Hoy, 31 de enero, se cumplen 29 años de la tragedia que convulsionó el mundo en la Embajada Española de Guatemala: 27 personas, campesinos indigenas y estudiantes universitarios, y diez funcionarios entre las cuales el Vice Embajador  fueron vilmente asesinados por el fuego de bombas incendiarias que no dejaron siquiera rastro de las víctimas. Se  especuló que se trataba  de bombas de fósforo. Salieron con vida el Embajador Máximo Cajal -ileso-, y un indigena que quedó protegido por los restos de sus compañeros muertos.
Fue trasladado a un Hospital donde recibió los primeros auxilios, pero aquella misma noche fue secuestrado, vilmente torturado, y su cuerpo lanzado cual basura, a la puerta de la Universidad a la mañana siguiente.
Entre los  calcinados se encontraba Vicente Menchú, padre de Rigoberta, la Nobel de la Paz.
Durante el sepelio de las víctimas, otros tres indigenas fueron acribillados por la policia.
¿Su pecado? Pretendian explicar al mundo, lo que estaba sucediendo en sus comunidades, los ataques de que eran objeto dia tras día por parte de los paramilitares, y del ejercito del Presidente, el General Fernando Romeo Lucas, entre las cuales la matanza de Quiché: ancianos, mujeres, niños, ya que los hombres estaban fuera de la comunidad, trabajando en distintos lugares.
Dado que nadie les hacia caso, decidieron presentarse a la Embajada Española, con la pretensión, desde aquella entidad, de  explicar, al mundo,  lo que estaba sucediendo en su país.
Manifestaron, al Embajador, que no querian violencia pero que, si fuese preciso,  tomarian la Embajada  para llamar la atención de los medios y de los responsables politicos del mundo.
Querian  explicarles, en directo, lo que ocurria en Guatemala, hacer patente su indefensión, el trato vejatorio que sufrian por parte de la policia, y también por sus patronos, que les tenian sometidos por el trabajo.
Una vez dentro de la Embajada solicitaron entrevistarse con el Embajador Máximo Cajal para informarle de su propósito. 
Probó por todos los medios  disuadirles pero, viendo que el tema podía complicarse,  intentó comunicarse con el Ministro de Gobernación de Guatemala Donaldo Alvarez Ruiz, que no se puso al teléfono tantas veces como le llamó, y también con el Ministro de Exteriores del Gobierno de España, que tampoco respondió a sus llamadas. Quería explicarles lo que estaba sucediendo y pedir su consejo de  como manejar el tema.
Nadie atendió sus llamadas, ni quienes debieron hacerlo en Guatemala, ni sus responsables políticos en Madrid.
Los “insurrectos”, que nunca utilizaron la violencia, argumentaban que su única pretensión era que el mundo conociera su tragédia, la dura represión que sufrian sus comunidades del altiplano guatemalteco.
A las 13’30 horas la policia recibió la orden de  incendiar el espacio donde se encontraban, la oficina del Embajador situada en el primer piso, luego de blindar las puertas para que nadie pudiese escapar de tan siniestro horno.
El Embajador, que por lo visto se encontraba junto a la puerta, salió despedido hacia fuera en el momento del blindaje.
En  cuestión de minutos la tragédia quedó consumada. Los culpables no pagaron por su desatinada labor. Pasados 29 años siguen impunes. ¿Cuál debe ser el sentimiento que alberga sus corazones? ¿Tienen corazón estos desalmados?
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#1.- La impunidad tiene color
Mark Frantz|01-02-2009 13:46
No es de extrañar que la historia no pase facturas a los que deberían sentarse ante cortes internacionales.
Sí es evidente que los tribunales internacionales y nuestros países con intereses en medio mundo ven claras las violaciones de algunos de los dictadores o dirigentes de izquierda debido a su color o sus tendencias económicas.
¿Y en Guatemala? ¿Por qué no está Otto Pérez Molina, ex-candidato a la presidencia de Guatemala en el 2008 por UP entre los acusados de estas violaciones? ¿No estuvo claro su liderazgo en los años '80 entre las violaciones del ejército militar contra la población indígena? ¿No es ya verificada su implicación en muchas de las masacres ocurridas?...
No parece pues posible sentar a muchos de los responsables de estas atrocidades sin implicar a gobiernos de países desarrollados interesados en defender sus intereses.
¿Cuando llegaremos a a aplicar una justicia real?
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