Los empleados del Ayuntamiento de Bilbao no llevarán a casa la cesta de Navidad por primera vez desde que se instauró esta costumbre en 1987, durante la etapa de José María Gorordo. El comité de empresa ha decidido renunciar a este detalle «para que sirva de ejemplo a las autoridades municipales» sobre las políticas de austeridad que deben adoptar en plena crisis. La medida ha sido aprobada por mayoría con el voto en contra del Sindicato Vasco de Policía y Emergencias (SVPE). «Esto es quitar el chocolate del loro a los loros de siempre», se quejan en unos escritos colocados en los pasillos del Consistorio.
 
Cada cesta está valorada en unos 60 euros y hasta ahora se entregaban a funcionarios, empleados con contrato laboral y becarios. Eso supone unos 2.500 lotes y un gasto de 155.000 euros el año pasado, lo que representa un 0,03% del presupuesto municipal. Hasta aquí las cifras. ¿Y el contenido? Vino, champán, bonito, espárragos, turrón «del blando y del duro» y tres productos de comercio justo, entre otras viandas típicas de esas fechas. Nada que uno no pueda comprarse con su sueldo, pero ¿a quién no le hace ilusión llevarla a casa? «Sabemos que con esto no se resuelve la situación económica. Tiene un valor sentimental y precisamente por eso entendemos que es un gesto importante», afirma el presidente del comité de empresa, Txema Landa.
 
«Despilfarro inútil»  
ELA, LAB, CC OO y UGT tomaron esta iniciativa tras reunirse con el área de Recursos Humanos e informarse sobre la situación de las arcas municipales. El suyo no es el único gesto extraordinario que ha provocado la crisis. El Ayuntamiento congelará los impuestos y tasas en 2010, una decisión que tampoco tiene precedentes en más de veinte años. En cuanto a los salarios, tendrán una subida mínima del 1% aunque el IPC sea negativo.
 
En plena elaboración de un presupuesto especialmente comprometido, con menos ingresos y más devoluciones por la caída de la recaudación, quieren lanzar un mensaje a los responsables políticos: «Que hagan un esfuerzo por optimizar los medios humanos y materiales del Ayuntamiento». La renuncia ha dejado un sabor amargo al Sindicato Vasco de Policía y Emergencias, que tiene tres representantes en el comité. No por la cesta en sí, «que ya se ha eliminado en otras instituciones y puede ser un anacronismo», sino porque ven poca voluntad de apretarse el cinturón en las autoridades municipales. En sus escritos ponen varios ejemplos de «despilfarro inútil» como «la creación de cargos bien retribuidos para libres designaciones» y la «contratación de empresas externas. Arquitectos, letrados, informáticos... ¿para qué están los del Ayuntamiento? Gastan un disparate en contrataciones innecesarias», denuncia Ignacio Garrido, portavoz del SVPE.
 
Txema Landa cree que estos carteles de protesta tienen una carga de «excusas y demagogia. Cada uno toma sus decisiones», concluye. El comité ha enviado un escrito al alcalde en el que aboga por la austeridad «y por evitar recurrir a empresas externas».
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