"Declaramos que Egipto entero forma un solo frente, unido, y un bloque nacional indivisible. Egipto entero luchará hasta la última gota de su sangre para la construcción del país. No daremos la ocasión a los países ocupantes del poder para ejecutar sus planes, y construiremos con nuestros propios brazos un Egipto fuerte, y es por estas razones por las que firmo hoy el acuerdo del Gobierno sobre la estatalización de la Compañía del Canal...
Iremos hacia adelante para borrar de una vez por todas las huellas de la ocupación y de la explotación. Después de cien años hemos recuperado nuestros derechos y hoy construimos nuestro nuevo edificio, derribando un Estado que existía en el interior de nuestro Estado: el canal de Suez para el interés de Egipto y no para la explotación...
En cuatro años hemos comprobado que hemos llegado a ser más fuertes y más decididos, y al igual que pudimos destronar al rey el 26 de julio, en esa misma fecha nacionalizamos la Compañía del Canal de Suez. Realizamos así una parte de nuestras aspiraciones y comenzamos la construcción de un país sano y fuerte. No existirá en Egipto ninguna otra soberanía que no sea la del pueblo de Egipto, un pueblo que avanza en la vía de la construcción y de la industrialización, y un bloque contra todo agresor y contra las aspiraciones de los imperialistas. Realizaremos además una gran parte de nuestras aspiraciones y construiremos efectivamente este país, porque ya no existirá jamás entre nosotros ningún extraño que intervenga en nuestros propios asuntos. Somos ya libres e independientes.
Desde hoy serán egipcios como vosotros los que dirigirán la Compañía del Canal, los que utilizarán sus diferentes instalaciones y los que administrarán la navegación en el Canal, en la tierra de Egipto"
Gamal Abdel Nasser, discurso anunciando la nacionalización del Canal de Suez, 26/07/1956.
“(…) -la victoria política de la crisis de Suez de 1956, la construcción de la presa, las medidas de reforma social- y la promesa de un enérgico liderazgo en la causa palestina (…) parecieron encerrar la esperanza de un mundo distinto, de una nación árabe rejuvenecida por la auténtica revolución social y dispuesta a ocupar el lugar que le correspondía en el mundo”.
Albert Hourani, La Historia de los árabes, pág. 488, ed. Vergara, 2003.
“El partido expone en esta constitución su emblema fundamental que es una sola Nación Árabe de un eterno mensaje y sus principales fines son la unión, lalibertad y el socialismo”.
Acta fundacional del partido Baaz, Damasco, Siria, 1947.
En estos momentos de duda ideológica, de profunda confusión sobre los acontecimientos de la supuesta era postcolonial, de lo que algunos bienintencionados analistas han definido como una nueva etapa, esto es, un salto cualitativo en lo que supone la presencia del imperialismo en la zona. Noto en falta el análisis, la cosmovisión, la visión global del imperialismo y en consecuencia, la práxis del análisis.
Este problema nos lleva a la mayoría de los analistas a desdeñar el contexto histórico, a centrarnos desde el reduccionismo de la cuestión a un actor pasivo, el pueblo palestino, y el activo, Israel, con un solo agente que lo “defiende”: EE UU, desde la enorme distancia geográfica e ideológica, desde el occidentalismo.
