Unas declaraciones de un miembro de Estudiantes en Movimiento (EM) al periódico Diagonal me incitan a redactar estas breves líneas que, con el máximo respeto y humildad, quisiera dirigir a los compañeros y compañeras estudiantes.
Dice el compañero de EM, con toda razón, que "todo lo que decía el Informe Bricall se ha hecho realidad", y supongo que los compañeros estudiantes podrán suponer la enorme tristeza que ello puede suponernos a quienes participamos, a finales de los años 90, en los primeros pasos de aquella lucha. Pero dice también, y me deja con ello del todo estupefacto, lo siguiente: "El Informe Bricall sacó a la calle a miles de personas, el movimiento estudiantil fue tremendo".
No por hermosa se convierte en victoria una lucha que se pierde. ¿Una victoria de la dignidad? Sin duda. Pero no una victoria en el áspero terreno de los hechos. Y me alegro de que los jóvenes luchadores universitarios, quienes hoy pueblan las aulas que antaño otros habitamos, tengan y hagan memoria de las luchas que precedieron a las suyas. Pero, por favor, sin trampas, ni mitificaciones, ni reconstrucciones voluntaristas. Las movilizaciones contra el Informe Bricall fueron entusiastas, es cierto, pero absolutamente minoritarias (según mi experiencia personal, alcanzaron en su mejor momento a un 4 o un 5% de los matriculados, como mucho), inconstantes y, en general, muy pobres y endebles en organización, en prácticas y en mensajes. A diferencia de las posteriores movilizaciones contra la LOU, ni siquiera constituyeron una interrupción festiva de la normalidad académica. La mayoría de matriculados, de hecho, ni se enteró, abrumados por la urgencia en conseguir apuntes para la semana y buenas drogas para el finde, y mantenerse al tanto de los vicisitudes de los protagonistas de Al salir de clase.
En realidad, mal que pese decirlo, ninguna lucha estudiantil ha sido tremenda en España en los últimos quince años. La Universidad es un yermo social, un cortijo muy bien disciplinado, salpicado de algunas intermitentes motas de color en facultades "sensibles", como Sociología o Historia, y monolíticamente gris en el resto. Y cualquier otra cosa que se cuente de estos años es mera propaganda. Si las protestas contra el Informe Bricall en 1999-2000 fueron apenas un pequeño incidente, sin consecuencias relevantes para la institución universitaria ni para la sociedad en su conjunto, las protestas contra la LOU de 2001-2002 fueron, sí, tan masivas y ruidosas como a menudo se recuerda... durante apenas tres meses, para diluirse luego como un azucarillo en el agua caliente del calendario de exámenes, sin haber dejado ni el más leve poso en la mayoría de las conciencias.
Los hechos son los hechos. En diciembre de 2001, más de 300.000 estudiantes participaron en la gran manifestación estatal de Madrid, apoyada por la izquierda parlamentaria y los sindicatos mayoritarios, y unos pocos miles -10.000 o 12.000, quizás- en la manifestación de los sectores más radicales, después de varias semanas de huelgas, asambleas multitudinarias y manifestaciones masivas en ciudades como Madrid, Barcelona, Santiago, Sevilla, Granada o Salamanca, que en algún caso desencadenaron una dura represión. En torno a medio millar de delegados de universidades de todo el Estado participaron entonces en el proceso de discusión que pretendía organizar y dar continuidad a la protesta, y convinieron para ello crear una Coordinadora Estatal del Movimiento Estudiantil (CEME). Y después, algunas asambleas estatales (cada vez con menos participación, menor contenido y compromisos más exiguos), un puñado de repuntes aislados a lo largo del curso (las acciones de la Asamblea de Sevilla, el Foro de Salamanca y poco más), y en junio de 2002, apenas 2.000 personas en la manifestación estudiantil de la contracumbre de Sevilla (paradójicamente, uno de los lugares donde la movilización había sido más contundente y la represión más dolorosa), y apenas una docena (sin representatividad, mandatos ni proyectos claros) en la posterior asamblea de la susodicha CEME, o de lo poco que quedaba de ella, que apenas pudo hacer otra cosa que certificar la extinción del movimiento. Y fin de la historia.
