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Actos conmemorativos del 70 aniversario dels Fets de Maig de 1937 en Barcelona
Los días 4 y 5 de mayo la Fundació Andreu Nin organizará los actos conmemorativos del 70 aniversario de los Hechos de Mayo (Guerra, Revolució y Contrarrevolució).
Kaos. Memoria histórica | 25-4-2007 a las 22:09 | 2095 lecturas | 2 comentarios
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Los días 4 y 5 de mayo la Fundació Andreu Nin organizará los actos conmemorativos del 70 aniversario de los Hechos de Mayo (Guerra, Revolució y Contrarrevolució). Los actos tendrán lugar en Barcelona, en el Colegio de Periodistas, Rambla de Cataluña 10. El programa es el siguiente:

>  4 de mayo: 19 horas: “La guerra civil: 70 anys de història critica” . Con Reiner Tosstorff, Just Cases y Andy Durgan.

> 5 de mayo: 16 horas: “Els fets de Maug”. Con Dolors Marín, Flavio Guidi y Pepe Gutiérrez (colaborador de Kaos en la Red)

> 5 de mayo:”Andreu Nin i la revolució espanyola”. Con Pelai Pagès, Reiner Tosstorff y Wilebaldo Solano”.

ACTOS EN ABRIL SOBRE LOS HECHOS DE MAYO EN LA UNIVERSIDAD DE BARCELONA

Facultad de Geografía e Historia de la UB los días 26 y 27 de abril de 11 a 14 horas, “Sala Gran” de dicha Facultad.

> 26 de abril: proyección de "Tierra y libertad"

> 27 de abril: proyección de "Operació Nikolai"

Con la partiicpación de Andy Durgan, Pepe Gutiérrez-Álvarez y Wilebaldo Solano (pendiente de confirmación)

 
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|29-04-2007

Jornadas “de reflexión y de discusión” sobre los “hechos de Mayo de 1937”. Una información y una introducción 

En las próximas semanas, la Fundació Andreu Nin organiza y/o toma parte en una  suma importante de actos sobre un acontecimiento marcado por las polémica, sobre todo por las grandes lecciones históricas que comporta. 
Pepe Gutiérrez-Álvarez (Para Kaos en la Red) [21.04.2007 21:21] - 332 lecturas - 4 comentarios



Después de la jornada de Sant Jordi en la que la Fundació hará acto de presencia en una parada  de libros animada por el celctivo Cápsula Orwell en la plaza que Bacelona ha dedicado al autor de Homenaje a Cataluña (obra que no ha dejado de estar presente desde su primera edición en catalán alla por mitad de los años sesenta),   la etsación siguiente nos lleva a la sala de Grtan de la Facultat de Geografía i Història de la UB con doble sesión. En la prmera  (jueves, 26 de abril, 11h.),  se ofrece una proyección de Tierra y Libertad, la película de Ken Loach que marcaría un hito en el proceso por la recuperacón de la “memoria histórica”, y a continuación una charla-debate títulada El POUM a la revolució en la que hablarán el historador británico Andy Durgan, autor del estudio más detallado sobre el Bloc Obrerr i Camperol, y la formación del POUM) y asesor histórico de la película, así como Wilebadlo Solano, dirigente de las Juventudes Conunistas Ibéricas, protagonista en primer plano de los acontecimientos evocados, secretario general del POUM en el exlio, y autor de El POUM en la historia, un libro que no podrá estar en las paradas porque su segunda edición se agotó ya hace tiempo... 

        El viernes 27, igualmente a las 11h., tenemos otro pase cinematográfico con Operació Nikolai, modelo de documental de nvestigación que dirigieron Mª Dolors Genovés y Llibert Ferri, al que sigue otra charla-debate sobre “Els Fets de Maig de 1937”, con presencia del mismo Wilebaldo Solano y el autor de estas líneas...

