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De los 60 al 2007: Las polémicas posibles (II)
La década de los 60 fue un ejemplo de vitalidad en debates y polémicas en la historia de la Revolución Cubana. ¿Qué razones explican que se perdiera en los años posteriores?
Félix Sánchez | Para Kaos en la Red | 30-10-2008 a las 18:13 | 1345 lecturas | 7 comentarios
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  “…la razón se nutre en la controversia” [1]

José Martí

Tiene razón el Doctor V. I. Tolstyj en su obra La producción espiritual (1985). Aunque categorías como “producción espiritual” y “necesidades espirituales”, están muy claras en el marxismo, no hay una tradición de aplicar este enfoque filosófico a los análisis de fenómenos sociales que pertenecen al terreno de la “producción espiritual”. Lo que ocurre al analizar el carácter polémico de  los años 60 es un ejemplo de esto.

Retornemos, pues, al asunto de los medios y su propiedad. ¿Existían en los 70 los periódicos que dieron cabida a aquellas discrepancias? No. En los 70 ya existía el Partido Comunista de Cuba, como único conductor político, único generador de políticas, que tenía en Granma su periódico oficial, y estaba casi concluido el monopolio estato-partidista sobre los medios de la esfera espiritual: imprentas, cines, emisoras, librerías, periódicos. [2]

Dentro de esa propia década ensalzada una y otra vez es posible encontrar en la recopilación de la Dra. Pogiolotti una tendencia a la reducción. Los 47 textos se distribuyen de modo claramente decreciente: de 32 en 1963, se cae a solo 9 en 1964 y 6 en 1966.  Obviamente el freno a la polémica no se produjo de golpe, fue un proceso paulatino: una acción combinada de pasos jurídicos (nacionalización de los medios), políticos (creación del Partido Comunista, esbozo de lo que seria después la llamada “política informativa”), ideológicos (asunción de la teoría marxista leninista como verdad incuestionable), educativos (unificación de programas de clases, con el estudio del marxismo como rasgo común).

Cuando se habla de la polémica de los 60 es necesario no olvidar entonces que fue posible porque existió un soporte de esas polémicas, un vehículo, que en el proceso de nacionalización de los medios de la producción espiritual, fue desapareciendo paso a paso. Al crearse la gran propiedad social sobre los medios de producción espiritual, se crearon las condiciones objetivas para una producción espiritual a gran escala y por un plan único, centralizado. Y ya contra esos productos espirituales únicos: tesis, programas, consignas, afirmaciones, principios, nada se podía. Como mismo no puede la producción artesanal competir con la gran industria. Había ocurrido, con ese monopolio de los medios de producción espiritual, la muerte definitiva del debate. Un deceso que después no hemos podido más que lamentar, hecho irreversible a menos que cambien las condiciones objetivas. Así continúa, muerto, por mucha apelación, mucho discurso acerca de su importancia, porque aquello que fallece por causas materiales no revive jamás con apelaciones, a menos que  lo confiemos al campo de la magia o las fuerzas divinas.

No abundan en un libro conmemorativo, como Cronología. 25 años de Revolución, los registros de esos momentos de acciones de cambio, de unificación de la producción espiritual, aunque se encuentran algunos casos, como este, recogido así en la fecha del 4 de abril de 1969: “Con el fin de concentrar el esfuerzo y lograr una mayor calidad en la edición de un solo periódico matutino, el colectivo de El Mundo se integra a las filas del Granma”.   [3]

Las razones pueden ser ciertas, pero también es cierto que a partir de ese día correría a cargo de un solo periódico la información matutina a la población. ¿En caso de una polémica, por quien tomaría partido Granma? ¿Publicaría el mismo periódico hoy las palabras de uno y mañana las del otro? Sí, teóricamente se presentó así, pero Granma vino para actuar como instrumento educador, difusor de un proyecto, inculcar una versión única, no para amparar discrepancias y cuestionamientos. El pueblo debía ser educado en la seguridad del proyecto, en la certeza del proyecto, y si algo no produce el debate es seguridad. Ninguna gran doctrina se ha desvivido por el debate. Una gran doctrina necesita del culto, del respeto, de su asimilación en bloque, como cuerpo monolítico, y nada más dañino a un propósito así que la polémica, que siempre es un desafío a una determinada idea, una oposición a su dominio.