Por supuesto que fue hermoso. Por supuesto que se consumó un importante relevo generacional y gracias a eso algunos estudiantes encontraron una vía para después seguir actuando políticamente en la Universidad, gente que luego estaría presente en otras luchas en los años siguientes (antiglobalización, Prestige, Iraq, 13-M,...). Pero lo cierto es que la Universidad como institución y experiencia de vida no sufrió más modificaciones que las expresamente planificadas por sus operadores habituales. Ninguna iniciativa del ciclo 1999-2002 (ni de base y asamblearia, ni de participación en los órganos de gobierno) impuso la más leve inflexión en el rumbo marcado por el Informe Bricall y, detrás de él, por el Plan Bolonia y los acuerdos de la Organización Mundial del Comercio. Ni una sóla de las consignas del movimiento anti-LOU se materializó en una conquista. Esta es la verdad, y cualquier otra cosa que pueda decirse al respecto no será sino humo y luces de colores.
Supongo que, con el tiempo, algún esforzado compañero nos aportará una explicación consistente de tamaña derrota en una buena monografía sobre aquellas movilizaciones de 1999-2002, que sirva a los más jóvenes para hacerse una idea fidedigna de los hechos, y a los más veteranos para, por unas horas, volver, volver, con la frente marchita, a aquellas jornadas de agitado y gozoso entusiasmo contestatario. ¿Fuimos acaso demasiado espontaneistas? ¿O por el contrario, nos echamos demasiado pronto en brazos de los intereses y manejos de la oposición constituida? ¿Fue la acción poco contundente, la reflexión demasiado superficial, la organización demasiado precaria? Algo de todo eso hubo, sin duda. De momento, y para quien quiera hacerse una idea por sí mismo, muchos de los manifiestos, actas, testimonios, opiniones y materiales gráficos de la época pueden aún rastrearse en Internet. Yo aquí sólo quiero apuntar un par de conclusiones personales, sucintas y, quizás, no muy reconfortantes. Pero peor que el pesimismo es siempre la tramposa creencia de estar nadando a favor de la corriente.
· Desde una perspectiva económica, el estudiantado se tiene a sí mismo como producto de su actividad: los estudiantes producen licenciados, que son ellos mismos cuatro o cinco años después de entrar en la Universidad y dispuestos a enrolarse en el gran barco negrero del mercado laboral. En tanto el mercado de trabajo no reciba el impacto de la movilización estudiantil, esta será por fuerza y de hecho insignificante. Y desde ese punto de vista de la producción, ninguna protesta estudiantil ha tenido el menor impacto en las décadas precedentes: ninguna temporada de exámenes con las aulas vacías, ningún junio sin títulos que entregar, ninguna solicitud de becarios sin candidatos. Una huelga en la que la fábrica universitaria detiene su producción y cada estudiante se juega, a la sóla carta de la lucha, su continuidad en el sistema educativo, su título académico y su futura posición de salida en el mercado laboral, como el obrero se juega, cuando deserta de su puesto, su pan y su contrato de trabajo: esa sería la única huelga estudiantil real y efectiva. Todo lo demás es un mero simulacro, como reiteradamente ha sucedido en las pasadas décadas.
· Tampoco ha producido aquella movilización (auto)instituciones de base ni hábitos políticos y culturales duraderos. La participación en los procesos electorales institucionales es prácticamente nula, y tampoco ningún procedimiento alternativo de participación, ni representativo ni asambleario, ha cuajado hasta sobrevivir más allá de un solo micro-ciclo de movilización (de ahí la insondable sopa de siglas en que se traduce cada nueva oleada de protesta, permanente signo de una dinámica desaforada y efímeramente grupuscular). Y cada nuevo micro-ciclo, sin continuidad, acumulación de fuerzas ni aprendizaje respecto del anterior, reitera unos parámetros idénticos, ritualizados, en los que brillan una ingenuidad política rayana en lo patológico y una monumental ignorancia histórica. Unos cuantos acuden a alguna manifestación (contando también al fiestero que llegó de empalmada y a la pija que fue para ligar con el perroflauta de la clase). Menos irán a las asambleas (que no por minúsculas dejarán de escisionarse a la menor oportunidad, en general por factores más bien personales que ideológicos). Casi ninguno leerá nada o casi nada acerca de lo que le motiva a protestar (y cuidado con los que leen, tampoco son todos de fiar). Algunos oportunistas tratarán de hacer caja y reclutar portaestandartes para las ajadas banderas de sus chiringuitos (léase por igual delegaciones de alumnos, juventudes de partidos políticos, sindicatos estudiantiles o grupúsculos de ultraizquierda, siempre dispuestos además a acribillarse entusiásticamente entre sí y a reventar las luchas desde dentro mientras se disputan los pedazos más jugosos de la tajada). En el mejor de los casos, se conquistarán algunos titulares en la prensa burguesa y algún benevolente a la par que magnífico rector, de cuidado perfil progresista, abrirá las puertas de su despacho para escuchar las demandas de los convocantes; en el peor, la intentona se saldará con algún porrazo policial o multa administrativa. De un modo u otro, para los exámenes de febrero, o de junio, todo habrá vuelto ya a la más inexorable normalidad.