        Días después, concretamente el 4 y el 5 de mayo, y en el Col.legi de Periodistes  (Rambla Catalunya, 10), se ofrecerá  un ciclo de tres conferencias. El viernes 4, a las 19 horas, se tratará “Guerra Civil e Història crítica”, que contará con Andy Durgan, con Just Cases, profesor de Historia en la  Universitat Autonoma de Bacelona, y presidente del Centre d´´Estudis Llibertaris, con el historiador germano Rainer Torstorff, y autor de la histria más importante y documentada del POUM, cuya traducción (del alemán) se cuenta entre los objetivos prioritarios de la Fundacio Andreu Nin...El sábado 5 tendremos una charla a las16 horas, Els Fets de Maig, con presencia de la historiadora libertaria dolors Marin, autora de Clandestinos, Falvio Guidi, historiador italiano estudioso de la vida y la obra de Camllo Berneri, y Pepe Gutiérrez-Álvarez, y otra a las 18 horas en la que se hablará de Andreu Nin i la revolució espanyola, y lo harán Wilebaldo Solano, Reiner Torstorff, y Pelai Pagès, autor entre otros muchos libros, de una biografía de Andreu Nin. Se trata igualmente de unir “reflexión y debate” sobre unos capítulos históricos complejos y controvertidos sobre los cuales  hay todavía mucho que discutir. Y se trata también de crear puentes entre la memoria histórica y las preguntas e inquietudes de las nuevas generaciones que particuipan en una voluntad crítica.

       Para el 24 de mayo está prevista una amplia y ambiciosa discusión a las 19 h. en la Sala de Actos del Ateneu de Barcelona bajo la labor moderadora de Bernard Castany. Entre los invitados cabe señalar a Bernat Muniesa y Just Cases por el ámbito libertario, Josep Lluís Martín i Ramos y Ferran Galego, historiadores muy relacionados con el PSUC, Ferran es el autor de un polémico libro que acaba de aparecer en Debate, mientras que la fundació andreu nin estará representada por Pelai Pagès, y por Pepe Gutiérrez-Alvarez. Un abanico amplio de posicionamientos que abordará la propia historia de los sucesos, pero también hasta que punto lo que algunos hisoriadores han llamado “pequeña guerra civil” o “guerra civil dentro de la guerra civil”, ha actuado y actúa como obstáculo para un mayor entendimiento enre las diversas izqierda, sobre todo considerando que desde hace mucho tiempo que la denuncia del estalinismo ha dejado de ser una exclusiva de los que por entonces estuvieron en las barricadas contra el gobierno frentepopulista.

       No acaban aquí las convocatorias, Revolta Global está preparando un acto en el barrio de Gracia con la presencia de Emilio Cortavitarte, Jaume Botey y Pepe Gutiérrez-Álvarez, en tanto que Lluís  Gix del Ateneo Llibertari de Mataró tiene entre manos otro acto para el que cuenta con Ferran Aisa, autor de Contrarevolució. Els Fets de Maig de 1937 (Ed. 1984, Barcelona, 2007), y con Pepe Gutiérrez-Alvarez...Por lo demás, la Fundació tiene prevista una edición completa de los escritos de Andreu Nin sobre la crisis española de los años treinta, así como un acto público en homenaje a  Camillo Berneri y Andre Nin en el lugar donde éste fue raptado el 16 de juno en el momento en que se cumplirá setenta años. Dicho lugar no fue otro que la entrada del Palau de la Virreina. Y para ello ya corre un “Manifiesto” con la intención de rocoger el máximo de adhesiones de toda clase de grupos, sindicatos, partidos, revistas y personas signifcadas dentro de las izquierdas en el sentido más amplio. Por la importancia de este acto, ofreceremos más precisiones en los próximos días

       En este cuadro habría que situar un “especial” de la revista Viento Sur sobre la efemérides en la que colaboran  parte de los conferenciantes 

De una manera u otra, la existencia de una profunda revolución social en la crisis española de los años treinta, y más concretamente entre las jornadas de julio de 1936 hasta mayo de 1937, fue durante las dos primeras décadas de la postguerra ocultada, minimizada, cuando no abiertamente deformada entre los historiadores digamos republicanos. Para  la historia oficial franquista, todo quedaba englobado entre los “enemigos de Dios y de España”, y no había mucho que de qué hablar 

