Podías estar más o menos de akuerdo kon lo ke decía ( y según de ke temas), pero una kosa era cierta, su dedo siempre se metía de lleno en la llaga.
Día a día ése dedo, me hacía reir, rekapacitar, pensar… Y lutxar!
Mira si el tío era iróniko ( y he intentado evitar por todos los medios hablar en pasado en ésta kuatro irrisorias líneas, ke konste! ) ke un día estando aburrido, y kon el humor sarkástiko del ke hace gala en todos sus eskritos, redaktó su propio obituario para pasar el tiempo... Hala, así komo kien no kiere la kosa! Si ya te digo, un fenómeno! Y bueno, también lo hizo, “pake” no…
” Cualquier gacetillero inútil arruinara mi muerte con una necrológica burocrática y de circunstancias.”
Tal komo el kería lo publiko akí, en mi modesta página, para rendirle un pekeño homenaje ( a mi manera), a la espera de ke sus amigos y editores le hagan el ke se merece.
Javier allí, también, ni un paso atrás!
Obituario
Hoy, como resulta que es mi cumpleaños, que estoy de viaje y que me he ido sin el ordenador portátil –no me toca escribir para el periódico hasta el viernes y el aparatito pesa lo suyo– os he dejado de archivo una humorada. Se trata de mi obituario. O mi necrológica, o como queráis llamar a eso. La he escrito porque no quisiera que el día en que me muera cualquier gacetillero inútil arruinara mi muerte con una necrológica burocrática y de circunstancias. De modo que os encargo colectivamente de que, cuando fallezca, hagáis lo posible para que sea éste el obituario que salga publicado.
Dice así:
OBITUARIO
Javier Ortiz, columnista
Falleció ayer de parada cardio-respiratoria el escritor y periodista Javier Ortiz. Es algo que él mismo, autor de estas líneas, sabía muy bien que sucedería, y que por eso pudo pronosticar, porque no hay nada más inevitable que morir de parada cardio-respiratoria. Si sigues respirando y el corazón te late, no te dan por muerto.
Así que en ésas estamos (bueno, él ya no).
Javier Ortiz fue el sexto hijo de una maestra de Irún, María Estévez Sáez, y de un gestor administrativo madrileño, José María Ortiz Crouselles. Sus abuelos fueron, respectivamente, un señor de Granada con aspecto de policía –lo que tal vez se justifique considerando el hecho de que era policía–, una señora muy agradable y culta con allure y apellido del Rosellón, un honrado y discreto carabinero orensano con habilidades de pendolista y una viuda de Haro casada en segundas nupcias con el recién mencionado, Javier Estévez Cartelle, del que se derivó el nombre de pila de nuestro recién difunto. Si algún interés tienen todos estos antecedentes, cosa que dista de estar clara, es el de demostrar que, en contra de lo que suele pretenderse, el cruce de razas no mejora el producto. (Obsérvese qué gran variedad de procedencias se puso en juego para acabar fabricando a un vasco calvo y bajito.)
La infancia de Javier Ortiz transcurrió en San Sebastián, ciudad que le venía muy a mano, porque nació allí. Se dedicó básicamente a mirar lo que había por sus cercanías, en particular el pecho de las señoras –ahora que ya está muerto podemos descubrir ese inocente secreto suyo–, y a estudiar cosas tan peregrinas como las ciudades costeras del Perú, de las que no logró olvidarse hasta su postrer respiro. Los jesuitas trataron de encauzarlo por el buen camino, pero él descubrió muy pronto que era comunista. Eso malogró del todo su carrera religiosa, ya de por sí poco prometedora, sobre todo desde que notó con desagrado el interés que algunos sacerdotes ponían en sus partes pudendas.
Su primer trabajo como escribidor, aparecido en una página del periódico del colegio, fue, curiosamente, una necrológica, con lo que cabría decir que su carrera como periodista ha resultado capicúa, singular circunstancia de la que muy pocos podrían presumir, aún en el improbable caso de que lo pretendieran.
A los 15 años, hastiado de las injusticias humanas –algunas de las cuales seguían teniendo como referencia obsesiva los pechos femeninos–, decidió hacerse marxista-leninista. Los años siguientes tuvo que emplearlos en averiguar qué era eso que acababa de hacerse, a lo que contribuyeron decisivamente algunos esforzados miembros de la Policía política franquista.
