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De los 60 al 2007: Las Polémicas posibles (I)
La década de los 60 fue un ejemplo de vitalidad en debates y polémicas en la historia de la Revolución Cubana. ¿Qué razones explican que se perdiera en los años posteriores?
Félix Sánchez | Para Kaos en la Red | 30-10-2008 a las 17:57 | 1297 lecturas | 4 comentarios
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“…la razón se nutre en la controversia” [1]

José Martí

“Una etapa había concluido. Otros debates vendrían después, a lo largo de los años 80 y 90. Pero, en circunstancias diferentes, se expresarían por otras vías”. [2]

Esta afirmación de la Dra. Pogolotti, a finales de su prólogo a Polémicas culturales de los 60, podría leerse como una promesa de que el libro inaugura una serie, y que en un futuro podremos encontrar Polémicas culturales de los 80 y Polémicas culturales de los 90. Pero si reparamos en la segunda oración hallaremos una información desalentadora “se expresarían por otras vías”. Es la única alusión en todo el prólogo a un aspecto que ha permanecido velado en esa recopilación, y en la exaltación nostálgica de los sesenta, y en el entusiasmo con que se recibió el libro: el de las vías. ¿Qué papel tuvieron las vías en la existencia de esas polémicas culturales, cuánto las favorecieron?

Tal vez esté aquí, y no tanto en la época, en la cambiante realidad cubana, en los temas a debate, en la coexistencia de un grupo de intelectuales lúcidos y de vocación polémica, la clave para entender lo que ocurrió en los 60, y su excepcionalidad en estos cincuenta años de Revolución.

En todo fenómeno social las vías son decisivas, son el canal, el cauce, que a la larga los manifiesta, los hace visibles. Controlar las vías es controlar la vida. Quien controla la tribuna controla el discurso. Quien controla la imprenta controla la existencia del escritor como tal, porque ningún escritor pasa a la historia como autor de manuscritos que no tuvieron lectores.

En Polémicas culturales de los 60 la compiladora ofrece 48 textos, de ellos 47 publicados en medios de prensa entre 1963 y 1966. Fueron polémicas que tuvieron en periódicos y revistas de la época su soporte material. Un total de ocho medios sirvieron de vías para el debate: 4 revistas (La Gaceta de Cuba, Bohemia, Cuba Socialista y Cine Cubano), y 4 periódicos (Hoy, Revolución, El Mundo y La tarde). Para quienes crean que fue un debate siempre popular puede resultar desalentador saber que 20 de los textos (42%) circularon a través de La Gaceta de Cuba, de consumo principalmente por los intelectuales y de circulación entonces casi únicamente en la capital.

¿Cuáles fueron esas circunstancias diferentes que también obligaron a vías diferentes según la compiladora de Polémicas culturales de los 60? ¿Serían la desaparición de esos 4 periódicos, que en su conjunto acogieron a 22 de los textos (44% del total), con el protagónico para Hoy, órgano del PURSC, que en 1963 publicó 15 de los textos polemizantes?

De las cinco polémicas que recoge el libro [3] la presentada bajo el título de “Polémicas culturales” tiene características que la diferencian de las restantes. Una de ellas es el volumen de textos (23, el 47% de todos los del libro), otra es su ritmo: el primer texto sale a la luz pública el 12 de diciembre de 1963 y el penúltimo el 27 de ese mismo mes y año: ¡22 textos en 15 días! Tal ritmo, casi boxístico, habría sido impensable empleando las vías de las revistas, fue posible por la participación en la polémica de varios órganos: Hoy, Revolución, El Mundo, La Tarde, Bohemia.  La participación de 4 periódicos, de mayor tirada que cualquiera revista, y destinado al gran público, aseguró el consumo popular y a gran escala de esta discusión.

El factor del ritmo, que solo se torna intenso con la intervención de vías ágiles, con la divulgación de trabajos que no han sufrido lentas y escalonadas revisiones y aprobaciones, es un elemento que no puede soslayarse al analizar una polémica pues crea una emotividad, un seguimiento, un reto singular para los participantes. Ese ataque y contraataque atrae la atención sobre el tema en disputa.