      Habían tres motivos para dicha ocultación. De un lado, estaba la patraña que justifica el “Movimiento” como un “Alzamiento” contra una “sublevación comunista”, a una “revolución roja”. De otro, la aplicación por parte de los sectores antifranquistas que trataban de “cuadrar” la guerra española como un prólogo del conflicto entre los Aliados y el eje Nazi-Fascista. Finalmente, también pesaba la desestructuración que tanto la II Guerra Mundial como la “guerra fría” había operado sobre las tendencias revolucionarias: socialistas de izquierda (parte de la cual había apoyado al POUM), anarcosindicalistas (recordemos que España era el “bastión” del anarquismo), y de la disidencia comunista (trotskista, consejista, bujarinista, etc)...Prueba de tal escamoteo serán las obras de Hugh Thomas, Gabriel Jackson, o Manuel Tuñón de Lara, que pasan por alto el hecho revolucionario..

      Todo empezó a cambiar a mitad de los años sesenta, y unto se hará evidente en la evolución de la mítica editorial Ruedo Ibérico que da a conocer, entre otros títulos, La CNT en la revolucion, la trilogía de José Peirats apoyada en los documentos y testimonios recogidos por la CNT con la voluntad de establecer su propia aportació., y que restituye una contribución cenetista que luego será ampliada por otros autores de la misma escuela, Ruedo edita también El laberinto español, de Gerald Brennan que pone un gran acento en la “cuestión social, o El reñidero español, de Frank Borkenau, un periodista comunista austriaco discrepante con el Komintern que ofrece una descripción muy fehaciente de una  revolución social inoportuna segñún lacoocida expresión de Fernando Claudín, un capítulo de su libro La crisis del movimiento comunista que ya se puede consultar en la Web www.espaimarx.org. La obra de Borkenau estaba en la línea de otro importantes testimonios como el célebre de George Orwell, o el menos conocido pero también intersante como el de H. E. Kaminski, Los de Barcelona, Barcelona, 1976, con prólogo de José Peirats). En una línea igualmente revolucionaria (o sea, que sitúa la lucha social en el centro del conflicto), se insertan titulos como La revolución y la guerra de España, de Pierre Broué-Emile Témine, La crisis española del siglo XX, de Carlos M” Rama , y por supuesto, las escritas por difeentes historiadores “amateurs” de signo anarquista o más o menos trotskista, incluyendo los escritos del propio Trotsky editados también por Ruedo Ibérico.

        Aquí cabría hacer un punto y aparte con las sucesivas ediciones  y ampliaciones de la aportación del galés nacionalizado norteamericano, Burnett Bolloten cuyo primer libro The Great Camouflage (El gran camuflage), fue exproopiado por Manuel Fraga Iiribarne para editarlo retítulado como “La gran traición” en una editorial tan identificada con el régimen como Luis de Caralt..El destino inmediato de esta grosera manipulación era José Bergamín, prier firmante de un manifiesto de solidaridad con los mineros en huelga en Asturias. Bollotten sacaba a relucir el prólogo que Bergamín había escrito para el libelo firmado por un inexistente Max Rieger, destinado a justificar las acusaciones de “quintacolumnismo” contra el POUM y Andreu Nin. El libro fue defendido por José Peirats entre otros. Bollotten no era responsable de la maniobra. Otra cosa es que la redacción de  La revolución española, subtítulada en la edición de Grijalbo “Sus orígenes, la izquierda y la lucha por el poder durante la guerra civil española, 1936-1939”, fuese paralelo a una derechización, puesta luego en evidencia por  autores que no aceptaba el “centralidad” de la revolución en  el campo republicano. De hecho, el “caso Bollotten” no era tan complicado como el de algunos escritores de procedencia poumistas como Víctor Alba, Ignacio Iglesias o Julián Gorkín, que combinaban lealtades opuestas que respondían a etapas muy diferentes de sus biografías; pronorteamericana desde el final de la IIª Guerra Mundial.. No es esta la primera vez, ni será la última vez en la que un historiador de biografía dudosa aporte una abundante y minuciosa documentación que, se quiera o no, acaba por situar la revolución en el centro del debate. Por supuesto, otra cosa es su valoración. Conviene recordar que que la historia de las revoluciones está  repletas de casos similares, al igual que lo está la literatura. Baste el ejemplo del ultraconservador Honoré de Balzac cuyas denuncias de la burguesía serían tan apreciadas por el marxsmo.. .

