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¿Bicentenario de la Segunda Independencia?
Texto para el debate sobre el Bicentenario ¿segunda independencia? o ¿nueva colonización? ¿que nos TOCA hacer?
Coordinadora Bolivariana | 17-1-2010 a las 13:02 | 2429 lecturas
www.kaosenlared.net/noticia/bicentenario-segunda-independencia
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BICENTENARIO SEGUNDA INDEPENDENCIA (1810-2010): DE LOS IMPERIOS, DE LAS MULTINACIONALES.

1.- La fecha simbólica de 1810, que da motivo para que en 2010, estemos hablando del Bicentenario de la  Independencia de las colonias del otrora Imperio Español en ultramar, pasa para el movimiento de solidaridad internacionalista, del simple hecho simbólico a la realidad actual, en la medida en que muchos gobiernos de América Latina y El Caribe y álgidos movimientos populares del área, están inmersos en procesos y luchas emancipatorias que tienen como objetivo conquistar la II y definitiva Independencia.

El movimiento revolucionario de principios del siglo XIX pretendió superar el régimen colonial, para garantizar el ascenso de las oligarquías criollas al poder económico, político y social, e implantar su hegemonía sobre las clases sociales explotadas y subalternas; disputando así a nivel internacional, su puesto en la lucha de clases entre los sectores de la burguesía transnacional, principalmente ubicada en Europa Occidental y los Estados Unidos de Norteamérica.

Como en tantas revoluciones en la Historia, la irrupción de las clases explotadas radicalizó los contenidos previstos, desbordando las aspiraciones de las minorías que las iniciaron; desencadenando la lucha de clases dentro del movimiento por la Independencia que, como en tantas otras revoluciones, acabó con la victoria de las minorías oligárquicas y con la derrota del referente bolivariano. El propio Libertador, Simón Bolívar, diría en su lecho de muerte: “Hemos estado arando en el mar”.

El resultado último de las luchas iniciadas en 1810: la independencia política de la Monarquía Borbónica y la creación de repúblicas independientes, más allá de la frustración de los intereses de las grandes mayorías explotadas y marginadas por el régimen colonial, fue uno de los acontecimientos históricos de mayor trascendencia desde la Revolución Francesa de 1789: hundimiento del que había sido el Imperio hegemónico durante tres siglos; el nacimiento de nuevos Estados y la reestructuración de las relaciones internacionales y de clase a nivel mundial.

2.- 200 años después: el fin de un modelo impuesto

Puede considerarse que América Latina fue el laboratorio pionero en la aplicación de las políticas neoliberales que el capitalismo globalizado impuso tras el fin de la guerra fría. Impuestas a sangre y fuego durante las dictaduras militares del último tercio del siglo XX, y a través de la gestión directa de los partidos tradicionales tras el agotamiento del ciclo dictatorial. Sin embargo, para fines de dicho siglo, el modelo hacía aguas en todos los países del área. Para entonces, el área acumulaba la terrible cifra de más de un 44% de su población viviendo en la pobreza.

La fantasía del mercado como regulador único, la apertura comercial y financiera, las privatizaciones de empresas y servicios públicos, la desregularización, etc, no podían sostenerse como panaceas frente a una realidad tozada y devastadora; ni frente a las revueltas sociales que provocaba.

Las economías del área habían reforzado su dependencia frente al imperialismo norteamericano y, en el marco de las privatizaciones, el capital transnacional protagonizaba un nuevo “desembarco”, a través de empresas que adornarían con su “marketing” hasta el último rincón del continente.

El primer triunfo del presidente Hugo Chávez, en 1998, advertía de la profunda quiebra política de un sistema que había garantizado su retroalimentación durante décadas.

En la República Argentina se vivían desgarradores momentos: mientras en camiones sacaban el dinero de los bancos, el país se adentraba en una crisis sin precedentes.

El siglo XX se despedía con la constatación de la crisis del modelo económico, político, social e ideológico neoliberal.

3.- 200 años después: Independencia en clave socialista

El valor de ciertos objetivos estratégicos está relacionado con el momento histórico en que se formulan. Hoy, ninguno de los gobiernos de América Latina, a excepción de Cuba, podría definirse como socialista. Sin embargo, en estos momentos de crisis económica del sistema capitalista, se van consolidando dos modelos antagónicos: uno, de corte neoliberal y autoritario (México, Chile, Colombia, Perú, Panamá, Costa Rica…); y otro, de carácter antineoliberal y referentes transformadores (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Paraguay, Nicaragua, Uruguay, El Salvador). Con distintos grados de desarrollo, en países como Brasil o Argentina se agudizan las contradicciones de clase y, con avances y retrocesos, los dos países más poderosos del Cono Sur, avanzan en procesos de integración regional y reformas políticas. En Centroamérica, países como Guatemala y Honduras  intentan, en medio de una fuerte inestabilidad política promovida desde dentro y fuera de sus fronteras, salir de los marcos impuestos por el capitalismo más salvaje. La barbarie fascista se instala en Honduras, ejerciendo toda su violencia contra el Movimiento de Resistencia contra el Golpe, que sigue luchando por reinstaurar la legalidad democrática e iniciar un proceso Constituyente.

