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30.001: Jorge Julio López, desaparecido
Este ex albañil de 76 años que tuvo el coraje de prestar su crucial testimonio en un juicio por genocidio, está desaparecido desde el 17 de septiembre.
Lavaca.org (Kaos.Guerra & criminalización) | 27-9-2006 a las 10:38 | 1317 lecturas | 1 comentario
www.kaosenlared.net/noticia/30.001-jorge-julio-lopez-desaparecido
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Marcha por Jorge Julio López,desaparecido

La hipótesis del shock emocional es casi tan temible como la del secuestro policial: las personas que buscan justicia abandonadas a su suerte, en un país donde la impunidad no es una pieza de museo y la defensa de los derechos humanos vuelve a estar en los pies de quienes hoy salen a la calle con una consigna: aparición con vida. Nilda Eloy, la otra querellante de esta causa, calcula: “Menos de un 5 por ciento de los represores están en la cárcel. Mientras el otro 95 por ciento esté libre, nosotros estamos en peligro. No hablo de nosotros los testigos, hablo de nosotros como sociedad”. De eso se trata la marcha que hoy, a las 17.30 recorrerá una vez más el trayecto que va del Congreso a Plaza de Mayo para reafirmar: nunca más.

Jorge Julio López, 76 años, ex albañil, testigo crucial y querellante en el primer juicio oral y público por genocidio tras la anulación de las leyes de impunidad, no contaba con cuidado ni protección alguna. Está desaparecido desde el 17 de septiembre. Fue un desaparecido durante la dictadura. Es un desaparecido ahora en democracia. En la Casa de Derechos Humanos que comparten varias organizaciones de la provincia de Santa Fe apareció un volante con su foto y la siguiente leyenda:
“Jorge Julio López terrorista 30.001. ¿Quién será el 30.002?”

Jorge Julio López fue durante dos años y medio un desaparecido, pero tuvo el extraño privilegio de sobrevivir para contarlo. Estuvo prisionero en un circuito clandestino de detención que representa el nido de los amos de la vida y de la muerte en esa ciudad de La Plata de tiempos de la dictadura y de la policía comandada por Ramón Camps y su secuaz, Miguel Etchecolatz. “Tenía cara de mono”, describió López en su primera declaración en los llamados Juicios por la Verdad. No sabía todavía el nombre de ese “mono” que terminó condenado a prisión perpetua y que en los tiempos en que López era una desaparecido acompañaba a Camps en las torturas. A López le quedó el pecho marcado con los rastros de la picana y por eso ofreció mostrarle sus heridas a los jueces como prueba. Él, junto a tantos otros, lograron así reconstruir con lo que tenían –pedazos de nombres, fragmentos de lugares, terrores y heridas- ese nido de impunidad de la policía bonaerense: lo allí pasaba y quiénes pasaban. Nombraron a los represores y nombraron a sus víctimas.

El 18 de setiembre López iba a terminar un capítulo de esa historia que comenzó cuando lo secuestraron, el 27 de octubre de 1976 y que a lo largo de 30 años tropezó con las más increíbles formas de impunidad. La causa que lo tuvo como testigo puede ser también considerada un nido: solo contabilizando los últimos tropiezos judiciales, tuvo desde marzo de 2000 –fecha en que se llevaron adelante las audiencias de los llamados Juicios por la Verdad- tantas idas y vueltas que cuesta creer que en el momento crucial, López no estuviera allí para escuchar el fallo. Pero no estuvo. No hay metáforas para explicar el por qué: una vez más, nadie vio qué pasó.

“Callate la boca y no digas nada”, le dijeron cuando lo soltaron dos años y medio después, luego de haber soportado cuatro centros clandestinos de detención –el Pozo de Arana, la Unidad de Cuatrerismo, la Comisaría 5 de La Plata y la Comisaría 8, también de esa ciudad- hasta que lo “legalizaron” poniéndolo a disposición del Poder Ejecutivo Nacional en una cárcel, de donde salió finalmente el 25 de junio de 1979.
Pero López habló –como tantos otros- y el represor Miguel Etchecolatz fue condenado. Sin embargo, la historia no terminaba allí: el nido de impunidad que denunció López involucra a –por lo menos- 62 militares y policías. Sólo 7 están detenidos.