        Por supuesto, en todo esta historia los intereses progandisticos del régimen no eran ajenos. Ahora se trataba de ganar la batalla de la propaganda en el contexto de la “guerra cultural”, y la influencia norteamericana se habría de notar. Al franquismo no le sabía mal que se hablara de la revolución por dos motivos, primero, porque de alguna manera reforzaba su discurso sobre el “miedo a la revolución”, amplamente compartido en Occidente (de la misma manera actuará por ejemplo el régimen racista sudafricano), y segundo porque en aquella coyuntura reforzaba un criterio primordial que convertía al PCE en el “enemigo principal” (esto se plasmó en una revista como Indice cuyo director tenía el visto bueno del “Caudillo” y que reproducía opinones de diversas izquierdas incluyendo a anarquistas como Juan Gómez Casas), por la misma razón que en las comisarías maltrataban más a los comnistas que a los demás.

       Por otro lado, cierta derecha ilustrada no ha tenido inconveniente el asimlar el discurso de las “revoluciones traicionadas” para sus propias motivaciones. Desde esta lógica, el régimen se mostró permisivo con las ediciones de obras importantes de autores como Trotsky (Stalin, Los gángster de Stalin), Víctor Serge (El asunto  Tulaev), o Jan Valtin (La noche quedó atrás), subrayando su carácter de denuncia del estalinismo con los que abundar en la ceremonia de una confusión, un “sarao” no muy diferente al  tenía lugar en Occidente. En la “apertura” de la segunda mitad de llos años sesenta también influyó la voluntad gubernamental de consentir la proliferación de editoriales de izquierdas (ZYX, Ariel, Ciencia Nueva, Alianza en parte, etc).

       En parte porque trataba de neutralizar a las del exilio como Losada o el propio Ruedo Ibérico...Pero lo cierto es que  llegó un momento, incluso antes de la muete del dictador, en los que se pudo ir editando casi todo (siempre que no afectara directamente al régimen), sobre todo entre los clásicos socialistas. Será en esta situación en la que tendrá lugar una primera irrupción de obras destnadas a recuperar la “memoria histórica”. Será justamente como parte de esta irrupción que se afianzará una línea de defensa de la revolución, línea que tendrá una consecuencia en la emergencia de una izquierda radical que tendrá como referente tanto “la obra constructuiva de la revolución española” como el mayo del 68...Y también la “primavera de Praga”, o sea la denuncia del estalinismo cmo un sistema de patido jeraquizado y burocrático donde todo el poder lo tienen los altos cargos, y en especial el secretario general.

         En esta tesitura, creo que resultó bastante representativa una obra de gran difusión, Por qué perdimos la guerra,  de Carlos Rojas (Plaza&Janés, Barcelona, 1971), en la que se recogen numerosos testimonos que tratan de responder a la gran pregunta. Ni que decir tiene que la respuesta de la izquierda radical era, porqué antes se había perdido la revolución, de hecho, la revolución española aparecía como el “reverso” de la revolución rusa en el sentido de que se había acabado imponiendo la derecha republicana, dentro de la cual el espejismo estalinista jugó un papel fundamental, pero también especialmente complejo ya que fueron miles los militantes de buena fe que creyeron que primero estaba la guerra, y luego la revolución, aunque el luego sería un “nunca jamás” como apuntilló José Díaz para que “quedara lo más claro posible”. Para las nuevas generaciones esta historia se juntaba con una lista de desastres  sin cuentos, lo sería en Indonesia en 1965 (donde el PCI confió hasta el último minuto en Sukarno por más que debajo de las faldas de éste se fraguaba un golpe militar que pasaría por las armas a medio millón de comunistas), o en Chile, donde los ruidos de sables fueron trágicamente desantendidos a pesar de que figuraba entre las consignas de la Trilateral que había proclamado que prefería “gorilas” a gobiernos marxistas por muy democráticos que fuesen.

      La “normalización” que comportó el curso final de la Transición, sobre todo después de la “advertencia” del 23-f, no solamente comportó una regresión del proceso de recuperación de la “memoria histórica”, también dio lugar a un nuevo alineamiento en las pautas histpriogáficas tanto en relación a la guerra civil como a la intermnable postguerra.

