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2ª PARTE: "Lenin y la Revolución" de Jean Salem
Segunda parte de la introducción del libro de Jean Salem
José Mª Fernández Criado (traductor edición en castellano) | Corriente Roja León | 30-12-2009 a las 0:26 | 1322 lecturas
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  El breakdown (es decir, la avería, la descomposición, más aun, el estallido de la Unión soviética) como escribe Nick Besley, sería debido a cuatro causas, en última instancia todas ellas internas: el ascenso de los nacionalismos que el fin de la Guerra fría había hecho posible; los malos resultados del sistema económico; la «fragmentación de la elite»; y la caída de la instituciones del Estado53. Por su parte Moshe Lewin, de ordinario bastante más circunspecto, afirma que «no es la carrera armamentística [...] la que causó la muerte de la URSS, aunque haya tenido su influencia». El «factor decisivo» habría que buscarlo según él, «en los “mecanismos” propios del sistema soviético»54.

A Albert Soboul sin embargo, le gustaba repetir en sus cursos dedicados a la Revolución francesa, que el 10 de agosto de 1792 (día de la insurrección popular que obligó a la Asamblea legislativa a pronunciarse por la suspensión del monarca) no había habido “caída” sino derrocamiento de la monarquía. “Porque, añadía con cierta sonrisa, ésta no había caído ella sola”. Pues bien, en 1991 la URSS tampoco “cayó ella sola”. El principio de la “guerra fría” y el final de su resurgimiento, después del intermedio de la tregua de la “distensión” de los años 72-80, ¿acaso no habían estado señalados por dos advertencias militares de lo más explícito? Fueron amenazas no sólo de guerra, sino de guerra total o de aniquilamiento: la destrucción de Hiroshima y Nagasaki decidida por Harry Truman y el programa de «guerra de las estrellas» lanzado por Ronald Reagan55. Nadie, o casi nadie, de aquellos que han descrito el reciente fin de la URSS, habrá dado cuenta de que uno de los objetivos explícitos de la Iniciativa de Defensa Estratégica (IDS), lanzada en 1983 por el equipo de Reagan, era «poner de rodillas a la potencia soviética», quebrantarla para después arruinarla por medio de un relanzamiento desenfrenado de la carrera armamentística. Por eso nos parece absolutamente evidente el carácter mistificador de categorías que pretenden definir como un proceso puramente espontáneo e interno una crisis que no se puede separar de la formidable presión ejercida por el campo contrario. Y la categoría de «implosión» o de «colapso», así como todos sus sucedáneos enumerados más arriba, podría por tanto participar perfectamente de una mitología apologética del capitalismo y del imperialismo. Como escribe Losurdo, ya no sirve más que para «coronar a los vencedores»56.

Concluyamos. Nada hemos dicho hasta ahora, tal vez se habrá notado, de una población cada vez más empobrecida, humillada, forzada a recurrir al sistema D para sobrevivir. Ni del descenso de la esperanza de vida en Rusia. Ni del hecho de que la pequeña pantalla haya llegado a ser ocio predominante. Nada tampoco del nivel de vida de la población rusa y de su cobertura social que no han cesado de degradarse desde principio de los años 90. Nada hemos dicho de esa innegable nostalgia que sienten muchos de entre los menos jóvenes por los tiempos pasados. Nos hemos limitado a sugerir que el régimen salido de la Revolución de Octubre 1917 fue capaz de salvar al país de una descomposición que ya estaba iniciada, de levantar un sistema industrial por medio de los primeros planes quinquenales de antes de la guerra, de acabar con la misma guerra, de gestionar su inmenso territorio practicando una especie de “internacionalismo interno” del que ninguna otra potencia ha dado pruebas con sus antiguas colonias, de dar una educación escolar y universitaria a su población y de reformarse llegado el caso. Tantos factores que atestiguan avances muy considerables respecto a la vieja Rusia57. Quiere decirse que la cuestión del balance del periodo histórico iniciado con la revolución soviética y con la llegada de Lenin al poder queda abierta. Quiere decirse que una cuestión tan extensa merece algo más que panfletos, que aproximaciones de la peor laya o escritos de circunstancia.