En su recorrido por la producción espiritual en las distintas formaciones económico-sociales, el autor de La producción espiritual no oculta las intenciones monopólicas del socialismo. El socialismo se propone, ante todo, producir no nuevas mercancías sino nuevos hombres, y es entonces más importante que nunca antes confeccionar y administrar  en estos hombres su dieta de consumo espiritual.

La influencia educativa e ideológica del partido Comunista y del Estado socialista sobre la conciencia de cada persona (y a través de la conciencia, sobre su conducta social y su actividad laboral) se realiza mediante todo el sistema de la producción espiritual socialista. [4]

Sistema. Engranaje. Eslabones cumpliendo una función prefijada. Una voz única, centralizada, nada de voces dispersas. Todos los medios de la producción espiritual actuando como un gran coro, algo posible solo si estos tienen un único dueño.

Para que no nos queden dudas sobre ese proceder nada fortuito, con esa transparencia de todo buen manual honrado, vuelve este libro que debieran leer enseguida todos los que suspiran todavía hoy por la lógica de un socialismo debatiente:

En este sentido la última [la producción espiritual] se manifiesta como el modo necesario de control y dirección planificada, racional, adaptada a los objetivos y las tareas del sistema socialista, de la conciencia social de los hombres, como el proceso —correspondiente a la naturaleza de la nueva sociedad— de producción, divulgación y asimilación de dicha conciencia por toda la masa de individuos. [5]

La admiración, el entusiasmo por aquellos años, y la pregunta que muchos se hacen: ¿Por qué una revolución pudo, en sus momentos iniciales, cuando era más débil, aceptar la polémica abierta sobre todos los temas, y luego cerrarse a esta en años futuros?, tiene, como vemos, una explicación sencilla si se recurre a la filosofía y a una debida abstracción, y si no se quiere ir tan lejos, a la producción espiritual socialista.

No se habla nada de la polémica y el debate en la obra de V. I. Tolstyj. Teoricemos entonces aprovechando sus vacíos: la polémica, como categoría de la producción espiritual, aflora solo en determinadas condiciones de esta. El debate y la competencia son parientes. Cuando hay monopolio de los medios de producción espiritual, monopolio que cuando asegura la propiedad asegura también, obviamente, el enrumbramiento de su producción en cuanto a contenido, a orientación, en correspondencia con sus intereses, no es posible polemizar nada. Los medios, al servicio de los intereses de su dueño absoluto, se dan la mano para producir y socializar un discurso arrollador. Pueden existir, sí, gente con criterios diferentes, manuscritos engavetados, pero no polémica. Porque donde no hay posibilidad de circulación de ideas distintas (la circulación es parte del proceso productivo también en el campo espiritual) no hay encuentros de estas ideas, es decir, ese enfrentamiento típicamente suyo que llamamos polémica o debate.

Los años 60 tuvieron, para quedar ahí como utopía y nostalgia, esa especial virtud. Hubo una intensa producción espiritual y esta encontró también una diversidad de vías para poner en circulación esas producciones espirituales (concepciones, teorías, juicios, declaraciones, críticas, libros, manifiestos, documentales), la ausencia de líneas de producción espiritual prefijadas.

Luego, empeñado en destruir la vieja ideología, en educar aceleradamente a las masas, en lograr una victoria sobre el viejo régimen, antes que económica en el terreno ideológico, ocurrió en Cuba el proceso de nacionalización de los medios de la producción espiritual, para lograr una unidad de contenido, de orientación en la producción espiritual, y pasar entonces a los “grandes planes de producción espiritual”. Planes no para sembrar café sino conciencias.

