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Abundantes y peligrosas burradas a lo Pat Robertson
¿Es que no existe sufrimiento en los países ricos, es que no tenemos aquí nuestros propios terremotos, nuestros tsunamis?
Ernesto González | Estados Unidos | 15-1-2010 a las 20:56 | 157 lecturas
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El divino Pat da su infalible veredicto El documental Jesus Camp describe sin ambages la ideología fascista de un amplio sector de la ultraderecha cristiana norteamericana, inducida en los niños. Sí, esa tan preocupada por los no nacidos y que no dice ni pío de las condiciones de vida de los niños en la mayoría del planeta.

El documental sigue a tres infantes, devotos cristianos, antes y en su permanencia en un campamento de su congregación religiosa durante el verano del 2005. El tono frío, objetivo, de la cámara, al recoger las ideas plagadas de estupideces y de ignorancia de los tres infantes que están cementando el regreso de Jesús, provoca en el espectador un terror inconsciente, una especie de escalofrío “cagalitroso”, que no lo abandona hasta pasados varios días. ¿No es esto también una guerra contra los infieles, es decir, nosotros, que podemos ser budistas, sintoístas, hinduistas o simples y felices ateos que sólo comemos, defecamos y hacemos el amor?

Los tres infantes están pasando por un proceso de purificación que los convertirán en miembros del Ejército de Dios. Este Dios, que es el de Pat Robertson, hecho de material humano, juzga, discrimina, controla y exige la cómoda pavimentación del camino por donde regresará su único Hijo (los demás, jodidos sin Padre Santo que nos ame). Estos tres pequeños jueces deciden cuáles son las “iglesias muertas” y “las iglesias que Dios visita a veces” e insisten en la infalibilidad de su religión, de una forma más recalcitrante que la del presente Papa (lo cual no es sólo una joya de la corona de la libre expresión, sino que se convierte por unos minutos en la corona misma). Los tres combativos juececitos, no contentos con trazar directivas dentro de su dominio espiritual, también se lanzan al ruedo artístico a clasificar cantantes y obras. Es difícil encontrar tanta ostentación de ignorancia en tan poco tiempo, a no ser en el mismo Pat Robertson y en sus citas de maldiciones divinas para una religión que no puede entender.

Por otro lado, tenemos entonces a los descreídos que ven el sufrimiento humano a esta trágica escala que estamos contemplando en Haití, como prueba más que suficiente de la no existencia de Dios. De nuevo nos enfrentamos a ese Dios hecho a imagen y semejanza del hombre, quien lo moldea, lo destruye y lo reconstruye de acuerdo con las circunstancias cambiantes de la realidad cuya mayor característica, la impermanencia, parece siempre pasada por alto. La ignorancia se ha manifestado desde el otro extremo.

¿Es que no existe sufrimiento en los países ricos, es que no tenemos aquí nuestros propios terremotos, nuestros tsunamis? ¿Estamos tan llenos de gloria por movernos sobre 4 ruedas que no podemos ver con claridad como nos venden gato por liebre y carne llena de hormonas con sello USDA de calidad garantizada? ¿Y la depresión primermundista, y la intoxicación legal e ilegal consagrada como estilo de vida? ¿Por qué corre tanta química en nuestra sangre, si somos absolutamente felices? ¿Qué no hemos encontrado en el clóset repleto de ropas y zapatos, en las panzas rebosantes, los juegos kinkis y el sexo grupal? ¿Qué nos falta, además de la libre expresión de la ignorancia, la premiación de la muerte y la continuación de las guerras? ¿Es que el “cambio en el cual creer” llegará alguna vez?

El campamento de verano de los infantes fue cerrado después de la controversia que desató el estreno del documental Jesus Camp. Por suerte la inteligencia conserva todavía un espacio, en medio de esta libertad que hace unos lavados de cerebro descomunales, y permite la expresión de ofensas injustas a un pueblo que atraviesa por una situación extraordinariamente trágica. Cambiar esas ópticas desde afuera, es imposible. El literalismo religioso es la más adecuada manifestación de lo que se llama cristalización psicológica, que no podría cambiar ni la encarnación de la mismísima Divinidad en el camino cementado por esos propios devotos suyos.

Ernesto González, escritor cubano residente en Chicago, publica artículos en revistas locales y electrónicas, ha enseñado español en la East-West University y en la escuela Cultural Exchange, y fue asesor de la prueba nacional de español de Riverside Publishing. Sus novelas están disponibles en amazon.com (EEUU) y lulu.com (Europa y Latinoamérica). Puede leerse un 20% del contenido de sus novelas en Google Books
 
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