No es bonito, pero es lo que hay. Y lo que hay, hay que mirarlo de frente. Baste con entrar en una cafetería universitaria para verlo: muchos apuntes y pocos libros ni periódicos, apenas los obligatorios. Conversaciones omnipresentes sobre modelos de teléfono móvil y planificación de botellones. Una perruna obediencia a la arbitrariedad profesoral y administrativa, que anticipa perfectamente qué tipo de trabajadores serán luego en la fábrica o la oficina. Los peores rasgos de cinismo, competitividad y deshumanización del mercado laboral, plenamente interiorizados desde el primer día lectivo, combinados con una compulsiva obsesión por la moda y el ocio programados (para las amplias mayorías, Gran Hermano y Zara; para las selectas, pero igualmente inoperantes minorías, El País de las Tentaciones y colorido merchandising techno-rasta). No nos engañemos: de esa Universidad real es producto la Universidad neoliberal, con su Bricall, con su LOU y con lo que venga, y no al revés. Ni siquiera hacen falta grandes esfuerzos represivos por mantener en orden a este sujeto social que apenas se conoce a sí mismo y muy dificultosamente respira, a través de aislados y frágiles núcleos conscientes que casi siempre permanecen sitiados, por su propia impotencia y por el olímpico y duradero desdén de sus iguales, en planteamientos paupérrima y tristemente resistencialistas: las archisabidas "defensa de la enseñanza pública" y "presencia del alumnado en los órganos de gobierno", entre otros tantos tópicos deleznables que no pueden significar ya casi nada y no pueden motivar ya a casi nadie.
Mientras la vida universitaria no alumbre y promueva un verdadero desbordamiento "ontológico" de los límites de la Universidad actual, tal y como es entendida y practicada por el poder como campo de entrenamiento pre-laboral y banco de pruebas del mercado, mientras el estudiantado no se autocomprenda como clase tendencialmente revolucionaria con posibilidades y responsabilidades singulares, y actúe en consecuencia, de un modo radicalmente transformador (con a la vez el "cambiar el mundo" de Marx y el "cambiar la vida" de Rimbaud como metas irrenunciables), mientras la Universidad no se convierta en un campo de batalla sin cuartel contra el poder constituido y en una anomalía salvaje en el mapa de la sociedad capitalista, constituyente de nuevas y mejores formas de sociabilidad y producción, las protestas universitarias serán siempre tempestades en tacitas de té, desfogamientos ruidosos y estériles de adrenalina juvenil, fácilmente manipulables por demagogos y charlatanes de toda condición, nuevos fracasos para añadir a la gloriosa cronología de intentonas post-mayo del 68.
¿Que cómo debe reemprenderse ahora esta lucha? ¡Ni idea! Las condiciones son siempre nuevas, y ahora está casi todo por hacer y por comprender, en un escenario en que el Plan Bolonia, el Informe Bricall o la LOU ya no son luchas, sino hechos. Quienes ya tuvimos nuestra oportunidad, y fracasamos en la tarea, poco más que la lección de nuestro propio fracaso podemos aportar al debate. De momento, y lo digo con más tristeza que acritud, sólo veo que sigue habiendo quien, honesta o deshonestamente, se esfuerza en ver "avances significativos" o "hitos históricos" en esporádicas manifestaciones de 1.500 personas en universidades con 30.000 o 40.000 estudiantes matriculados, sin la menor perspectiva ni capacidad de transformación efectiva, ni de la situación coyuntural, ni mucho menos de la fisonomía profunda de la institución universitaria, ni de los procesos de generación, acumulación y difusión capitalista del conocimiento, ni de las formas de pensamiento y vida juveniles, ni de nada. O sea, negar la realidad y seguir hollando indefinidamente un camino por el que de sobra sabemos ya que no se va a ningún sitio...