Basten algunas incitaciones sobre la práctica cubana en estos asuntos. La llamada ofensiva revolucionaria de 1968 ocurrió en la producción material y en los servicios vinculados con las necesidades materiales, pero no fue necesario hacerlo en la esfera de la producción espiritual porque esa ofensiva en el terreno de la producción espiritual, en el terreno de la satisfacción de las necesidades espirituales de la gente había concluido mucho antes. ¿Un plan más urgente y radical para la producción espiritual que para la material?

Puedo compartir una experiencia familiar. Mi papá, solo luego lo supe, uno a los diez o doce años no entiende de estas cosas, operaba con los dos tipos de producciones. Pero cuando en 1968 le fue nacionalizado el taller de mecánica, ya hacía cinco años que su modesto cine pueblerino era propiedad del estado cubano y ofrecía una programación, que a diferencia de los cincuenta, cuando él iba a las cadenas de distribución en La Habana, a seleccionar las películas que quería exhibir, proyectaba un cine con fines educativos. [6] Un repaso de la historia encontrará coherencia entre ese hecho y la creación tempranamente del ICAIC, el 24 de marzo de 1959. El cine, se sabía por la experiencia bolchevique, era importante: el 13 de octubre de 1960 se habían nacionalizado 11 circuitos cinematográficos, y creado el 19 de enero de 1961 “la comisión de estudio y clasificación de películas como medio de superación popular”. [7]

Claro, no fue solo poseer, ya hemos señalado para qué sirve la propiedad. Como ocurre con la producción material, el dominio como propietario se redondea con otras palancas: jurídicas, morales, ideológicas, más si ese propietario es el Estado. El monopolio de la propiedad sobre los medios de producción espiritual se acompañó de una producción espiritual reafirmante de la necesidad y utilidad de ese monopolio. Fundación de instituciones y organizaciones que agrupaban a diversos sectores y nacían acatando ese deber, discursos, declaración como la del Primer Congreso de Educación y Cultura, las tesis a mediados de los 70 del Primer Congreso del Partido, todo ello fue perfeccionando el dominio, la eficacia “educativa” de la producción espiritual a gran escala.

La opinión del historiador Pedro Pablo Rodríguez sobre el comportamiento del debate en Cuba en estos últimos cuarenta años es mucho más cruda que la que merecería un debate que solo ha cambiado de “vías”. A menos que la ausencia sea una de esas vías, una vía nula o vacía, recordando aquella famosa teoría de conjuntos que me hacía enloquecer en la adolescencia.

  [los medios] deben abrirse al debate —lo que no acaba de ocurrir  nunca. Desde los años 60 se ha estado planteando y no se ha dejado de plantear desde entonces. Llegamos al 2005 y uno se pregunta ¿para qué hablar de lo mismo si sigue igual? […]  nuestros medios siguen siendo casi siempre triunfalistas cuando afrontan problemas decisivos del país, ¿dónde está la información que pueda inducir a un debate profundo, a entender la complejidad de los problemas? Esta debilidad no es culpa de los periodistas,  sino de la concepción prevaleciente sobre el papel de los medios”. [8]

No, no se trata de una concepción sobre “el papel de los medios” sino de una propiedad “absoluta sobre los medios”. Usted no puede imponer una concepción a su vecino sobre el uso del televisor    si el es el dueño real del equipo. Propiedad sobre los medios, que es propiedad sobre las vías. He aquí el núcleo de todo el problema.

