... arguyen a la libre concurrencia y el caos; cuando, si acaso, tendrían que plantear justamente lo inverso.
Estos frustrados equilibristas han expuesto diversas teorías aleatorias sobre cómo, si acaso algún día, puedan vaticinar el momento en que un ciclo expansivo se convierte en recesivo y viceversa.
La supuesta teoría econométrica no es más que la suma de estadística y los pronósticos de algún vidente, en la búsqueda frustrante de un sistema funcional.
Durante el último, según ellos, ciclo expansivo; basado, cómo no, en la especulación crediticia; los antes odiados y hoy reverenciados organismos de regulación, los Bancos Centrales, tenían siempre en la diana el temible fenómeno de la inflación.
Ante ella era enfocado todo su arsenal que no era otro que aplicaciones restrictivas monetaristas.
Y, sin embargo, la inflación está en el mismo germen del desarrollo del capitalismo especulativo.
Lo paradójico se hace pantente en el hoy discutido instrumento de medición del crecimiento: el PIB
En tal instrumento, la variable fundamental es la suma de los valores monetarios -o sea precio- de los bienes producidos en un territorio en un lapso de tiempo; algún despistado podría colegir que a mayor precio mayor crecimiento, pues no es así!
En principio, el único crecimiento al que está abocado el capitalismo es el de la ganancia, de allí que sea puramente especulativo y su desarrollo no esté basado en la llamada Economía real.
Para su estrategia especulativa, la inflación generaría una pérdida de valor de mercado de su bien más importante: la moneda. He allí su drama.
La pérdida de valor de la moneda reduce, entonces, la ganancia monetaria, de allí que se hayan cuidado hasta la tozudez con respecto al control inflacionista; a costa, inclusive, de estancar el mercado crediticio y generar una aparente carencia de liquidez.
Hoy, estos afligidos hacen lo contrario, se trata de otro ciclo dirá el obsecado, y, ni por esas, tampoco resulta el remedio.
Hoy se cierne otro peligro y quizá de mayor empaque: la temible deflación.
Éste, que es, precisamente, el fenómeno contrario a la subida de precio, amenaza, además de recesión profunda, con la pérdida continuada de valor de su bien más cotizado: el capital.
Hoy estos videntes añoran a la otrora repudiada, repelida, denostada y ahora nunca bien ponderada inflación.
Es la prolongada agonía del capitalismo y la eterna condena de estos funámbulos.
 
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