Karl.- ¿Viste, viejo, que este chico, Joseph Stiglitz, anda diciendo por ahí que el colapso de Wall Street equivale al desplome del muro de Berlín y del socialismo real?
Adam.- No es para estar contentos, ni tú ni yo. Y tú, menos aún que yo, Carlitos.
Karl.- Hombre, a cuenta del suicidio del capitalismo financiero, mi nombre vuelve a estar en boga, mis libros, según informa The Guardian, se agotan. Hasta los más conservadores, como el ministro de finanzas alemán, reconocen que en mi teoría económica hay algo que aún merece la pena tener en cuenta…
Adam.- … no me vengas ahora con mezquinas vanidades académicas post mortem, Carlitos, que en vida jamás te abandonaste a ellas. Yo hablo en un sentido más fundamental, más político. Ninguno de los dos puede estar contento, y, te repito, tú menos todavía que yo.
Karl.- ¿Y eso?
Adam.- El “socialismo real” que se construyó en tu nombre no tenía nada que ver contigo. Pero al menos, tú sí que te llamaste “socialista”. Yo, en cambio, ¡ni siquiera me llamé nunca a mí mismo “liberal”! Eso del “liberalismo” es una cosa del siglo XIX (la palabra, como sabes, la inventaron los españoles en 1812), y van y me lo endosan a mí, un tipo que murió oportunamente en 1793. ¡Es ridículo! ¿Cómo va a afectarme eso?
Karl.- Ya veo por dónde vas. Quieres decir que ni el desplome del muro de Berlín ni el colapso del capitalismo financiero en 2008 tienen mucho que ver ni contigo ni conmigo, pero que, aun así, nos cargan el muerto.
Adam.- Exactamente. Pero en tu caso es peor, Carlitos: porque tú sí te dijiste socialista, y el socialismo real, quieras que no, contaminó al ideario socialista. A mí me importa un higo que fracase el “liberalismo”, cualquier liberalismo. No tendré que explicarte a ti, precisamente, uno de mis discípulos más inteligentes, que ni mi teoría económica ni mi filosofía moral tenían nada que ver con el tipo de ciencia económica, positiva y normativa, que empezó a imponerse en tus últimos años de vida, eso que tú aún alcanzaste a llamar “economía vulgar” y que tanto gustó a los liberales de impronta decimonónica.
Karl.- Desde luego; tú y yo fuimos aún clásicos. Luego vino esa caterva vulgar de neoclásicos, incapaces de distinguir nada.
Adam.- Por ejemplo, entre actividades productivas e improductivas, entre actividades que generan valor y riqueza tangible y actividades económicas que se limitan a recoger rentas no ganadas (rentas derivadas de la propiedad de bienes raíces, rentas derivadas de los patrimonios financieros, rentas resultantes de operar en mercados no-libres, monopólicos u oligopólicos). Nunca ha dejado de impresionarme la agudeza con que elaboraste críticamente algunas de estas distinciones mías, por ejemplo, en las Teorías de la plusvalía.
Karl.- Es evidente. Tú hablaste repetidas veces de la necesidad imperiosa de intervenir públicamente en favor de la actividad económica productiva. Eso es lo que para ti significaba “mercado libre”; nada que ver con el imperativo de parálisis pública de los liberales y de los economistas vulgares, incapaces de distinguir entre actividad económica generadora de riqueza y actividad parasitaria buscadora de rentas.
Adam.- En mi mercado libre los beneficios de las empresas de verdad competitivas y productivas y los salarios de los trabajadores de esas empresas ni siquiera tendrían que tributar. En cambio, para mantener un mercado libre en mi sentido, los gobiernos tendrían que matar a impuestos a las ganancias inmobiliarias, a las ganancias financieras y a todas las rentas monopólicas…
Karl.- … es decir, a todo lo que, después de darme a mí por perro muerto, y en tu nombre, Adam, ¡en tu nombre!, se ha hecho que dejara prácticamente de pagar impuestos en los últimos 25 años. ¡Hay que joderse!