      Con ocasión del “Encuentro” de intelectuales neolibealesen Valencia en 1987, Octavio Paz, ya de vuelta de toda veleidad crítica de izquierdas, declaró que, al fin e cuentas, la guerra civil la había ganado...una Monarquía constitucional de sobernaía compartida;  el monarca ni el ejército quedaban por encima de la Constitución. Pero aún y así, la monarquía aparecía incuestionablemente como la única vía posibe de “superación” de la tragedia,. Se justificaba como un espacio común para evitar nuevas tentativas de derechas (golpistas) o de izquierda (movilizaciones desestabilizadoras de masas). Por la misma razón, ocupaba el epicentro de una nueva historia oficial que, coiene no olvidarlo, resultaba cronológicamente coincidente con la el apogeo neoliberal y con la proclamación del “final de la historia”. Fuera quedaba “el comunismo”, opción a la que se le oponía la Europa reformulada por el Estado del Bienestar. Para un pueblo que escapaba de la noche franquista, esto no era moco de pàvo... 

       Sobre esta nueva base se da un nuevo consenso en el que ya no necesitaban a los comunistas. Bastaba con el sistema bipartidista (complementado con las variaciones nacionalistas), y durante varias décadas el PSOE se guardó su pasado republicano, y hasta se mostró comprensivo con el “autoritarismo” franquista. Recordemos que Felipe fue uno de los políticos que mayor enfásis puso en contra de que en Chile o en Argentina “se abrieran las heridas”. Su modelo era el de la Transición, el mismo que ahora el PP considera “traicionado” o “enterrado” con las últimas disposiciones sobre la “memoria histórica”. En este tiempo, la derecha había reciciado el franquismo bajo el manto neoliberal, al tiempo que operaba una reafirmación neofranquiusta suave a través de la Iglesia, que buscó hasta la última víctima de la represión roja para canonizarla. Nadie discutió nada, por ejemplo, ¿qué cristiano digno de ese nombre podía apoyar una sublevación exterminista?. Claro  que si “cristiano” era el clérigo que en medio de la matanza de Badajoz se acercó al periodista que vomitaba ante el espectáculo para asegurarle que no para tanto, que lo merecían, pues buenoi.

      El caso ers que en esta nueva historia oficial quedaban fuera tanto los “extremistas” fueran de derecha como los de izquierdas, y se realzaba una “tercera España” para la que se buscaban los moderados de un lado y de otro.

      Como expliocaría muy bien Enrique Moradiellos en un iportante articulo en El País –uno de los órganos  más comprometido con esta nueva historia oficial desde la óptica scoialdemócrata reforzxada por antiguos comunistas de filiación estalinista como Javier Pradera o Antonio Elorza -,  sí la cuestión se trataba de escoger un parámetro para medir los hechos, este no podía ser otro que el democrático-liberal. Con este esquema se podría ir más hacia la izquieda o hacia la derecha, pero el límite en los años treinta era la República moderada. Llegados aquí el protagonismo quedaba establecido en las elecciones, las Cortes, los notables republicanos. Por lo mismo, all movimiento obrero le quedaba  un papel subalterno. Un papel “correcto” (PSOE-UGT, sobre todo el ala derecha), o incorrecto (CNT, POUM). En canto al PCE, su puntuación subía cuando era republicano o bajaba cuando actuaba en clave más estalinista. El últimna instancia, se podía reconocer las corrientes revolucionarias como utópicas...

        Estos criterios han sido por lo general refrendados por lo mejor de la historiografía académica, toda ella ya bastante alejada de sus militancias juveniles. Desde este punto de vista, no había problema en reconstruir con oda la documentación y fideliodad posible cualquier momento siempre que, al final, todo quedaba enmarcado en estas premisas. Así pues, hubo pues una revolución, ya nadie cuestiona su trascedencia, pero acabóp siendo una contrariedad. Se subraya su actuación represiva para concluir que la institucionalización acabó restrigiendo los excesos, se subestima su obra constructiva para señalar sus liitaciones militares, y en este sentido resulta muy representativo el documental de Mª Dolors Genovés Roig i Negre, que analiza la revolución anarcosindicalista en Cataluña. En su final, se concluye:: el peor enemigo de la revolución, fue la propia revolución”.