Ya en los setenta los polemistas, los discrepantes, testigos de este proceso de creación de la gran producción espiritual centralizada, tenían tan claras su incapacidad, su desventaja, para iniciar una polémica, que ni se molestaban. Si en los setenta alguien vio todavía con asombro que no le publicaran algo de contenido provocador en un periódico, que descalificaran una propuesta o planteamiento por no ser “oportuno” o “constructivo”, eso fue pasando a las generaciones posteriores como un código de autocensura muy elemental. Callar y aplaudir. Para decirlo con las palabras de una autoridad de las ciencias sociales como Fernando Martínez Heredia:

[…] se hicieron fuertes en esa etapa la burocratización generalizada, la formalización y ritualización, el autoritarismo, el seguidismo, la formación de grupos privilegiados, la supresión de todo criterio diferente al considerado oficial, el reino de la autocensura, la simulación, el unanimismo y otros males”. [9]

Así trascurrieron los 80 y los 90. Sería bueno incitar a la Dra. Pogolotti a que muestre en libros posteriores las polémicas de esos años, aunque sea por otras “vías”. Y claro, hacerlo con una recopilación que recoja qué ocurrió con las vidas y las obras de quienes se aferraron a la polémica, empeñados en encontrar vías legales para disentir, para dar salida a su “pequeña e individual producción espiritual”, en un contexto muy diferente al de los 60.

Esta limitación filosófica de tomar por producción solo la producción material ha persistido, ha estado presente, es lo más peligroso por su actualidad —en definitiva no volverán ni los 70 ni los 80—, en los estudios sobre el llamado derrumbe del socialismo europeo, y en los proyectos recientes para dinamizar nuestra sociedad. La propiedad monopólica del estado fue dañina, paralizante a la larga, no solo en la producción material sino también en la espiritual. En el socialismo real, práctico, hubo estancamiento íntegro: material y espiritual. Fue el control férreo de la producción espiritual el que no dejó espacio para que teorías, concepciones, plataformas, ideas frescas, oxigenantes, salieran a la palestra pública, empezaran a empujar a favor de los cambios necesarios.

Las ideas encartonadas, añejadas, también se desplomaron en aquel todavía tan mal estudiado derrumbe. Pensar seriamente en nuestro futuro entraña reflexionar hoy acerca de la producción espiritual: diversidad, sujetos de propiedad, participación real en su conducción de quienes la llevan adelante, vías de circulación. Se trata de desarticular y vencer no solo al “socialismo monopolista de estado” (producción material) sino también al “socialismo monopolista partidista” (producción espiritual). Me permito un guiño. ¿Qué sería un intelectual  exponiendo con toda libertad, fuera de programa, en un evento, una tribuna verdaderamente “abierta”, su teoría, su punto de vista, sino un cuentapropista de la producción espiritual?

Invito. Demos un poco de uso metodológico a la producción espiritual. Con ella entenderemos muchos de estos aparentes misterios. A 40 años de aquella década polémica, quienes quisieron ver en los intercambios de e-mail de 2007 un rejuvenecimiento de la polémica en la sociedad cubana, un sano retorno a los años 60, y se sintieron defraudados, no debieran achacar su frustración más que a la ignorancia de la producción espiritual y sus leyes, su desconocimiento del papel decisivo de la propiedad también en la producción espiritual, y la imposibilidad objetiva del debate dentro de un sistema de producción espiritual centralizado que moviliza todos sus medios hacia la generación, distribución y consumo de verdades que lo legitiman y protegen como sistema.

Solo varios periódicos, de salida diaria, podían acoger el alud de textos que  se generaron en aquel cercano enero de 2007. Pero, tras su aparente diversidad, varios nacionales, catorce provinciales, ninguno de los existentes iba a cumplir ese difícil encargo. La conversión sorpresiva, por los polemistas del siglo XXI, del ciberespacio en un “medio”, una “vía”, sirvió para el inicio, pero la polémica, para progresar, para autentificarse, requería de una socialización, un paso a los medios clásicos, a los que accede la gente común, que tropezó enseguida con el monopolio partidista de los medios de producción espiritual (esencialmente los encargados de la distribución): revistas, sitios web, periódicos. La declaración —porque nadie incurre en la pifia de decir que el debate no es necesario, esa es una de las grandes tragedias del debate, las declaraciones de amor de sus enemigos— fue que el debate era útil, constructivo. Algunos llegaron a escribir prematuras y felices, hasta oportunistas  conclusiones. Pero haciendo uso de su derecho de propiedad lo que se indicó internamente por el dueño fue un bloqueo total a la presencia de esas intervenciones y declaraciones en los medios de difusión.