  1. Actualidad de Lenin

Y ahora, he aquí en su más pura aridez y en su formulación más lapidaria, la seis tesis que creo se pueden sacar de lo que Lenin escribió acerca de la idea de revolución:

1º/ La revolución es una guerra; y la política es, de manera general, comparable al arte militar.

2º/ Una revolución política es también y sobre todo una revolución social, un cambio en la situación de las clases en que está dividida una sociedad.

3º/ Una revolución está hecha de una serie de batallas; corresponde al partido de vanguardia a facilitar en cada etapa una consigna adaptada a la situación objetiva; a él incumbe reconocer el momento oportuno de la insurrección. 

4º/ Los grandes problemas de la vida de los pueblos se resuelven solamente por la fuerza.

5º/ Los revolucionarios no deben renunciar a la lucha en favor de las reformas.

6º/ En la era de las masas, la política empieza allí donde se encuentran millones de hombres, decenas incluso de millones. Hay que señalar además, el desplazamiento tendencial de los focos de la revolución hacia los países dominados.

Quisiera hacer constatar la actualidad de estas tesis, de los hechos que su autor invocaba y de las consideraciones que las han fundamentado, en esta época en que el orden mundial parece haber regresado a los tiempos de las conquistas de América, de Asia, de África y de Oceanía. Vastos territorios, riquezas y, sobre todo, una inmensa fuerza de trabajo disponible, espera a los nuevos señores. En esta guerra, la política en tanto que motor del Estado-nación parece haber casi desparecido: durante los últimos quince años no ha servido más que para «gestionar» la hegemonía del business, y los políticos apenas son más que comparsas encargados de secundar las voluntades del mundo de los negocios. Destruida su base material, su soberanía e independencia anuladas, anulada su clase política, el Estado-nación ha venido a dar en simple aparato de seguridad al servicio de las grandes empresas58. La teoría del comercio internacional nos dice lo ventajoso que es para cualquier país pasar del estrecho mercado nacional al libre cambio globalizado. Y se acepta por supuesto, que en el nuevo supermercado planetario, la apertura de los cambios origina perdedores en gran número y sólo algunos ganadores.

El liberalismo, la teología neoliberal, ha comido los cerebros. Gracias a una asombrosa inversión de papeles, en adelante su discurso perito va a tachar las reivindicaciones populares de “conservadurismo” pretendiendo ver el “progreso”, la “reforma”, en la regresión social, en la desregulación generalizada. Lo mismo que cuando, en los últimos tiempos de la Unión soviética, a Boris Yeltsein (otra curiosa inversión semántica) se le consideraba de “izquierdas”, a Mikael Gorbachov de “centro” y la “derecha” reagrupaba, claro está, a todos aquellos que no suspiraban por la restauración del “libre mercado” y el pillaje de los bienes del Estado... Como escribían muy acertadamente Pierre Bourdieu y Loïc Wacquant, para desdibujar las transformaciones contemporáneas de las sociedades avanzadas, la nueva Vulgata planetaria se apoya en una serie de oposiciones y equivalencias que se sostienen y corresponden mutuamente: desentendimiento económico del Estado y reforzamiento de los componentes policiales y penales, desregulación de los flujos financieros y desencuadramiento del mercado de trabajo, reducción de la protección social y exaltación moralizante de la «responsabilidad individual».