No somos capaces, salvo honrosas excepciones, de sacudirnos el prisma occidental, eurocentrista y chovinista de nuestra superioridad moral e ideológica. No entendemos al otro, no analizamos las circunstancias ni los procesos por los cuales se ha regido el imperialismo, fase superior del capitalismo, cuando la respuesta la tenemos, en gran parte, apolillada en la biblioteca de casa, cuando creíamos que Lenin era “útil” como bonito libro de citas, pero o bien no entendimos el análisis que Lenin realizó en 1905 del imperialismo, no solo en el marco de la lucha de clases occidental, o bien hemos renunciado no solo a sus aportaciones prácticas al marxismo, sino incluso a la pura analítica de la situación. ¿Dónde está la geoestrategia? ¿Dónde queda el análisis del capitalismo para afirmar, con una falta de datos clamorosa y con total despreocupación de reafirmar lo expuesto que “vivimos en la barbárie genocida del nuevo capitalismo”? ¿Dónde están las nuevas coyunturas que explican ese desarrollo rupturista del “nuevo capitalismo”? ¿En qué datos científicos, objetivos, palpables y plausibles nos basamos para afirmar, no sólo en un bienintencionado artículo, sino varios, que el imperialismo (palabra no utilizada en muchos de ellos) ha subido un escalón más en su política de agresión en Palestina? ¿Dónde está la ruptura? Es más, ¿dónde queda al análisis de la geoestrategia, la globalidad analítica que exige contrastar tal tesis? Porque Palestina, ¿es la única víctima del Estado sionista y/o del imperialismo, o es una parte más del mundo árabe que ha sufrido la agresión?
Creemos, pues, superadas etapas. Y por eso reducimos al prisma de lo postmoderno y, por tanto, superficial. Analizamos desde la concreción de los hechos y nos olvidamos del continente, obviamos lo obvio: el imperialismo es el asesino, y su política, es constante desde antes ya de 1948, fecha del nacimiento de la Bestia.
Es en esta tesitura de contradicciones en las que debemos analizar profundamente el lugar que la Historia ha reservado al mundo árabe, a Oriente Medio y a Palestina para no caer en el enorme error que sigue: "Gaza es mucho más que el nombre de una ciudad. Es el lugar en el que se focalizó la barbarie genocida del nuevo capitalismo."
Es en estos momentos -decía-, que se notan a faltar los análisis históricos del brillante Albert Hourani, fallecido en 1993, del que me he permitido exponer una cita de, para mí, su mejor obra; del magnífico politólogo Edward Said, fallecido en 2003; de los versos delpoeta del pueblo Mahmoud Darwish,; el carisma -en lenguaje combativo- y el análisis científico del Dr. Habash,o la honestidad clarividente de Abú Alí Mustafá.
Preguntémosles, analistas del horror actual, fundadores de la nueva era del capitalismo, a los 710.000 refugiados palestinos de 1948 si “la barbarie del capitalismo era nueva” comparada con la de hoy. La descripción de los bombardeos de la huída hacia Líbano o Egipto de 1948 nos demuestra que “la barbarie genocida” no es un invento actual del premio Nobel de la Paz Shimon Peres; y la dominación del imperio de Sión sobre el proletariado palestino, en régimen de opresión y explotación, más la usurpación territorial al mundo árabe y su función geoestrátegica en la zona, nada nuevo en este sol. El antiguo capitalismo fue infinitamente más bárbaro en Egipto, en Siria, en Líbano y en los territorios ocupados.
Pareciera de Perogrullo explicar que la desideologización de la izquierda socialista -entiendo por socialismo las familias que lo componen: pensamiento libertario y marxismo, nada de fotocopias edulcoradas- sea incapaz aún de expandir su mente más allá del esquematismo europeo occidental. Reclamo en todos los actos donde intervengo sobre este y otros temas similares, una reflexión de la izquierda socialista que salga del marco colonial europeo, aunque, evidentemente, no seamos colonialistas conscientemente.
Por eso emitimos afirmaciones como esta, sin pararse a pensar en el origen del “conflicto”: “(...) el Partido Comunista Israelí mantiene una postura clara de defensa de los derechos del pueblo palestino”. La ligerez del comentario es sorprendente, máxime cuando estudiamos los Estatutos del PC-Israel y encontramos en el 1r. Punto: “Partido que defiende la clase obrera israelí y la minoría árabe (!) –que no palestina- y añade en otro punto que la solución pasa por “la conviencia de dos Estados”. Esa es la posición de cualquier mente occidental, sin cuestionarse la legalidad y viabilidad en el ámbito árabe.