Tiene razón Victor Fowler cuando en uno de los mejores textos estimulados por ese intercambio de enero de 2007 se refiere al espacio, la vía, para la expresión. Al referirse a la tradición en los intelectuales cubanos de opinar, de expresarse, de participar, concluye: “(a lo que, en rigor, debiera de agregarse una más: ¿dónde está el espacio para que lo hagan?). [10]

En efecto. ¿Qué emisora cubana tuvo autonomía para entrevistar a algunos de estos protagonistas? ¿Cómo pedirlo a una emisora que tiene orientado un fraude: que los decimistas que el pueblo escucha como repentistas, improvisadores, hayan entregado antes para su revisión y aprobación, las espinelas? ¿Qué periodista, afiliado a la UPEC, obligado a cumplir sus estatutos so pena de cesantía por violación de la “política informativa”, pudo escribir sobre lo ocurrido para su periódico? ¿Qué periódico pudo decidir reproducir en sus páginas algunos de esos textos ejemplares? ¿Qué institución cultural, universitaria, científica, pudo convocar, por iniciativa propia,  a una simple mesa redonda sobre el tema? Ninguno. Habrían pedido permiso al “dueño”, y este le habría dicho “no es de nuestro interés”. El silenciamiento de este intento del 2007 corroboró, cuarenta años después, que los 60 habían sido solo un momento excepcional.

Y que no había que ver en la Revolución el mérito de aquellos años. En ese tiempo ella permitió no lo que quiso —por solidaridad con las polémicas, porque no quería dejar a sus intelectuales sin tribunas—, sino lo que no pudo evitar por carecer de un dominio sobre la producción espiritual que luego si llegaría a ostentar, gracias a las propiedad única y el partido único. Si alguien en el futuro quiere recopilar algo así como Polémicas culturales en el 2007 no podrá auxiliarse de las hemerotecas como la Dra. Pogolotti, tendrá que pedir a los polemizantes que les envíen sus manuscritos o tomarlos de los sitios extranjeros que los acogieron.  Triste, pero cierto. Tristísimo.

Rufo Caballero habla de este libro de la Pogolotti como un auténtico best seller. [11] Y lo es. Solo que deberíamos preguntarnos la razón. ¿No será, más que por los asuntos, por el atractivo de conocer algo inusual, algo que es como una “curiosidad”, “un suceso milagroso” en este medio siglo de unanimidades, de discursos acatados y reproducidos sin la sombra de una duda, de un “me parece que”?

Los 60 se ven para los que ansían el debate como un ejemplo de que sí se puede. Fórmula ingenua: lo que una vez fue en cualquier momento puede volver a ser (¿debemos prepararnos entonces para ver algún día dinosaurios en los zoológicos?). Por eso lo piden, lo claman, creyendo que es posible, que está ahí, cubierto por el velo de una fina nube, que solo una traba pequeña lo detiene. Si analizaran esa década profundamente, desde el prisma de la producción espiritual, verían que con lo ocurrido después el debate ya no es dable, no es dable en el modelo actual de propiedad sobre los medios de producción espiritual.

Arriesguemos una conclusión que a algunos les llevará las manos a la cabeza. Dentro del monopolio espiritual (propiedad nefasta del socialismo centralizado y no participativo) no habrá debate, como mismo no hay competencia entre dos marcas de zapatos que un monopolio de la peletería produce. Son razones todas muy obvias, nadie es a la vez su propio contrincante.