Y seguían con una lista de las más trilladas de entre las antinomias tanto sumarias como binarias: Mercado era igual a “libertad, abierto, flexible, dinámico, novedad, crecimiento”, mientras que Estado era igual a “coerción, cerrado, rígido, inmóvil, paralizado, atrasado, inmovilismo, arcaísmo”… 

Consecuentemente, el diferencial de ingresos entre los países más ricos y los países más pobres, según el informe anual del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas (PDNU) para 1999, pasó del 30 por 1 al 60 por 1 en 1990 y al 74 por 1 en 1997. Y las desigualdades no paran de crecer en el seno de las naciones provocando tensiones sociales, revueltas raciales y otras guerras civiles más o menos larvadas. Porque una mundialización de este tipo, un sistema tal, que multiplica paradójicamente las fronteras pulverizando los estados, ofrece el mejor porvenir a la guerra.

Nuevas formas de organización; un mínimo de disciplina sin la cual ninguna acción colectiva es posible; un nuevo universalismo, una doctrina y, de paso, una doctrina de combate, eso es lo que nos traerá inevitablemente este siglo que viene, y ello tan seguro como la sorpresa y el descoloque en que nos puso la Restauración en curso. Tal vez, de las seis tesis que vamos a estudiar más de cerca, podamos sacar algunas enseñanza muy útiles en un porvenir no tan lejano como se cree.

NOTAS:

1 Véase, por ejemplo, MARX, K. Epílogo a la 2ª edición alemana de El Capital, libro 1º, t. I, Akal, Madrid, 2000, p. 30. Véase asimismo, en el mismo Hegel: Enciclopedia, Prefacio de la 2ª edición, París, Vrin, 1970, p.19.

2 LOSURDO, D. Fuir l’histoire? Essais sur l’autophobie des comunistes. Paris, Le Temps des cerises, 2000, pág. 18-19

3 Ibid, p.9; ver igualmente, pp 45-46 y 65

4 DIÓGENES LAERCIO, VI, 64

5 NERUDA, P. Confieso que he vivido: memorias [1974], Barcelona, Seix Barral, 1976

6 MARX, K. Miseria de la filosofía [1847] Madrid, Ediciones Orbis S.A, 1984

7 Como es sabido, es el nombre que se le dio a la antigua Stalingrado en 1961, durante el proceso de desestalinización. [Este hecho hace que apenas se relacione a Volgogrado con la famosa ciudad de la guerra. (N. Del T.)]

8 “Contra el boicot” V [julio 1907], p.32. Se trata del boicot de la IIIª Duma, que proclamaban sobre todo los socialistas revolucionarios; Lenin no pensaba, a la ocasión, que la consigna “boicot” (consigna que él había defendido con ardor en periodo de ascenso revolucionario, es decir, hasta febrero-marzo de 1906, fecha de las elecciones a la Iª Duma de Estado) fuese tan oportuna en 1907.- Cf. la carta de K. Marx a L. Kugelmann fechada el 3 de marzo de 1869, en Cartas a Kugelmann, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1975.

9 Ver más adelante en el epílogo.

10 Estudio del IFOP, cuyos resultados se pueden consultar en la siguiente dirección: www.ifop.com/europe/sondage/opinion/60ansdday.asp

11 Sondeo realizado en junio 1984, unos días antes de una “conmemoración” muy marcadamente atlantista del desembarco aliado en las playas de Normandía.

12 Cf. NAMIER, L.B., Diplomatic Prelude , 1938-1939, Londres, Mcmillan & Co. Ltd, 1948; y/ TAYLOR, A.J.P., Los orígenes de la Segunda Guerra Mundial, Barcelona : Luis de Caralt, 1963. (“Por más vueltas que demos –escribe–a la bola de cristal para intentar adivinar el porvenir situándonos en el punto de vista del 23 de agosto de 1939, es difícil ver otro camino que los rusos pudieran seguir “)

13 Véase la notable puesta a punto que hizo a este propósito Annie LACROIX-RIZ, profesora de historia contemporánea en la Universidad de París VII, en Le Monde Diplomatique de mayo 2005: “El papel "olvidado" de la Unión Soviética” ; así como su ensayo: L’Histoire contemporaine sous influence, París, Le Temps des cerises, 2004.