        Estos historiadores no tienen problema a la hora de denunciar la “traición” de las democracias occidenales, un tema fundamental sobre el que se ha ofrecido una amplia y docuentada bibliografía. Se detalla en ella como la no-intervención no fue una táctica de Pilatos, y es que por más que la inmensa mayoría de la polación de las democracias occidentales apoyaran a la República, por más inclso que sus gobiernos pudieran simpatizar con ella, lo cierto es que, dfe entrada, al situar un gobierno electo en la misma balanza que al bando golpista favorecían descaradamente a estos últimos. Es más, mientras dichos gobiernos no cumplieron en absoluto con los compromisos adquiridos en algo tan fundamental como la venta de armas, el gran capital de estos países contribuyó “generosamente” a la causa de Franco. Luego se negaron nuevamente a “intervenir” y reconocieron el régimen.

        Todo esto está detallado minuciosamente en libros, conferencias, pero en ningún momento se da el paso de cuestionar hasta qué punto se podía hablar de democracia, o hasta qué punto dejaban en evidencia la apuesta de contener la revolución para consegir de esta manera el “apoyo” de las democracias.

        Se puede hablar pues de una “historia oficial” compartida en lo fundamental con mayores o menores matizaciones que no desdice el valor de algunas investigaciones, situadas en una línea de rigor muy distinta a la de la historiografía “militante” de la intelligentzia tan bien representada por la COPE.   

       Normalmente, estos historiadores, a los que puede crepresentar muy bien el briánico Paul Preston, se avienen a un trato abierto y de debate, no necesitan la brocha gorda descalificatoria. Pero hay otros que la emplean con una notable falta de escrúpulos, En este espacio se podría citar obras como la de Antonio Elorza y Marta Bizcarrondo Queridos camaradas (Planeta, BCN, 1999), en la que, aunque ya no se puede obviar la barbarie estalniana como en otros tiempos, Elorza maniobra hasta csneguir que el estalinismo aparezcacomo una línea general casi perfecta –eso si, brurtal, tara que, por otro lado, iende a amputar a la propia revolución rusa-, mientras que el POUM “se ganó” lo que le ocurrió con su actituid irresponsable..Elorza cuyas dotes de historioador se confnde con la de intelectual orgánico de la derecha socialista –este hombre ni tan siquiera habla del “Estado del Bienestar”-, ha llegado a afirmar que el POUM era ¡un invento inglés¡, o seaque sin Orwell podría haber desaparecido sin dejar rastros. .

         Esta virulebncia antirevolucionaria resulta igualmente palpable en la supuesta diagonal equiodistante que preside la argumentación de Andrés Trapiello, Las armas y las letras (Península, Barcelona, 2002) en la que falangismo y el comunismo intrínsecamente perverso  (lo que vale decir comunismo,  Trotsky y el POUM no habrían actuado de manera diferente si hubieran ganado), como toda “revolución”, son expresiones igualmente nefasta, de manera que tanto monta Sánchez Mazas como Alberti, y por la misma lógica –digo yo-, la extensión podía englobar perfectamente la Legión Cóndor y las Brigadas Internacionales.. todo vale para que cuadre en esa diagonal superadora de las izquierdas y las derechas (radicales). No hay más que leer la prensa diaria para comprobar que este catecismo tiene numerosos y conocidos valedores

        Otra cosa es que la revolución española no fue lo que se dice una línea recta. Estuvo llena de contradicciones y limitaciones, y creio que su falle central radica en una contradicción que ya había sido advertida por diversos teóricos, a saber, que si bien contaba como un amplísimo movimiento obrero y campesino radicalizado (la UGT y labase del PSOE se orienaron hacia la izquierda desde 1933), con una base militante especialmente forzada y abnegada, careció “por arriba” de una orientación política y estratégica  con capacidad...En últma nstancia, la victoria de lacontrarrevolucómn fue preparada porque esta supo aprovechar mejor sus circunstancias y tomar casi siempre la iniciativa, al menos desde el momento en que pudo tomar nota que una tentativa golpista como la de Sanjurjo, auspiciada por Juan March, pudo ser derrotada sin mayores consecuencias.