El derrumbe del socialismo real no fue tan misterioso como se nos pretende hacer creer. ¿Cómo puede avanzar un sistema que dice que ha concluido la lucha de clases como locomotora del desarrollo, que ahora se encargará de esa tracción la crítica, y por supuesto, el debate como intercambio de esas críticas, y subordina a él totalmente los medios que pueden dar vida a esa crítica asegurándole, como a todo producto, la distribución, el intercambio, el consumo?

Todavía en los 60 no había instrumentos, ni experiencias, como los que se aplicarían en este 2007. Todavía la Revolución no tenía la suficiente habilidad en el control de la esfera espiritual, que ya sí empezó a mostrar en la misma segunda mitad de los 60, cuando el caso Padilla. Blas Roca, con toda su autoridad política, no tuvo más remedio, en aquel 1963, que liarse de tú a tú, prensa de por medio, con Alfredo Guevara.

Fue una salida aquella ejemplar, y en el fondo muy socialista, muy democrática. Un buen modelo para imitar, para desarrollar y afianzar. Nada de aplastar con el cargo, de desacreditar, de acusar de portavoz del enemigo, de oír y callar. Una salida bien distinta a la lamentable del 2007, cuando verdaderos equipos o brigadas culturales de respuesta rápida, de composición mixta: funcionarios de cultura, funcionarios de la UNEAC y escritores colaborantes, marcharon a las provincias a contrarrestar el fuego antes de que sus llamas crecieran. No se trató de participar en la polémica sino de enfrentar la polémica, dos actitudes bien distintas. En el primer caso se asiste con argumentos, y el pecho desnudo, en el segundo en vez de ideas se porta el uniforme y los instrumentos del bombero.

En esas reuniones apaciguantes del 2007 ocupó asiento en la presidencia el Partido, fuerza dirigente de la sociedad (con el sostén jurídico que le da desde 1976 el artículo 5 de la Constitución), responsable del contenido y la orientación de la producción espiritual, con autoridad para decidir entonces qué era conveniente o no aceptar, qué podía salir y no salir a la luz pública, en sus manos todas las llaves de los medios de divulgación, todas las “vías”. En las polémicas de los 60, esa silla presidencial, por razones que ya conocemos, estaba aún vacía.

Félix Sánchez

23 de octubre de 2008


[1] José Martí: “Una distribución de diplomas en un colegio de los estados Unidos”, La América, Nueva Cork, junio de 1884, en  O. C, Ed. De Ciencias Sociales, La Habana, 1975,  t.8, p. 352

[2] Juicios severos sobre esa etapa que nació en los 70 abundan en las reflexiones contemporáneas de nuestros científicos sociales. Ejemplar este, del profesor Joaquín Santana Castillo: “En estos años el dogmatismo cobra enorme fuerza y provoca un estancamiento de la creación intelectual en las ciencias sociales. Se restringe o prohíbe el estudio de autores no santificados por la ortodoxia. El debate real cede terreno a la discusión escolástica y la diversidad de opiniones y los criterios alternativos casi desaparecen de la escena académica para ser sustituidos por un chato unanimismo” (En “Algunos problemas de la filosofía marxista y su enseñanza en Cuba”, revista Temas, No. 3, julio-septiembre de 1995, p. 29.

[3] En Cronología  25 años de Revolución,  Editora Política,  La Habana, 1987,  p. 85.

[4] V. I. Tolstyj: Ob. Cit: p. 287.

[5] Ídem.

[6] No lo digo despectivamente. Eché de menos a los vaqueros y a El hombre lobo, pero vi hermosas películas, como Cuando vuelan las cigueñas y La balada del soldado. Y algunas de las polémicas adquisiciones del ICAIC como Viridiana y El ángel exterminador.

[7] Ver en Cronología. 25 años de Revolución, p. 4, 18 y 23.