Adam.- ¡Hay que joderse, Carlitos! Porque lo que yo dije es que una economía verdaderamente libre, al tiempo que estimulaba la producción de riqueza tangible, podía generar, gracias entre otras cosas a un tratamiento fiscalmente agresivo del parasitismo rentista y de su pseudoriqueza intangible, amplios caudales públicos que podrían ser destinados a servicios sociales, a la promoción del arte y de la ciencia básica –que es, como el arte, incompatible con el lucro privado—, a establecer una renta básica universal e incondicional de ciudadanía, como quería mi coetáneo Tom Paine, etc. Ya ves, Carlitos, yo, que no pasé de ser un modesto republicano whig de mi tiempo, ahora, si no me falsificaran cuatro profesorcillos más perezosos aún que ignorantes, y si se me leyera con conocimiento histórico de causa, hasta podría pasar por un peligrosísimo socialista de los tuyos. Y te diré, si ha de quedar entre nosotros, que, visto lo visto, la vuestra me resulta una compañía bastante grata…
Karl.- En realidad, toda tu ciencia, como la de tantos republicanos atlánticos de tu generación, estaba puesta al servicio del principio enunciado por el gran florentino malfamado, a saber: que no puede florecer la libertad republicana en ningún pueblo que consienta la aparición de magnates y gentilhuomini, capaces de desafiar a la república. Y si lo ves así, la falsificación en tu caso es aún peor que en el mío: el “socialismo real” abusó aberrantemente de la palabra“socialismo”,dando pie a la refocilación general de todos mis enemigos; ¡pero es que tú ni siquiera llegaste a enterarte de qué era eso del “liberalismo”!
Adam.- Quien no se consuela es porque no quiere, Carlitos. Lo cierto es que lo que ha pasado en los 30 últimos años en el mundo va en contra de todo lo que tú y yo, como economistas y como filósofos morales, queríamos. Mira a estos pobres españoles, inventores del término “liberalismo”. A ti y a mí nos importaba, sobre todo, la distribución funcional del producto social (eso que ahora tratan de medir con el PIB): pues bien, la proporción de la masa salarial en relación al PIB no ha dejado de bajar en España, y ha seguido bajando incluso después de que volviera a asumir el gobierno en 2004 un partido sedicentemente marxista hasta hace muy poco…
Karl.- Sí, sí, un horror.Pero el caso es que cuando estos chicos, supuestamente, me dejaron a mí por ti, y pasaron a llamarse “social-liberales” a comienzos de los 80, lo que hicieron fue una cosa que te habría puesto a ti también los pelos de punta. Fíjate que no sólo retrocedió la proporción de la masa salarial en relación con el PIB, sino que, en la España del pelotazo y el enrichisez-vous de Felipe González, lo mismo que en la Argentina de “la pizza y el champán” de Menem y en casi todo el mundo, los beneficios empresariales propiamente dichos empezaron a retroceder también en relación con la parte que en el PIB desempeñaban las rentas inmobiliarias, las rentas financieras y las rentas monopólicas…
Adam.- ¡Cómo nos han jodido, Carlitos!
Karl.- No desesperes, Adam. La historia es caprichosa, y ¿quién sabe?, a lo mejor, ahora, hasta empiezan a tomarnos en serio. Fíjate que le acaban de dar el Premio Nobel a un chico bastante espabilado que desde hace años estudia la competición monopólica y rescata a Chamberlain y a Keynes, esos muchachos que al menos se esforzaron por entendernos, a ti y a mí, en los años 30 del siglo XX y que querían proceder a la “eutanasia del rentista”…
Adam.- Yo fui un republicano whig bastante escéptico, Carlitos. No viví el movimiento obrero del XIX y del XX y la epopeya de su lucha por la democracia. No puedo entregarme tan fácilmente al Principio Esperanza de aquel famoso discípulo tuyo, ahora, por cierto, casi olvidado.
Antoni Domènech es catedrático de Filosofía Moral en la Facultad de Ciencias Económicas de la UB y editor de la revista política internacional SinPermiso.
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#1
27-10-2008 20:34
Bf.....
Tener que aguantar estas cosas...
Salud 
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#2
Ricardo|27-10-2008 21:20
Excelente artículo, que desvela alguna de las manipulaciones más extendidas del pensamiento tanto de Adam Smith (quien pertenece a la primera generación, revolucionaria, de liberales ilustrados) y Karl Marx, que arranca justamente de esa tradición para su crítica del capitalismo. Se acostumbra a presentar a ambos autores como enemigos irreconciliables, cuando no sólo es evidente la influencia de Adam Smith en Marx (es Adam Smith quien da a Marx la idea del trabajo como fuente valor, así como la aún más determinante de que el beneficio del capitalista procede del trabajo realizado pero no pagado, entre otras muchas que llenan todo El Capital), sino que el mismo Marx afirma en el epílogo a la segunda edición alemana de su obra magna que su teoría del capital no es otra cosa que "el desarrollo lógico de las doctrinas de Smith y Ricardo".
"La riqueza de las naciones", aunque ampliamente superada por las contribuciones del marxismo en muchos aspectos, no deja de ser una obra central en la historia del pensamiento, y nada tiene que ver con las mascaradas de los neoliberales actuales.
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#3
Arturo|27-10-2008 22:29
Agradezco ésta interesante conversación entre Smith y Marx, fruto de la fértil e ilustrada imaginación de D. Antoni Doménech, y que me ha invitado a las siguientes reflexiones.