En fin, algunos empezamos ya a pintar canas, y nunca estudiaremos en aquella universidad libre y liberadora que soñamos en nuestros asambleas y proclamamos en nuestros manifiestos. Lástima. Ojalá que los que ahora estáis y lucháis en la Universidad tengáis más suerte. Para que, al menos, no veamos entrar a nuestros hijos en una universidad mucho peor que aquella a la que nos enviaron nuestros padres. Pero os advierto que, para conseguirlo, habréis de reflexionar y actuar de un modo mucho más inteligente, libre y decidido que el que a nosotros nos caracterizó. Está en vuestras manos, estáis a tiempo de intentarlo.
Salud y ánimo en el empeño,
Marat
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DIAGONAL|19-11-2007 15:41
ENTREVISTA // EDUARDO CARRETERO, MIEMBRO DE ESTUDIANTES EN MOVIMIENTO (EM)
DIAGONAL: ¿Cuáles son las conclusiones sobre el Real Decreto?
EDUARDO CARRETERO: Hemos visto que todos los miedos y previsiones negativas quedan plasmados en el texto. Leo del RD: “Las enseñanzas de Grado tienen como finalidad la obtención por parte del estudiante de una formación orientada a la preparación para el ejercicio de actividades de carácter profesional”. El Grado queda definitivamente relegado a la formación de trabajadores. El primer curso va a ser una especie de tercer Bachillerato, y el cuarto curso podría estar formado entero por prácticas en la empresa. Vemos tres años de educación que nos preparan para el mercado laboral.
D.: Desde el 1 de septiembre los titulados universitarios pueden pedir el Préstamo Renta sin intereses para cursar un Máster, ¿qué pensáis?
E.C.: Como hecho es aberrante: lo han llamado becas-préstamo, pero si es una cosa, no puede ser otra. Se está acabando con las políticas de redistribución (becas para el acceso igualitario a los Postgrados) y, en lugar de mejorarlas, se están sustituyendo por un sistema en el que los bancos gestionan los préstamos.
D.: El movimiento estudiantil critica la falta de democracia en el Proceso de Bolonia desde su comienzo en 1998 y denuncia la mercantilización de la educación, pero los gestores de esta reforma y el Gobierno hacen caso omiso. El cansancio desmoviliza...
E.C.: Creemos que debemos seguir movilizándonos, aunque a veces el impacto sea poco. Cuando hablamos de medidas concretas, la gente ve que esta reforma le va a afectar directamente y se implica. Cuando hablamos de privatización encubierta la gente se echa un poco para atrás, porque no existe una percepción de que afecte a tu vida diaria.
El Informe Bricall sacó a la calle a miles de personas, el movimiento estudiantil fue tremendo. Decía lo mismo que ahora, pero era menos grave porque no era un Real Decreto. Todo lo que decía el Informe Bricall se ha hecho realidad y la gente está bastante parada. Desde el Gobierno se decía que los estudiantes estábamos exagerando cuando hablábamos de mercantilización, pero ahora se demuestra lo contrario, cuando vemos la evolución de las universidades, que las tasas siguen aumentando y que se implantan los créditos-renta.
D.: El proceso de Bolonia está muy avanzado, el principio de gratuidad y universalidad de la universidad queda lejos de la realidad...
E.C.: Sí, desde luego. Pero hay que seguir reivindicándolo. A principios de noviembre un grupo de Consejos Sociales de universidades emitió un comunicado que decía que los estudiantes deberían pagar hasta el 50% del importe de la matrícula. Ésta es la línea en la que va la reforma.
D.: ¿Y la nueva reestructuración de los planes de estudio?
E.C.: El Gobierno ha ido lanzando globos-sonda y cuando alguno ha tenido gran confrontación (movilizaciones en 2004 contra la desaparición de estudios de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales) lo ha echado para atrás. Al final, ha quedado este Real Decreto. Han optado por el “ya tendremos el debate cuando haya que tenerlo”. El Gobierno desmoviliza así, pero el hecho es que aquellos Grados que no sean rentables para el mundo empresarial no tendrán cabida. Y ahí las Humanidades tienen poco espacio.
D.: A finales de octubre hicisteis concentraciones en las universidades de Valladolid, Salamanca y León para condenar el incremento del precio de las carreras, ¿vais a seguir con las movilizaciones?
E.C.: Tenemos previsto hacer varias campañas antes de Navidades.
D.: ¿Estáis en contacto con las movilizaciones francesas de bloqueo de facultades contra la Ley Pécresse de Autonomía Universitaria?
E.C.: No, no hemos tenido tiempo.