Con razón, cuando en la polémica “Sobre la novela de la revolución”, que transcurre a través de La Gaceta de Cuba, a un ritmo muy distinto (cinco textos entre julio y noviembre de 1964), toca a José Antonio Portuondo devolver el golpe a Ambrosio Fornet, parece  echar de menos este aquel ritmo ideal que propiciarían los periódicos:

Una polémica a más de sesenta días vista resulta, por lo menos, un espectáculo bastante aburrido. El lector espera siempre una respuesta inmediata a cada cuestión planteada por uno u otro polemista y ha de esperar, en cambio, un mes o dos a que ellas aparezcan con un inevitable sabor a ranciedad. [4]

No puede olvidarse, retomando el término “polemista” empleado por Portuondo (luego desterrado de la cultura en los setenta, los ochenta y los noventa, sustituido por un sucedáneo de connotaciones ideológicas: “hipercrçitico”, “conflictivo” y sus etc.) que la estatura de esta figura, el polemista, al igual que la del orador y el repentista, está muy asociada al reto del tiempo. Su tarea es encontrar el argumento justo en un tiempo muy breve, pasar de atacado a atacante con una celeridad que desconcierte al adversario. Portuondo sentía que en La Gaceta de Cuba, por mucho que él y Fornet se esmeraran los asistentes al debate estaban ante una escena filmada en cámara lenta.

Sin dudas el debate de los 60 se produjo en una sociedad en tránsito, que pasaba del desorden “informativo” y “noticioso” a un estadio de creciente centralización. Una sociedad que todavía no había podido hacer todos los cambios estructurales de su nuevo proyecto y por tanto ofrecía para el debate las “viejas vías” (solo 3 de los 8 medios de prensa habían nacido con la Revolución) Esa coexistencia de ideas nuevas y vías viejas produjo la mejor combinación que hemos tenido hasta ahora para unas polémicas reales. Una profusión de ideas tuvo a su alcance una profusión de caminos. He ahí lo que hizo de esta década, en el terreno de las ideas, una década paradigmática, o como en la música ligera, “prodigiosa”.

La dependencia del pensamiento de su expresión, como única forma de realizarse este, aparece destacada muy diáfanamente por Martí:

Y si esta es la naturaleza del pensamiento; si no da idea de sí hasta que no esté expresado; si para sospechar siquiera su existencia es necesario que se exprese, viola los fueros humanos, niega las facultades mentales, rompe las leyes naturales el que impide al pensamiento su expresión. [5]

Impedir al pensamiento su expresión, es eso, dicho con otras palabras, privarlo de vías. ¿No hubo en los 70 y los 80, junto a aquellos mismos protagonistas de los 60, otros intelectuales con iguales deseos, capacidades, para cuestionar, para polemizar?

¿Era inferior material para polémica el caso Padilla que el documental PM? ¿No provocarían deseos apasionados de polemizar las UMAP, o la clausura de Pensamiento Crítico   en 1971? ¿Se prestaba menos para debate las amenazas del realismo socialista que el programa “cultural” adoptado por los educadores en su flamante congreso de abril de 1971, un congreso cerrado a los artistas y los escritores, decidiendo otros por ellos, y que definió que “el arte es un arma de la revolución”?   [6]

No, lo que sucedió fue que la Revolución, en su avance había ido ajustando sus mecanismos, y uno de ellos había sido unificar, subordinar a un proyecto y un plan único los medios y por tanto las vías que podían servir para discrepancias, para polémicas. Es a lo que se refiere Julio César Guanche en los términos de: “…el modelo de formación de opinión pública que se venía gestando en Cuba, basado en la centralización de las instancias discursivas”. [7]

Es lo que, hablando en términos filosóficos (uno de los enfoques ausentes siempre en estos intentos de comprensión) se le debe denominar “posesión de los medios de la producción espiritual”, medios que en el caso de la producción espiritual mayoritariamente son medios de distribución: cines, imprentas, periódicos, emisoras de radio, etc.

Marx había sido radical al establecer como, de la misma manera que ocurre con la producción material, hay una relación esencial entre la propiedad y las ideas en circulación en una sociedad dada:

La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente. [8]

Al analizarse el proceso de nacionalización de los 60, nuestra historia se circunscribe, erróneamente, a empresas, compañías, fábricas, latifundios, a un proceso de dominio socialista de la producción material, y no se ve con la misma transparencia que este fue un proceso que abarcó toda la producción social, en sus dos vertientes ella: la producción material y la producción espiritual.