Insistir en que el neoliberalismo, o el capitalismo globalizado, es el mayor enemigo de los pueblos y el causante de la actual crisis sistémica; trabajar para salir de sus márgenes impuestos, resulta una suerte de audacia que adquiere un valor intrínseco incalculable que permite conceptuar a dichas experiencias de revolucionarias, a pesar de sus distintos grados de desarrollo y consolidación.

El objetivo estratégico del socialismo reivindicado como referente de forma directa por tres de los procesos de transformación que se viven en el área (Venezuela, Bolivia y Ecuador), está planteando la crítica global al sistema capitalista y la necesidad de su superación en clave socialista.

Es lo que se viene expresando como “Socialismo del siglo XXI”, “Socialismo Indoamericano”, “Socialismo Nuestroamericano”, “Socialismo Bolivariano”, etc.

4.- A 200 años de 1810: de nuevo Independencia, Soberanía y Dignidad

Los procesos de reconstrucción nacional que se viven en el área, asumen las aspiraciones frustradas en el siglo XIX y que hoy se traducen en: reconocimiento del derecho de los pueblos originarios, recuperación de los recursos naturales, distanciamiento de los mecanismos de endeudamiento “eterno”, integración regional sobre bases nuevas y atención urgente a la deuda social acumulada.

Estos objetivos habrían sido imposibles en el marco de los viejos Estados y sus marcos políticos e institucionales; de aquí la necesidad de apertura de Procesos Constituyentes en los que se ha materializado una participación masiva y democrática de las clases sociales explotadas durante siglos; caminando hacia sociedades con justicia, igualdad y pleno ejercicio de la democracia, superando sus expresiones liberales capitalistas.

En relación a los recursos naturales se han dado procesos de nacionalización, renacionalización y revisión de acuerdos firmados con el capital transnacional.

Del sistema capitalista dependiente consolidado durante siglos, de la dependencia extrema del mercado de productos y recursos financieros norteamericanos, los nuevos gobiernos han optado por buscar nuevas relaciones económicas, comerciales y financieras entre los llamados “países emergentes”; trabajando por un mundo multipolar frente al unilateralismo que se inaugura tras el fin de la guerra fría. La derrota definitiva del ALCA, en 2005, marcó el agotamiento de la estrategia del imperialismo norteamericano.

El pensamiento integrador bolivariano, “La Patria Grande”, se ha concretado en tratados y alianzas superadores del referente neoliberal y caracterizados por la cooperación y la complementariedad al servicio del desarrollo de los pueblos. De entre ellos destaca el ALBA-TCP, Petrocaribe, el Banco del Sur o el SUCRE y otras iniciativas más generalistas como UNASUR que intentan, no sin contradicciones, presentar a América Latina con rostro y proyecto autónomo frente a los EE.UU. y frente a otros polos del desarrollo imperialista.

La deuda social acumulada era de tal magnitud que los nuevos gobiernos han tenido que establecer dos etapas en sus políticas públicas para hacer frente con urgencia al problema de la pobreza endémica y la exclusión.

De la emergencia social se camina ya por la segunda etapa, de carácter estratégico, basada en la reconstrucción del tejido productivo, la capacitación educativa, el rescate de los recursos naturales y la socialización de un sector de la plusvalía.

Las grandes movilizaciones sociales protagonizadas por los mayoritarios sectores empobrecidos y marginados, germinan ahora en proyectos alternativos al capitalismo globalizado.

Los logros obtenidos han sido extraordinarios: erradicación del analfabetismo, extensión del derecho a la salud, garantía alimentaria para las poblaciones más en riesgo, rescate de tierras ociosas o usurpadas, etc. Muchos de estos logros habrían sido imposibles sin la solidaridad y colaboración de la República de Cuba.

Se concretan, desarrollan y extienden los derechos políticos de las clases y sectores explotados al reconstruirse la ciudadanía, devolviéndole la dignidad al ser humano, como individuo miembro activo, liberado, productivo y protagónico de un proyecto colectivo y humanista, que aspira al socialismo. El reconocimiento de los derechos de los pueblos originarios que culmina en la nueva Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia se presenta como uno de los elementos de mayor significación histórica.

5.- A 200 años de 1810: de nuevo el Imperialismo responde con la fuerza

Desde un primer momento las fuerzas contrarias a los cambios desataron una fuerte reacción. Si alguien dudaba de la existencia de la lucha de clases, sólo tiene que analizar el comportamiento de la oposición interna, del imperialismo norteamericano y de sus gobiernos subordinados en el mundo, representantes del capital transnacional.

Golpes de Estado, desestabilización interna, crímenes de lesa humanidad, sabotajes, terrorismo mediático, intervención militar, etc.