A partir de lo cual, se dedicó con gran entusiasmo a cultivar el noble género del panfleto. Sin parar. A diario. Año tras año. Fue cambiando de punto de residencia, no siempre por voluntad propia –ahí merecen especial mención sus estancias carcelarias y su exilio, primero en Burdeos, luego en París–, pero jamás varió su inquebrantable afán de agitador político, que él pretendía haber adquirido, por absurdo que parezca –y sea, de hecho–, en la lectura de Los documentos póstumos del Club Pickwick, de don Carlos Dickens, y de las Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Padarox, de don Pío Baroja.
Burdeos, París, Barcelona, Madrid, Bilbao, Aigües, Santander… Recorrió incontables sitios y holló innúmeros parajes sin parar de escribir, erre que erre. Zutik!, Servir al Pueblo, Saida, Liberación –y Mar, y Mediterranean Magazine– y El Mundo, y una docena de libros, y varias radios, y algunas televisiones… Por escribir, incluso escribió para otros y otras, ejerciendo de negro en momentos de particular penuria. También lo hizo a veces por amistad.
Movido por la lectura del Selecciones de Reader’s Digest y otras publicaciones estadounidenses tan aficionadas a ese género de operaciones, un día decidió calcular cuántos kilómetros cubrirían sus escritos, en el caso de colocarlos todos en una sola larguísima línea de cuerpo 12. El resultado de la estimación fue concluyente: ocuparían la tira.
En materia de amores (de la que sería injusto decir que careciera de alguna experiencia), también fue capicúa. Decía que las mejores mujeres, las más cariñosas y las más nobles con las que compartió sus días (sin desdeñar dogmáticamente a ninguna otra), le resultaron la primera y la última. Aunque la favorita le apareciera por medio: su hija Ane.
Y todo para acabar con algo tan vulgar como la muerte. Por parada cardio-respiratoria, como queda dicho. En fin, otro puesto de trabajo disponible. Algo es algo.
______
Javier Ortiz, eskritor y kolumnista, nació en Donostia-San Sebastián el 24 de enero de 1948 y murió ayer (de parada cardio-respiratoria) en Aigües (Alicante), tras dejar eskrito el presente obituario.
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Uno de los nuestros
Manel Márquez de kaosenlared|28-04-2009
|28-04-2009
Sueño con Jamaica
Javier Ortiz ha fallecido esta madrugada.
Estaremos hoy martes 28 en el Tanatorio Norte de Madrid (C/ Valdegovia, 8-10. 28034 Madrid) hasta su incineración, el miércoles 29 por la mañana en el Cementerio de la Almudena.
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Dejó escrito su propio obituario (24 de enero de 2007).
OBITUARIO
Javier Ortiz, columnista
Falleció ayer de parada cardio-respiratoria el escritor y periodista Javier Ortiz. Es algo que él mismo, autor de estas líneas, sabía muy bien que sucedería, y que por eso pudo pronosticar, porque no hay nada más inevitable que morir de parada cardio-respiratoria. Si sigues respirando y el corazón te late, no te dan por muerto.
Así que en ésas estamos (bueno, él ya no).
Javier Ortiz fue el sexto hijo de una maestra de Irún, María Estévez Sáez, y de un gestor administrativo madrileño, José María Ortiz Crouselles. Sus abuelos fueron, respectivamente, un señor de Granada con aspecto de policía –lo que tal vez se justifique considerando el hecho de que era policía–, una señora muy agradable y culta con allure y apellido del Rosellón, un honrado y discreto carabinero orensano con habilidades de pendolista y una viuda de Haro casada en segundas nupcias con el recién mencionado, Javier Estévez Cartelle, del que se derivó el nombre de pila de nuestro recién difunto. Si algún interés tienen todos estos antecedentes, cosa que dista de estar clara, es el de demostrar que, en contra de lo que suele pretenderse, el cruce de razas no mejora el producto. (Obsérvese qué gran variedad de procedencias se puso en juego para acabar fabricando a un vasco calvo y bajito.)
