que dejar el pesimismo para tiempos mejores
pg-a|18-08-2008 21:35
    No discrepo en lo fundamental con las notas que no ven el desprestigio del neoliberalismo...En otro artículo matizaba esto diciendo que, sin embargo, las repuesta todavía estaban en su fase incipiente. Mi perspectiva es de quien ha padecido su "revolución", sus años triunfales, y eso comenzó a cambiar a finales del siglo pasado. El desprestigio de sus líderes no puede ser mayor, y para ganar ahora tienen por lo menos que cambiar de vestido.
      En cuanto al atraso, para su explicación basta mirar algunos comentarios...
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#10.- Buscando el camino
Uno que dice ser de izquierdas|25-08-2008 20:27
Creo que el problema que planteas se expande  más allá del analísis crítico clásico que tú referencias.
1º  El problema es la organización.  Qué clase de organización se ha de dotar la clase obrera para hacer frente a la organización capitalista ( tú la llamas liberal). La Leninista ha fracasado en todas  las múltiples formas de estructura probada ( desde la organización  tipo   Izquier. Unida hasta los  puros PCML o PCi ).
2º Analizar con detenimiento el estado de salud del capitalismo :  a) Desde un punto de vista diremos que el Capita. vive su fase de descomposición  última y dada su naturaleza caótica esta se nos muestra intermitente, irregular y tremendamente opaca. b) A pesar del estado de descomposición sigue  expándiendose cuantitativamente ( China, Afganistán, India, Indonesia,...).
3º Desde que Marx y Engels nos dejaron sus analisis, por primera vez desde entonces,  se van a poder verificar, en  dimensión real, sus afirmaciones. Con la incorporación de casi dos mil millones de nuevos proletarios, que hasta hace poco vivían en economías de subsitencia  agrarias  y pastoriles  en países como los citados más arriba. 
 
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#11.- Buscando el camino
Uno que dice ser de izquierdas|25-08-2008 20:56
4º La economía es la base del sostenimiento de la dictadura capitalista. Por un lado tenemos la Ley de rendimientos decrecientes (Indiscutible. que nos dejó Marx), por otro  la tendencia natural del sistema a la especialización y, como consecuencia de ello ( entre otras de menor importancia), la concentración monopolística.
5º La competencia (en) y (de) los mercados de los viejos colonialistas europeos   detentadores del poder con las burguesías recién llegadas.
6º  Y último las nuevas tecnologias de la información que están revolucionando  las relaciones de producción y, como consecuencia, las relaciones  sociales  ( la emigración es un claro exponente).
Bien, llegado a este punto,  creemos que la conclusión más coherente debería ser    "La izquierda está sumida en una profunda crisis ideológica, de clase. De conceptos. De medios y Fines". Su aburguesamiento exhala un tufillo pestilente que se inhala de lejos.  Las grietas ideológicas no le permiten espacio para moverse. Hasta que el capitalismo no agote todo su potencial ideológico ( prácticamente ya no tiene) y, se sumerja en aguda crisis caótica, creemos que la izquierda irá dando tumbos como hasta ahora. Sólo podemos seguir reforzando los espacios que tenemos.
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