14 CARLEY, M.J., 1939 The Alliance that Never Was and the Coming of World War 2, Chicago, Ivan R. Dee, 2000.

15 Véase THOREZ-VEERMEERSCH,J. La vie en rouge, Mémoires, París, Belfond, 1998, pp. 84-88 (un libro del que el ex-maoísta Stéphane Courtois -convertido ahora en Gran Inquisidor- me atribuye la redacción, según me dicen, bajo pretexto de que yo he añadido un epílogo, una afirmación digna de la seriedad de su autor)

16 Cf. KOLKO, G., The Politics of war . Allied Diplomacy and the World Crisis of 1943-1945, Londres, Weidenfeld and Nicolson, 1969, p.372

17 BESANÇON, A., Breve tratado de sovietología; prólogo de Raymond Aron ; [trad. del francés por Jaime Jerez,] Madrid : Rialp, 1977. El subrayado es nuestro.

18 Cf. LEWIN, M., “Diez años después del fin del comunismo. Rusia frente a su pasado soviético”. En Le Monde Diplomatique, diciembre 2001.

19 Véase, entre otros muchos ejemplos, Le matin de Paris, 2-3 de enero de 1982

20 Cf. LEWIN, M., “Diez años después del fin del comunismo. Rusia frente a su pasado soviético”. loc. cit.

21 ARENDT, H., La nature du totalitarisme [1954], trad. al francés por M.-I. B. De Launay, Paris, Payot, 1990, p. 114

22 ARENDT, H., “Les ex-comunistes”, retomado en Penser l’événement, Paris, Belin, 1989, p. 174

23 ARENDT, H., La nature du totalitarisme, op. cit., pp 115-116. –Del mismo modo la “burguesía”, en cuanto que enemigo a abatir, jugaría, en la ideología comunista, un papel exactamente análogo al de los “Judíos” en la ideología nazi, etc.

24 ARENDT, H., “Les excomunistes”[1953] retomado en Penser l’événement, op. cit., p. 165

25 MARCUSE, H., Vers la libération, París, Denoël/Gonthier, 1969, pp. 139-141

26 Cita sacada de Los orígenes del totalitarismo [1951]. III. El sistema totalitario, (Trad. de G. Solana) Madrid, Alianza, 1998

27 Cf. COURTOIS, S., Prefacio al Libro negro del comunismo, Madrid, Espasa Calpe, 1998

28 Ibid., p.25- Los corchetes significan que he tenido que corregir la sintaxis que tampoco es correcta

29 Cita tomada de otro historiador puntilloso: LEVY, B.-H., La Barbarie con rostro humano, [1977] Buenos Aires, Prometeo,1978

30 ELLENSTEIN, J., Histoire de l’URSS, París,Ëditions Sociales, 1973, t. II, pp. 170 sg,y 224sg

31 BETTELHEIM, Ch., Las luchas de clases en la URSS Madrid. Siglo XXI de España Editores, S.A., 1976 [publicado en 1974]; así como WILES, P.J.D., “The number of Soviet Prisoners” artículo dactilografiado en la Biblioteca del Congreso, Washington, 1953

32 ADLER,A. et al., L’URSS et nous, París Ëditions Sociales, 1978, pp. 60 y sg.

33 Cf. Respectivamente, GLUCKSMANN, A., La Cuisinière et le mangeur d’hommes, París, Seuil, 1975, p. 121, e Id., Los maestros pensadores, Barcelona, Anagrama, 1978

34 Véase por ej. SOLZHENITSYN, A., Carta a la Conferencia de los pueblos oprimidos por el comunismo, de Estrasburgo el 5 de octubre de 1975, y VOSLENSKY, M., La Nomenclatura, París, Belfond, 1980, pp. 503-504.