La infancia de Javier Ortiz transcurrió en San Sebastián, ciudad que le venía muy a mano, porque nació allí. Se dedicó básicamente a mirar lo que había por sus cercanías, en particular el pecho de las señoras –ahora que ya está muerto podemos descubrir ese inocente secreto suyo–, y a estudiar cosas tan peregrinas como las ciudades costeras del Perú, de las que no logró olvidarse hasta su postrer respiro. Los jesuitas trataron de encauzarlo por el buen camino, pero él descubrió muy pronto que era comunista. Eso malogró del todo su carrera religiosa, ya de por sí poco prometedora, sobre todo desde que notó con desagrado el interés que algunos sacerdotes ponían en sus partes pudendas.
Su primer trabajo como escribidor, aparecido en una página del periódico del colegio, fue, curiosamente, una necrológica, con lo que cabría decir que su carrera como periodista ha resultado capicúa, singular circunstancia de la que muy pocos podrían presumir, aún en el improbable caso de que lo pretendieran.
A los 15 años, hastiado de las injusticias humanas –algunas de las cuales seguían teniendo como referencia obsesiva los pechos femeninos–, decidió hacerse marxista-leninista. Los años siguientes tuvo que emplearlos en averiguar qué era eso que acababa de hacerse, a lo que contribuyeron decisivamente algunos esforzados miembros de la Policía política franquista.
A partir de lo cual, se dedicó con gran entusiasmo a cultivar el noble género del panfleto. Sin parar. A diario. Año tras año. Fue cambiando de punto de residencia, no siempre por voluntad propia –ahí merecen especial mención sus estancias carcelarias y su exilio, primero en Burdeos, luego en París–, pero jamás varió su inquebrantable afán de agitador político, que él pretendía haber adquirido, por absurdo que parezca –y sea, de hecho–, en la lectura de Los documentos póstumos del Club Pickwick, de don Carlos Dickens, y de las Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Padarox, de don Pío Baroja.
Burdeos, París, Barcelona, Madrid, Bilbao, Aigües, Santander... Recorrió incontables sitios y holló innúmeros parajes sin parar de escribir, erre que erre. Zutik!, Servir al Pueblo, Saida, Liberación –y Mar, y Mediterranean Magazine–   y El Mundo, y una docena de libros, y varias radios, y algunas televisiones... Por escribir, incluso escribió para otros y otras, ejerciendo de negro en momentos de particular penuria. También lo hizo a veces por amistad.
Movido por la lectura del Selecciones de Reader’s Digest y otras publicaciones estadounidenses tan aficionadas a ese género de operaciones, un día decidió calcular cuántos kilómetros cubrirían sus escritos, en el caso de colocarlos todos en una sola larguísima línea de cuerpo 12. El resultado de la estimación fue concluyente: ocuparían la tira.
En materia de amores (de la que sería injusto decir que careciera de alguna experiencia), también fue capicúa. Decía que las mejores mujeres, las más cariñosas y las más nobles con las que compartió sus días (sin desdeñar dogmáticamente a ninguna otra), le resultaron la primera y la última. Aunque la favorita le apareciera por medio: su hija Ane.
Y todo para acabar con algo tan vulgar como la muerte. Por parada cardio-respiratoria, como queda dicho. En fin, otro puesto de trabajo disponible. Algo es algo.
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  Javier Ortiz, escritor y columnista, nació en Donostia-San Sebastián el 24 de enero de 1948 y murió ayer en Aigües (Alicante), tras dejar escrito el presente obituario.
http://www.javierortiz.net/jor/apuntes/obituario
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Y, entre otras muchas, esta declaración de principios:
Sueño con Jamaica
Sueño con Jamaica. Estoy sentado detrás de una mesa negra, rodeado de papeles, delante de una pared de la que cuelgan fotografías de desolación y soledad, entre proyectos de artículos y pilas de opinión que me reclaman. Y estoy volando hacia Jamaica.
La pantalla de fósforo verde me mira adusta. Me está pidiendo impaciente su ración cotidiana de formatos y de claves. Pero hoy –¿qué me pasa?– sólo veo en ella reflejos de espuma blanca sobre un mar de azul intenso. Un mar bajo el sol: bajo ese fiero sol de pasión que ilumina eternamente el puerto de Kingston, en Jamaica.