Esa discriminación de la producción espiritual a la hora de analizar la vida de una sociedad no ha sido una insuficiencia solo cubana. En la introducción a su libro La producción espiritual, en un no muy lejano 1985, todavía lamentaba su autor:

El propio concepto de producción espiritual, que en la actualidad trata con tenacidad de abrirse camino hacia el vocabulario científico y el léxico social, por ahora se utiliza relativamente con poca frecuencia —incluso en los trabajos de los filósofos profesionales— para la caracterización de una sociedad concreta o del proceso socio-histórico en su conjunto. [9]

Se trata de una limitación sobre la que se vuelve más adelante: “Para la economía política, como es sabido, el objeto tradicional de investigación es la producción material. De aquí deriva la tendencia de muchos economistas a interpretar la producción material como la única forma posible de actividad productiva de los hombres”. [10]

(Continúa)

 

NOTAS Y REFERENCIAS



[1] José Martí: “Una distribución de diplomas en un colegio de los estados Unidos”, La América, Nueva Cork, junio de 1884, en  O. C, Ed. De Ciencias Sociales, La Habana, 1975,  t.8, p. 352

[2] Graziela Pogolotti: Polémicas culturales de los 60, Ed. Letras Cubana, La Habana, 2006, p. xxiii.

[3] Aunque hay trabajos (uno u dos) que se presentan bajo la denominación de “Síntomas”, los acápites donde aparecen verdaderas polémicas en el libro son cinco: “Sobre cultura estética en la revolución” (11 textos), “Políticas culturales” (23 textos), “Sobre la novela de la revolución” (5 textos), “Arte y literatura revolucionarios” (3 textos), y “Sobre el puente” (3 textos).

[4] José Antonio Portuondo: “Contrarréplica a Fornet”, ob. cit. p. 301.

[5] José Martí: “Extranjero”, en El Federalista, México, 16 de diciembre de 1876 (En Obras Completas,  Ed. de Ciencias Sociales, La Habana, 1975,  t. 6, p. 361).

[6] El congreso iba a ser inicialmente de Educación, pero se le adicionó finalmente el término Cultura. Sin embargo no cambió su composición: “Aprobada por los educadores, delegados del I Congreso de Educación y Cultura”, la política educacional y cultural para los próximos años”, en Cronología, p. 95.

[7] Julio César Guanche. “El continente de lo posible. Política y cultura en Cuba 1959-1968” .

[8] C. Marx y F. Engels: Obras Escogidas, Ed. Prohgreso, Moscú, 1981, t. I, p. 45.

[9] V. I. Tolstyj: La producción espiritual,  Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1989, p. 1.

[10] Ibídem, p. 125.

 
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[30-10-2008] | 1344 lecturas | 7 comentarios

Comentarios (4)

#12.- con todo respeto

Cubano|31-10-2008 18:46

Con todo respeto les pregunto a los responsables de Kaos porque quitan los comentarios , esta bien que con los muy ofensivos tomen partido, pero están quitando cualquier comentario que lleve a un debate sano y constructivo, para mi Kaos es una referencia obligada que ha sustituido a la prensa oficial cubana, pero por favor diganmesi lo de quitar los comentarios va a ser una norma para irme buscando otro sitio donde ller y opinar sobre temas interesantes de mi pais. Slds

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#17.- El probema es el partido unico

Brisas|01-11-2008 00:14

voy a decirlo sin eufemismos tontos. Diganlo: que el autoritarismo latinoamericano halló perfeccionada continuidad en las instituciones de corte estalinistas. De allí emanan las inspiradas elucubraciones culturales que guían la supresion de los debates. En el caso de las naciones socialistas bastaria con ver la similitud con la cultura del medievo, de donde proviene la base cultural de latinoamerica (y de la Rusia Zarista tambien). Rescatar los debates es el primer paso para la recuperación cultural y material de los obreros. Sin intercambio de ideas no puede haber cultura revolucionaria, ni hombre nuevo, ni progreso. Ni siquiera producción material avanzada. Sospecho que muchos ya han concluido que los partidos comunistas son incapaces de liderear tal proceso. Es hora de nuevos partidos obreros.

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#18.- El Problema radica en...

02-11-2008 19:26

LAS INQUISICIONES SOCIALES,ECONÓMICAS Y POLÍTICAS.

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#19.- Y por supuesto...

02-11-2008 20:08

En las generaciones que las permitan

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