[8] Ver: “El debate de ideas en la cultura y el pensamiento en Cuba”, revista Temas, 41-42, enero-junio de 2005, p. 132-153.

[9] Fernando Martínez Heredia: “Izquierda y marxismo en Cuba”, en revista Temas, No. 3,  julio-septiembre de 1995, p. 22.

[10] Tomado del texto que Víctor circuló por correo el 15 de enero de 2007. No conozco se encuentre publicado.

[11] Ver Rufo Caballero: “Polémicas culturales de los 60. Las razones poderosas de un best seller”, en Juventud Rebelde, el 1 de abril de 2008.

 
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[30-10-2008] | 1297 lecturas | 4 comentarios

Comentarios (7)

#2

30-10-2008 20:35

INTERESANTE TRABAJO !!!!!!!!!!!!!!!!!!

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#5.- felicidades y ausencia

Alejandro Fernández|30-10-2008 21:10

Es un excelente trabajo que apunta a los vacíos de la reconstrucción histórica de las polémicas de los 60. Respetuosamente le llamo la atención a su autor sobre otros vacíos de su texto. Fuera de Cuba se han escrito algunos estudios sobre aquellas polémicas que son más completos que la antología de Graciela Pogolotti. Menciono tres: el libro Tumbas sin sosiego de Rafael Rojas, Fulguraciones del espacio de Juan Carlos Quintero, que trata específicamente sobre las polémicas de Casa de las Américas, y Los hijos de Saturno de Liliana Martínez que trata sobre las polémicas del Caimán Barbudo.

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#9.- Loas...

orlando castro|30-10-2008 22:59

Lo felicito, Félix. Disfruté mucho lo escrito, a pesar de hacerlo con rapidez.

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#10

cojon|31-10-2008 02:26

Parece que kaos tiene un grupo selecto de articulistas que gozan del privilegio de hacer leña de la revolución.  Al resto los borran aunque digan lo mismo. tienen una élite sesuda con patente para criticar a fidel.

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#11.- !nada de nada !!!

rosa|31-10-2008 05:35

No hay razon , ni controversia se nutren de la maldad , hacia el pueblo , con la dictadura , la corrupcion y las injusticias , a la orden del dia..¿quien se acuerda de los 60 ..!los sueños , sueños son!!  y  ya no queda nada , solo  miserias y desolacion....LIbertad para Cuba ,democracia participativa, libre eleccion del pueblo ,con el pueblo y para el pueblo....Patria,paz.libertad  y  vida ....ROSA

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#18.- El problema es el partid unico

Brisas|01-11-2008 00:49

Por cierto, que la cultura absolutista del medievo hallo su perfecta continuidad en el autoritarismo precapitalista, y este en el autoritarismo socialista.. El asunto es que el centralismo democratico del partido unico fue un buen sistema en tiempos de insurreccion y toma del poder. Extenderlo a toda la sociedad fue un grave error, pero solo podia verse en retrospectiva. Luego de varias decadas de experiencias, de triunfos y fracasos. Es que la experiencia retrospectiva tiene vision 20-20. El monopolio del poder genera el absolutismo social y politico, y este como elemento esencial de la cultura, sostiene al poder monopolista. Camaradas, el problema es el partido unico. Hasta que no halla pluralidad politica entre los obreros, no habra avances.

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#22.- Retos, como súplicas

Manuel García Marín|04-11-2008 12:38

¿Pedirle, o retar a un partido que admita la exisencia de oto?  ¿A donde hemos llegado y hasta donde esperan que les acompañemos? ¡Bárbaros! Acabaron con la voluntad del cubano, nos maniataron, nos amordazaron, nos vendaron los ojos y nos lanzaron sin compasión al fondo de la inmunda estercolera del internacionalismo proletario, desde donde pretendemos salir, refulgentes como el sol que nos alumbra, sin darnos cuenta que la peste a estiercol nos acompañará por los siglos, de los siglos .......

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