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¡A barrabás! A barrabás!
Los policías romanos, reclutados muchos de ellos entre la población, entendieron que eso de la Santísima Trinidad debía ser una facción subversiva que combatía al gobierno de sus mantenedores.
Pedro L. Angosto | Para Kaos en la Red | 14-6-2009 a las 20:17 | 768 lecturas | 1 comentario
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Tal como cuenta una vieja leyenda oriental, hace poco más de dos mil años, la policía romana detuvo a un individuo que andaba por diversas poblaciones de Palestina diciendo que había sido enviado por su padre para liberarnos y que era miembro de la Santísima Trinidad. Los policías romanos, reclutados muchos de ellos entre la población aborigen, entendieron que eso de la Santísima Trinidad debía ser una facción subversiva que combatía al gobierno de sus mantenedores. Trasladado a la comisaría de distrito, aquel individuo fue interrogado como Dios manda, logrando al final que diese una explicación sobre su persona y actividades a todas luces incoherente. Jesús, que era como llamaban al detenido, aseguró que él no era subversivo ni pertenecía a facción alguna, que iba por libre, pero que formaba parte de un triunvirato formado por Dios Padre, que era el jefe, él, que era su hijo y enviado, y el Espíritu Santo, un ser amorfo que de vez en cuando se transformaba en paloma y se dedicaba a iluminar a los espíritus desasosegados y a echar una cana al aire. La policía, incrédula, le preguntó que dónde vivían ese Dios Padre y ese Espíritu Santo, pues era necesario detenerlos también para aclarar los hechos ya que su explicación estaba llena de contradicciones. Jesús, alegó que o bien no se había explicado bien, o sus carceleros no habían entendido nada. Pidió una nueva oportunidad para intentar aclarar las cosas, y más le habría valido estarse calladito. Entonces, comenzó a hablar de sus orígenes, de que su madre era la virgen, que había sido fecundada por  la paloma con cuidado y delicadeza tal que su himen, y por tanto su virginidad natural, había quedado inmaculado. Ante los ojos atónitos de los gendarmes romanos, Jesús continuó diciendo que el esposo de su madre, un tal José no se había enterado de nada porque siempre estaba en la carpintería, que era un buen hombre que jamás se enojaba. Cuando se enteró del embarazo de su madre por la evidencia, dijo: “Uno más en la casa, habrá que darle más a la escofina. No te preocupes María, saldremos adelante. Un día que te venga bien, invitas al padre a comer, estaría encantado de conocerlo”. No sé si será posible, contestó María.

Estupefactos, los guardias siguieron escuchando a Jesús, que si había resucitado a un muerto, que si había andado sobre las aguas, que si convertía el agua en vino, que si mi reino no es de este mundo… Harto de tanta sarta de disparates, alucinado, el centurión, que estaba oyéndolo todo desde la antesala de la mazmorra, irrumpió en ella ordenando a los policías que saliesen del calabozo y echasen la aldaba. Estaba a punto de sacar su gladium y empezar a cortar cabezas, pero era un hombre sereno al que no gustaba derramar sangre sin ton ni son. ¿Por qué habéis detenido a este individuo? –preguntó el centurión-. Anda por ahí diciendo cosas como las que usted ha oído y parece que no está muy bien de la cabeza, podría ser un peligro, no por nada, sino porque se contagie y todo el mundo se suba a una piedra y se ponga a decir majaderías. –No creo –repuso el centurión-, a mí me parece que está loco, uno más, pero como vosotros consideráis que puede ser peligroso, ahora mismo enviaré un mensajero al Prefecto para que decida. A la hora, el centurión había recibido la orden de llevar a Jesús a palacio. Una vez en él, el Prefecto, que respondía al nombre del Poncio Pilatos, le preguntó por el grupo Santísima Trinidad. Jesús, volvió sobre sus pasos, no somos tres personas, somos la misma, mi padre está en el cielo y mandó al Espíritu Santo, que es parte de él y a veces se presenta en forma de  paloma, para que fecundara a mi madre. De su embarazo nací yo, pero todo esto es una situación provisional. Cuando la misión que me ha traído aquí finalice, el Espíritu Santo y yo regresaremos al Paraíso y volveremos a integrarnos en el seno de mi padre, siendo entonces no tres, sino uno.

Al oír las palabras de Jesús, a Poncio Pilatos le entró un sudor frío por todo el cuerpo, comenzó a lavarse las manos, nervioso, desconcertado y llamó al centurión. Puesto que tenemos que indultar a un condenado, propongo que convoques al pueblo y que elijan entre salvar a este chalado o al bandolero de Barrabás. La multitud enfervorecida, escuchó de nuevo las explicaciones de Jesús entre carcajadas, y definitivamente se inclinó por indultar a Barrabás. Todos quedaron tan contentos, Pilatos por haber hecho justicia sin haberse manchado las manos, el centurión por haber cumplido con su deber, el populacho (el pueblo es otra cosa) porque festejó durante días el imperio de su voluntad y la liberación de uno de los suyos, Barrabás porque se salvaba de la crucifixión y Jesús porque saldría todo tal como había planeado Dios Padre.

En España, también en otros países de Europa y del mundo, está ocurriendo algo parecido a lo que cuenta esa leyenda oriental, y es que el pueblo soberano se siente mucho más identificado con Barrabás -ladrón, traficante de influencias, comisionista, especulador, chorizo, maleante, canalla, desaprensivo, perverso, taimado, explotador- que con Jesús, que al fin y al cabo contaba cosas que no hacían daño a nadie y entretenían a la gente, haciéndoles la vida más llevadera. Dicen algunos que el voto del pueblo ha servido para demostrar definitivamente la inocencia de los barrabases que están pudriendo y vaciando la democracia, convirtiéndola en un guiñapo al servicio de los intereses espurios de la nueva oligarquía dominante, que no es otra que la de siempre. Yo también lo creo y puesto que el pueblo ha decidido indultar a Barrabás, sólo me queda proponerles que cantemos juntos, con todo nuestro corazón, la siguiente oración, pues cantar, reír, soñar y luchar es lo que nos queda a quienes no estamos dispuestos a indultar a Barrabás:

 
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Comentarios (1)

#1

14-06-2009 22:37

Un artículo que provoca una confusión por todos lados,ya que en la primera parte se hace una tergiversación considerable de lo que fue la vida y hechos de Jesus,haciendo afirmaciones claramente falsas y revatibles con lo que conocemos de Jesus que es por la Biblia,y en la segunda parte se intenta ponerse de parte de este,usando el personaje de Barrabás,haciendo creer que lo mejor seria optar por alguien loco e ingenuo....

Creo que el primer loco e ingenuo es el escritor

Valoración: -1    |  Avisar provocación

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