Sueño con Jamaica. Jamaica es una isla (no sé por qué os lo cuento, si ya lo sabéis); Jamaica es una isla primitiva, anárquica y bellísima, con casas de hojalata que desembocan en largas playas de arena fina y blanca. En Jamaica todo está por hacer, y uno puede vivir con la esperanza en la punta de los dedos, pensando que todo es aún posible y que el futuro existe. Y las gentes son sencillas, y sus sentimientos, espontáneos y directos, y hasta los asesinos son capaces de explicar lo que hacen sin recurrir a teorías sociológicas o sesudos estudios de mercado: matan –ya veis, qué cosas–, y matan porque odian y porque aman, y esos es todo, y nadie le da más vueltas.
En Jamaica, el tiempo no cuenta apenas nada. La gente es tranquila e impuntual, y muy pocos son los que admiten que les impongan una cita: ellos quedan y, al final, aparecen, pero no miran el reloj ni se preocupan por horarios.
Sueño con Jamaica, y en la Jamaica en la que yo sueño nadie se levanta la voz, y el ruido es sólo algarabía callejera, y los policías no dan miedo, aunque asusten un poco con los ruidosos piropos que lanzan a las muchachas que circulan en bicicleta y a las que el aire levanta sus faldas de mil colores.
Tal vez esa Jamaica en la que estoy soñando no exista. Tal vez esto que os estoy contando sea sólo el fruto de películas y carteles de turismo asomados a los escaparates de las agencias de viaje.
Nunca he estado en Jamaica, y es probable que nunca la vea. Me da igual. Mejor que sea así.
Mi Jamaica, esta Jamaica en la que hoy sueño, me vale porque es quimera, porque ocupa el espacio del no-aquí, porque me ayuda a imaginar que podríamos ser otros.
Y sueño, y me voy a Jamaica para mejor sentir mi distancia ante lo que veo: calles grises, gente triste. Y sueño con Jamaica para reclamar de mi más alegría, para pensar que todos podemos romper con todo, que somos capaces de no acudir puntuales a las citas, de reírnos de los estudios sociológicos que explican la muerte, de creer que el porvenir que nos espera no está condenado a ser de por vida un tiempo para el llanto.
Jamaica o muerte. Venceremos.
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  (Publicado en El Mundo el 14 de abril de 1995)
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  Tres tristes tercios
Desde hace meses, no pocos politólogos (de alguna manera habrá que llamarnos) venimos insistiendo en que las próximas elecciones europeas no van a decidir quién es capaz de gobernar mejor Europa, sino quién podría hacerlo de una manera que fuera menos mala para cada votante que la de sus adversarios. Es como si cada cual sólo pensara en el modo en el que las cosas vayan a ir de la forma menos desastrosa posible: no de ninguna que pudiera ser calificada de aceptablemente buena. Son los dos tercios que piensan: “Cualquier cosa menos el PP”, o bien: “Cualquier cosa menos el PSOE”. El último tercio lo forman quienes no se dan por concernidos. Dentro de éstos, unos se sienten superiores, otros inferiores y otros indiferentes.
En realidad van a ser las elecciones europeas más pueblerinas.
No hay una verdadera visión continental de lo que las elecciones teóricamente pretenden. Hay, como puede verse, tres tercios, pero ninguno está a la altura de las circunstancias.
Oigo y leo a Rajoy, Montoro y demás aspirantes a regresar a la Moncloa que, si los socialistas siguen decidiendo sobre la política económica europea, España se va a morir de inanición. Los de enfrente responden tres cuartos de lo mismo aportando la misma cantidad y el mismo peso en argumentación a la hora de apoyar sus palabras: ninguno.
Apuesto triple contra sencillo a que Mayor Oreja seguirá con sus monografías sobre ETA, a que Jáuregui entrará al trapo y a que a los demás no nos quedará sino aguantarlos a todos. A todos, salvo a nosotros mismos que, por supuesto, seguiremos teniendo razón.
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(Publicado en Público el 28 de abril de 2009)
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Espéranos en Jamaica.








#1
J.Palmer|28-04-2009 10:50
Acabo de entrar en el tebeo de nombre "Público", exclusivamente para leer a Javier Ortiz, como llevo haciéndolo desde hace siete años, y la noticia me ha golpeado en el pecho como un martillo pilón. Todos vamos a morir, es ley de vida, pero cuando la guadaña actúa cerca de uno, activa ciertos mecanismos de reconsideración.
En fin: gracias, Javier Ortiz,  por haber vivido. 