Valga esta introducción para intentar rectificar estos errores graves analíticos. Quizás desterramos el análisis leninista demasiado pronto. Espero que no adoptemos las aportaciones del otro, de los outsiders de la historia demasiado tarde.
No solo fue Palestina…en el 48; ni Egipto en el 56…
Cuando el gobierno progresista y nacionalista de Gamal Abdel Nasser rechazó formar parte del pacto de Bagdad en 1955, las potencias francobritánicas, más Israel y EEUU, empezaron a mirar con desprecio al nuevo gobierno revolucionario egipcio. A pesar de la Reforma Agraria, del ferviente discurso panarabista y de los troces y provocaciones de Israel en las fronteras, EEUU, Gran Bretaña y Francia aún podrán intentar tantear al gobierno nasserita, y tratar de acercarlo a posiciones no extremistas.
Efectivamente, la Revolución de los Oficiales Libres, de carácter nacionalista y en un principio, titubeantemente socialista, había destronado al Rey Faruq e instaurado un régimen progresista, abiertamente laico y transformador social. Un concepto de la política sobretodo revolucionario en su faceta exterior, donde a una inequívoca proclama de defensa de la arabidad, el laicismo, el acceso a la cultura universal se le añadía el indisimulado intento de destruir al sionismo al que se identificaba con los males del mundo árabe al ser una creación racista y clasista del imperialismo occidental. Nasser se erigiría con el paso del tiempo en un líder revolucionario que preconizaba la unidad superestructural de la Nación Árabe, como un solo cuerpo del que Egipto debía ser su alma, junto al pulmón sirio baazista.
Será la respuesta del nasserismo al pacto de Bagdad la que alejará definitivamente al nuevo Egipto del imperialismo y el colonialismo. En contraposición a la conferencia por la que se buscaba que Egipto engrosase la lista de tiranías oligárquicas árabes que denunciaban al comunismo, Nasser decidió colaborar con, entre otros, Tito, Sukarno y Nehru en la Conferencia de Bandung de 1955, donde el viejo imperialismo recibió un segundo golpe mortal. En esta conferencia, señalada por Conte como los “Estados Generales del Tercer Mundo”, Nasser empezará a revelarse como un convencido nacionalista y antiimperialista. Se lanza la teoría de la neutralidad positiva.
Una calurosa noche de julio de 1956, Nasser anuncia por sorpresa la nacionalización del Canal de Suez, en manos franco-británicas hasta el momento. La estratégica vía comercial, auténtico pulmón económico y joya del imperialismo en Egipto, va a suponer el golpe definitivo a toda la era del viejo imperialismo colonialista, en palabras de Edward Said. El motivo de tal acción es doble: por un lado, Egipto ve como los organismos internacionales en manos de las potencias imperialistas (Banco Mundial) le niegan un crédito necesario para poder construir la presa de Asuán, faraónica obra en el Alto Nilo necesaria para el desarrollo económico del país. Paralelamente, franceses y británicos negaron en varias ocasiones un crédito para la misma causa, mientras armaban al gobierno de Israel en su lucha contra el mundo árabe.
Nasser, además, aplica el reto lanzado en Bandung: es imprescindible el desarrollo de los pueblos liberados del yugo colonial por sus propias vías y métodos, aunque esto suponga un desafío al colonialismo.
Gran Bretaña, Francia e Israel deciden intervenir en el asunto, lanzando una guerra desproporcionada el 29 de octubre, protagonizada por el tsahal sionista, dirigido por el ínclito Moshe Dayan. A este raid posteriormente se le añadirán las intervenciones de las potencias imperialistas franco-británicas.
Atacados los aeródromos, las vías de comunicación al Canal e intentando impedir la navegación, Israel nos da buena cuenta de su carácter imperialista y expansionista; será la última potencia agresora en retirarse de territorio egipcio, y ocupará el Sinaí hasta 1957. Las potencias dejaron 1650 muertos egipcios, según fuentes sionistas.
