Parafraseo a mi manera al maestro Larra. Varios meses algunos la buscamos por ahí y no logramos dar con ella. Ya no me refiero al Parlamento ni a alguna butaca del G-22, sería una osadía por mi parte. Me refiero a las calles, a las casas, a las colas del pan. Ni siquiera quiero recaer en la manipulación política, aunque dejo abiertas todas las posibilidades.
Se han creado unas condiciones que ni la misma depresión de los años treinta fraguó. Los que querían globalización, se la están tragando sin la necesidad de utilizar cubiertos, sin embargo los pocos efectos que causan sobre sus carteras y las bolsas de billetes que algunos guardan en sus armarios, provocan que la defensa del sistemático salvajismo que continúa provocando el actual sistema económico siga viva. Y más que nunca.
Mientras que desde miles de lugares en todo el mundo se pide un cambio, éste parece alejarse más de la cotidianidad de nuestras vidas. Hasta la máxima expectativa del mismo –qué ingenuos- ha comenzado a dar tumbos sin haber recibido la llave de su esperado y cómodo asiento de la Casa Blanca.
La vanguardia del proletariado está extraviada. No me atrevo a decir que ha pasado a mejor vida, porque eso sería el completo fin de la humanidad. Sí digo con toda confianza que está perdida. Y mientras esté perdida, la posibilidad de un severo y radical giro de la política nacional e internacional vive en las catacumbas o en los continentes helados. Al fin y al cabo, la izquierda se presenta así, congelada como nunca lo estuvo.
La coyuntura económica está provocando miles de despidos en nuestro patrio sistema laboral, la crisis de las familias supera la acaecida en 1993 y 1973, los sombreros de tres picos ahora son gorras-visera que evitan la luz mientras se rebuscan las patatas en la huerta y la izquierda…¿pero donde demonios está la izquierda?
Llevo escuchando mucho tiempo que los alternativos al sistema capitalista tienen un espacio en el espectro político que lleva muchos años desatendido. Que no hacía falta, hoy por hoy, hacer un esfuerzo sobrehumano para que, con un poquito de coherencia, el ciudadano de a pie tomara conciencia de que, una vez más, se la están metiendo doblada. ¿Quién es la izquierda y donde se la encuentra? En las calles, en las farolas, en los bancos…siempre hay algún que otro residuo. ¿Y públicamente? ¿Dónde están las voces que reclaman mejoras y cambios? Ahora o nunca.
Julio Anguita hace poco expresó que le gustaría ser en estos momentos parlamentario para decir desde el estrado: “¿y ahora qué, hijos de puta?”. Y tiene razón pero, ¿dónde están los guías necesarios para revolucionar el panorama político y económico? ¿En algún lugar de La Mancha?
Hace unas semanas, se reunieron cuatro niños pijos en el congreso de las Nuevas Generaciones del Partido Popular de Madrid. Su mensaje fue no solo de afianzamiento, sino de mayor profundización en el liberalismo. Es decir, se acabó lo que queda del pueblo, adiós al agua pública, a la sanidad pública, a la educación pública…. ¡Y al salario base interprofesional! ¿Dónde está la izquierda para aprovecharse de semejante idiotez por pequeña que sea? ¡Si ni siquiera los zapateristas han dicho esta boca es mía! A lo mejor no les importa demasiado pero, ¿Dónde están a los que sí?
La desunión, las guerras internas –los que han visto que su programa ha fracasado, que no sean como los que critican- , las pocas ganas de refundar una alternativa fuerte de acción social y socialista frente a la consecución del poder en la propia coalición… todo esto está llevando a que, a pesar de los malos años futuros, esta gran oportunidad se escape y las mínimas proclamas pasen sin pena ni gloria.
Ahora no son excusa ni el sistema electoral, ni los medios de comunicación ni el sistema político capitalista. Con algo mucho menor, Izquierda Unida consiguió casi tres millones de votos sin que nadie le echase una mano. Tan solo un poquito de crisis apenas comparable con la actual.
Si la ‘vanguardia’ no se arregla, el pueblo, como es natural, pasará de ella. Y seguirá escuchando, una vez más, los mismos mensajes y al final…que viva el capitalismo y la banca. Otra vez.
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