Ahora, López volvió a ser un desaparecido.
En tanto, el funcionario que en la actualidad oficia como ministro del Interior -Aníbal Fernández- se reunió con el grupo que impulsa la causa por el genocidio cometido por el Estado argentino durante la dictadura, y realizó una revelación asombrosa. Les dijo que la desaparición de Jorge Julio López le produce preocupación, pero que se trata de “un problema provincial”.
Adriana Calvo, en cambio, sostiene ante lavaca: “A Julio López lo secuestró la Policía Bonaerense. Y que siga desaparecido es una respuesta a la condena por genocidio contra Etchecolatz”.

El caso

Desde que Jorge Julio López desapareció, hubo diversas formas de explicar la ausencia:

  • Un shock emocional que pudiera causarle pérdida de memoria, o alguna forma de extravío.
  • Simple y puro miedo, y que López decidiera esconderse en alguna parte ante la exposición que significaba la condena de Etchecolatz.
  • El secuestro: la desaparición forzada por sectores policiales o “bolsones” de represores en actividad (la idea transmitida hace ya una semana por lavaca tras conversar con ex detenidos desaparecidos, ratificada por el ministro bonaerense León Arslanián y luego por el propio gobernador Felipe Solá).

    López había sido un testigo fundamental en el juicio. Explicó detalladamente su propio secuestro y torturas, pero además el modo en el que fueron sometidos y asesinados Patricia Dell’Orto y Ambrosio De Marco, y la participación de Etchecolatz en esos crímenes. Además fue uno de los tres querellantes en la causa, junto a la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos y a otra sobreviviente del terrorismo de Estado, Nilda Eloy.
    Teniendo en cuenta estos datos, ¿tenía Jorge Julio López alguna forma de cuidado o protección?
    Adriana Calvo: “Ninguna, en absoluto. La verdad es que nadie pensó en el tema, ni el gobierno ni el Tribunal”. En el caso de la propia Asociación, “lo que nos pasa es que pensamos: ¿quién es que nos va a cuidar? ¿La Bonaerense? ¿Los mismos que nos secuestraron? Nunca en todos estos años de democracia hemos pedido esa protección” reconoce Adriana. “Por el lado del gobierno es imprevisión, irreponsabilidad, le quitaron importancia. Jamás se pusieron a pensar en esto”.

    Nilda Eloy, la otra querellante, calcula:

    -La realidad te indica que menos de un 5 por ciento de los represores están en situación de cárcel. Mientras el otro 95 por ciento esté libre, nosotros estamos en peligro. No hablo de nosotros como “testigos”, nosotros como “sobrevivientes”, hablo de nosotros como sociedad.
    -Pero el caso de López tiene la particularidad de tratarse de un testigo muy importante, incluso para futuros juicios.
    -La desprotección es hacia todos. Si nos vamos a lo chiquito, a este juicio solamente, te pido que pienses: ¿Para quién hubo medidas de seguridad? Para el reo (Etchecolatz), para el abogado del reo, y para el testigo del reo, Raúl Alfonsín. Punto. Nada más. En el Estado no se evalúa que la seguridad pasa por otro lado: que no haya impunidad, que haya justicia plena, que no se nos rían en la cara en plena calle.
    -¿No se consideró que alguien como López podía estar en peligro?
    -No. Parece que éste fuera el tema de un grupito, unos locos que estamos reclamando. Y nos dan esta respuesta: acá estamos, miren lo que podemos hacer. Un secuestro en la cara, como si fuese la Triple A en 1974. (Triple A, o Alianza Anticomunista Argentina, fue el grupo paramilitar que dio inicio a la represión ilegal previa al golpe de 1976).

    La hipótesis de que López se haya escondido por miedo, cada vez más descartada, es en sí misma temible, por lo que indica acerca del desamparo en que se encuentra una persona que quiere impulsar la justicia. Con la teoría del “shock emocional” ocurre algo similar: si existió tal shock, sólo puede ser visto como la consecuencia de las enormes dosis de miedo a vencer, pesadillas de décadas y compromiso de cuerpo y alma que una persona debe poner en juego en una situación como esta. ¿Algún apoyo, acompañamiento? Ninguno, salvo el de los otros testigos. Consulta a Nilda Eloy:
    -¿Tiene lógica en este marco la posibilidad de que López haya huido o se haya escondido por miedo?
    -No. Él estaba chocho, radiante. Había declarado por primera vez en 1999, en los Juicios por la Verdad. Lo hicimos juntos. Pero esta era la primera vez que iba a declarar con el apoyo y la compañía de sus hijos. Eso lo tenía feliz. Al contrario, estaba medio enojado porque Etchecolatz no estuvo el día que él declaró, y quería ir a la lectura de la sentencia para verle la cara.
    -¿Y la hipótesis del shock emocional?
    -No. Con lo único que encaja esto es con un secuestro.