La firme oposición de las nuevas potencias, la imperialista EEUU y, sobretodo, la soviética (Krtuxev amenazó con bombardear París y Londres), harán fracasar al intentona de los viejos imperialistas. EEUU lo hará con la firme idea de ser el relevo en la región a franceses y británicos, mientras los soviéticos ven con buenos ojos la política emprendida por el nacionalismo socialista nasserita, y su vía de construcción de una economía con los sectores claves nacionalizados.
La derrota moral del sionismo y de los viejos imperios provocan una catarata de consecuencias en Oriente Medio: se inicia la era de la Guerra Fría en estos lares, con las potencias intentando controlar la zona. De hecho, EEUU lanzará la doctrina Eisehower de ayuda a toda nación y/o Estado que combata al comunismo en la región; la URSS ofrecerán toda su ayuda para la construcción de Asuán y ganará un aliado clave, a pesar que en teoría, Egipto liderará la tesis del no-alineamiento.
El triunfo de David sobre el Goliat franco-británico-sionista alzará a Nasser como el líder indiscutible del mundo árabe. Las masas árabes abrazarán a partir de 1956 la causa de la unidad árabe y seguirán a Egipto en su lucha por la Nación Árabe.
Una nueva ola de socialismo, nacionalismo y laicismo recorrerá de Marruecos al Mar Rojo los confines del mundo árabe; un socialismo sui generis y heterogéneo pero intrínsecamente anclado en las mentes de las intelectualidades, campesinos y trabajadores explotados y oprimidos por las potencias colonialistas. Por primera vez, un sentimiento de unidad, de rechazo profundo a las fronteras marcadas por el colonialismo y de liberación nacional sacudirá las mentes y el imaginario colectivo.
Después de la derrota árabe de Palestina en 1948 y el triunfo de la voluntad sionista, el abatimiento, la decepción y la percepción que se desprendió de los dirigentes de las semicolonias iraquí, siria y egipcia fue que la liberación nacional no era completa, ni tenían en cuenta las voces del pueblo.
El papel fundamental lo van a jugar las burguesías urbanas y las elites intelectuales de profesiones liberales a falta de un proletariado consciente y numeroso, y un campesinado organizado. Efectivamente, el Baath será creado en Siria por núcleos damasquinos como el de Michael Aflaq y, en paralelo, los militares del General Qasem. Los oficiales libres nassseritas, de cuadros intermedios el ejército. Podemos comprender como, por tanto, el socialismo que preconizaban inicialmente el Baath y la Reagrupación para la Liberación nasseriana era laxo e interclasista, aunque esto se irá modificando conforme se agudice la lucha de clases en el mundo árabe.
El Frente de Liberación Nacional de Ben Bella en Argelia; el Partido Socialista del Resurgimiento Árabe (Baaz) en Iraq y Siria; los trabajadores del petróleo yemení y su socialismo de liberación; Adén; Túnez y su Neo Destur y la UGTT del socialismo cooperativo; la llegada del socialismo islámico libio, etc, etc., nos demuestran hasta que punto fue importante la influencia de Nasser, que de una u otra forma lanzó la Revolución pendiente del mundo árabe.
Más allá de las fronteras árabes, el nasserismo despertó la posibilidad de la Revolución y el cambio. Su influencia va más allá de este territorio y su sombra se perfila en las sucesivas reuniones de los No Alineados, donde va a ser una voz altiva y con una autoridad impactante.
Más influyente aún fue si cabe el nasserismo en la conciencia colectiva palestina y la formación primigenia del Movimiento de los Nacionalistas Árabes del joven George Habash en 1953; la fundación de Nuestra Palestina, publicación de Yassir Arafat, etc…
Pero de la influencia de Nasser, del desarrollo del proyecto baazista-nasserita y el papel de EEUU e Israel para destruir no solo a Palestina, sino las esperanzas de unidad, socialismo y laicidad para el mundo árabe, hablaremos en una 3ª parte.
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