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#2.- Pésame
28-04-2009 11:08
O sea, que me pesa que este hombre se haya muerto. Yo tampoco estaba de acuerdo con él en muchas cosas (nunca entendí ni bien ni mal porqué escribía en ese espantoso panfleto que lleva el inmerecido nombre genérico de "El Mundo") pero sí que me gustaba mucho su manera ligera y profunda de abordar los temas malditos de nuestro desdichado país, esta cárcel de naciones que algunos dicen.
Me pesa su muerte, no sólo porque no paro de pensar en la mía.
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#3.- GRACIES A JAVIER I AL SEUS
Miquel|28-04-2009 11:14
Como esto no lo leerá Jesús, es posible que si que lo lea alguno de sus próximos.
Cuando piensas, en esta vida y su fin,  piensas que de lo que se trata, al menos, es  de que sea provechoso, tu tiempo de existencia, para ti y para el resto del género humano, (cada uno según sus posibilidades). Es por ello que  por lo que respècta a  J. Ortiz, sus familiares y allegados, puedan estar muy satisfechos y tranquilos, de que la andadura y la vida de Javier, puede que sea una de las mejores y mas provechosas (para todos) de  podría haber vivido, y por ello pese a la tristeza que les (nos) debe de embargar en estos momentos, deben de tener la serenidad de que Jesús ha cumplido con creces  en esta vida.
Adeu i gracies, Jesús.
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#5.- D.E.P.
28-04-2009 12:18
Pues aunque yo tampoco estaba muy de acuerdo con muchas cosas con él, lo cierto es que era un soplo de aire fresco en medio de la podrida prensa oficial de este país. Creo que ha desaparecido la única razón que tenía para comprar "Público".
Descanse En Paz.
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#6.- Le echaremos de menos
Manin|28-04-2009 12:20
Se nos ha ido uno de los mejores PERIODISTAS que teníamos, comprometido y como decía su blog "poniendo el dedo en la llaga" en muchos temas, a los que otros no se atrevían (ni se atreverán) a comentar.
Un abrazo a la familia y a Javier donde quiera que esté.
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#7.- HASTA SIEMPRE , JAVIER
CUARTA INTERNACIONAL|28-04-2009 12:44
YO TAMBIEN QUEDE CONMOCIONADO AL ENTERARME DE SU MUERTE.
AUNQUE NO ESTABA DE ACUERDO CON ALGUNA DE SUS IDEAS O DE SUS ARTICULOS CREO QUE ERA DE LOS  POCOS PERIODISTAS DIGNOS E INTEGROS  QUE QUEDABAN EN   LOS FALSIMEDIA (PRENSA BURGUESA).
TENIA TAMBIEN   VARIOS ARTICULOS EN KAOS Y EN OTROS MEDIOS ALTERNATIVOS.
QUERIA TAMBIEN EXPRESAR MIS CONDOLENCIAS A SUS FAMILIARES Y AMIGOS Y EN GENERAL A TODOS LOS QUE LE APRECIABAN Y  QUERIAN.
AHORA NOS TOCA  A LOS DEMAS MANTENER VIVA LA ILUSION Y LA ESPERANZA DE UNA NUEVA SOCIEDAD.
DEBEMOS SEGUIR LUCHANDO POR ELLO.
DONDE QUIERA QUE AHORA ESTES :
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡    HASTA SIEMPRE,   JAVIER !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
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#8
J.Palmer|28-04-2009 13:22
Hoy tengo un día rabisalsero y gruñón, así que pido disculpas de antemano por mi impertinencia.
Y es que ¿hay que decir siempre -cuando nos referimos a algún comentarista u opinador- que no compartimos todas sus opiniones? ¿No se da por supuesto esto? ¿Acaso dos personas DISTINTAS pueden opinar exactamente lo mismo?...
Como véis, hoy tengo un día rabisalsero y gruñón.
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#9
28-04-2009 13:26
Una de las pocas personas por las  que  aun  conservo  algo de confianza en el periodismo. Gracias por todo, que la tierra te sea leve.
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#10
28-04-2009 13:59
Descanse en paz.
Es ese tipo de gente los que dan prestigio a la izquierda. 
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#11
zheltyk|28-04-2009 14:56
Hacías más legible la prensa burguesa. Muchas gracias.