    Adriana Calvo sabe que todo esto es una especie de diálogo con el mal: uno de los campos de concentración, el Pozo de Quilmes, era llamado El Infierno por sus administradores; “de aquí nadie sale”, decían para justificar el nombre. Tal vez por eso calcula: “Una vez que lo secuestraron, también lo pueden hacer aparecer en un puente al lado de dos linyeras, como si hubiera fallecido de muerte accidental”. En la Argentina de monseñor Enrique Angelleli, ya hay experiencia sobre el contenido real de ciertas muertes accidentales.
    De todos modos la insistencia de algunos medios acerca del shock emocional la irrita: “¿Y éste, para quién trabaja?” dice sobre uno de los empleados del periódico Página 12 que sostuvo tal teoría en una nota del martes, como para moderar las declaraciones del propio gobernador Felipe Solá, quien reconoció que López podría ser “el primer desaparecido en democracia”. Esa frase, luego, recibió la respuesta de Rosa Schönfeld, la madre de Miguel Bru, estudiante de periodismo desaparecido en 1993, secuestrado también por la Policía Bonaerense: “Se olvidó de Miguel y de unos cuantos más”. (Puede mencionarse, entre otros, el caso de la desaparición de Iván Torres en Comodoro Rivadavia en octubre de 2003, en el que tres posibles testigos murieron asesinados y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos exigió al Estado argentino que tome recaudos para defender a los otros testigos de una causa con olor a policía, petróleo e impunidad, sumadas al silencio oficial. Aunque tal vez se trate de un problema provincial).

    >>> Desconfiar del Estado

    Nilda Eloy ya recibió llamadas de testigos que iban a presentarse a los futuros juicios orales y públicos contra represores:
    -Llaman y dicen: yo no declaro. Es miedo, difícil de controlar.
    -¿Y usted, Nilda?
    -El miedo nunca se pierde. Pero no te podés paralizar. En algún momento una aprende a que el miedo sirva de motor. Lo que quieren es volver a manejarnos con el terror. Y la respuesta tiene que ser “no”. Como sociedad no podemos permitirnos eso. Vamos a seguir declarando, vamos a seguir adelante con los juicios.
    La propia Nilda ahora cuenta con custodia, pero sus amigos relatan que ni ella quiere subirse al auto de sus guardianes. “El otro día estábamos en una reunión, se tuvo que ir, y armamos una colecta entre todos para que tomase un remis. Y atrás iba la custodia”, cuenta Adriana Calvo.
    Nilda tuvo que salir de esa reunión cuando recibió un urgente llamado de su hija, 21 años, que estaba sola en su casa. Cuenta Nilda: “Empezaron a llamar, ella se daba cuenta que había alguien del otro lado de la línea, pero no le contestaban, y tampoco cortaban”. El miedo se apoderó de la joven. Nilda misma recibió una llamada el día anterior a la desaparición de López: “Me pasaban algo que quiero creer que era un simulacro de sesiones de tortura”.

    Adriana Calvo no cree en las intenciones del gobierno.
    “No tenemos ninguna confianza en estos discursos tan defensores de los derechos humanos. Se parte de un Estado ausente, con testigos y víctimas que le tienen desconfianza al Estado por la impunidad de décadas. No es solo la desconfianza por la impunidad de ayer, sino porque venimos con la certeza de que hay tipos vinculados a los campos de concentración en la policía actual y eso lo confirmamos al hablar con (León) Arslanián”.
    Por eso considera que la desconfianza “va más allá del aparato de seguridad. Es el Estado. El mismo gobernador Solá, que ahora parece tan cercano a este tema, ¿qué hizo en estos últimos años, yo pregunto? ¿Qué hizo mientras las leyes de impunidad y obediencia debida estaban vigentes? Nunca lo escuché quejarse o pedir la anulación. ¿Y Kirchner? ¿Qué hizo antes del 2003 por la nulidad de las leyes de impunidad? Desde el represor hasta el gobernador o el presidente, no tenemos confianza”
    Adriana recuerda que en su reunión con Felipe Solá, el gobernador pareció molesto y dijo “acá parece que partimos de la desconfianza”. Obviamente era así. Pero a partir de ese recuerdo, analiza una cuestión decisiva para entender el presente:
    “Estamos ante un Estado que aniquiló, que impunizó, que reivindicó. Y que de buenas a primeras anula las leyes del perdón. Pero todos los personajes que aniquilaron, impunizaron y reivindicaron, ahora están de nuestro lado diciendo: bravo, bravo, hagamos justicia ¿En eso quieren que confiemos?”