35 Cf. GINZBURG, E.S., El vértigo, Barcelona. Galaxia Gutenberg, 2005 y El Cielo de Siberia, Barcelona, Argos Vergara, 1980

36 Cf. CHAUMONT, J.-M., “La singularité de l’univers concentrationnaire selon Hannah Arendt” en ROVIELLO, A.-M. y WEYEMBERGH, M., Hannah Arendt et la modernité, París, Vrin, 1992: “Desde el momento en que ella tomó partido poniendo en el mismo plano el judeocidio y la exterminación (sic) de los Kulajs, [H. Arendt] se quedaba desautorizada para otorgar a la política nazi de exterminación ninguna singularidad”.

37  NOLTE, E., “Un pasado que no quiere pasar” en: Historikerstreit, München, 1987; trad. al francés Devant l’historie. Les documents de la controverse sur la singularité de l’extermination des Juifs par le régime nazi, Paris, Éditions du Cerf, 1988, p. 34.

38 Ver por ejemplo, el texto de las pp. 115-116 de La nature du totalitarisme que hemos evocado más arriba, (p. 9 nota 4)

39 NOLTE, E., “Un pasado que no quiere pasar”, en: Devant l’histoire, op. cit. p. 34.

40 “después de esto, luego a consecuencia de esto” (fórmula tradicional latina para designar la confusión de la causa con el antecedente en el tiempo)

41 NOLTE, E., «Légende historique ou révisionisme. Comment voit--on le III Reich en 1980», Conferencia pronunciada en 1980 y publicada en las pp. 8-23 de Devant l’histoire

42 ibd., p. 21

43 NOLTE, E., “Un pasado que no quiere pasar”, en Devant l’histoire op. Cit. p.34

44 NOLTE, E., Die Faschistischen Bewegungen [München, 1966], trad. francesa de Rémi Laureillard, prefacio de Alain Renaud, Les mouvements fascistes, Paris, Calman-Lévy, 1969 e 1991, p. 341.

45 Ver a este propósito la edificante correspondencia de Francois Furet con Ernest Nolte, editada bajo l título Fascisme et communisme, Paris, Hachette, “Pluriel”, 2000

46 Cita de Claude LEFORT, Un homme de trop. Réflxions sur “L’Archipiel du Goulag ”, París, Seuil, 1976, p.51

47 SHAKESPEARE,W., La noche de los Reyes, acto V, escena 3ª: And thus the whirligig of times brings in his revenges

48 J. B. DUNLOP, The Rise of Russia and the Fall of the Soviet Empire , Princeton University Press, Princeton (New Jersey), 1993.

49 Cf. B. FOWKES, The Disintegration of the Soviet Union, Basingstoke , Macmillan Press Ltd, 1997; também J. Williamson ed., Economic Consequences of Soviet Disintegration , Washington, D. C., Institute for International Economics, 1993.

50 Cf. N. BESLEY, The End of the Cold War and the Causes of the Soviet Collapse , Basingstoke, Palgrave Macmillan, 2004.

51 Título de un trabajo editado por la Fundación Saint-Simon; cf. a este propósito: V. Laurent, «Enquête sur la Fondation Saint-Simon. Les architectes du social-libéralisme», Le Monde diplomatique, Septiembre de 1998.

52 TINGUY A. de, dir., L’Effondrement de l’empire soviétique, Bruxelas, Établissements Émile Bruylant, 1998, pp. 3 e 6.

53 BESLEY, N., The End of the Cold War and the Causes of the Soviet Collapse , pp. 109 y 120-121.

54 LEWIN M., “Quatre-vingt ans après la Révolution d’Octobre. Pourquoi l’Union soviétique a fasciné le monde», Le Monde diplomatique, Noviembre de 1997.

55 Cf. LOSURDO D., Fuir l’histoire?, op. cit., p. 37.

56 Ibid., p. 37.

57 Cf. LEWIN M., «Quatre-vingt ans après la Révolution d’Octobre. Pourquoi l’Union Soviétiq

 
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