        También ha comportado numerosas disputas y controversias. Por más que ha pasado el tiempo, y se han ampliado las perspectivas y mnultiplicado la documentación, segue subsistiendo una división izquierda-derecha, y dentro de las izquierdas, entre los que creen que la revolución fue un obstáculo más que una ayuda para la República, y los que, por el contrario, creen que una revolución más completa habría creado más dificultades al militar-franquismo. Existen no pocas discrepancias entre los anarcosindicalistas, y tambi´`en el área de lo que representó el POUM.

        La revolución española no tiene partidarios -digamos- de “cuerpo entero”. Pero, hay algunas cosas que nos parecen incuestionables. Una es que la revolución era una exigencia que venía de lejos, del siglo XIX desde el momento en que ”nuestra” burguesía nunca asumió la revolución democrática. Segundo, que la República burguesa no supo defenferse de sus enemigos, ni tampoco asumir las reformas que el pueblo militante exigía cada vez con más fuerza, ya que la voluntad mayoritaria de dicho pueblo era una republica democrática y socialista. Tercero, que  fue la respuesta de las masas al golpe militar. Cuarto,  que allá donde se hicieron con la situación, los trabajadores fueron socialmente más allá que el gobierno frentepopulista. Quinto,, que la mayor responsabilidad en la derrota de la República recayó en la "traición" de las potencias democráticas, y que por lo tanto actos como negar la autonomía a Marruecos para “no molestar” a Francia, fue suicida, amén de una traición al derecho de los pueblos.

      . Sexto, que el gobierno del Frente Popular estuvo muy por detrás de lasw circunstancias, por ejemplo la Generalitat censuró una Solidaridad Obrera que denunciaba la trama golpista por considerar que "se ofendía" a los militares. Séptimo, que la apuesta de primero la guerra era el complemento a una estrategia que apostaba por restaurar el gobierno anterior al 18-19 de julio, y por agradar a unas potencias democráticas que lo último que querían era una República controlada por los comunistas. Octavo, que Stalin no defendió (veáse la carta a Larga Caballero) por la "contención revolucionaria" porque pensaba que era la línea más apropiada para la República sino porque era lo que más se adecuaba a su política exterior.. Noveno, quela campaña comunista oficial contra "trotskista" e "incontrolados", no se hacía por el bien de la República sino que eran exigencias de la naturaleza criminal de la política estaliniana de acabar con cualquier vestigio revolucionario que le pudiera hacer sombra...

      Y décimo, que millares de comunistas españoles (como el hijo de José Robles), y extranjeros, creyeron de buena fe que esta era la mejor política, y actuaron con entusiasmo y entrega en su consecución...Octavo, que lo mejor de la República fueron las miles y miles de "personas conscientes", esos obreros y obreras que hicieron la guerra, padecieron sus consecuencias, sufrieron la derrota, y sobrevivieron en los exilios exteriores o interiores, “personas conscientes” que querían un sistema social en el que sentirse personas completas, personas como las que  describe la literatura de George Orwell, André Malraux, Joan Sales, Juan Eduardo Zuñiga, Arturo Barea, Ramón J. Sender, y un largo, etcétera.

        Finalmente, el lector interesado encontrará amplia ilustración de todas estas cuestiones en un puñado de los artículos que se pùeden encontrar en mi buzón en Kaos.



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Comentarios (2)

26-04-2007 00:17

Festejar que se pusieron y pegaron tiros en la retaguardia en vez de en el frente para parar a los fascista ...  POUM quintacomultnistas ...

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enterarse

àngels|26-04-2007 11:49

Que la historia la escriben los vendedores, eso lo tenemos claro. En el caso de la historia en la España revolucionaria (1937) ahora que hay tanta gente reivindicando la recuperación de la memoria histórica pienso que es necesario reivindicar además LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTORICA DENTRO DE LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA, para poder cerrar la boca a opiniones como la que precede.

Hoy hay documentación sacada de los archivos de Moscú que prueban que la orden de acabar con Andreu Nin partió de allí. Recomiendo ver el documental Operación Nicolau.

Ara es poden consultar moltes coses per internet per poder documentar-se sols cal tenir voluntat. Enguany podem dir que és l'any Nin..... que serveixi per treure'n lliçons per a la lluita i rebtes que tenim per endavant.

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