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Una que estuvo allí|16-04-2008 19:49
Querido compañero Marat,
  Siento que tu desvinculación del movimiento estudiantil te ubique en una posición de crítica destructiva y sesgada de lo que sucedió en el 2001 y en las movilizaicones contra el informe Bricall.
Lo que más siento es la petulancia con la que descalificas cualquier otra lectura y la suficiencia estética con que despachas el asunto sin proponer ninguna alternativa.
El compañero del EM probablemente habla en clave relativa. Es decir, respecto a lo que ha habido en la memoria reciente de los estudiantes las movilizaciones del Bricall, de la Tasa 6000 (en Andalucia) y luego las de la LOU son, efectivamente tremendas.
Claro que hay que pensar con claridad y no autoengañarnos, la autocomplacencia nunca es buena consejera. Nunca. Tampoco desde fuera, renegando de los estudiantes. Dentro de poco empezarás a hablar de la cultura del esfuerzo como ahora hacen algunos ex-rojos y otros no tanto.
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Una que estuvo allí|16-04-2008 19:50
La cuestión es que hay cosas que dices que de tan absolutas, son abiertamente falsas. Que el establishment no reconozca las victorias es básico. Que haya victorias menores a los grandes objetivos y que para verlas hay que afinar el análisis también.
La movilización del 2001 fue un acicate para el PSOE, que reformuló algunas cuestiones en su nueva ley (aunque empeoró otras) como por ejemplo aquéllo de la limitación de una horquilla para los precios públicos de los postgrados (el PP los ponía a precio de mercado), como por ejemplo, la dignificación de la figura del profesor ayudante (descargándolo de horas de docencia).  Eso se consiguió en la calle, no votando. Y conste que la LOU del PSOE lo que maquilló de un lado, lo deformó del otro.
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Una que estuvo allí|16-04-2008 19:51
Las movilizaciones contra el catálogo de titulaciones supuso LA RETIRADA DEL CATÁLOGO y de camino REFORMULARON LA PROPUESTA DE LAS BECAS PRÉSTAMO DEL MEC, es decir, si antes se tenían que devolver con intereses, ahora los intereses desaparecen y hay la posibilidad de no tener que devolverlos (aunque los préstamos beca d algunas CCAA poco se distinguen de un préstamos hipotecario). Eso se consiguió en la calle y lo consiguieron los estudiantes solitos, porque los profes estaban con otras cosas. Fruto de la retirada del catálogo, es la emisión del Real Decreto: le han pasado la pelota a las universidades.
  Son victorias pírricas, puede ser, pero son victorias. Insuficientes e incompletas pero que responden a una necesidad de legitimar sí o sí el monstruo. 
Yo no sé desde cuándo hace que no pisas una universidad o cuánto te mezclas con los estudiantes. Perdona que te diga, pero hay de todo. Es decir, si te das un paseo por una facultad de la Universidad Autònoma de Barcelona o por la Universidad de Barcelona, además de carteles fiestas Erasmus, hay carteles con hoces y martillos, con esteladas, contra la especulación inmobiliaria, contra los transgénicos, convocando asambleas, y a charlas sobre la huelga de los conductores de TMB...
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Una que estuvo allí|16-04-2008 19:54
En las mesas de los bares se discute de todo: de futbol, de amor, de profesores hijoputas, del curro de mierda, de lo caro que es el cine, de lo bueno que está el vecino, de qué pasa con los planes de estudio, de no me han dado una beca y de que un becario es un trabajador encubierto, también se habla del escote de la Bellucci o de la última de Batman, incluso. es otra manera de describirlo. Libros? Desde el Código da Vinci a nuevas corrientes pedagógicas, la catedral del mar, y fíjate incluso cuadernillos editados por las asasmbleas. Es curioso. Yo hablo de lo que veo, aunque puede que estas universidades no sean representativas, pero también forman parte del conjunto.
  Si tuviera 18 años y leyera tu artículo probablemente dejaría de trabajar contra lo que creo que es injusto, dentro y fuera de la univeridad. Al fin y al cabo, siempre hay activiades gratificantes y alienantes a nuestra disposición (según nuestras posibilidades), entre otras, la recreación intelectualizada de la realidad sin propuestas (oh revolución "hontológica"!). Afortunadamente, algo he aprendido y sé que es más gratificante perder el tiempo hablando con la peña para conjuntar intereses y aprender mutuamente, equivocándonos y forjando solidaridades.
Salud.
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