La principal lección del artículo la encuentro  por estimular el estudio de los “clásicos” de aquella Economía Política a la que dedicó intensamente su vida Carlos Marx.
No obstante, yo reprocharía al Sr. Doménech el olvido de no incluir en ese coloquio a David Ricardo, quien fue indudable maestro de nuestro Carlitos. Creo que entonces, -admítamelo mi admirado D. Antonio- nos habría ofrecido un trío espectacular.
Yo me habría atrevido, incluso, a pronunciarme por algún precursor de ese fantástico triangulo. Imagínese Vd.  haber invitado a D. John Locke, ese padre del liberalismo que decía que el Hombre tiene derecho natural a la propiedad, fundado sobre el trabajo y limitado a la extensión de tierra que pueda cultivar. Hubiese sido una lección para toda esta tropa de liberales que no paran de acumular Capital.
Pero el artículo es suyo, D. Antonio, y solamente puedo estar agradecido a su iniciativa.
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#4
Ricardo|27-10-2008 23:42
El artículo es de Antonio, pero al menos yo creo que las aportaciones como la de Arturo siempre son enriquecedoras. Una mención sobre lo que pensaba Adam Smith de los capitalistas hubiese estado también bien, esa "clase de hombres... que tienen generalmente un interés en engañar e incluso oprimir a la comunidad, y que de hecho la han engañado y oprimido en numerosas oportunidades", o también su denuncia de la conspiración constante contra los trabajadores en que los capitalistas se hayan permanentemente. Yo creo que la idea de Antonio Doménech es por ello excelente; queda en evidencia que gente como Esperanza Aguirre no son ni siquiera liberales (porque tampoco voy yo a reconocerles la herencia de las Cortes de Cádiz), son simples y miserables saqueadores de la riqueza social y congénitamente incapaces de aportar nada a un debate serio de ideas.
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#5
Ricardo|27-10-2008 23:45
Se me coló (y es la segunda vez aque me ocurre en poco tiempo) en el "hallan permanentemente" un "hayan" con "y", cuando uso el verbo "hallar" y no el "haber".  Perdón por la falta.
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#6.- Al comentario #4#
Arturo|28-10-2008 01:14
Estimado Ricardo:
Precisamente, yo quería referirme a la falacia del "neoliberalismo".
¿Qué te voy a contar yo ahora sobre los resultados a que conducen las actividades de ésta gentuza?
Efectivamente, Adam Smith nos previno (en el XVIII) sobre la tendencia de los comerciantes a aprovecharse del poder que les permitía poseer la propiedad privada de los medios de producción. También advirtió de la tendencia de éstos  a pasarse la "Mano Invisible" del mercado por el arco del triunfo en cuanto pudieran.
David Ricardo fue más allá. Confirmó que el trabajo es la única fuente del valor.  Sus análisis sirvieron  a  Marx para su teoría  del valor-trabajo, y en consecuencia demostrar la teoría de  la  plusvalía.
Quiero decir que Marx  estudió a  los economistas clásicos liberales y que su genio consistió en darle la vuelta a los análisis precedentes.
Por eso  me parece  conveniente estudiar a aquellos clásicos y ver el proceso que siguió Marx para llegar a sus propias conclusiones. Analizar ese proceso, a mí me ha ayudado muchísimo para  conocer su método.
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#7.- Falacias neoliberales de la economía académica
Los clásicos sí eran sabios, sí eran científicos|28-10-2008 15:15
El retorno a los clásicos es siempre necesario, es obligado. Fueron sus reflexiones SEMINALES, como bien es reconocido, porque dieron claves iluminativas sobre el  órdenes sociales y económicos que iba a imperar del siglo veinte hasta hoy. Pero la perversión o tergiversación interesadas de sus obras, ha permitido que el capitalismo sea una palabra realmente borrada de cualquier glosario académico económico.  Pero inusitadamente, toda la prensa y políticos vuelven a pronunciar por su verdadero nombre a este sistema impune de explotación inhumana: capitalismo.
Hoy, quiero destacar y denunciar, como consecuencia de este arrinconamiento de los clásicos, que los actuales diseños de planes de estudio de Economía (Grados según modelo de Bolonia), están siendo depurados drásticamente de todas las materias de ciencias sociales, que  como la Sociología, por ejemplo, exigen al análisis económico que  explique la economía  como hecho real, con todos los protagonistas e intereses de la gesta económica, y no usando un falaz lenguaje abstraccionista y teorías complicadas de escaso eco real, que, además,  dejan pasmao al personal, cada vez que abre la boca alguno de estos personeros institucionales sobre el estado de la economía del país. Así, cualquiera los pilla en  un fracaso. 
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#9
Ricardo|28-10-2008 23:31
Completamente de acuerdo, Arturo.
Un abrazo.
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