En los últimos meses no sólo hemos asistido al golpe de Estado militar en Honduras, promovido y planificado por la administración Obama; antes se intentó en Guatemala y en Paraguay. En los tres países, presidentes dispuestos a iniciar cambios de distinto calado y que se han aproximado a los gobiernos bolivarianos, son puestos en la cuerda floja aprovechando las mayorías parlamentarias representantes de las oligarquías.

Hoy, como hace 200 años, la lucha por la II Independencia ha de enfrentarse a los mismos enemigos de clase; y, curiosamente también, la reacción tiene como uno de sus elementos vertebradotes a los gobiernos cipayos de Colombia y Perú.

Frente al ascenso del movimiento emancipatorio, se vuelve al tradicional recurso de las armas. “Tropas, tropas y tropas se necesitan allí”, gritaban los colonialistas en 1812.

El Acuerdo Militar suscrito entre Colombia y los EE.UU., presidido por el “Nobel de la Paz”, cuyo contenido no fue debatido en las cámaras de representantes de ninguno de los gobiernos firmantes y no se hizo público hasta después de la firma, es la guinda sobre el pastel: la instalación de 7 bases militares en suelo colombiano que, unidas a otros mecanismos de injerencia activa, son “oportunidad única para las operaciones   de espectro completo en una subregión crítica en nuestro hemisferio, donde la seguridad y la estabilidad están bajo amenaza constante de las insurgencias terroristas financiadas por el narcotráfico, los gobiernos antiestadounidenses… mejorará las relaciones con los socios, mejorará la cooperación de teatros de seguridad y aumentará nuestra capacidad de realizar una guerra expedita”…

“Los Estados Unidos de Norteamérica parecen haber sido creados por la Providencia, para plagar de desgracias a la América Hispana en nombre de la Libertad”, dejó sentenciado Simón Bolívar, tras el fracaso del Congreso Anfictiónico de Panama, en 1826.

6.- Todos los pueblos del mundo están en el mismo barco

Para el movimiento de solidaridad internacionalista los avances y retrocesos que los pueblos viven en cualquier parte del mundo son entendidos como propios. Sin ninguna duda la lucha de intereses se expresa en dos bloques de clases antagónicos: de un lado, el capital mundial y, de otro, los pueblos del mundo. Añadiéndose a esta realidad los estragos que la vorágine del sistema capitalista está provocando sobre la Madre Tierra, que ponen en riesgo la vida sobre el planeta.

Por lo tanto, “entera comunidad de intereses y responsabilidades” compartimos con los pueblos del mundo, con las luchas que 200 años del inicio de la Independencia, los pueblos de América Latina y El Caribe vuelven a plantear.

Solidarizarnos con estas luchas significa solidarizarnos con nosotros mismos. Mas las responsabilidades que compartimos se expresan también en la realidad ineludible de la complicidad que los distintos gobiernos, empresas, medios de comunicación, partidos, e incluso amplios sectores de la población, en el Estado español, desarrollan para hacer fracasar las experiencias de transformación que se producen en América Latina y El Caribe. Unos, conscientemente y otros, alienados por la ideología dominante.

En este sentido, somos cómplices históricos del colonialismo y del imperialismo. Participamos en sus guerras, gastamos ingentes recursos en intervenciones militares, vendemos armamentos y brindamos ayuda a gobiernos terroristas como el colombiano; a autocracias como la marroquí, vendiendo al pueblo saharaui, etc.

No basta, por tanto, con condenar la instalación de las 7 bases militares yanquis en Colombia, aislada la denuncia de la presencia militar norteamericana en el territorio del Estado español.

No basta con denunciar el carácter y la acción política reaccionaria y fascista de las oligarquías latinoamericanas, aislada la denuncia de la matriz ideológica claramente neocolonial, patrimonialista, racista y xenófoba que está en la raíz de actitudes y comportamientos que siguen siendo hoy pensamiento mayoritario – no sólo de las élites políticas o económicas-; evidencia de la debilidad de los modelos de pensamiento alternativos y de los movimientos y organizaciones que pudieran sustentarlos. Debilidad a la que hay que sumar que también hoy, como hace 200 años, personas que se autodefinen como de izquierdas mantengan la contradicción de reivindicar modificaciones de las estructuras dentro del Estado español, manifestando, al mismo tiempo, la más grosera de las antipatías, cuando no rechazo absoluto a los movimientos y dirigentes latinoamericanos que están pretendiendo igual objetivo dentro de sus respectivos países.

200 años después del inicio de la Independencia, el debate y la responsabilidad vuelve a ser la misma. Solidarizarnos con las luchas de los pueblos de América Latina nos exige luchar contra los poderes políticos y económicos que en nuestro país, materializan y garantizan la violencia de la explotación dentro y fuera de sus fronteras.

Hoy, como hace 200 años, nuestro compromiso de solidaridad internacionalista pasa por superar la II Restauración Borbónica.

La “globalización” de éstos y otros aspectos es ineludible en nuestro lenguaje y en nuestra actividad política y social.

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