    Aportado por M@ite
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    Comentarios (1)

    Como Repeler la Contraofensiva del Proceso

    Eduardo R. Saguier|04-10-2006 15:51

    Como Repeler la Contraofensiva del Proceso (IX-2006)

    Con la anulación de las leyes del Perdón (Obediencia Debida y Punto Final) y la reiniciación de los juicios a los Terroristas de Estado se ha experimentado en el país otra nueva ofensiva destinada a boicotear dichos juicios.

    Esta ofensiva se ha materializado hasta el presente mediante amenazas a jueces, testigos y víctimas del terrorismo de estado, alcanzando su cenit con el secuestro del ex Desaparecido Jorge Julio López.

    Sin embargo, la contraofensiva presente y la que se experimentó durante el gobierno de Alfonsín ofrecen diferencias cualitativamente substanciales. A diferencia del gobierno de Alfonsín, en oportunidad del aciago evento de Semana Santa, el actual gobierno K se halla bajo un creciente proceso de aislamiento y falta de credibilidad, provocado por sus propios errores políticos, al no garantizar entre otras cosas la seguridad de los involucrados en los juicios.

    ¿Cómo hacer para desde una posición de debilidad política y creciente aislamiento repeler la provocación montada a escala nacional por los elementos aún vinculados con el Terrorismo de Estado? La historia nos enseña que de situaciones de crisis como la presente se remonta no sólo con medidas policiales que detecten y eliminen a dichos elementos, sino esencialmente mediante instrumentos políticos.

    ¿Cómo hacer entonces para revertir el suicida proceso de aislamiento político grotescamente ensayado desde las esferas del poder? La historia también nos recuerda que de estas críticas situaciones de debilidad se puede salir sólo mediante estrategias que contemplen una profunda autocrítica, dirigida a replantear las políticas de alianzas hasta hoy ensayadas, así como las políticas de reformas a cumplir en el plano institucional.

    ¿Qué medidas se debería imponer el gobierno para lograr estos objetivos? En principio, el gobierno tendría que suspender toda iniciativa dirigida a enajenar la oposición democrática, tales como la manipulación presupuestaria destinada a piratear elementos procedentes de las filas opositoras, toda política dedicada a debilitar la vida parlamentaria y la independencia de la justicia, y toda política diagramada para alimentar la construcción de elementos aduladores del poder de turno.

    Paralelamente, el gobierno debería ensayar una política de democratización de las instituciones de la cultura, la economía, los medios masivos, la diplomacia, la seguridad y la vida social, que ahuyente el miedo a opinar, discutir y actuar. Esta política democratizadora tendría que ser debatida en los órganos parlamentarios y alcanzar su concreción en proyectos de leyes cuya reglamentación sería impostergable implementar.

    ¿En que tendrían que consistir estas políticas democratizadoras de las instituciones y cuáles deberían ser las medidas concretas a instrumentar? Estimamos que en el diseño de todas las instituciones mencionadas se necesitaría acentuar la participación democrática en las instancias deliberativas, evaluadoras y ejecutivas de escalas y niveles de representación y autoridad cada vez más inferiores y subalternos, de forma tal de romper la monopolización oligárquica de las mismas.

    Estas políticas permitirían ampliar los espacios de reclutamiento, selección y promoción de sus cuadros de manera tal que dichas instituciones se verían crecientemente oxigenadas. Y esta oxigenación de las instituciones sería observada como una política desprovista de todo interés mezquino y oportunista, y ayudaría a elevar la autoestima del pueblo y la imagen pública del actual gobierno.

    Ateneo Radical “Callao 11”-Secr.Gral.: José González Ledo-Eduardo R. Saguier-Juan José Rosenberg

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