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#13.- imbecil
al 12|28-04-2009 15:49
Javier Ortiz era una de las plumas más críticas, incluso lo era cuando estaba en EL MUNDO, no se que pintaba ahí con todo el facherio rancio.
  Publico puede ser ala izquierda del PSOE.  Pero tambien hay articulos muy criticos con el PSOE. Hace unos meses Santiago Alba Rico y Carlo Fabretti ponian a caldo a Leire Pajin.
  Uno que por edad conoció la relación  EL PAIS-PSOE en la época del felipismo, ( y pasamos a EL MUNDO que en su primera época daba cancha a la izquierda e incluso defendia en su linea editorial la negociacion politica con ETA) puedo decir que Publico hasta ahora al menos es diferente.
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#15.- Deica, Javier
Ourensán|28-04-2009 16:09
Javier Ortiz, lucidez e librepensamento. Hoxe ficamos máis sós.
Deica, Javier....
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#16.- Tristeza...
28-04-2009 16:31
Que la tierra te sea leve camarada Javier....
Jamaica o muerte....venceremos!!!
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#19
28-04-2009 21:43
Descansa en Paz, compañero
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#22.- Javier Ortíz, un vasco inteligente y comprometido
Juana León Sánchez|28-04-2009 21:57
Has dejado recuerdo, algo q pocos consiguen. Tu nombre no se borrará.
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#23
29-04-2009 02:49
Javier ortiz escribia cosas sensatas aunque muchas veces no estaba de acuerdo con ellas. Su relacion con los periodicos infames de el mundo y publico al final solo han servido para dar legitimidad a esos medios ante ojos despistados y no (como yo creo que javier pensaba) para hacerles cambiar la linea editorial e ideas a sus clientes asiduos. En vez de situarse en el terreno natural que debia haber estado, opto por estar al "otro lado de la barricada" pero con voz discordante y critica. No comparto esa actitud pero desde luego Javier era un amigo de la causa por la liberacion nacional y social de Euskal Herria a su manera, y estoy seguro que este donostiarra se alegrara alla donde este cuando llegue a este pueblo la paz y justicia que tanto merece y los vascos podamo decidir nuestro futuro sin injerencias.
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#24.- Cae una pluma, pero otros la recogen para continuar usándola.
José Iglesias Fernández|29-04-2009 10:06
Por la escritura, sólo conozco tu manera de pensar, pero esta nos descubre que es una buena forma para quererte sin necesidad de más intermediarios ni encuentros. Contigo se pierde una constante reflexión sobre la maldad del poder y de los poderosos, pero también tu vacio nos deja la ilusión de seguir tu ejemplo, de seguir en esa lucha colectiva, que por mucho que parezca individual y aislada, esta impulsada por un elemento común: transformar esta sociedad.
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#25
29-04-2009 11:12
Algun articulo le lei por aki
Sin duda un grande ke nos deja, pero como dicen pa i arriba otros nuevos vendran
hasta siempre camarada 
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#26.- Seguiremos
un viejo colega de Javier|29-04-2009 13:03
Viejo compañero de "Liberación" y de otras causas de contestación y desplante a los poderosos,  Javier siempre ha sido fiel a sus ideas, incluso escribiendo en medios con los que no siempre coincidíamos.
Sus colaboraciones puntuales con Kaos y su reciente firma por la lista abierta de la Izquierda Anticapitalista significó para mí una linea a emprender y un ejemplo a emular.
Compañero, gracias y seguiremos en la lucha.
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#27.- Ingenuo o cínico.
Jesús Legasa|29-04-2009 17:01
Recuerdo cuando J.O.  justificaba el "juicio" a Milosevic en La Haya.
"Ahora solo falta que también juzgue a Clinton, etc", decía a continuación.
Cinismo e "ingenuidad" de la peor especie.
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#28.- Ingenuo o cínico.
Jesus Legasa|30-04-2009 13:22
El artículo en cuestión es "Milosevic ataca" publicado en El Mundo el 16 de febrero de 2002, justo tras las primeras e incomodísimas declaraciones de Milosevic ante el TPIY.
Oportunísima y balsámica legitimación del tribunal otánico "desde la izquierda". Se demuestra por qué personajes como Javier Ortiz tienen altavoz en los medios oficiales.
http://www.elmundo.es/papel/2002/02/16/opinion/1107352.html
 
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