Mockus es el jabón para lavarle la cara a la Genocidocracia colombiana: es continuidad bajo un manto perverso, y Santos es igual de horrendo
Antanas Mockus Sivickas, Germán Vargas Lleras, Gustavo Petro Urrego, Jaime Arango Rentería, Juan Manuel Santos, Noemí Sanín Posada, Rafael Pardo y Robinson Alexander Devia González, son los ocho candidatos a la Presidencia de Colombia. Las elecciones están previstas para el domingo 30 de mayo. El abstencionismo continúa al alza en el país suramericano azotado por la violencia, el terrorismo de Estado y la corrupción.
  Dos candidatos que representan al sistema de opresión que desde 1948 padecen los colombianos, son los que tienen más posibilidades de ganar: Antanas Mockus del Partido Verde y Juan Manuel Santos del Partido Social de la Unidad Nacional (Partido de la U). Los medios de difusión, casi todos controlados por la mafia oligárquica, apuestan a dos vueltas electorales por la posibilidad de un empate técnico entre los aspirantes a suceder al gobernante Álvaro Uribe Vélez.
  Antanas Mockus se desempeñó como Rector de la Universidad Nacional (1990-1992) e impulsó una reforma donde defendía la calidad académica pero intentaba su privatización, de acuerdo con las normas del neoliberalismo y capitalismo salvaje. Desde los años 90 del siglo XX se le conoce a Mockus como “El privatizador”. Fue “el padre” del aumento de 60 por ciento en las matrículas universitarias.
  Juan Manuel Santos pertenece a una familia aristocrática que ha participado en la vida política colombiana defendiendo siempre a la élite. Es la dueña y fundadores del diario El Tiempo, periódico de circulación nacional, implicado en el fraude electoral realizado el 19 de abril de 1970 contra la Alianza Nacional Popular y su candidato Gustavo Rojas Pinilla.
  El Partido Verde se apoya en Mockus, como candidato y en los ex alcaldes de Bogotá: Enrique Peñalosa y Luis Eduardo Garzón. Los tres munícipes: Mockus, Peñalosa y Garzón impulsaron proyectos modernizadores en la capital colombiana, mejoraron la vialidad y apoyaron actividades culturales. Sin embargo también perjudicaron a trabajadores y familiares de quienes se desempeñan en la informalidad laboral.
  La administración de Mockus reprimió a los trabajadores que solicitaban aumentos módicos en sus salarios. Peñalosa persiguió y castigó a los vendedores ambulantes como si fueran delincuentes peligrosos. Luis Eduardo Garzón , quien había pertenecido a la izquierda combativa en las filas de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), ingresó al Polo Democrático Alternativo de centro-izquierda y después se situó en la centro-derecha, recordando la trayectoria de oportunistas y traidores.
  El Partido de la U, que podría llamarse también Partido de Uribe Vélez, realizó una campaña criticando a los movimientos insurgentes: Ejército de Liberación Nacional (ELN) y Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Juan Manuel Santos acusó nuevamente a los gobiernos de la República Bolivariana de Venezuela y de Ecuador de apoyar al movimiento revolucionario. El fiel amigo de Uribe prometió a sus patrones imperialistas de Estados Unidos que ayudará a consolidar el sistema democrático en tierras americanas. Continuará aliándose con los esquiroles: Felipe Calderón Hinojosa de México; Alan García Pérez, de Perú y Porfirio Lobo, de Honduras.
  Mockus representa la oportunidad de lavarle la cara al sistema criminal y genocida colombiano. Su proyecto consiste en suavizar (o disfrazar más?)   la represión y seguir alineado con el imperio estadounidense, implementar medidas económicas que demuestren que es posible un capitalismo “con rostro humano”. Esas tesis también son defendidas por algunos dirigentes del Polo Democrático Alternativo quienes se estremecen de susto cuando escuchan las palabras: insurgencia, obreros y socialismo.
  Santos, quien se desempeñó como Ministro de Defensa del actual régimen, está acusado nacional e internacionalmente de ser responsable y cómplice de masacres, entre ellas, la invasión a territorio ecuatoriano en marzo de 2008. La oligarquía colombiana le encargó la tarea de “poner orden en la casa”, es decir, llevar adelante y hasta el final el método de intimidación, tortura, desaparición y muerte para acabar con los luchadores sociales, sindicalistas, intelectuales, artistas o religiosos que apoyen la “subversión”.
  Colombia es el país que recibe más apoyo económico y logístico de Estados Unidos. Dinero y armas para la guerra contra el pueblo. En la patria de Camilo Torres Restrepo y Manuel Marulanda Vélez han sido asesinados centenares de sindicalistas en años recientes. De cada 10 sindicalistas asesinados en el mundo, nueve son colombianos. La tasa de informalidad laboral es del 60 por ciento, una de las más altas en nuestra América.
  Casi 20 millones de colombianos están convocados a las urnas. Los abstencionistas representan la mayoría. Otros grupos de ciudadanos se han entusiasmado con las propuestas de los partidos y movimiento: Alianza Social Afrocolombiana, Cambio Radical, Conservador, Liberal, Polo Democrático Alternativo, Social de Unidad Nacional, Verde y Voz de la Conciencia.
  En medio del carnaval electoral, otros colombianos respaldad demandas económicas, políticas y sociales. Crece el apoyo a movimientos como las Madres de Soacha, municipio de Cundinamarca, cuyos hijos fueron asesinados por paramilitares y mandos del Ejército. Después se presentaron sus cadáveres ante los medios y se aseguró que pertenecían a “terroristas muertos en combate”.
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