Los pilares de la democracia occidental, o sea del capitalismo, son la injusticia, la desigualdad y la violencia, justo lo contrario a los valores inspiradores, hace más de 200 años, de la Revolución Francesa: Liberté, Egalité, Fraternité.
Los poderes fácticos de la democracia occidental en la economía y en la política -siempre a su servicio- defienden sus privilegios y cuentan en este vital desafío contra la humanidad, con la inestimable ayuda de sus ejércitos y de las grandes empresas mediáticas. Como buenos mosqueteros, dinero, política y medios de comunicación convergen en el “uno para todos, todos para uno”.
MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Este sistema se aprovecha de la pereza por saber qué pasa de verdad. Además, como afirma el filósofo J.A. Marina, “el poder dominante corrompe porque carece de frenada”. Y ese era el papel otorgado por la deontología periodística a la práctica de esta actividad, de “frenada” a los desmanes. La realidad es que quienes controlan la economía han comprado los principales medios de comunicación y los han convertido en una de las mejores herramientas para diluir la crítica, machacar la oposición y disfrazar de gentleman a los estafadores profesionales.
Las formas han cambiado, ya no se necesita de la dureza ni del autoritarismo porque el simple hecho de no pensar como casi todo el mundo intimida. Reporteros de altísimo prestigio como Alma Guillermoprieto dudan sobre el futuro del “oficio” porque nadie se atreve a lidiar con los actuales desafíos del periodismo. “¿Quién se atreve en México a investigar el “narco”, si la propia INTERPOL está corrompida?, ¿cómo no aceptar el chayote –soborno- si los editores no apoyan las investigaciones?”.
Los medios abusan de la opinión porque les resulta más barata que la información y amarran a unos periodistas que se han convertido en lacayos de los poderes a los que deberían controlar. Por eso, como afirma Jean Daniel, fundador de “Le Nouvel Observateur”, “la capacidad de hacer el mal que tiene el periodista es devastadora”. Henry Kissinger, uno de los hombres más poderosos de la historia del capitalismo, comenzaba sus ruedas de prensa preguntando a los periodistas sin muestra de rubor alguno: “¿tienen ya listas sus preguntas para mis respuestas?”.
El lenguaje, utilizado como arma de destrucción política y no como herramienta informativa se polariza demagógicamente entre las tropas del bien –ejércitos y gobiernos “democráticos”- y del mal –“terroristas” o todos aquellos que se rebelan contra los primeros-. Esta situación nos acerca más a los regímenes autárquicos que a la libertad de prensa. No hace muchas semanas, el líder de la izquierda vasca independentista, Arnaldo Otegi, respondía a las preguntas de Carmen Lira, directora del rotativo mexicano “La Jornada”, Giuliana Sgrena, periodista de “Il Manifesto” y al cronista de “Gara”, Iñaki Iriondo. Pocos medios se han hecho eco de unas declaraciones –no refutadas- en las que aseguraba que la izquierda abertzale habría aceptado la propuesta de síntesis elaborada por los observadores internacionales, de rango alto en la política europea, durante el último proceso de paz para Euskal Herria, propuesta que el gobierno español habría rechazado.
Ante el silencio, la parcialidad, cuando no el boicot activo de los medios a las negociaciones de Loyola, Otegi aseguraba que “sólo concibo un nuevo proceso en términos públicos si previamente hay un pacto entre los medios para que no se publique nada que no esté contrastado entre todas las partes”.
ECONOMÍA
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#1
20-02-2009 19:04
asi si
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#2
20-02-2009 22:34
Un artículo de grandes vuelos revolucionarios.
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#3
21-02-2009 20:20
forum con otegi, aquí http://www.gara.net/forum/bideoak/index.php
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