Cambiar el mundo (171 páginas) fue coeditado por Viento Sur y Los Libros de la Catarata, y fue uno de los primeros suyos editados  de la última fase de Daniel Bensaïd entre nosotros en tanto que otros tan importante como Marx intempestivo, lo fue en Argentina. Cierto es que Daniel no había dejado de publicar toda clase de artículos para la Viento Sur en cuya fundación jugó un papel muy importante.
  Su edición ahora con el sabatino del diario Público coincidiendo con la jornada internacional en la que la clase obrera trata de encontrar su propio pulso, tiene el carácter de un refrendo, entre otras cosas porque Daniel se fue haciendo reconocido por un grupo de lectores y lectoras cada vez más amplio, y porque su obra siguió siendo editada ya con regularidad. En este terreno, ahora se trataría de recuperar otras aportaciones suyas, algunas de sus obras más relevantes comenzando por su estudio sobre la figura de Walter Benjamin (de la que se cumplirá este año el 70 aniversario de su trágica muerte, y sobre la cual se están preparando toda clase de actividades, algunas de ellas a menos de la Fundación Andreu Nin), sin olvidar claro está sus memorias, que lo son de toda una generación,  y que le sirvieron al “Bensa” para desarrollar todo un entramado de reflexiones sobre algunos de los temas más significativos de las cuarenta décadas largas de activismo que presidieron su vida. Una vida creativa donde las haya animada desde mitad de los años sesenta por “una lenta impaciencia”…
  Este libro aparece días después del final del duelo por su muerte, con el cierre de necrológicas que tuvieron lugar en Madrid, Barcelona y Bilbao con una asistencia de nutrida de abuelos y de nietos.
  En Barcelona, Alain Krivine nos contó que su último recuerdo de Daniel fue, horas antes de fallecer, tratando de discutir con Olivier Besancenot que tenía que presentarse a las elecciones que pondría en evidencia la “hartura” de la mayoría de los franceses con Sarkozy, así como las dificultades para el NPA de representar el voto de la lucha que no confía en un partido socialista entregado a la gestión neoliberal…Alain consideraba que por su devoción militante, a su parece Daniel  desatendió su dimensión de escritor revolucionario, y nos hizo saber que el autor de Cambiar el mundo había ejercido durante tres años de tesorero de la LCR (sin duda un papel ingrato para el que no habrían muchos candidatos), como también lo hizo otros tantos como responsable del “servicio de orden”…A continuación, Alain nos ofreció un análisis del mayo del 68, describiendo la “democracia participativa” que “Daniel el rojo” preconizaba entonces, y en la el mando lo tenía el amo del micro que era el propio Daniel que preguntaba a los demás “enragés” hacia donde quería ir. Ahora se trataba de trabajar  en el sentido de que había que ir más lejos cuando llegue el momento. También nos obsequió con un pormenorizado análisis de los logros y dificultades del NP, sobre todo en un terreno en el que la izquierda transformada sigue contando con un voto tradicional y en el que la gente insumisa tiende a no participar…
  Quizás la medida más propia de estos actos nos la dio Miguel romero en Bilbao cuando proclamó algo parecido a aquello de Machado sobre Giner de los Ríos: callad campanas, yunques sonad.
  Daniel no era para nada amigo de homenajes, en realidad todas esas necrológicas y esos actos fueron más para nosotros que por él…Daniel habría firmado a cuatro manos las palabras de Nadiezhda Krupskaia el 30 de enero de 1924 sobre el ataúd de Lenin: Tengo que pediros un gran favor, no permitan que su duelo por Illich tome la forma de una reverencia externa por su persona. No le levanten monumentos conmemorativos, no pongan su nombre a los palacios, no celebren actos solamente en su honor…Cuando vivió, todo esto le tenía sin cuidado y le fastidiaba. Recuerden que en nuestro país hay todavía mucha pobreza y mucho abandono. Si ustedes desean honrar la memoria de Vladimir Ilich, construyan parques de infancia, casas, escuelas, bibliotecas, centros médicos, hospitales, hogares para los impedidos...y sobre todo, pongamos en vigor sus preceptos”.
  El primer precepto de Daniel fue el de la lucha. Nunca la abandonó, ni tan siquiera en los peores tiempos, cuando llovía a mares e lodo neoliberal, y recuerdo que allá a principios e los noventa el suplemento cultural de El País reproducía un sonado debate  cultural en Francia, y unas palabras clave de Daniel que intervenía con la capacidad que le caracterizaba: “No se trata de alcanzar el paraíso, se trata de evitar el infierno”.
  Esa lucha tiene un sentido total, se trata de “Cambiar el mundo” para cumplir la utopía de vivir dignamente cada dá, de que lo hagamos todos y todas, que palabras como libertad, igual y fraternidad respondan a la verdad de los hechos. Pero en un mundo embrutecido y dominado por el yo primero y por el egoísmo propietario, por unas clases dominantes criminales, suicidas que tiene comprado medios e intelligentzias, resulta fundamental recuperar el pensamiento crítico, desarrollas las aportaciones teóricas en contra de la tentación conservadora de agarrarse a una piedra en nombre de Marx, Bakunin, Trotsky, Kropotkin, Rosa Luxemburgo, Che…De ahí que ahora, se rata de estudiar y conocer a alguien que aceptó los desafíos de los cambios históricos,  que fue capa de repensar las estrategias, los criterios or los cuales se está avanzando. Estamos hablando de una obra cuyo prestigio intelectual crece por día.
  Obras como Cambiar el mundo para cuya traducción al castellano Daniel escribió un hermoso prólogo…Una obra que en su momento fue presentada en los siguientes términos:
  “Cada vez son más las personas que, convencidas de la necesidad de cambiar este mundo tan injusto que habitamos, se manifiestan unidas bajo el grito de “otro mundo es posible” en los foros sociales contra la globalización neoliberal, queriendo expresar así su rechazo a la profundización de la crisis ecológica, la crisis social y la militarización del planeta, además de mostrar su preocupación ante la incertidumbre sobre las consecuencias que el uso de nuevas tecnologías puede acarrear.
  Sin embargo, la posibilidad de llegar a conseguir este cambio es una hipótesis que sigue estando muy condicionada por el lastre de la herencia acumulada durante el siglo pasado. ¿Quiénes pueden ser los actores del cambio?, ¿cuáles pueden ser las estrategias de transformación y las posibles alternativas? Divisiones sociales y alianzas, poderes y contrapoderes, estudio y compromiso en la acción, clases y multitudes: el debate sobre unos temas que parecían pertenecer al pasado vuelve a estar de actualidad y adquiere, además, una dimensión internacional a partir de reflexiones como las de Toni Negri, John Holloway y otros. Esta obra de Daniel Bensaïd constituye un notable esfuerzo por dialogar con ellos y por contribuir a encontrar respuestas desde dentro de ese “movimiento de movimientos” que empieza a ser reconocido ya como “la nueva superpotencia emergente”.
  Cambiar el mundo es una obra escrita por un “maître à penser” de primera magnitud que, además, fue uno de los nuestros.
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